jueves, 13 de octubre de 2016

Libro de actividades del Día Mundial de la Alimentación

El Día Mundial de la Alimentación, que se celebra cada año el 16 de octubre, es el aniversario de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). En este día se fundó la FAO en 1945. Los eventos del Día Mundial de la Alimentación, organizados en más de 150 países de todo el mundo, conciencian sobre el hambre y la necesidad de garantizar que todos tengan acceso a alimentos sanos y nutritivos.
El tema del Día Mundial de la Alimentación 2016 es “El clima está cambiando. La alimentación y la agricultura también”. La FAO ayuda a los países a luchar contra el hambre y asegurarse de que todo el mundo tenga suficientes alimentos nutritivos para llevar una vida activa y saludable.
La FAO trabaja principalmente en las zonas rurales, donde vive casi el 80 por ciento de las personas pobres y hambrientas del mundo. Sus objetivos son acabar con el hambre y la pobreza, asegurarse de que la gente coma alimentos nutritivos y ayudar a los países a gestionar mejor sus recursos naturales. La FAO está presente en más de 100 países de todo el mundo, y tiene su sede en Roma, Italia.
¿Qué pasaría si talásemos todos los bosques y si no hiciésemos nada para proteger nuestros océanos o las personas afectadas por el cambio climático? El Libro de actividades del Día Mundial de la Alimentación 2016 aborda temas clave relacionados con el cambio climático y la agricultura en un mundo encantado, a través de las ilustraciones de Lorenzo Terranera.
Cada ilustración explora un mensaje importante relacionado con el tema del Día Mundial de la Alimentación. Únete a tus personajes de cuentos infantiles favoritos en la búsqueda de soluciones para el cambio climático y el hambre. Cada una de estas soluciones puede convertirse en una realidad si todos ponemos de nuestra parte ¡y los consejos que proporcionamos al final de este libro son un buen lugar para comenzar! Las imágenes están incompletas, y queremos que uses tu imaginación para colorear los espacios en blanco. Muéstranos cómo trabajando juntos, podemos luchar contra el cambio climático, proteger nuestro planeta y acabar con el hambre.
Cambio climático, alimentación y agricultura
Nuestras acciones, decisiones y comportamientos cotidianos tienen todo un impacto en el clima. El cambio climático está afectando a la salud de nuestro planeta y está cambiando nuestro mundo. Está provocando más desastres naturales y problemas ambientales, que hacen que nos sea más difícil producir alimentos.
Producir alimentos es también parte del problema, ya que hemos estado tomando atajos y dañando nuestro planeta, para producir lo que necesitamos. Con el fin de alimentar a una población creciente -que alcanzará 9 600 millones de personas para 2050- vamos a tener que aprender a producir lo que necesitamos de manera que no sigamos destruyendo el planeta.
La adaptación al cambio climático significa encontrar maneras de asegurar que todo el mundo sea capaz de llevar una vida sana y productiva a pesar del clima cambiante. Significa encontrar maneras de producir alimentos y alimentar al planeta. Significa proteger a las personas más pobres, las que más sufren debido al cambio climático y los desastres naturales y ayudarles a recuperarse de los desastres que no pueden evitarse.
Tenemos que adaptar la alimentación y la agricultura al cambio climático de manera sostenible. La sostenibilidad tiene que ver con el futuro: se trata de conseguir y mantener un planeta sano que pueda alimentar a nuestra creciente población y a las generaciones venideras. Somos la Generación “Hambre Cero” ¿Sabías que alrededor de 1 de cada 9 personas se acuestan con hambre cada noche? Eso supone un total de casi de 800 millones de seres humanos. Producimos alimentos suficientes en el mundo para alimentarlos a todos, así que ¿por qué hay todavía personas que padecen hambre? El hambre existe por muchas razones: los pobres pueden no tener el dinero para comprar alimentos, la guerra puede impedir que las personas accedan a ellos, los desastres naturales pueden provocar el hambre, y se desperdician demasiados alimentos.
La buena noticia es que los líderes mundiales quieren acabar con el hambre. El año pasado, 193 países se comprometieron a 17 objetivos de desarrollo sostenible, con el objetivo general de acabar con el hambre para 2030. Sin embargo, los líderes no pueden lograrlo solos. Necesitan la ayuda de las organizaciones internacionales, los agricultores, las escuelas, las universidades, las empresas y la tuya. Podemos llegar a ser la primera generación que elimina el hambre del planeta –la Generación Hambre Cero- si trabajamos juntos. Acabar con el hambre es responsabilidad de todos y cada uno tenemos un papel que desempeñar, incluso cambiando nuestras sencillas acciones y decisiones cotidianas.
Iniciativas frente al clima que pueden cambiar el mundo
Nuestro planeta se está calentando. Los glaciares se están derritiendo, el nivel del mar está subiendo, y los fenómenos meteorológicos extremos como sequías, ciclones e inundaciones son cada vez más habituales. Todos estos eventos tienen dos cosas en común: 1) tienen sus peores efectos sobre las personas más pobres del mundo -muchas de las cuales son agricultores- y hacen que les sea más difícil cultivar alimentos; y 2) amenazan el objetivo de acabar con el hambre en el mundo en 2030. La buena noticia es que podemos ayudar. Tenemos que consumir menos energía o usar fuentes de energía menos contaminantes, salvar nuestros bosques, desperdiciar menos y proteger los valiosos recursos naturales del planeta, como el agua y la tierra, entre otras cosas. ¿Qué puedes hacer TÚ al respecto? Puedes luchar contra el cambio climático cambiando tus hábitos cotidianos y tomando decisiones simples. Te retamos a elegir cuatro de las siguientes iniciativas y atenerte a ellas.
·        Evita desperdiciar agua
·        Prueba alimentos nuevos
·        Mantén nuestros océanos llenos de peces.
·        La eficiencia energética es lo mejor.
·        Compra productos ecológicos.
·        Mantén limpios los suelos y el agua.
·        Usa paneles solares u otro tipo de energías limpias.
·        Compra solamente lo que necesitas.
·        Elije frutas y hortalizas de aspecto poco atractivo.
·        No te dejes engañar por la etiqueta
·        Limita el consumo de plástico.
·        Recicla.
·        Almacena los alimentos de forma inteligente
·        Aprovecha los sobrantes
·        Elabora abono para las plantas.
·        Genera menos basura.
·        Usa la bicicleta, camina o viaja en transporte publico.
·        Compra a nivel local. Compra productos KM 0.
·        Haz que las ciudades sean más verdes
·        Proteje los bosques y ahorra papel.
·        Mantente informado sobre el cambio climático.
·        ¡Haz correr la noticia!
·        Regala las cosas
·        Sé un viajero ecológico.
·        Promueve que los bebés sean ecológicos
Para asegurarse de que el cambio climático no cambia nuestro mundo para peor, tenemos que cambiar la forma de hacer las cosas HOY. Las cuatro acciones que has elegido pueden parecer pequeñas, pero si todo el mundo se une y pone de su parte, seremos capaces de alimentar a nuestro planeta y su población, y convertirnos en la Generación Hambre Cero.


Fuente: 
FAO. http://www.fao.org/3/a-i5685s.pdf

jueves, 6 de octubre de 2016

Alimentar la Mente para Combatir el Hambre. Libro de la FAO para los Maestros y Profesores

Es un mundo donde no haya hambre ni malnutrición, y en el que todas las personas puedan estar seguras de que disponen de los alimentos necesarios para estar sanas y bien nutridas. La visión de la FAO es un mundo que procure y proteja el bienestar y la dignidad humana de todos sus habitantes. Un mundo en el que los niños puedan crecer, aprender y prosperar para convertirse en miembros sanos, activos y responsables de la sociedad.
Aunque se han hecho muchos progresos en la mitigación del hambre y la malnutrición a escala mundial, todavía estamos lejos de tener un mundo en el que toda la población esté libre del hambre. Consideramos que la educación y la información sobre temas relacionados con el hambre, la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo son cruciales para hacer realidad esta visión mundial. Por ello centramos nuestros esfuerzos en los jóvenes y sus educadores.
Si el 16 de octubre de cada año, para el Día Mundial de la Alimentación, se presenta a los niños un material educativo común sobre el hambre y la malnutrición, y sobre cómo se debe actuar al respecto, ¿les ayudará esto a crecer entendiendo la importancia de la interdependencia en el mundo? Si aprenden lecciones procedentes de distintas partes del mundo, de diferentes culturas y circunstancias, ¿estarán más preparados para trabajar unidos a fin de resolver el problema del hambre y la seguridad alimentaria? ¿Existen medios para formar a una generación de jóvenes como ciudadanos responsables del mundo?
Creemos que la respuesta a todas estas preguntas es positiva. Como educadores, ustedes están en una posición especial para inculcar a los jóvenes un espíritu de responsabilidad y compromiso que los impulse a sumarse a la lucha contra el hambre. La imaginación, los ideales y la energía de la juventud son un recurso fundamental para el desarrollo continuo de sus comunidades y naciones. Ustedes, sus profesores, pueden contribuir de forma decisiva informando a los jóvenes, compartiendo sus conocimientos, estimulando su participación y mostrándoles el importante papel que les compete en la consecución de un mundo libre del hambre.
Les invitamos a unirse a los profesores y estudiantes de todo el mundo y participar en el proyecto: Alimentar la mente para combatir el hambre.
Introducción del Profesor/Maestro.
Los profesores de todo el mundo que deseen introducir a sus alumnos en los problemas del hambre y la malnutrición pueden utilizar y adaptar los materiales y modelos de lecciones de Alimentar la mente para combatir el hambre.
Las lecciones de Alimentar la mente para combatir el hambre se han elaborado como punto de partida para que los profesores puedan presentar a sus alumnos el tema del hambre en el mundo y en sus países. Ante la gran diversidad de problemas, culturas y entornos que existen en el mundo, los materiales se han preparado como marco de referencia para los profesores, en el entendimiento de que éstos deberán adaptar el alcance, el lenguaje, las discusiones y las actividades que se proponen a las necesidades de sus alumnos y a las condiciones locales. En todos los niveles se tratan los temas ¿Qué es el hambre y la malnutrición y quiénes son los que padecen hambre?, ¿Por qué padecer hambre y están malnutridas las personas? y ¿Qué podemos hacer para ayudar a erradicar el hambre?
Cada lección contiene objetivos, conceptos y actividades para motivar a los alumnos a discutir estos graves y persistentes problemas. Se proporcionan tres lecciones para cada uno de los tres niveles de enseñanza: elemental, intermedio y secundario. Las lecciones están dirigidas a alumnos con un nivel evolutivo y de conocimientos correspondiente al término medio de cada ciclo. Puesto que los niveles de los cursos y las edades de los alumnos se definen de maneras diferentes en los distintos lugares del mundo, será necesario que los profesores examinen las lecciones a fin de seleccionar los materiales más adecuados para el nivel de desarrollo cognitivo de sus alumnos, introduciendo las modificaciones necesarias.
El 16 de octubre, Día Mundial de la Alimentación -y durante todo el año- estudiantes de todo el mundo pueden utilizar estas lecciones para llegar a entender mejor los problemas mundiales del hambre y la malnutrición. Los profesores pueden enviarnos luego las lecciones creadas para sus clases, de manera que colegas de todo el mundo puedan usarlas en otro Día Mundial de la Alimentación. Nosotros compilaremos y distribuiremos nuevas ideas, actividades y lecciones del mundo entero todos los años. 
Nuestra visión es un mundo donde todas las personas tengan acceso a alimentos en cantidades adecuadas para llevar una vida sana y productiva, y donde no exista la malnutrición. Estamos seguros de que la educación y la información sobre temas relacionados con el hambre en el mundo, la seguridad alimentaria y la nutrición son fundamentales para hacer realidad esta visión. El objetivo es crear un aula global donde los niños y jóvenes del mundo estudien y discutan los mismos temas, con la esperanza de prepararlos y estimularlos para que participen en actividades destinadas a crear un mundo libre del hambre.
Les invitamos a copiar el material de esta publicación y utilizarlo a lo largo de todo el año escolar, adaptando las lecciones a las circunstancias particulares de sus alumnos y a las instalaciones de que disponga su aula. Generalmente, las lecciones que han sido adaptadas y elaboradas localmente en función de los problemas, intereses y cultura locales son las más efectivas. Las lecciones y materiales elaborados localmente pueden utilizarse para contribuir alimentar la mente para combatir el hambre a que cada comunidad afronte sus propios problemas.
Las lecciones modelo se han diseñado para cubrir tres clases de aproximadamente 45 minutos cada una pero también se pueden impartir más o menos detalladamente, como mejor se ajuste a las necesidades de su curso. Para cada lección se proporciona información de referencia y nociones adicionales a fin de que ustedes o sus alumnos las utilicen según consideren apropiado. Cada lección contiene además sugerencias de actividades y temas de discusión que se pueden utilizar tal como se presentan o adoptar como base para crear sus propias actividades de clase sobre cada tema.
A medida que los profesores de todo el mundo vayan constatando qué materiales o actividades funcionan mejor en los distintos entornos y culturas y adaptando conforme a ello sus lecciones, se creará una serie de herramientas didácticas y actividades más pertinentes y convincentes sobre el tema del hambre en el mundo. Nos gustaría conocer sus observaciones sobre estas lecciones y sobre todo saber de qué manera las ha adaptado.
Esto nos ayudará a mejorar el programa año tras año. Asimismo, le invitamos a presentar las lecciones o los resultados de las clases que quiera compartir con el resto del mundo en el marco de este proyecto para el próximo Día Mundial de la Alimentación (que siempre se celebra el 16 de octubre).
Fuente:
FAO. Alimentar la mente para combatir el hambre.  Asociación Roma, 2002.
http://www.fao.org/3/a-y2735s.pdf

jueves, 29 de septiembre de 2016

La prevención activa de la obesidad. ¿Cómo participa la escuela?

La obesidad es una enfermedad crónica cuya incidencia y prevalencia están aumentando tanto en países desarrollados como en vías de desarrollo. Representa en la actualidad un problema importante de salud pública en nuestros países. Las estrategias de prevención de la obesidad en la infancia deben establecerse en la escuela y la familia, las dos instituciones que ejercen mayor influencia en el niño.
La obesidad es considerada por la OMS desde 1998 como una epidemia global. Constituye un problema serio de salud en las sociedades occidentales donde el nivel de vida y los medios de comunicación incitan al consumo de alimentos con alto poder energético. En la infancia y adolescencia, es el trastorno metabólico más prevalente y la principal enfermedad no declarable. En nuestro país el porcentaje de sobrepeso en niños de 7 a 12 años alcanza el 17,57% y la obesidad 9,87% (INN, 2013). La obesidad infantil es, además, un gran factor predictivo de la obesidad del adulto.
El ambiente como factor de riesgo 
Los factores ambientales juegan un papel importante en el aumento de la prevalencia de la obesidad. Una escasa actividad física unida al incremento en el consumo de comidas altamente calóricas entre los niños explican de forma clara este aumento. Además, estas tendencias alimenticias se ven muy influenciadas por los hábitos alimenticios familiares, al igual que la actividad o inactividad de sus padres. Si estos hábitos se establecen durante la infancia, persistirán en la edad adulta.
La salud del niño se ve directamente afectada por la obesidad, que se inicia durante la infancia, ya que influye sobre el crecimiento, ritmo madurativo y equilibrio endocrino. Asimismo, la obesidad infanto-juvenil constituye un factor de riesgo para el desarrollo de una serie de complicaciones de crecimiento, cardiovasculares, ortopédicas, respiratorias, digestivas, dermatológicas, psicosociales, capacidad física disminuida, neurológica y endocrinas; así, ciertas formas de cáncer y una esperanza de vida menor.
Todas estas complicaciones justifican de manera clara la prevención y tratamiento de la obesidad en etapas precoces. Sin embargo, las consecuencias más importantes se derivan del riesgo que la obesidad tiene de perpetuarse durante la edad adulta y junto con las complicaciones antes mencionadas, puede incrementar la mortalidad o conducir a grados variables de invalidez. En el caso venezolano la prevalencia de Sobrepeso en personas de 18 a 40 años alcanza al 30,52% y la Obesidad el 29,72% (INN, 2013) 
Aparte de los riesgos asociados a la obesidad, ser un niño obeso conlleva una carga psicológica y emocional importante. Tanto el sobrepeso como la obesidad suponen riesgos psicosiales inmediatos. Los niños obesos tienen una pobre imagen de sí mismos y expresan sensaciones de inferioridad y rechazo, viéndose discriminados por parte de los adultos o de los compañeros de clase, actitudes que pueden conducir al aislamiento, depresión e inactividad, situaciones que favorecen una mayor ingesta de alimentos, lo que termina agravando o perpetuando el cuadro de la obesidad.
Por otra parte, desde el punto de vista genético, la cantidad de grasa corporal y la distribución del tejido adiposo o la cantidad de masa magra están directamente relacionados con la carga genética familiar. De esta manera, los hijos de padres obesos son más frecuentemente obesos a todas las edades que los hijos de padres delgados. Existen más de 200 genes relacionados con el exceso de peso. Con la identificación en 1994 del gen “ob”, específico de los adipositos y responsable de la codificación de la leptina, proteína reguladora del peso corporal, la teoría de que alteraciones genéticas contribuyen al desarrollo de la obesidad va ganando fuerza.
Estrategias de prevención de la obesidad
El mejor tratamiento de la obesidad infantil es la prevención. Esta debe comenzar por el pediatra desde la infancia, basándose en la promoción de hábitos de alimentación saludables, aumento de la actividad física y modificación de hábitos obesogénicos.
El objetivo prioritario es favorecer una dieta equilibrada y variada, adaptada al ritmo de crecimiento y desarrollo del niño, al mantenimiento del peso ideal y de una salud óptima en todas sus edades.
En el manejo y prevención de la obesidad infantil se implican educación, investigación e intervención. La educación debe ir dirigida hacia los ámbitos familiar y comunitario, escolar, empresarial, sanitario y político.
Es necesario realizar campañas de salud a través de los diferentes medios de comunicación en colegios, colectividades, hospitales pediátricos, etc., para evitar las secuelas de la vida sedentaria y de los excesos en las comidas. El objetivo de estas campañas consistirá en proporcionar ideas básicas pero claras sobe la relación entre los hábitos alimentarios saludables, actividad física y prevención primaria de la obesidad.
Niveles de actuación para la prevención de la obesidad
  • Elaborar programas de actividad física como prevención de la obesidad.
  • Formar e informar a los profesionales relacionados con la salud y la educación y a la población en genera sobre los beneficios de la prevención de la obesidad, promocionando el consumo de alimentos saludables.
  • Exigir el etiquetado riguroso del contenido de los alimentos procesados que incluya los macro y micronutrientes, y su porcentaje de aporte de energía, grasa, hidratos de carbono y proteínas en relación con la ración diaria, así como los componentes bioactivos y los aditivos que contienen.
  • Promocionar la información y formación de los profesionales de la salud en la prevención y tratamiento de la obesidad y sus comorbilidades.
  • Mejorar la calidad nutricional de los alimentos y promocionar los de bajo contenido en grasa, sal y azúcar.
  • Ayudar a los consumidores a ejercer una elección informada de los alimentos y menús.
  • Reducir o eliminar la publicidad para el consumo de alimentos de alto poder energético y bajo en nutrientes.
  • Promocionar en el currículum la educación nutricional y la actividad física.
  • Mejorar la calidad nutricional de los menús ofertados en el comedor escolar, que debe ser un punto de encuentro para la educación nutricional práctica.
  • Restringir o eliminar máquinas o vendedores de alimentos y bebidas de baja calidad nutricional dentro o en las cercanías de la escuela.
  • Estimular la realización de ejercicio físico a todos los alumnos con una actividad adecuada a la edad y estado físico, fomentando las actividades no competitivas.
  • Mejorar la dieta aumentando el consumo de frutas y verduras, cereales integrales y pescado, disminuyendo las grasas saturadas, las grasas trans y los azúcares refinados.
  • Promocionar el desayuno como una comida principal. Fomentar la comida en familia.
  • Evitar el abuso de la TV, computadora y otras actividades sedentarias.
  • Crear infraestructuras para la actividad física y el deporte seguro y su acceso fácil, rápido y económico.
  • Promocionar la educación nutricional.
La obesidad exógena es una enfermedad nutricional que se define por el exceso de grasa corporal resultante del consumo de una dieta de valor calórico superior a las necesidades del niño. La prevención exige una actividad coordinada de los gobiernos, la industria, los profesionales sanitarios, las TICs, la televisión, Internet, las organizaciones no gubernamentales, la escuela, los centros de trabajo, la comunidad, la casa, la familia, el niño. Entonces la prevención de la obesidad es responsabilidad de todos.
Fuente:
Isabel Polanco Allué y Pilar Pavón Belinchón  (2012). Un reto actual: la prevención activa de la obesidad y el comedor escolar. En Nutrición en el ámbito escolar. Jesús Román Martínez Álvarez (Editor). Cap 5, p. 59-67. España.

Instituto Nacional de Nutrición (2013). Sobrepeso y obesidad en Venezuela. Prevalencia y factores condicionantes. Fondo Editorial Gente de Maíz. Caracas.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Hábitos de alimentación saludables: ¿previenen los trastornos de alimentación?

En la actualidad, tanto en la práctica clínica como en las investigaciones se observa que los Trastornos de la Conducta Alimentaria implican más criterios diagnós­ticos que los conocidos en el DSM (Manual diagnós­tico y estadístico de los trastorno mentales). De­bido a que se ha advertido que estas enfermedades son más frecuentes de lo que se creía, se está pensando la posibilidad de categorizar o subclasificar los diversos trastornos que existen e incluir, además, otros nuevos.
Hábitos de alimentación
Los hábitos de alimentación son expresiones de las creencias y tradiciones ligadas a la geografía, la disponi­bilidad alimentaria, así como también están vinculados a los factores económicos y religiosos de la persona. En este contexto cabe preguntarse: ¿qué es adecuado?, ¿qué es inadecuado en los hábitos de alimentación? y ¿qué es un trastorno de alimentación o una inadecuada conducta de alimentación?
El término adecuado corresponde a comer va­riado, equilibrado, suficiente, completo. Para ilustrar más claramente la definición de “inadecuado” se puede recurrir a los siguientes ejemplos: a) un paciente con problemas de obesidad, que realiza al día tres comidas copiosas a base de carbohidratos (pastas, papas etc.) y de alto contenido ener­gético, b) un paciente que por condiciones laborales no puede ir a su casa a almorzar, no puede dirigirse a un lugar donde le ofrezcan comida saludable y además, su poder adquisitivo es bajo, se verá obligado a acudir a lugares de comida rápida. En ambos casos se está ante un hábito de alimentación inadecuado.
No se puede dejar de lado otras situaciones que están fuera de los criterios ya conocidos, por ejemplo: ¿cómo se definen o clasifican las personas que hacen una comida al día, que no desayunan, comen varias veces al día o se levantan en la noche a comer, que realizan comidas de forma compulsiva, ayunan o hacen dieta constantemente de manera permanente? ¿Podrían definirse estas conductas como trastornos de la con­ducta alimentaria?
Trastornos de la conducta alimentaria
Según el DSM, los trastornos de la conducta alimentaria se incluyen en esta clasificación general:
• Anorexia nerviosa (restrictiva y purgativa).
• Bulimia nerviosa.
• Trastorno de alimentación no específico (EDNOS, por sus siglas en inglés: Eating di­sorder not otherwise specified).
• Comedor compulsivo o trastorno por atracón (TPA).
La expresión “Todo el mundo hace dieta hoy día”, se está usando, actualmente, muy a la ligera. Esto es preocupante ya que existen muchos estudios, de evi­dencia donde se observa que en los colegios, los adolescentes mantienen inadecuadas conductas ali­mentarias tales como: ayunan, omiten las comidas… En la consulta, muchos profesionales dicen: “¿quién no hace dieta?”. De esta manera se resta importancia a un posible trastorno y, sencillamente, el nutricionista o nu­trólogo le entrega al paciente un plan de alimentación para perder peso. En este sentido, se debe preguntar a los pacientes: ¿Usted se ha sometido muchas veces a dieta? Si la respuesta es positiva: “Sí, casi toda mi vida”, ese es un paciente que, muy probablemente, debe tener un problema de alimentación.
¿Este comportamiento es un factor de riesgo o se está ante el inicio de un trastorno de alimentación?
Por lo general, los pacientes con anorexia em­piezan, sencillamente, restringiendo el consumo de go­losinas o con una dieta; sin embargo, su alimentación se va haciendo cada vez más restrictiva, hasta el punto de no comer o convertir la alimentación en ayunos seguidos por atracones.
Las preocupaciones y los trastornos de la conducta alimentaria se agrupan en un continuo y estos van desde una insatisfacción corporal leve a estados graves de ano­rexia, bulimia u otro desorden de alimentación. 
A lo largo del intervalo entre los puntos de inicio y el terminal, se encuentran las conductas dietéticas y los comportamientos de trastornos de alimentación graves, como lo son el vómito, uso de laxantes, ingestas de píldoras adelgazantes y atracones. La participación en conductas anoréxicas y regímenes poco saludables tal vez no sea lo bastante frecuente o intensa para cumplir con los criterios diagnósticos para definirlos como un trastorno de la conducta alimentaria, sin embargo, estas conductas llegan a afectar de manera negativa la salud y tal vez conduzcan al desarrollo de un trastorno de la conducta alimentaria.
La conducta que se está observando en los ado­lescentes es alarmante: adolescentes sin problemas de sobrepeso presentan conductas de dietas. Los adolescentes, y muchas veces los adultos, también buscan un método rápido para perder peso, a pesar de que en la mayoría de los casos son poco efec­tivos. Estudios longitudinales han comprobado que estas conductas de dietas no predicen pérdida de peso ni son mantenidas en el tiempo, además, está demostrado que a los 5 años de haber hecho dietas, los pacientes tienen 3 veces mayor riesgo de padecer sobrepeso u obesidad.
La mayoría de los estudios se basa en la teoría de la restricción dietética donde los procesos cognitivos, que deberían ser normales son interrumpidos; entonces, se pierden las señales de hambre y saciedad fisiológica.
Qué ocurre fisiológicamente:
• Se agotan las reservas de glucógeno hepático.
• Ocurre una hipoglucemia sintomática o asintomática.
• Empieza la sensación de hambre (voraz).
• Pérdida del control de la ingesta de alimentos y, seguidamente, se procede un atracón.
El atracón es señal de una hipoglicemia. La per­sona busca ingerir carbohidratos complejos o carbohi­dratos sencillos para satisfacer la necesidad del sistema nervioso central. Enseguida lo embarga una sensación de culpa, y se da inicio al ciclo de restricción, no sola­mente de ayuno sino al uso de píldoras, diuréticos, etc.
Cuando todas estas conductas inadecuadas son mantenidas, se produce una disminución de la tasa me­tabólica; como resultado de todas estas restricciones, sobrevienen el sobrepeso y la obesidad. De esta ma­nera, si el sobrepeso y la obesidad están asociados con estas conductas y no al paciente con hábitos inade­cuados, estamos ante cualquier trastorno de la conducta alimentaria. Adicional­mente, estas personas tendrán problemas de autoestima y poco autocontrol con lo cual se está favoreciendo el trastorno.
¿Es la obesidad un trastorno de la conducta alimentaria?
Estudios epidemiológicos han demostrado una aso­ciación positiva entre obesidad y formas de enfermedades mentales, indicando que la comorbilidad observada en trabajos clínicos no es simplemente una detección casual.
Finalmente, la presencia de características similares en personas con obesidad, adicción a drogas y conductas compulsivas conduce a que algunos investigadores con­cluyan que la obesidad, caracterizada por un consumo compulsivo de alimentos, puede ser incluida como un desorden mental en el DSM. Sin embargo, no se puede etiquetar como una enfermedad mental, al menos que la obesidad sea el resultado de una conducta inadecuada y, en este caso, la denominan obesidad relacionada a un trastorno de la alimentación. Por eso es fundamental diagnosticar ade­cuadamente, si la obesidad es el resultado de un hábito inadecuado o de una mala conducta.
Características especiales de los trastornos de alimentación
• Etiología multideterminada en la que hay un continuum dimensional en lo conductual y psi­cológico.
• ¿Los trastornos de la conducta alimentaria re­quieren condiciones diferentes en el marco de la salud mental? Es muy frecuente observar la resistencia de los pacientes a acudir a los psi­cólogos o psiquiatras. Lo psicológico lo aleja del modelo médico.
• Los pacientes no se benefician de los recursos de las patologías médicas.
• El espectro de trastornos de la conducta ali­mentaria es amplio: obsesión, compulsividad, personalidad, impulsividad, afectividad, etc. Es necesario considerar otras alteraciones y por eso es recomendable trabajar con un psi­cólogo, un psiquiatra, es decir, con un equipo completo.
Conclusión, es importante deslindar si se está ante un hábito de alimentación adecuado o frente a una conducta de alimentación inadecuada que pu­diera conducir a un trastorno de la conducta alimen­taria. Por otra parte, también es necesario esperar los nuevos criterios que se publicarán en la próxima edición del DSM, pues es de esperarse que facilitarán la comprensión, el análisis y el abordaje de este tipo de trastornos.
Fuente:

Beatriz Verdi de Di Bella (2012). Hábitos de alimentación saludables: ¿previenen los trastornos de alimentación? CANIA. Año 14. Nº 24. p, 13-17.

jueves, 21 de julio de 2016

Hábitos de alimentación saludable: aprendizajes tempranos para toda la vida

La alimentación es una habilidad que se construye y madura en los primeros dos años de vida, y en su aprendizaje influyen no solo la información sino el ejemplo de las cuidadoras/es, maestras y la familia que se convierten en modelo a seguir por las niñas y niños. Así, es frecuente observar que cuando aquellos consumen regularmente frutas y verduras, con seguridad los pequeños imitarán esos modelos. La relación entre comportamiento de las cuidadoras/es y la conducta alimentaria en la edad infantil está influenciada por los patrones culturales.
Construcción de hábitos en la primera infancia
Los hábitos son comportamientos o conductas que resultan de prácticas repetidas inducidas por ideas, creencias, valores y normas de la cultura que el cerebro aprende, y que se manifiestan en maneras de actuar y de comportarse. Cuando se integran a la vida diaria de modo sistemático constituyen un estilo de vida. No obstante, al ser una conducta aprendida e influenciada por el ambiente y la cultura, pueden ser modificados lo que sustenta la conveniencia de insistir en su formación durante toda la vida.
La importancia de iniciar el aprendizaje temprano de hábitos saludables reside en aprovechar la característica única e irrepetible de plasticidad o maleabilidad cerebral que caracteriza el periodo de formación y desarrollo del cerebro en los primeros mil días de vida, para modelar las vías nerviosas del comportamiento que ayudarán a proteger la salud. El modelaje se logra a través de la práctica de rutinas repetidas acompañadas de la explicación sobre las consecuencias de la conducta, con lo cual las niñas y niños dan sentido a sus hábitos, y al llegar a la juventud y la edad fértil podrán ser madres y padres dueños de comportamientos que contribuirán a mantener su salud y la de sus hijas e hijos, creando un círculo virtuoso de estilos de vida saludable a lo largo de todas las etapas del ciclo vital.
En el plano de la conducta alimentaria antes que nada hay que saber que la alimentación es una habilidad del desarrollo infantil de alta complejidad en la que influyen al menos tres aspectos: el primero, relacionado con la niña o el niño en sí mismo, como la percepción del hambre y la saciedad y los logros en el desarrollo neurológico y motor, el segundo tiene que ver con las cuidadoras/es primarios esto es con las interacciones, y en tercer lugar con los ambientes de alimentación y de cuidados, si son o no agradables, todo lo cual indica su carácter dinámico y progresivo, que como cualquier habilidad va madurando con el tiempo y requiere ser modelada hasta convertirse en comportamientos o hábitos alimentarios estables.
Así mismo, de no aprenderse estos en forma adecuada, pueden llevar a hábitos no saludables que resultan en comportamientos de alimentación problemáticos, en interacciones tensas y conflictos familiares alrededor de las comidas, fallas en el crecimiento, enfermedad y mortalidad infantil. Algunos problemas de la conducta alimentaria pueden deberse a alteraciones fisiológicas o aún patológicas de los niños, pero en su mayoría están condicionados por los factores mencionados.
Un primer efecto benéfico no bien conocido de adoptar tempranamente buenos hábitos alimentarios es el de evitar los problemas de alimentación (falta de apetito, rechazo, náuseas, lentitud o pobre habilidad para masticar, atoramientos al tragar, no abrir la boca, gritar o arquearse) cuya ocurrencia se calcula entre 25 a 35% de los niños pequeños. Otros efectos positivos son la prevención de la mortalidad infantil y del adulto gracias a que disminuyen el riesgo de contraer enfermedades infecciosas agudas y enfermedades crónicas no transmisibles- ECNT, como la obesidad, la diabetes, la hipertensión arterial, el colesterol elevado y las enfermedades coronarias.
Hábitos de alimentación, salud, higiene y actividad física

Los buenos hábitos alimentarios comienzan con el inicio precoz de la lactancia materna en la primera hora que sigue al nacimiento, debido a que el estímulo del reflejo de succión, la experiencia del olor y el sabor de la leche de la madre, y el estrechamiento del vínculo afectivo y el apego, son condiciones que favorecen el primer conocimiento de los niños con la comida en un ambiente de placer y tranquilidad que inaugura comportamientos tranquilos y confiados.
Con el amamantamiento en los primeros seis meses, la niña y el niño sienten satisfecha oportunamente su sensación de hambre y poco a poco aprenden a entender ritmos y a autorregular sus ciclos de hambre y saciedad, un factor muy importante para modelar patrones regulares de alimentación. Entre los 6 meses y los dos años un buen hábito es emplear un estilo de alimentación perceptiva, mediado por el afecto y la comunicación activa que estimule la alimentación complementaria apropiada acompañada de la leche materna, y a partir del año de edad, la ingestión de frutas y verduras (El Trompo de los grupos de alimentos)-(Programa: Cinco al día) y demás alimentos ricos en nutrientes, y el hábito de la alimentación en familia estimulando la participación infantil y la autonomía para el ejercicio de la alimentación independiente.
Hasta los dos años las habilidades alimentarias están bien establecidas y como se ha dicho obedecen especialmente a factores biológicos y a la respuesta de los cuidadores a sus señales de hambre y saciedad. Sin embargo, desde los dos y hasta los cinco años la regulación de estas señales se ve muy influenciada por condicionantes externos como el ejemplo de la familia, las prácticas en los centros educativos o los mensajes comerciales de la televisión que pueden alterar los comportamientos alimentarios.
Los efectos de los hábitos alimentarios se incrementan y mejoran con la práctica de otros hábitos como el lavado de las manos antes de preparar y comer los alimentos, el uso de agua segura, la actividad física regular que ayuda a distribuir el peso corporal, la relación adecuada, positiva y sustentable con las personas y el ambiente para fomentar el respeto por la diversidad y no presionar o agotarlos recursos naturales.
Así se gana en muchos aspectos: inocuidad de los alimentos, buen estado de salud y nutrición, reconocimiento y respeto del propio cuerpo, mantenimiento del peso corporal, disfrute de los variados y nutritivos alimentos regionales, formación temprana de la conciencia ecológica y vida saludable en equilibrio con la salud del planeta.
Es deber de los adultos guiar a las niñas y niños para que aprendan a reconocer y valorar la riqueza que ofrece la diversidad de personas, seres, productos y objetos que los rodean. Se pueden planificar actividades y juegos donde aprendan a apreciar y disfrutar de la multiplicidad de opiniones, conocimientos, apariencia, colores, formas, olores y sabores, y a entender que eso hace parte de su cultura y enriquece sus vidas. En el caso de los alimentos, inducirlos en el conocimiento y apreciación del color, forma, sabor, olor, textura y temperatura de los mismos, puede además ayudar a evitar los comportamientos “neofóbicos” de algunas niñas y niños hacia los alimentos nuevos, y por qué no, hacia aquello que es diferente.
Un buen indicio para saber que las niñas y niños están adquiriendo comportamientos alimentarios saludables es que soliciten alimentos con intervalos regulares, que succionen, coman y beban con buen ritmo, que ensayen nuevos sabores y texturas, y manifiesten su satisfacción después de comer. Esto sin duda contribuirá a ampliar sus preferencias alimentarias, a incrementar su gusto por lo diverso y a lograr conductas alimentarias independientes.
Educación alimentaria y nutricional: una forma de fomentar hábitos saludables
El fomento de los hábitos saludables se facilita con la Educación Alimentaria y Nutricional, una actividad que tiene como objetivo orientar a madres, padres, cuidadoras/es, profesionales y educadores en el uso razonable de alimentos saludables, nutritivos y en cantidad suficiente para cubrir las necesidades diarias, promover comportamientos alimentarios saludables y diseñar estrategias para lograrlos, en especial interacciones afectivas, oportunas y de calidad, establecer rutinas y tiempos de comidas consistentes y predecibles, y ofrecer alimentos balanceados y nutritivos en ambientes agradables. Además, la educación alimentaria y nutricional permite fomentar patrones de consumo y comportamientos alimentarios que no presionen o amenacen los recursos del planeta, diversificar la dieta aprovechando la enorme variedad de alimentos locales y de cosecha, educar en la seguridad alimentaria y nutricional que preserve la biodiversidad presente y futura y promover el respeto por los derechos de las personas y los derechos ambientales de todas y todos.
Alimentación y cultura alimentaria: aporte de la alimentación a la construcción de identidad.
La alimentación es el primer evento en la vida de los niños que atrae la atención de las madres, padres, cuidadoras/es y quienes están alrededor de los pequeños, constituyendo un evento social, como también un factor que interviene en la construcción de la identidad y en el sentido de pertenencia a una familia y a una comunidad.
La experiencia de comer está ligada no solo a la nutrición y el crecimiento sino también al aprendizaje de saberes y prácticas alimentarias, a través de las cuales las niñas y niños pequeños aprenden sobre las costumbres del grupo al que pertenecen, sus gustos y preferencias alimentarias y culinarias, y aún los modos de producción alimentaria, todo lo cual va generando en ellos sentido de pertenencia e identidad con su grupo, su cultura y su territorio.
Las relaciones que se crean a través de la experiencia de la comida están influenciadas por múltiples factores dados por los imaginarios sociales sobre la lactancia materna, el apego, la salud, la obesidad, la delgadez, las presiones de la publicidad, la moda, las creencias de los parientes, cuidadoras/es y amigos todo lo cual incide en la elección de amamantar o dar biberón, en la edad del destete, en las expectativas de los padres frente al peso de los hijos y en la selección de los alimentos.
El acto de alimentarse es de este modo una fuente de interacción social en la que intervienen factores biológicos, simbólicos y culturales que modelan los comportamientos alimentarios, los que a su vez influirán en el desarrollo de la autonomía y la afirmación de la identidad. La comprensión de esta cadena de influencias permitirá a los padres y cuidadoras/es promover prácticas alimentarias y hábitos saludables, que respetando el contexto cultural y territorial específico, se adecuen a los requerimientos del desarrollo físico, emocional y social de los niños a la vez que faciliten su inserción en la cultura.
Un aspecto no bien valorado que resulta interesante en la construcción de la cultura alimentaria, es la diversidad de los grupos sociales, ya que la diferencia en sí misma, conlleva saberes, tradiciones e imaginarios alrededor de la alimentación y la nutrición, que al ser intercambiados con otros, generan dinámicas que permiten afianzar las prácticas, innovar y favorecer fusiones con otras culturas culinarias, todo lo cual incrementa la variedad culinaria, confiere estatus social a las cocinas tradicionales y locales, afianza el arraigo y pertenencia a la cultura y enriquece el patrimonio inmaterial de la cultura de nuestros países.
Resignificar el papel de la cultura alimentaria exige el acercamiento a los pueblos étnicos y comunidades campesinas, desde una perspectiva multicultural que nos permita conocer y reconocer su legado a la alimentación y la nutrición en contextos que favorezcan el diálogo de saberes, el intercambio de creencias, imaginarios sociales y opiniones alrededor de los alimentos y las comidas.
Fuente
República de Colombia (2012). Lineamiento Técnico de Alimentación y Nutrición para la Primera Infancia. Comisión Intersectorial para la Atención Integral de Primera Infancia. Estrategia Nacional DE CERO A SIEMPRE
OMS, (2002). Estrategia Mundial de Alimentación y Nutrición del Lactante y el Niño Pequeño, Organización Mundial de la Salud.