miércoles, 21 de julio de 2021

La contaminación atmosférica, el tabaco y el entorno influyen en la obesidad infantil

La Universidad del Sur de California, ha liderado el primer gran estudio que ha relacionado una multitud de contaminantes y factores ambientales con el riesgo de obesidad infantil. 


Los resultados del estudio, que publica el 24 de junio de 2020, la revista "Environmental Health Perspectives", demuestran el papel destacado de la polución, el tabaco y vivir, por ejemplo, en áreas densamente pobladas, en el desarrollo de este problema de salud infantil.

Hasta ahora varios estudios habían abordado el efecto de los contaminantes ambientales, el estilo de vida y las características del entorno urbano en la obesidad infantil, pero siempre se había estudiado cada exposición individual por separado. 


Ahora, los investigadores han aplicado el concepto de exposoma, que implica un cambio de perspectiva en la investigación, y, en lugar de analizar por separado las consecuencias que cada exposición podría tener en la salud, estudian el conjunto de las diferentes exposiciones a las que una persona está sujeta desde la concepción hasta la muerte.


Esta investigación, que forma parte del Proyecto HELIX, partió de los datos de más de 1.300 niños y niñas de 6 a 11 años de cohortes de nacimiento de España, Francia, Grecia, Lituania, Noruega y Reino Unido. Por un lado, recogieron datos relacionadas con el sobrepeso y la obesidad de los niños: índice de masa corporal (IMC), circunferencia de la cintura, grosor de los pliegues cutáneos y niveles de grasa corporal, y también les hicieron análisis de sangre y de orina, tanto a los menores como a sus madres durante el embarazo.


Los investigadores estimaron la exposición a contaminantes del aire, las características del entorno construido, el acceso a espacios verdes, el tabaquismo y contaminantes químicos (contaminantes orgánicos persistentes, metales, ftalatos, fenoles y pesticidas).


La investigadora de ISGlobal que coordina el Proyecto HELIX y primera autora del estudio, Martine Vrijheid, ha destacado que "las tasas de obesidad infantil están aumentando a niveles alarmantes en todo el mundo, y puede que durante el confinamiento por la COVID-19 se hayan incrementado todavía más". Los resultados del estudio, con datos anteriores al confinamiento, muestran similitudes con las cifras mundiales: una prevalencia de sobrepeso y obesidad general del 29 %, con unos porcentajes más altos en las cohortes de España (43 %) y Grecia (37 %).


Las conclusiones mostraron que la exposición al tabaco –al humo materno durante el embarazo y al pasivo durante la infancia–, a la contaminación atmosférica (partículas en Parte por Millón: PM2.5 y PM10, y dióxido de nitrógeno [NO2], tanto en el interior de las viviendas como en el exterior) y las características del entorno construido se asociaban con un índice de masa corporal mayor en la infancia.


El estudio no halló que las diferencias en el nivel socioeconómico influyeran en los resultados. "Los niños y niñas que vivían en áreas densamente pobladas y que iban a escuelas en zonas que contaban con pocos servicios e instalaciones tenían más riesgo de sufrir obesidad", ha añadido Leda Chatzi, última autora del estudio e investigadora de la Universidad del Sur de California. 


Esta relación entre la obesidad y las características del entorno construido "van en la línea de estudios anteriores y podría ser explicada por las pocas oportunidades que tienen los niños y niñas de caminar y desarrollar actividad física en el exterior", según la investigadora.

Fuente:

Heraldo (2020). Disponible: https://www.heraldo.es/noticias/salud/2020/06/24/polucion-tabaco-y-entorno-influyen-en-la-obesidad-infantil-1382189.html

Full Text https://ehp.niehs.nih.gov/doi/full/10.1289/EHP5975

 

miércoles, 14 de julio de 2021

Programa para incentivar el consumo de frutas y hortalizas

Múltiples son los beneficios declarados por la comunidad científica y el sector salud sobre el consumo de frutas y hortalizas (F y H), a pesar de ello, el consumo de estos productos en el mundo es bajo, ya que la mayoría de la población no alcanza la recomendación de una ingesta mínima de 5 raciones al día.


En este sentido, el déficit de vitaminas y minerales se ha asociado a complicaciones durante el parto y retardo en el crecimiento infantil, anemias e infecciones. Adicionalmente, el desarrollo de enfermedades crónicas de tipo cardiovascular, diabetes o cáncer también se han relacionado con un bajo consumo de F y H.


Consumir F y H frescos diariamente en la porción adecuada nos proporciona además de vitaminas y minerales, otros compuestos y sustancias que traen beneficios para la salud, pudiendo mencionar: la fibra alimentaria, pues cuando consumimos F y H frescos estas nos proporcionan tanto fibra soluble como insoluble contribuyendo al mantenimiento de los niveles de colesterol en sangre, modificación en la absorción de grasas y azúcares, y regulación del tránsito intestinal.


Así mismo, la vitamina C y el beta caroteno presente en las F y H, tienen capacidad antioxidante al captar los radicales libres y evitar el daño celular; el beta caroteno al convertirse en vitamina A, puede actuar junto con la vitamina C en la diferenciación celular y estimulación del sistema inmune, disminuyendo la severidad y complicaciones de infecciones, especialmente virales. El ácido fólico, previene la aparición de anemia megaloblástica, y en las embarazadas es un nutriente crítico para evitar defectos del tubo neural del feto.


Por otro lado, minerales como el hierro intervienen en la formación de hemoglobina y mantenimiento del sistema inmune; sin embargo, este hierro de origen vegetal (hierro nohem), se absorbe mejor cuando se consumen junto a frutas y vegetales ricos en vitamina C. El calcio, favorece la mineralización de los huesos e interviene en la adecuada contracción muscular e impulso nervioso. El selenio y el magnesio tienen un rol importante como antioxidantes, manteniendo a raya a las sustancias oxidantes del cuerpo.


Otros compuestos no nutrientes pero muy importantes como los flavonoides, y fitoquímicos azufrados tienen capacidad antioxidante contribuyendo a la neutralización y eliminación de radicales libres que dañan la secuencia de ADN; esto retarda el proceso de envejecimiento celular y previene la formación de todo tipo de cáncer, formación de cataratas y daño neurológico degenerativo como la enfermedad de Párkinson y el Alzheimer.


Por estas razones, a nivel de salud pública se hacen campañas y se brinda educación nutricional para promover el consumo de F y H y evitar los perjuicios a la salud, sin embargo, pareciera no ser suficiente; quizás por los altos costos y el poco acceso que tiene algunos grupos de personas a este rubro de alimentos.

En este sentido, Wholesome Wave, una organización sin fines de lucro orientada a mejorar el acceso a alimentos nutritivos, creó un programa denominado “prescripción de frutas y hortalizas” o “Fruit and vegetables récipes” (FVRx, por sus siglas en inglés). El cual está dirigido a la población de bajos recursos que necesita mejorar sus hábitos de alimentación. 


El enfoque del programa es muy original y se basa en tratar al alimento como una medicina, por lo cual los médicos prescriben un récipe formal con la indicación de F y H; dicha indicación es individualizada y la acompaña una serie de indicaciones de alimentación y metas a ser alcanzadas por el paciente. Las personas que ingresan a este programa y adquieren sus récipes los canjean a los minoristas, fruterías o mercados de agricultores, que previo acuerdo, estén participando.


Esa idea es muy innovadora y permite que las personas accedan a las F y H y puedan aumentar su consumo; por ello la inclusión de los minoristas y mercados de agricultores es fundamental, ya que se encuentran en cada localidad y facilitan la disponibilidad para las personas de bajos ingresos, sin necesidad de trasladarse hasta las zonas donde se ubican los grandes supermercados. Esto es perfecto para la situación actual por la pandemia de COVID-19.

¿Cómo saber si el programa funciona? una vez que se le da el récipe a los pacientes, los encargados de coordinar el programa hacen seguimiento de los récipes y los médicos hacen seguimiento de la evolución de los pacientes.


Este programa se implementó inicialmente en 10 estados de USA, con cohortes entre 2011 y 2015; un total de 8.400 pacientes y familiares.  Al evaluar el impacto del programa se encontró que alrededor del 70% de los participantes refirieron que su consumo de F y H aumentó, y el 45% tuvo una disminución de su peso y en consecuencia de su IMC. Además, casi la mitad de los hogares participantes mencionaron un aumento en la seguridad alimentaria durante el período del programa.

En este punto, surge una pregunta importante, ¿Cómo se financia el programa?, el mismo fue concebido para mantenerse mediante donaciones, bien sea donación de los productos por parte de los minoristas y agricultores o mediante el pago de los productos con fondos donados.


Por supuesto, la aplicación de este programa debe adaptarse a las condiciones de cada país. En el caso particular de Venezuela, sería ideal la implementación de este tipo de programas dirigido a las personas de bajos recursos, sin embargo el financiamiento debe manejarse de forma estratégica con la inclusión de las grandes cadenas de supermercados y no sólo de los mercados y minoristas ya que estos últimos son un grupo bastante golpeado por la crisis económica, en todo caso, los mercados de agricultores y minoristas podrían beneficiarse del programa si se les cancela mediante fondos externos los productos recetados y canjeados.


Los posibles beneficios que pudiéramos tener con la implementación del programa “prescripción de frutas y hortalizas” consiste en: aumento en el consumo de F y H entre la población venezolana, especialmente los más vulnerables desde el punto de vista nutricional, aumento en la ingesta de nutrientes, disminución de posibles deficiencias nutricionales subclínicas, disminución de la susceptibilidad a contraer infecciones por el reforzamiento del sistema inmune, contribución para mejorar el estado de seguridad alimentaria, aumento en el consumo de fibra y disminución del riesgo o control de enfermedades crónicas.


Estos beneficios ya se han visto en algunos estudios, uno de ellos fue realizado en 883 niños y adolescentes entre 2 y 18 años de edad con sobrepeso y obesidad, los cuales participaron en el programa de prescripción de  F y H durante 4 y 6 meses. En el mismo se encontró que estos niños y adolescentes aumentaran su consumo de F y H gracias a su participación en el programa.

De igual modo, en otra investigación, un grupo de pacientes adultos con diabetes no controlada de bajos recursos participaron en el programa de prescripción de frutas y hortalizas por 13 semanas, encontrando al final del periodo de estudio, que mejoraron sus niveles de hemoglobina glicosilada debido al aumento en el consumo de FyH.


El programa de prescripción de F y H pareciera ser una buena estrategia que pudiera ser implementada en Venezuela (inicialmente con una muestra piloto), con el fin de brindar una alimentación saludable a familias con una menor disponibilidad y acceso a estos productos. Este programa podría contribuir a frenar en cierta medida la doble carga nutricional, pues si bien hay un aumento en la prevalencia de desnutrición y de “hambre oculta” (desnutrición subclínica), también es verdad que aún existe un porcentaje importante de la población con obesidad y riesgo de padecer enfermedades crónicas. Otro beneficio adicional, es el apoyo económico que se les da a los pequeños y medianos agricultores y minoristas que participen en el programa, favoreciendo su crecimiento como empresarios y fomentando la agricultura local y sustentable.

Fuente

Pablo Hernández y Claret Mata (2020). Récipes para frutas y hortalizas. Publicado por: Mirador Salud. Fecha: noviembre 24, 2020. En: Nutrición, Salud y Vida2

Disponible: https://miradorsalud.com

miércoles, 7 de julio de 2021

Cómo afecta la dieta a la salud mental

Expertos confirman que la alimentación influye significativamente en la salud mental y el bienestar, pero advierten: la evidencia de los efectos de muchas dietas es relativamente débil.

"Hemos encontrado que existe una creciente evidencia de un vínculo entre una dieta pobre y el empeoramiento de los trastornos del estado de ánimo, incluida la ansiedad y la depresión. Sin embargo, muchas pruebas comunes sobre los efectos de ciertos alimentos sobre la salud no están respaldadas por evidencia sólida".


Es la afirmación de la doctora Suzanne Dickson, de Universidad de Gotemburgo, en Suecia, y autora principal de la descripción más actualizada en el nuevo campo de la Psiquiatría Nutricional. Los resultados del estudio dirigido por Dickson se publicaron recientemente en la revista European Neuropsychopharmacology bajo el título Nutritional psychiatry: Towards improving mental health by what you eat. Esta nueva revisión, realizada por varios expertos en la disciplina, confirma que la dieta influye significativamente en la salud mental y el bienestar, sin embargo advierte que la evidencia de muchas dietas es relativamente débil.


Por un lado, los investigadores hallaron que existen algunas áreas donde este vínculo entre la dieta y la salud mental está firmemente establecido, como la capacidad de una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos -una dieta cetogénica- para ayudar a los niños con enfermedades como la epilepsia o para compensar el efecto de la deficiencia de vitamina B12 en los trastornos de fatiga, mala memoria o depresión. También encontraron una fuerte evidencia de los beneficios que una dieta mediterránea, rica en verduras y aceite de oliva pueden tener sobre la salud mental, como brindar cierta protección contra la depresión y la ansiedad.


Sin embargo los investigadores advierten que para muchos alimentos o suplementos, la evidencia no es concluyente, como por ejemplo con el uso de suplementos de vitamina D, o con alimentos que se cree que están asociados con el TDAH o el autismo. Dickson afirma al respeto que: "con condiciones individuales, a menudo encontramos pruebas muy variadas". "Con el TDAH, por ejemplo, podemos comprobar que un aumento en la cantidad de azúcar refinada en la dieta que parece aumentar la hiperactividad, mientras que comer más frutas y verduras frescas parece proteger contra estos síntomas. Pero hay relativamente pocos estudios, y muchos de ellos no duran lo suficiente como para mostrar efectos a largo plazo", añade.

"Vincular los efectos sobre la salud mental con causas dietéticas demostrables debe ser el foco principal de futuras investigaciones en psiquiatría nutricional"


"Nuestro estudio confirma que, si bien ciertos alimentos pueden estar asociados con una afección de salud mental, esto nos dice poco sobre por qué el alimento causa este efecto" prosigue la investigadora, quien defiende que existe una creencia general de que los consejos dietéticos para la salud mental se basan en evidencia científica sólida, pero que en realidad, es muy difícil demostrar que las dietas específicas o los componentes dietéticos específicos contribuyen a la salud mental y hace hincapié en que "la necesidad de vincular los efectos sobre la salud mental con causas dietéticas demostrables debe ser el foco principal de futuras investigaciones en psiquiatría nutricional".

Psiquiatría nutricional, una nueva disciplina

Pese a tratarse de un campo de estudio relativamente nuevo, según los científicos algunos alimentos presentan vínculos fácilmente demostrables con la salud mental. Por ejemplo se sabe que la nutrición en el útero y en la vida temprana puede tener efectos significativos en la función cerebral en la edad adulta.


El gran reto para los investigadores en estos primeros pasos de la disciplina, consiste en establecer los efectos de la dieta sobre la salud mental en la población general. "En los adultos sanos, los efectos dietéticos en la salud mental son bastante pequeños, y eso dificulta la detección de estos efectos. De hecho, uno de los aspectos que estamos estudiando son los efectos de la suplementación dietética. Creemos que esta es efectiva tan solo si existen deficiencias debido a una dieta pobre", afirma la doctora. "También debemos considerar la genética: diferencias sutiles en el metabolismo pueden significar que algunas personas responden mejor a los cambios en la dieta que otras".

Un alimento no es un medicamento

Del mismo modo también existen dificultades prácticas que deben superarse al probar nuevas dietas. Un alimento no es un medicamento, por lo que debe analizarse de manera diferente. "Podemos darle a alguien una pastilla falsa para ver si hay una mejora debido al efecto placebo, pero no se puede dar fácilmente a la gente comida falsa".


La psiquiatría nutricional es un nuevo campo, y el mensaje del estudio es que los efectos de la dieta en la salud mental son reales, pero que debemos tener cuidado al llegar a conclusiones sobre una base de evidencia provisional. De hecho sus autores hacen notable hincapié en que es necesaria mucha más investigación sobre los efectos a largo plazo de las dietas cotidianas.


"La interfaz entre el intestino y el cerebro, por un lado, y la dieta y la salud mental, por otro, son dos de los temas más debatidos en psiquiatría biológica en estos momentos, y su desarrollo ha cobrado impulso impresionante en la última década" comenta el doctor del Hospital de Franckfurt.


Muchos de los hallazgos más importantes realizados hasta el momento -principalmente de estudios en animales- han sido publicados en revistas de primer nivel en los últimos años. Sin embargo esto contrasta con la escasez comparativa de evidencia sólida sobre cómo la nutrición y la salud mental están conectadas en los humanos" añade Reif, quien actualmente ostenta la presidencia del Comité del Programa Científico del Colegio Europeo de Neuropsicofarmacología, ECNP por sus siglas en inglés.

Fuente:

Héctor Rodríguez (2020) https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/afecta-dieta-a-salud-mentalcual-es-evidencia_15129

miércoles, 30 de junio de 2021

Valoremos el agua. Comemos más agua de la que bebemos

El Día Mundial del Agua se celebra cada 22 de marzo para recordar la relevancia de este líquido esencial. A pesar de que todas las actividades sociales y económicas dependen en gran medida del abastecimiento de agua dulce y de su calidad, 2.200 millones de personas viven sin acceso a agua potable. Esta celebración tiene por objetivo concienciar acerca de la crisis mundial del agua y la necesidad de buscar medidas para abordarla de manera que alcancemos el Objetivo de Desarrollo Sostenible No 6: Agua y saneamiento para todos antes de 2030.

Hoy en día, el agua está muy amenazada por el crecimiento de la población, las crecientes demandas de la agricultura y la industria, y el empeoramiento de los impactos del cambio climático. Mientras las sociedades equilibran las demandas de recursos hídricos, los intereses de muchas personas no se tienen en cuenta.

Este año el Día Mundial del Agua trata de lo que significa el agua para las personas, su verdadero valor y cómo podemos proteger mejor este recurso vital. La forma en que valoramos el agua determina cómo se gestiona y se comparte. El valor del agua es mucho más que su precio: el agua tiene un valor enorme y complejo para nuestros hogares, la cultura, la salud, la educación, la economía y la integridad de nuestro entorno natural. Si pasamos por alto alguno de estos valores, corremos el riesgo de gestionar mal este recurso finito e insustituible.

Comemos más agua de la que bebemos

La Fundación We are Water (Somos Agua), dedicada a fomentar una nueva cultura del agua que permita el desarrollo justo y una gestión sostenible de los recursos hídricos en el mundo, realiza numerosas acciones destinadas a paliar los efectos negativos derivados de la falta de este bien esencial para la vida en el planeta.

Para producir cualquier alimento se necesitan muchos litros de agua. No solo durante la producción, cría y/o cultivo sino también durante su procesamiento, transporte y posterior preparación –dice Xavier Torras, director de la Fundación–. Mediante la app We Eat Water pretendemos dar a conocer de forma práctica y didáctica, a través de varias recetas de cocina, la huella hídrica de los alimentos, para que seamos conscientes del volumen total de agua dulce que conlleva todo su proceso de elaboración.


Según esta aplicación, los won ton (una especie de raviolis chinos) rellenos de carne, por ejemplo, generan una huella hídrica de 5.804 litros de agua, y cierta receta de arroz israelí requiere de 1.441 litros de agua por ración.

Igualmente la producción de alimentos en la agricultura y ganadería constituye una dimensión de alto consumo de agua. Por ejemplo producir un kilo de: café (18.900 litros), carne de res (15.400 litros), carne de pollo (4.300 litros), queso (3.180 litros), arroz (2.500 litros), azúcar (1.780 litros), maíz (1.220 litros). https://thewaterweeat.com/.


De media, se estima que cada persona consume entre 2.500 y 5.000 litros de agua por día para producir el alimento que necesita. El problema es que, tal y como se desprende del informe de Naciones Unidas «Agua y seguridad alimentaria», el abastecimiento de esa gran cantidad de agua no está en absoluto garantizada.


Por ello cada 22 de marzo, en el Día Mundial del Agua, se pone en evidencia la necesidad de reflexionar sobre unas deficiencias hídricas que están generando graves crisis en zonas cada vez más extensas del mundo.

Fuente:

https://www.nationalgeographic.com.es/mundo-ng/dia-mundial-del-agua-2_5687

https://www.un.org/es/observances/water-day

miércoles, 23 de junio de 2021

Comer en familia: una costumbre saludable y gratificante

La comida familiar es el momento en el que se reúnen todos o casi todos los miembros de una misma familia para compartir una comida estructurada, independientemente de la hora en que se realiza; constituye una actividad central y un particular punto de encuentro en la vida diaria de sus miembros, vital para fortalecer la unidad y cohesión familiar. Es más, los estudios científicos avalan que comer en familia con frecuencia aporta importantes beneficios para la salud, la calidad de la dieta y la calidad de vida de los participantes.


La frecuencia de las comidas familiares ha descendido en las últimas décadas y están siendo desplazadas en cierta medida por las realizadas “en solitario”: comer solo delante de la computadora, en el automóvil, mientras se ve la televisión, se revisan los mensajes de texto, se habla por teléfono, se juega con diversos dispositivos.


Comer en familia se considera un factor de prevención de algunos problemas de salud, alimentación, trastornos de conducta y comportamiento. Desde el punto de vista nutricional comer en familia, con frecuencia, se asocia con el seguimiento de dietas más equilibradas y de mayor calidad y ciertas ventajas en el estado nutricional y de salud de las personas que lo frecuentan, especialmente niños y adolescentes, más vulnerables.

Los principales beneficios que las comidas en familia aportan a la salud, educación y comportamiento de niños y adolescentes se resumen a continuación:


- Lo que una familia come cuando se reúne, cómo y cuándo lo hace refleja su identidad y herencia cultural, étnica y religiosa. Cuando los niños participan en estas comidas comienzan a aprender más sobre esa herencia e historia familiar.

- Las comidas familiares pueden tener un impacto positivo en el desarrollo intelectual de los niños y en la adquisición de vocabulario de los más pequeños, afectando al rendimiento intelectual desde la infancia temprana a los diez años.


- Se encuentran menos casos de síntomas depresivos en niños y adolescentes que comen con mayor frecuencia en familia. Las comidas familiares les proporcionan mayor seguridad emocional, autoestima y sensación de control sobre sus vidas.

- Las comidas familiares se asocian con valores positivos en la juventud, mayor dedicación al aprendizaje, esfuerzo, solidaridad y cooperación con los más débiles.


- Comer en familia parece tener cierto efecto protector frente a algunos comportamientos de riesgo en la adolescencia (alcohol, drogas, violencia,…) que les dota de una utilidad importante para padres, educadores y organizaciones relacionadas con este tema.

A estos beneficios se le añaden otros relacionados con la calidad de la dieta:


    En primer lugar, las comidas en familia constituyen la base para elaborar los recuerdos de alimentación que se forman en la infancia y que perduran a lo largo de la vida, recogiendo las experiencias sensoriales que intervienen en la alimentación (tacto, gusto, olfato, oído y vista). Así, por ejemplo, el olor de un determinado alimento o preparación culinaria que comimos en nuestra infancia puede acompañarnos en la memoria durante toda la vida y determinar de alguna manera nuestras elecciones alimentarias (más o menos correctas).


    Las comidas familiares (frecuencia, lugar, orden, estructura) juegan un importante papel en la instauración y promoción de una alimentación saludable. La familia/los padres tienen un papel decisivo, por tanto, en la educación de los más pequeños de la casa para que adquieran hábitos alimentarios adecuados, hábitos que se mantendrán a lo largo de la vida de estos o, al menos, “suavizarán” los posibles efectos o costumbres negativos impuestos por el ambiente, el entorno alimentario y social en el que se desenvuelven los adolescentes.


    La investigación muestra que niños y adolescentes, de ambos sexos, y de distintas etnias, que comen con mayor frecuencia en familia siguen dietas de mayor calidad, con un mayor consumo de frutas y verduras, cereales integrales y alimentos ricos en calcio y un menor consumo de comidas preparadas así como menor prevalencia de comportamientos alimentarios extremos (ej. anorexia y bulimia).

Pautas dietéticas para tener comidas familiares saludables

A continuación se exponen algunas de las pautas y consejos más frecuentes que dirigidas a los padres, pueden ayudarles a tener comidas familiares con más frecuencia y que éstas sean más saludables desde el punto de vista de la calidad de la alimentación y el fomento de unos buenos hábitos alimentarios en ese entorno.


·      Considerar una gran prioridad sentarse a comer en familia y actuar en consecuencia a la hora de planear la agenda familiar (actividades extraescolares, planes de ocio…).

·      Establecer una hora “flexiblemente” fija que todos los miembros respeten para reunirse a desayunar/comer/cenar juntos.

·      Intentar comer toda la familia junta al menos una vez al día, normalmente en el mismo espacio del hogar (la cocina, el comedor).


·      Si no hay costumbre de comer en familia empezar poco a poco estableciendo la costumbre dos o tres veces por semana.

·      Disponer de tiempo suficiente; 1520 minutos a diario es suficiente, mucho más no; los más pequeños se cansarían. Y no sólo es importante la cantidad de tiempo dedicado sino la calidad.

·      En el fin de semana podemos alargar y planear menús algo más laboriosos que gusten; lo importante es disfrutar de la familia y por supuesto de la comida; no olvidemos que la alimentación no sólo es una necesidad sino un placer.


·      Comer “sentados” y charlar. Esto permite disfrutar de la comida, paladearla y masticarla bien.

·      Tratar de comer juntos alguna vez en horarios y sitios no convencionales (excursiones, meriendas improvisadas en el parque).

·      No sólo es importante comer en familia; también resulta esencial que la comida sea adecuada: comidas con suficiente calidad higiénica, nutricional, organoléptica y gastronómica. No hay que olvidar que comidas familiares son la ventana a la Gastronomía; los niños aprenden a relacionarse con la comida a través de las costumbres alimentarias que observan en el hogar.

·      La educación alimentaria de los niños pasa por enseñarles a disfrutar del placer de una comida sana. Para eso:


a. Huir de las comidas aburridas y monótonas. Los menús que se sirvan han de ser variados, que estimulen la experimentación de los niños con diferentes sabores, texturas y colores y que colaboren a enseñar a los niños a disfrutar de los alimentos.

b. Preparar los alimentos mediante diferentes procesos culinarios: a la plancha, fritos, cocidos, al horno.

c. Ir presentando a los más pequeños que se incorporan a la mesa familiar paulatinamente alimentos nuevos, con preparaciones distintas que no hayan probado antes, en pequeña cantidad (las guarniciones son una buena forma de hacerlo) de manera que vayan adaptándose a la alimentación del adulto.


·     Organizar o disponer de un recetario con recetas nutritivas que pueden elaborarse en poco tiempo (en el mismo que se tardaría en hacer bocadillos para toda la familia) para ponerlas en práctica entre semana.

·     Organizar el menú semanal para evitar imprevistos y asegurar la variedad.

·     Acostumbrarse a comer con agua como bebida de elección. Los refrescos y los productos lácteos azucarados dejarlos para ocasiones especiales.


·     El postre habitual de las comidas deber ser fruta fresca.

·     En las celebraciones alrededor de la mesa puedes sustituir los alimentos más ricos en grasas, azúcares y pobres en nutrientes, por alimentos saludables como brochetas de frutas.

·     Procurar no poner el salero ni el azucarero para añadir cantidades extras a lo que se presenta en la mesa. Así se disfrutará de los sabores auténticos de los alimentos.

·     Siempre algo verde en el plato.


·     Aprovechar los momentos más tranquilos para preparar comidas que luego se puedan congelar y utilizarse los días en que no haya sido posible cocinar.

·     La propia actividad de preparar la comida puede convertirse en una actividad compartida útil en la cohesión familiar.


·     Todas las actividades que rodean las comidas familiares (comprar, preparar alimentos, comer) propician la comunicación familiar. Además la etapa infantil y, especialmente la adolescencia, son perfectas para que los jóvenes se impliquen en la planificación, compra, preparación y cocinado adecuado de los alimentos, así como en la limpieza posterior, ya que en el ámbito de la seguridad de los alimentos, y en la prevención de las contaminaciones cruzadas, esto es de extraordinaria importancia.

·     Aprender qué alimentos hay en cada estación, familiarizarse con alimentos regionales, probar nuevas tiendas y mercados, permitir a los niños elegir alimentos y enseñarles a ser consumidores “inteligentes”.


Las comidas en familia son oportunidades para aprender y relacionarse. Para que sea más fácil, conviene tener en cuenta: a) Cuidar el comportamiento en la mesa. Enseñar a los niños buenos modales en la mesa no ha dejado de ser importante; b) Comer despacio. Recordar que es una oportunidad para que la familia pase un rato junta y que es necesario enseñar a los niños a ser conscientes de lo que comen, a utilizar las comidas en compañía como elemento de comunicación e integración social; c) La conversación debe ser agradable, manteniendo el sentido del humor y aprovechando para contar los sucesos del día, las experiencias de cada uno, los proyectos del fin de semana. Los mensajes educativos tienen más efecto cuando se hacen en tono constructivo, y  d) Evitar las distracciones de lo verdaderamente importante: olvidarse de la televisión, el teléfono y otros dispositivos. Interrumpen y anulan la conversación familiar.


Por todo esto es evidente que el fomento de las comidas en familia es una medida de promoción de la salud y como tal ha de ser considerada en las políticas sociales y de salud pública


Fuente:

Beatriz Beltrán de Miguel y Carmen Cuadrado Vives (2014). Comer en familia; hacer de la rutina salud. Departamento de Nutrición y Bromatología I. Facultad de Farmacia. Universidad Complutense de Madrid.

Disponible: http://www.thefamilywatch.org/informe-2014-1/

www.thefamilywatch.org/wp-content/uploads/Informe20141.pdf