jueves, 19 de noviembre de 2015

¿Qué comemos los venezolanos?

La Encuesta de Condiciones de Vida del Venezolano 2014 (Encovi), realizada por investigadores Virgilio Bosh, Maritza Landaeta, Marianella Herrera de la Fundación Bengoa y de las Universidades Central de Venezuela (UCV), Simón Bolívar (USB) y Católica Andrés Bello (UCAB), y divulgada en mayo  2015 alertó acerca del desequilibrio del menú que se sirven en los hogares.
De acuerdo a los investigadores, la alimentación se ha deteriorado en todos los estratos sociales. La comida, no sólo de los más desfavorecidos sino también de quienes tienen más poder de compra, se caracteriza principalmente por los alimentos que la red oficial pública está ofreciendo: arroz, harinas, grasas y azúcares. La disponibilidad de proteínas, que viene dada por el pollo y por la carne, es muy baja.
La reducción en la cantidad de comida que adquieren los hogares venezolanos quedó evidenciada en la Encuesta de Seguimiento al Consumo de Alimentos que publicó el Instituto Nacional de Estadística (INE) divulgada en su página web, y que da cuenta de lo que ha ocurrido entre 2012 y 2014. Luego de un análisis de datos, los investigadores llaman la atención sobre el hecho de que la disminución afectó rubros que forman parte habitual de la dieta de los venezolanos, como el arroz y la harina de maíz.
La cantidad de leche, fuente de proteínas y calcio, indispensables para el crecimiento de los niños, de las embarazadas y madres que lactan, se redujo a la mitad. La encuesta también muestra una caída en la adquisición de pasta, pan, azúcar, pollo, carne de res, pescado fresco, atún y aceite.
Se trata de una dieta compuesta básicamente por 10 alimentos. Entre los estratos socioeconómicos más altos y los más bajos hay muchas similitudes. El primer alimento con intención de compra es la harina de maíz precocida, después el arroz, los panes, las pastas y las grasas. En los estratos socioeconómicos más bajos no aparecen frutas ni hortalizas.
La desaparición del huevo de la rutina cotidiana es uno de los cambios más preocupantes. Hasta hace 5 años, ese alimento acompañaba las comidas, especialmente el desayuno. El primer plato del día siempre era una arepa con un complemento proteico, que también podía ser pollo o carne desmechada o molida. La arepa sigue estando presente, pero se rellena de margarina o mayonesa.
Otro dato que arrojó Encovi y que destacan los investigadores, es que al menos 11,3% de los consultados confesaba que sólo comía dos o menos veces al día. Pero lo más grave es que no se trata de comidas de calidad. Por el contrario, a veces se trata simplemente de dos arepas sin relleno de proteínas. En los estratos más pobres, el porcentaje de quienes no se alimentan 3 veces al día sube a 39%.
En opinión de Marianella Herrera (Cendes-UCV), estamos en presencia de hambre, es decir, se come pero no se cubren los requerimientos del organismo. Si eso ocurre en forma crónica trae consecuencias. En el caso de los niños, puede traducirse en retardo en el crecimiento, por ejemplo. La cifra, en todo caso, contrasta con la que recoge el documento del gobierno venezolano y que presentó ante el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de la ONU. Allí sostiene que el 95,4% de los venezolanos come tres y más veces al día.
Por otra parte, las familias hacen sustituciones poco acertadas para cubrir los faltantes. En lugar de carne, los más pobres optan por la mortadela, mucho más barata pero con un exceso de grasa y sin los aminoácidos esenciales necesarios para la reparación y reposición de las células del organismo que aportan proteínas de más calidad como la carne y el pollo, señala Virgilio Bosh, Investigador de la UCV y directivo de la Fundación Bengoa.
Los expertos también consideran grave que los granos hayan perdido el lugar destacado que ocupaban en la mesa local, esto contradice a quienes señalan que tiene que ver con la idiosincrasia de los venezolanos, que privilegian el maíz y el arroz. En el pasado había combinaciones más eficientes, como arepa con caraotas y queso, algo que ya casi no se ve. No sólo la ausencia, sino la baja calidad del grano que se expende habría influido en el abandono del hábito de consumirlo, así como otros costos asociados con su lenta cocción. La población considera que es muy caro cocinar legumbres porque consumen mucho gas, que también es escaso. Los cambios en el menú diario también incluyen la desaparición de los alimentos del mar, una fuente extraordinaria de proteínas.
Micronutrientes en fuga.
A los investigadores les preocupa un posible resurgimiento de males como la anemia, causada por la deficiencia de hierro. La revista Archivos Latinoamericanos de Nutrición recoge ejemplos de investigaciones realizadas a principios de la década pasada, que ya daban cuenta de algunas zonas donde la deficiencia de micronutrientes en los estratos más pobres superaba el 30%. Sin embargo, la ausencia de información es uno de los mayores  dramas en el área nutricional, hace falta una evaluación nacional, como la que lideró Fundacredesa a principios de los ochenta, que tome muestras sanguíneas en todo el país para determinar la verdadera magnitud del problema.
Estamos en riesgo de presentar deficiencias que ya en Venezuela se habían superado. Por ejemplo, el déficit de calcio, gravísimo porque atenta contra el crecimiento de los niños. En ese sentido, la ausencia de leche, que se ha ido convirtiendo en un producto cada vez más raro en los anaqueles, figura entre los mayores motivos de alarma, ya que se trata de otro alimento fundamental. Constituye una de las proteínas más fáciles de digerir y más eficiente de incorporar a los tejidos, contiene nada menos que calcio, fósforo y vitamina A.
Otro micronutriente cuyo comportamiento debe vigilarse, en opinión de Maritza Landaeta (directivo de la Fundación Bengoa), es el ácido fólico, una vitamina del complejo B que tiene entre otras funciones la de prevenir malformaciones congénitas, como la espina bífida o el labio leporino. Una posible deficiencia es especialmente preocupante en una población con altas cifras de embarazo en adolescentes. Las hortalizas de hojas verdes y frutas cítricas son algunos de los productos que lo proveen.
Estudios puntuales realizados en  niños de poblaciones de calabozo, Lara y Zulia, advierten así mismo sobre la falta de zinc, vital para el funcionamiento del sistema inmunológico que se activa para defender al organismo humano contra enfermedades, como explica la web Medlineplus, de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, las fuentes de este oligoelemento con las carnes, los granos y las legumbres. La monotonía de la dieta es uno de los principales factores de riesgo. “Si las familias comen todo el tiempo cuatro o cinco cosas van a sufrir de algún déficit, porque vitaminas y minerales están dispersos en distintos grupos de alimentos.
Distorsión perversa.
En opinión de los investigadores, la mesa de los venezolanos está sometida en este momento a un triángulo perverso: inflación, escasez y desabastecimiento. Está llegando un momento en el que cuando tenemos el dinero para comprar no conseguimos lo que necesitamos. El patrón alimenticio de los estratos más desfavorecidos tiende a estar básicamente sustentado sobre la base de carbohidratos, de grasas y de azúcares simples. ¿Qué significa eso? Que los niños no tienen las proteínas que necesitan para su crecimiento, pero tampoco los adultos tienen lo que necesitan para una salud adecuada.
Por ejemplo, en el caso de la leche en polvo completa, las personas del estrato I, II y III, con más poder adquisitivo, consumían en promedio 19,39 gramos diarios para finales del 2012 (poco más de medio vaso) y pasaron a consumir 7,99 gramos (menos de un cuarto de vaso) en el primer semestre de 2014. En el estrato V pasaron de consumir  en promedio 18,12 gramos diarios a ingerir 8,86 gramos al cabo de dos años. En el caso de la harina de maíz, a finales de 2012, mientras los venezolanos con más recursos económicos consumieron un promedio 69,83 gramos diarios y los más pobres 76 gramos al día (aproximadamente arepa y media), a principios del 2014 el consumo diario de ese rubro era de 47,89 gramos y 52,22 gramos (una arepa), respectivamente.
La reducción en el consumo promedio diario de calorías, que paso de 2.285 en 2012 a 1.831 en 2014, nos sitúa por debajo del límite recomendado por la FAO de 2.304 calorías diarias y por el Estado venezolano de 2.300 calorías al día. A partir de 2012, el venezolano ha disminuido el consumo de alimentos y actualmente está en insuficiencia calórica, que debe estar generando severos problemas para la alimentación en los grupos más vulnerables y en los sectores de menores recursos.
Llama la atención, sin embargo, que el consumo de bebidas alcohólicas se incrementó: de 13,83 mililitros diarios per cápital que se ingerían, en promedio, en el segundo semestre de 2012, pasó a 23,64 mililitros en promedio en el primer semestre de 2014, aunque el aumento fue notable desde principios del año 2013.  
Los investigadores coinciden en que deben tomarse medidas correctivas a la brevedad, entre ellas la adopción de pautas para salvaguardar a la población más vulnerable. Atacar el problema debe estar por encima de cualquier prioridad: La nutrición no es un juego.
Fuente:
El Nacional, domingo 7 de junio de 2015,
Siete días p.1, 2 y 3. Marielba Nuñez
Encuesta Nacional de Consumo de Alimentos, Abril-Junio 2013. ENCA. (Instituto Nacional de Estadísticas, Boletín Informativo No. 2, Año 2014).



miércoles, 18 de noviembre de 2015

El Instituto Nacional de Nutrición (INN), en el abordaje del sobrepeso y obesidad en Venezuela

El proceso de globalización en su transcurrir ha afectado a nivel social, económico, demográfico, cultural, a cada nación, teniendo grandes repercusiones en la cultura alimentaria así como en el  modo de vida de la sociedad. La transición nutricional en Latinoamérica, que ocurre desde las últimas décadas, se ha caracterizado por la sustitución de la dieta tradicional, la cual era rica en fibra y en alimentos frescos o poco industrializados, por una dieta estilo “occidental” rica en alimentos refinados, de fácil acceso y preparación, pobres en valor nutricional, ricas en sodio, colesterol, grasas trans y azúcares. Esto, asociado al crecimiento urbanizado los medios  y la publicidad ha generado las altas cifras de sobrepeso, obesidad, sedentarismo y de Enfermedades No Transmisibles (ENT) que hoy nos alarman y ocupan.
En Venezuela, la prevalencia de malnutrición por exceso en edades de 18 a 40 años para el período 2008 – 2010, fue de 55,95% (sobrepeso 29,52%, obesidad 23,65%, obesidad mórbida 1,78%) y sedentarismo 43,67%. Así mismo, para el año 2010, las ENT ocuparon 4 de las 10 primeras causas de muerte diagnosticada: el primer lugar lo ocupa las enfermedades del corazón con un 20,99% de mortalidad, el segundo lugar el cáncer (15,3%), en tercer lugar las enfermedades cardiovasculares (7,68 %) y en quinto lugar la diabetes (6,89 %). Se consideran como  factores de riesgo más importantes para las ENT son: hipertensión arterial, colesterol alto en sangre, escasa ingesta de frutas y hortalizas, sobrepeso u obesidad, inactividad física y el hábito fumar, de los cuales 5 de estos se encuentran estrechamente relacionados con la mala alimentación y con el sedentarismo.

Objetivo General
Prevenir y detener la creciente tendencia de malnutrición por exceso, promoviendo la creación de espacios que favorezcan una Cultura Alimentaria sana, segura y soberana procurando la elección de un modo de vida saludable, que, utilizando estrategias accesibles, sostenibles y basadas en evidencia científica así como  el saber popular.
Metodología
El INN planeta el abordaje del sobrepeso y la obesidad, impulsando y generando la creación de Espacios Activos y Nutritivos en escuelas, universidades, áreas laborales y la comunidad; teniendo como orientación, la Estrategia Mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud de la Organización Mundial de la Salud, que plantea:  “promover y proteger la salud orientando la creación de un entorno favorable para la adopción de medidas sostenibles a nivel individual, comunitario, nacional y mundial, que, en conjunto, den lugar a una reducción de la morbilidad y la mortalidad asociadas a una alimentación poco sana y a la falta de actividad física” (OMS, 2004).
Cada Espacio Activo y Nutritivo tiene como meta convertir potenciales espacios obesogénicos, en espacios que promuevan una vida activa y saludable, acompañando a los venezolanos y las venezolanas a empoderarse de la importancia para la salud que tienen la actividad física y la alimentación.
Líneas estratégicas en el combate del Sobrepeso y la Obesidad
Línea 1: Cultura

La Línea Cultura, se desarrolla en el marco del programa “Nutriendo Conciencias para el Buen Vivir”; donde se ejecutan una serie de estrategias basadas en la construcción de una Educación Alimentaria y Nutricional para los venezolanos y las venezolanas. El objetivo es inspirar acciones que permitan la práctica de hábitos dentro de una dieta sana, así como la práctica de actividad física saludable; y en consecuencia conseguir y mantener un peso adecuado, del mismo modo que disminuir la incidencia de las ENT. El efecto más impactante será el desarrollo de una cultura alimentaria que garantice mejorar la calidad de vida de la población venezolana  y que a su vez fomente y rescate los valores de la alimentación tradicional y ancestral.
Los 3 ámbitos de acción, considerados puntos indispensables para el abordaje del problema son: Educativo, Laboral y Comunitario
1.    Nutriendo Conciencias en las Escuelas.

Nutriendo Conciencias en las Escuelas, es una línea de acción que comprende una serie de programas, acciones y propuestas enfocadas en brindar educación nutricional a la comunidad escolar, con prioridad a los niños, niñas y adolescentes, así como garantizar la disponibilidad de alimentos sanos y seguros dentro del ámbito escolar y promover la práctica de actividad física. En este sentido, se desarrolla el programa Espacio Escolar Activo y Nutritivo, el cual cumple con el objetivo de generar espacios de formación y recreación para los integrantes de la tríada escuela – familia – comunidad en el campo de la educación alimentaria y nutricional, en escuelas pertenecientes al subsistema de educación básica venezolano.
2.    Nutriendo Conciencias en el Trabajo.
Los lugares de trabajo constituyen espacios donde las personas se desenvuelven laboral y profesionalmente, que abarca gran tiempo de nuestras vidas y donde se desarrollan relaciones interpersonales  y se adquieren hábitos de vida que jugarán un papel fundamental en el estado de salud de la población adulta.
Existen numerosas evidencias que relacionan condiciones en el trabajo desfavorables que pueden llevar a mecanismos de compensación a hábitos poco saludables, tales como el tabaquismo, el alcoholismo, los excesos alimenticios y el consumo de sustancias psicoactivas  y se relacionan con la aparición de obesidad y ENT.  El ámbito laboral, constituye, un potencial espacio a mejorar dado que las y los trabajadores, ocupa al menos un tercio de la vida en el trabajo.
La implementación de una estrategia de promoción de salud destinada a que los individuos tengan mayores oportunidades para llevar una vida más saludable, facilitarles la elección de prácticas o acciones que no atenten contra su salud y/o lo ayuden a prevenir enfermedades, debe ser una de las metas de todos los espacios laborales. Nutriendo conciencias en el Trabajo tiene el objetivo de promover un estilo de vida activo y saludable en espacios laborales, como medida para la prevención y  tratamiento del sobrepeso y obesidad y otras enfermedades asociadas al sedentarismo. Respondiendo a este objetivo se crea la Estrategia ELAN: Espacio Laboral Activo y Nutritivo, y se realizan jornadas de concientización a través del Nutripunto laboral.
3.    Nutriendo Conciencias en la Comunidad
El INN ha puesto en marcha estrategias y programas de índole educativo, participativo, asistencial y culinario que buscan brindarle a las comunidades, herramientas que le faciliten la elección a hábitos de vida sanos, seguros y soberanos. En este sentido, se han creado programas centrados en concientizar el impacto que tiene la alimentación sobre nuestra salud, como lo es el Nutripunto así como de fomentar una cultura alimentaria soberana poniendo a la disposición de la comunidad los Centros de Cultura Alimentaria y Nutricional como alternativas nutricionalmente adecuadas, Sanas, Seguras, Soberanas y Sabrosas, creando espacios para compartir y construir saberes y conocimientos como lo es en la EVAN),  participar en la creación de platos  Sanos, Seguros y Sabrosos, a través de la Cocina Itinerantebajo los criterios políticos, sociales y técnicos que respondan a la construcción de la patria nueva.
Así mismo, se ofrece asistencia nutricional gratuita y de gran calidad a través de la red de asistencia nutricional conformada por todos aquellos puntos de atención nutricional como lo son los Farmapatria, los Servicios de Educación y Recuperación Nutricional (SERN) y el Centro de Especialidades Nutricionales Hipólita Bolívar.
Línea 2: Investigación e innovación
El INN haciendo frente al problema de malnutrición por exceso presente en el país, desarrolla investigaciones con el objetivo de establecer los determinantes que favorecen el sobrepeso y la obesidad, a fin de encontrar las soluciones más asertivas a dicho problema, mediante la promoción de un estilo de vida saludable y la asesoría a la industria de alimentos para la formulación de alimentos sanos.
Las investigaciones realizadas en el instituto, incluyen, las implementadas en poblaciones, animales y alimentos, abarcando un amplio espectro de los posibles determinantes de la malnutrición por exceso, de esta manera, contribuyen con la formulación de programas y políticas públicas basadas en evidencias científicas cónsonas con la realidad venezolana.
Las últimas investigaciones realizadas incluyen datos de la prevalencia de la malnutrición por exceso y sus factores condicionantes; desarrollo de nuevos alimentos sanos, sabrosos, seguros y soberanos; estrategia de Espacios Laborales Activos y Nutritivos (ELAN), entre otros.
Línea 3: Comunicación e información
La necesidad es distribuir de forma equitativa e igualitaria la información relevante acerca del sobrepeso y obesidad en el país, plateándose establecer una campaña masiva y de alto impacto sobre la conciencia de los venezolanos y las venezolanas. Actualmente estamos expuestos a una gran cantidad de información y las dinámicas y ritmos acelerados de vida nos van empujando a construir rutinas cómodas y sencillas; es así como las grandes empresas productoras de alimentos intentan facilitar las acciones diarias de cada uno y ofertan productos con altos contenidos o ingredientes muy procesados, por ejemplo.
La apuesta inspira un despertar en las personas más vulnerables, incitarlos a estar más alertas respecto a las cosas que compran y en consecuencia que consumen. La formación bajo el sistema libre de mercado/comercio hace creer a los consumidores que son independientes al momento de tomar la decisión sobre lo que consumen, pero ciertamente no es así.
Este plan se propone generar una fuente inagotable de información que establezca un proceso de comunicación constante y en movimiento, a nivel nacional a través de la televisión abierta, los medios de transporte, las redes sociales, los sistemas educativos, los colectivos y comunidades organizadas, es decir, la alimentación y nutrición es algo que toca y compete a todos los sectores y áreas del territorio venezolano.
Línea 4: Vigilancia y monitoreo
La vigilancia y monitoreo es un proceso sistemático de recolección, análisis, interpretación y difusión de datos, usando métodos que se distinguen por ser prácticos, uniformes y rápidos, más que por su exactitud o totalidad, que sirven para observar las tendencias en tiempo, lugar y persona, con lo que pueden observarse o anticiparse cambios para realizar las acciones oportunas, incluyendo la investigación y/o la aplicación de las medidas de control de los problemas alimentarios y nutricionales. Actualmente el INN está trabajando en la construcción de indicadores sensibles al problema de sobrepeso y obesidad y que a su vez, permitan evaluar el impacto y la efectividad de los programas alimentarios y nutricionales
Resultados esperados


Con la puesta en marcha de esta Estrategia se espera que la población venezolana pueda empoderarse de una cultura alimentaria y nutricional sana, segura y soberana que le permita disminuir la malnutrición por exceso y mejorar su calidad de vida.




Fuente:
Estrategia INN en el abordaje del sobrepeso y obesidad
La Estrategia tiene como fundamento el Plan de la Patria 2013 – 2019

http://www.inn.gob.ve/innw/?page_id=81

martes, 17 de noviembre de 2015

Los Micronutrientes: ¿por qué requieren nuestra atención?

Las deficiencias de micronutrientes están en los casos de malnutrición en general. Esta malnutrición puede presentarse tanto por déficit como por exceso de micronutrientes. Los principales problemas de deficiencia de micronutrientes son los relacionados con: Hierro, Ácido fólico y Vitamina A.
Básicamente son causados por aumento de las pérdidas o por requerimientos aumentados. Prevalecen en ciertos grupos de edad, como los niños y mujeres, están muy relacionadas con la pobreza; y lo primero que tenemos que ver es que no estamos hablando pro­bablemente de deficiencias aisladas de nutrientes.
Podemos, quizás experimentalmente, detectar que una población tiene deficiencias de hierro o de fo­latos, pero probablemente eso estará acompañado de muchas otras carencias, por lo que resulta difícil separar o identificar un origen único para estas carencias y por lo tanto la solución debe ser multifactorial.
La deficiencia de hierro y anemia es el principal problema nutricional a nivel mundial y es especialmente prevalente en menores de 2 años, lo cual tiene con­secuencias importantes y definitivas en el crecimiento del niño. También es evidente su influencia cuando ha­blamos de sociedades o países, porque se ha determi­nado que la anemia o la aparición de estas deficiencias en etapas tempranas de la vida se asocia a retardos que acompañan a estos individuos durante toda su vida. Así, aunque desde el punto de vista hematológico estén recuperados, es decir, que no presenten anemia cuando son escolares, la anemia en las primeras etapas marca, de alguna manera, el desarrollo psicomotor de esos individuos.
Cuando hablamos de prevalencia de 70% de anemia en menores de 2 años, estamos frente a un pro­blema no sólo desde el punto de vista individual sino como país, pues esto significa que 7 de cada 10 individuos presentarán leves retrasos en actitud, disponibi­lidad o disposición para realizar trabajos.
La anemia está definida por un parámetro hema­tológico que es la concentración de hemoglobina por debajo de un cierto punto de corte. Las manifestaciones asociadas son inespecíficas en términos de:
• Función y estructura gastrointestinal.
• Limitación de actividad física, que en muchos casos tiende a confundirse con flojera; la gente parece no querer trabajar.
• La consabida discusión sobre la predisposi­ción a infecciones cuando hay anemia, o deficiencia de hierro.
A la vez, dependiendo del patógeno del que es­temos hablando, pudiese hacerse más leve la infección cuando estamos frente a una deficiencia de hierro. En cuanto a funciones neurológicas, se presenta un bajo rendimiento escolar y fatiga crónica.
En algunos estudios sobre las consecuencias de la anemia y deficiencia de hierro en etapas tempranas de la vida, durante la infancia, cuando son menores de 2 años, y qué consecuencias tiene esto a lo largo de la vida. Se tomaron como referencia 15 estudios reali­zados a niños de 6 a 24 meses y se encontró que en 14 de esos 15 estudios los niños presentaron pobre res­puesta emocional, social, motora y cognitiva. Las puntuaciones obtenidas en pruebas de desa­rrollo fueron, en promedio, de 6 a 15 puntos menores en los niños deficientes; describiéndose a ese niño como: Infeliz, Intranquilo,  Dudoso, Menos sociable.
En cuanto a la duración, severidad y momento de la deficiencia de hierro y sus consecuencias, nueve estudios han seguido niños lactantes, preescolares, escolares y adolescentes, y todos estos estudios, inde­pendientemente del momento en que se detuvieron, muestran que los anémicos o con deficiencia severa de hierro obtuvieron menores puntuaciones en pruebas de funcionamiento mental, motor o social. A pesar de recibir terapia de hierro, podemos tener individuos no anémicos (lo que quiere decir con hemoglobina por encima del punto de corte), pero con este tipo de alteraciones.
Se ha determinado que existe una disminución del coeficiente intelectual de 1,73 puntos por cada diez gramos de disminución de la hemoglobina. Tenemos evidencias importantes en humanos que indican que las alteraciones ocurridas en menores de dos años no son recuperables. Los clásicos estudios de Betty Lozoff en Costa Rica, han seguido a niños que fueron anémicos como lactantes hasta la adolescencia y mostró que el grado de repitencia se duplicó entre los 11 y 14 años con aumento de incidencia de depresión y de ansiedad en los que fueron deficientes cuando eran lactantes.
Estos estudios no tomaban en cuenta el estado de hierro de la madre, o sea, habría que irse inclusive un poco más atrás para poder explicar lo que está ocurriendo y saber por qué es tan definitivo que para niños menores de 2 años este tipo de manifes­taciones se produzcan allí, porque no hay madurez de órganos y sistemas, pero que se mantengan durante el resto de la vida.
Lo que se ha encontrado, aunque las evidencias son muy limitadas porque es difícil hacer estudios de este tipo, apuntan a que el hierro es utilizado primero durante el periodo fetal para la producción de sangre. Si pudiésemos medir en el neonato o en etapas tem­pranas la hemoglobina, podríamos tener esos fetos no anémicos; sin embargo, el cerebro podría estar ya en esas etapas privado de hierro, por lo tanto al momento del nacimiento no ocurrirá la maduración necesaria, ni en esa etapa ni después, y eso conllevaría a la serie de eventos que ya mencionamos.
La concepción de que la madre protege al feto, que se describe como el “parásito perfecto”, en el caso del metabolismo de hierro actualmente no es aceptada, ya que aparentemente esa protección no llega a ser sufi­ciente porque a pesar de que la madre se queda con sus depósitos de hierro bajos y el niño nace bien, el cerebro de ese niño pudiera no estar bien. Varios estudios mues­tran que la anemia de la madre, sobre todo la grave, presenta una amenaza para las reservas del feto y esto coloca el cerebro del feto en riesgo de deficiencia.
Con relación a la deficiencia de folatos, ¿cuál es el problema? La deficiencia de folatos provoca anemia macrocítica o megaloblástica, que se asocia también con la deficiencia de vitamina B12 y defectos en el cierre del tubo neural. Asimismo se ha encontrado asociación entre bajos niveles de folatos, altos niveles de homocisteína y la aparición de enfermedades cardiovas­culares y accidentes cerebros vasculares.
Durante muchos años se sabía por estudios rea­lizados con animales, e inclusive con humanos, que había una relación inversa entre el consumo de folato y la aparición de ciertos tipos de cáncer como pólipos adenomatosos en colon y recto. El punto sigue siendo controversial, pero el ácido fólico está relacionado con la duplicación celular a través de la síntesis de ADN y por lo tanto, en casos de deficien­cias tiene un efecto clarísimo y muy beneficioso. Pero lo que se piensa que podría ser la aplicación al inicio de esta polémica, era que las personas con tendencias a padecer cáncer o con lesiones premalignas podrían estar recibiendo el folato necesario para que el tumor se desarrollara. Allí tenemos que evaluar: ¿estamos haciendo bien a la población cuando planteamos un programa de fortificación?, ¿estamos cubriendo y que­remos cubrir a toda la población?, ¿es la suplementa­ción la respuesta?
Además de los efectos en el tubo neural, el déficit de folatos se asocia con retardo en el crecimiento, au­mento del riesgo de parto pretérmino y niños con bajo peso al nacer. Adicionalmente, aunque es un efecto in­directo, mediado por aumento de la homocisteína, se ha visto que produce una mayor incidencia de abortos espontáneos y complicaciones en el embarazo.
En cuanto a los efectos de la deficiencia de vi­tamina A se ha reportado el aumento en la incidencia de infecciones, alteraciones de la visión que incluyen la pérdida total de la misma, retardo de crecimiento cor­poral, respuesta inmune debilitada, entre otros.
Las mujeres en edad reproductiva, las embarazadas y los preescolares son los grupos más susceptibles. Adi­cionalmente a esto, se ha encontrado una interacción entre el estado nutricional de vitamina A y metabolismo de hierro. Se ha observado experimentalmente que cuando tenemos deficiencia de vitamina A, indepen­dientemente del estatus de hierro, hay una alteración en la movilización de hierro desde el hígado, además hemos encontrado una función de la vitamina A en la absorción intestinal. Por todo esto es que el problema puede estar en la vitamina A, pero puede estar afectando también al metabolismo de hierro. Las evidencias que tenemos, al menos en Vene­zuela, son estudios poblacionales grandes, donde estos tres micronutrientes constituyen un problema importante.
¿Hay Solución?
En muchas partes del mundo se han hecho innumerables esfuerzos, como los programas de fortificación y muchísimas iniciativas, pero son contadas las exitosas. Lo primero que uno tiene que pensar y observar es cómo están relacionadas con consumo de alimentos. Mientras no consumamos los alimentos en cantidad y calidad adecuada, identificando los ali­mentos más saludables y beneficiosos, el problema va a existir.
Existen grupos en los que hay que ser cuidadosos; evidentemente la solución no es decir “coman”, porque todos no tenemos acceso a los alimentos que necesi­tamos o que queremos comer en un momento deter­minado. Esto, unido a que cuando yo evalúe hierro o ácido fólico estoy viendo un nutriente, hace que pro­bablemente pierda el panorama completo. Por ende, lo que tenemos que hacer, aparte de políticas de ali­mentación, segundas revoluciones verdes y aumentar la producción de alimentos, es pensar en esto como un problema que tiene muchas causas y por lo tanto, la solución tiene que ser multifactorial.
Además hay otras medidas como la suplementa­ción, la fortificación (incluyendo consideraciones sobre biofortificación y modificación genética de alimentos) y la optimización de las condiciones sociales, económicas y sanitarias; porque si no mejoramos esos otros aspectos y si no incluimos la educación nutricional, por ejemplo, como una medida importante para solucionar este pro­blema, no vamos a lograr impacto.

Fuente:
María Nieves García-Casal  (2011). Los Micronutrientes: ¿por qué requieren nuestra atención?
El problema, la evidencia y la solución. CANIA. Año 14. Nº 23 p.27-31

jueves, 12 de noviembre de 2015

Venezuela y su contexto nutricional

Venezuela es un país en desarrollo en medio de una crisis muy prolongada, y está inmerso en la transi­ción alimentaria y nutricional desde hace muchos años. Esta transición nutricional, no es un simple cambio alimentario, es un proceso multifactorial de cambios socioculturales, económicos y de comportamiento. Ha estado acompañada-precedida por la transición demográfica, que es el cambio desde un patrón de alta fertilidad y mortalidad a uno de baja fertilidad y mortalidad, lo cual es bueno. No toda transición es mala, y la transición epidemio­lógica resultante es el cambio desde un patrón de alta prevalencia de desnutrición y enfermedades infecciosas, hacia uno de enfermedades crónicas no transmisibles.
¿Cuándo se produce la transición alimentaria nu­tricional en una comunidad, en un país o en una re­gión? Cuando aumentan los ingresos de una familia o de una comunidad ocurre una sustitución de la llamada dieta rural por una dieta moderna, opulenta, occidental, rica en grasas particularmente saturadas, proteínas de origen animal, rica en azúcares y donde prevalecen los alimentos procesados.
Hay dos modelos de transición y ambos, según Barry Popkin, difieren en los países en vías de desa­rrollo. En los países desarrollados ha habido un cambio gradual. En los países de ingresos bajos o moderados, países en vías de desarrollo, como los de Asia y Amé­rica Latina, ha habido un cambio acelerado, lo cual preocupa ya que dificulta la toma de decisiones. Al mismo tiempo, existen sobrepeso y bajo peso, que es lo que se ve en Venezuela. Más que una transición, es una superposición alimentaria y nutricional.
¿Qué es lo que pasa? En la transición nutricional que observamos en países desarrollados o en vías de desarrollo, el factor que más contribuye, es la urba­nización. Cuando la gente migra hacia las ciudades en espera de un progreso económico y de una mejor fuente de ingreso, lo que generalmente encuentra es una pobreza urbana. Las personas empiezan a preferir las dietas gustosas. Hay una gran ignorancia nutricional generalizada, la cual es alimentada por los medios de comunicación que ofrecen mensajes dirigidos al consu­mismo masivo, y también, indudablemente hay mayor acceso a los aceites vegetales, a la comida rápida y comida de alta densidad; a los cuales se recurre con frecuencia por las limitaciones de tiempo que tiene la mujer para cocinar, entre otras cosas, por su doble rol.
Lo peor de todo es el sedentarismo, y en este caso se necesitan “políticas de Estado” para influenciar a los hijos y generaciones futuras para que no sean “couch potatoes”, una persona que está todo el día tirada en un sofá, pasando los canales de televisión y comiendo cotufas. La disminución de la actividad física ha sido sig­nificativa en Venezuela, como en todos los países del mundo. Indudablemente, las mejoras del trasporte hacia el colegio y el trabajo, la recreación cada vez más se­dentaria, el exceso de tiempo viendo TV, computadoras, video-juegos, contribuyen a las alarmantes estadísticas de sedentarismo.
En los países en vías de desarrollo, se han susti­tuido las dietas rurales tradicionales por las dietas mo­dernas y occidentales, que aunque son adecuadas, son imprudentes y junto con el sedentarismo y una influencia genética innegable, conducen hacia la obesidad y hacia las enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión arterial, Accidentes Cerebro-Vasculares (ACV), cáncer, diabetes y enferme­dades cardiovasculares.
La transición nutricional en América Latina ha sido muy rápida. Uauy, Albalá y Kain en 2001, señalan que en Guatemala y otros países de Centro América, estaban iniciando dicha transición. México, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela y República Dominicana estaban en el medio de la transición, y todavía estamos. Chile, Costa Rica, Cuba y Panamá estaban al final de la transición. Uruguay y los países de habla inglesa del Caribe, estaban en la post-transición. Es más, los países del área del Caribe, también por factor genético indu­dable, son países en los cuales la obesidad ha sido una verdadera epidemia.
Conocemos las recomendaciones de la OMS de utilizar el índice de masa corporal por debajo de 18,5 kg/m2 como bajo peso; encima de 25 kg/m2 como so­brepeso y por encima de 30 kg/m2 como obesidad.

Es importante considerar que en América Latina, por lo pronto, mientras no se tengan los propios valores de referencia en Venezuela, no se debe seguir utilizando la circunferencia de cintura de los anglosajones ni tam­poco la de los asiáticos. En una investigación del Grupo Latinoamericano para el Estudio del Síndrome Meta­bólico (GLESMO), presentada por la Doctora Imperia Brajkovich recientemente en Caracas, se señala que el límite de la circunferencia de cintura en los hombres debe ser igual o mayor de 94 cm, y en la mujer igual o mayor de 88 cm para riesgo de síndrome metabólico. O sea que en Venezuela se debe procurar estar por de­bajo de 88 cm las mujeres y por debajo de 94 cm los hombres. Se recomienda usar estos datos hasta que se tengan datos nacionales.
En el año 2000 ésta era la prevalencia global de obesidad y se había dicho que se había duplicado en los últimos 10 años. Para América Latina había datos entre 28% y 42%.
En el año 2002, Fundacredesa, comparó mu­jeres venezolanas entre los 15 y 50 años, de Vargas y el área Metropolitana de Caracas y de estratos bajos, con mujeres de Bolivia, Brasil, Colombia, Guatemala, Mé­xico, Perú y República Dominicana, y observó que más o menos era la misma proporción: más de 25% - 30% de sobrepeso y más de 10% - 15% de obesidad.
Venezuela está apenas por debajo de Brasil y de Pa­namá con un sobrepeso de 36%; y el síndrome meta­bólico tiene dos cifras en cuanto a su prevalencia, de acuerdo a si se toma el ATP III o si se toma la definición de la Fundación Interamericana de Diabetes. Si se toma el ATP III tenemos 32% y si se toma el síndrome meta­bólico 41%.
Ya el mito de que en los estratos altos se encon­traban los obesos y en los estratos bajos los desnutridos, se acabó. Es más, las mujeres de los estratos altos, por lo menos en Venezuela, se cuidan mucho; cuidan su salud y cuidan su estética, no solamente las jóvenes sino tam­bién personas mayores. Más bien en los estratos bajos, no sólo en Venezuela, sino en gran parte de América Latina, hay más y más sobrepeso y obesidad, especial­mente en mujeres por encima de los 15 años.
En cuanto a la transición demográfica en Vene­zuela, la mortalidad infantil en el año 1941 estaba por encima de los 120 por 1.000 nacidos vivos. En 1961 disminuyó a la mitad; en 2001 a una tercera parte, y ahora mucho más lentamente, en 2008 a 15,8. Todavía es demasiado para un país como Venezuela que ha tenido tantos recursos. La mortalidad materna en Venezuela ha disminuido muy poco; es más, a partir del 2006 ha aumentado, levemente pero ha aumentado.
La esperanza al nacer sí es un indicador que se ha comportado bien en Venezuela y que nos llena de or­gullo. En el año 1935 era de 38 años aumentó 31 años, en un lapso de 45 años (entre el 1935 y 1980), donde la esperanza de vida al nacer era de 69 años. Sin em­bargo, un estudio hecho por Fundacredesa, demostró que en los estratos más altos era de 74 años, mientras que en el estrato 5 era de 64 años. Una diferencia de 10 años al comparar los estratos sociales extremos. Para el año 2008 los datos muestran una cifra prácticamente de 74 años de esperanza de vida al nacer; siempre más alta en las mujeres que en los hombres.
Cuando se analizan las primeras 5 causas de muerte, es evidente que en 1941 esta sociedad era completamente rural. La enteritis y la diarrea eran las primeras causas de muerte, la tuberculosis la segunda, y ya las enfermedades cerebrovasculares y cardiovascu­lares empezaban a subir. Pero a partir del año 2001, las enfermedades del corazón tienen el primer lugar, como en el resto de los países del mundo, cáncer en segundo lugar y luego los accidentes.
En Venezuela se presenta una superposición de problemas de salud pública, los cuales constituyen un reto a causa de la doble carga: altas prevalencias de enfermedades infecciosas, desnutrición, y las enfer­medades crónicas no transmisibles, que cada día au­mentan.
En uno de los estudios de campo de Fundacre­desa, se encontró a una familia en la que había un padre obeso e hipertenso, una madre que estaba em­barazada y anémica, un lactante desnutrido y posible­mente un adolescente obeso; o sea, una “doble carga” familiar.
En nuestro país, aspectos de conveniencia y de información o desinformación, han llevado a grandes cambios en el consumo; además del incremento en el mercadeo de productos manufacturados de consumo directo y/o de fácil preparación. Es importante ver que en el patrón de disponi­bilidad de energía alimentaria, entre 70% y 75% lo aportan azúcar, cereales, miel, grasas visibles; y en un grupo mucho menor, carne, raíces, tubérculos y frutas; las frutas y los vegetales ocupan el último lugar. Peor aún, entre los años 2002 y 2007 los cereales están muy por encima de las grasas y los azúcares, ya que lo triplican; y las raíces, tubérculos y las frutas bajaron del 15% al 3% de la oferta. Lo contradictorio es el programa de cinco vegetales al día, uno de cada color, cuando la oferta está al 3%. Eso es una verdadera tragedia para el pueblo venezolano.
Si comparamos el salario mínimo con los costos de la canasta alimentaria venezolana, que es un instru­mento que se utiliza mucho para planificación, se ob­serva que el salario mínimo apenas cubre el costo de una canasta alimentaria. Eso quiere decir que con el salario mínimo sólo se puede comer, y no alcanza para nada más. La distribución del gasto también es preocupante, 32% en alimentos, apenas 5% en salud y 3% en educa­ción.
Entonces, en Venezuela coexisten tanto el déficit como el exceso. Estos son datos oficiales de Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional, donde se uti­liza la combinación de los tres indicadores (peso-edad, talla-edad, peso-talla) para diagnóstico nutricional. En los lactantes el déficit se mantiene y el exceso aumentó, en los preescolares predominó la reducción crónica compensada, la talla baja. En escolares y adolescentes predominó la des­nutrición crónica compensada y el sobrepeso superó la desnutrición aguda con creces. En adultos, especial­mente en mujeres mayores de 30 años, predominaron el sobrepeso y la obesidad.
Los venezolanos tienen muchos factores de riesgo, esto los hace proclives a las enfermedades cró­nicas no transmisibles. Las mujeres venezolanas son de maduración temprana, lo que se ha visto en las curvas de distancia y velocidad de talla y peso, y también en los patrones de maduración sexual y esquelética, a dife­rencia de los anglosajones.
¿Cómo detener las consecuencias de la doble carga de la salud? Actuando para revertir factores tales como la desnutrición y la obesidad materna, el peso bajo al nacer pero también la macrosomía; problemas en el acceso y consumo de los alimentos; la alta den­sidad en la dieta; la baja actividad física y las pocas consistencias en las políticas públicas.


Fuente:
Mercedes López de Blanco, Maritza Landaeta de Jiménez, Yaritza Sifontes (2011).
Venezuela y su contexto nutricional
CANIA. Año 14. Nº 23. P.4-10