jueves, 2 de marzo de 2017

La alimentación del lactante saludable

La Lactancia Materna Exclusiva, se define cuando el niño es alimentado exclusivamente con la leche del pecho de su madre o de una nodriza, o recibe Leche Materna extraída del pecho sin ningún tipo de líquidos o sólidos complementarios, ni siquiera agua (excepto medicinas, vitaminas o minerales cuando ello es necesario). La Lactancia Materna Exclusiva llena totalmente las necesidades de energía y de nutrientes para la gran mayoría de niños.
La Leche Materna es el alimento ideal para el lactante humano, es adecuada a sus necesidades metabólicas, a su estado de madurez y a los requerimientos para el crecimiento. Contribuye a la adaptación del recién nacido a la vida extrauterina y permite establecer una estrecha relación entre madre e hijo. Además, es un derecho tanto del niño como de su madre.
Lactancia Materna Parcial, implica el consumo prioritario de Leche Materna con la adición de una fórmula láctea u otros líquidos en pequeñas cantidades. Con frecuencia en nuestra región erróneamente se utilizan líquidos edulcorados, té, miel, agua de arroz o cereales, etc. Cuando se usan líquidos adicionales como los mencionados, con frecuencia desplazan el consumo de Leche Materna sin incrementar la ingesta calórica total, con el perjuicio nutricional obvio. Esta práctica se asocia a duplicación del riesgo de diarrea infecciosa.
La Alimentación Complementaria, es la introducción de alimentos y líquidos adicionales a la lactancia, idealmente cuando el niño ya está apto para tal efecto. En condiciones ideales esto debe ocurrir alrededor de los 6 meses, edad en la cual la Leche Materna ya no es suficiente para cubrir a plenitud los requerimientos nutricionales del lactante, por lo que se hacen necesarios otros alimentos y líquidos además de la lactancia para llenar las brechas de energía y nutrientes que supone la Lactancia Materna Exclusiva. Si no se introducen alimentos complementarios a esta edad o se administran de manera inapropiada, el crecimiento del lactante se puede ver afectado.
Aun después de la introducción de los alimentos complementarios, la Lactancia Materna continúa siendo una fuente importante de nutrientes para el niño pequeño y debe mantenerse hasta el año, inclusive durante el segundo año si la madre y el niño así lo desean. Los alimentos complementarios deben ser nutricionalmente seguros y administrados de manera apropiada, para que cubran las necesidades de energía y nutrientes del niño pequeño.
Sustitutos adecuados de la Leche Materna
Se define así a los productos destinados a satisfacer por completo los requerimientos nutricionales de los lactantes durante los primeros 4 a 6 meses de edad y que contribuyen como parte principal de los requerimientos nutricionales a lo largo del primer año de vida cuando no es posible ofrecer Lactancia Materna.
Deben tener una composición similar o equivalente al valor nutricional de la misma y deben ofrecer la seguridad bacteriológica para que su consumo sea inocuo para el lactante.
El niño que por alguna razón no es amamantado y requiere un sucedáneo de la Leche Materna, debe consumir uno que posea la composición adecuada y cuyo suministro sea confiable e ininterrumpido.
Las madres deben ser advertidas previo al consumo de estos productos, sobre la superioridad de la Leche Materna como fuente de alimentación para todos los niños, así como las consecuencias y riesgos del empleo de estos productos si no se observan las condiciones mínimas requeridas para su uso (educacionales, económicas, higiénicas, etc.)
Sustitutos inadecuados de la Leche Materna
Son todos aquellos alimentos utilizados para reemplazar y/o complementar la Leche Materna pero que carecen de la composición nutricional idónea para el efecto. Una de las opciones más frecuentemente utilizadas es el uso de leche de animal modificada en el hogar (por lo general, leche de vaca).
No es recomendable como una opción de alimento de sustitución en niños menores de un año, al igual que la mayoría de bebidas derivadas de cereales, atoles y hierbas, dado que poseen un aporte nutricional muy variable: muy alto en el caso de las leches de animal y muy limitado en el caso de los atoles. No se recomienda el empleo de fórmulas a base de proteína aislada de soya en los primeros 6 meses de vida ni el uso de leche entera de vaca antes del primer año
Suficiencia de la Lactancia Materna
La LIV Asamblea de la OMS en el año 2001 enfa­tizó la suficiencia de la “Lactancia Materna Exclusiva durante los primeros 6 meses como una recomen­dación de salud pública”, junto a la introducción de la Alimentación Complementaria apropiada y segura a partir de esa edad, manteniendo la Lactancia Ma­terna hasta los 2 años si es posible.
La Leche Materna cubre la totalidad de necesidades calóricas y proteicas del lactante humano hasta los 6 meses de edad. A partir de esa edad, aporta aproxi­madamente el 50% de las necesidades de energía del lactante hasta el año de edad y hasta un tercio durante el segundo año de vida. La Leche Materna continúa suministrando nutrientes de mayor calidad que los ofrecidos por los alimentos complementarios y también aporta factores protectores, por lo que es recomendable continuarla a libre demanda hasta los 2 años de edad o más junto a la Alimentación Complementaria adecuada
Riesgos potenciales de la alimentación temprana
Los niños no deben recibir alimentos complementarios diferentes a la Leche Materna antes de los 6 meses. A pesar de ello, en la práctica diaria es común que se les suministre alimentos semisólidos o substitutos inadecuados de Leche Materna en edades tan tempranas como 2 y 3 meses.
Se sabe que existe inmadurez digestiva y funcional. Algunas enzimas digestivas como la amilasa, enzima encargada de digerir el almidón puede ser “estimulada” y aumentar su secreción, al igual que puede “inducirse” un incremento en la filtración glomerular y en la función renal compensatorias debido a la ingesta de grasas y proteínas.
Obviamente, el hecho de que puedan darse esas adaptaciones no justifica el forzar a que ocurran. Por el contrario, está bien descrita en la literatura mundial una gran cantidad de desventajas inmediatas y riesgos a corto y largo plazo asociados a Alimentación Complementaria muy temprana (Previo a los cuatro meses de vida) y que se describen a continuación
Malnutrición: Los alimentos diferentes a la Leche Materna reducen la frecuencia e intensidad de la suc­ción, reduciendo en consecuencia la producción de Leche Materna, con lo que la Alimentación Comple­mentaria pasa a ser “suplementaria”. La gran mayoría de alimentos utilizados para ese efecto poseen un valor nutricional inferior al de la Leche Materna, de manera que el niño no solo toma menos leche sino que consume alimentos nutricionalmente inferiores, la consecuencia lógica es malnutrición. A la inversa, cuando se consumen cantidades muy altas de nu­trientes, el inicio de alimentos sólidos previo a los 6 meses de edad se asocia con obesidad en edades posteriores.
Déficit de Hierro, Anemia: El consumo de cereales y vegetales no suplementados interfiere con la ab­sorción del Hierro contenido en la leche humana, ll­evando a estados deficitarios de dicho mineral y de algunos otros como Zinc y vitaminas. La gran mayoría de alimentos utilizados para ablactación en nuestros países (cereales, granos, tubérculos, vegetales, etc.) son carentes de micronutrientes como Hierro y Zinc.
Incremento del riesgo de enfermedades diarreicas: La alimentación complementaria en países con ba­jos índices de salud ambiental implica manipulación de alimentos en ambientes no sanitarios. La tem­peratura ambiental en climas tropicales y la duración del almacenamiento de comida después de la pre­paración se correlacionan con los recuentos bacte­rianos detectados en los alimentos.
La transmisión de microorganismos, tales como virus, por contami­nación de las manos de los padres o encargados de administrar la alimentación, junto a las limitacio­nes en calidad y disponibilidad del agua son factores adicionales de riesgo cuando se utiliza Alimentación Complementaria a tan temprana edad.
Obesidad: Si bien la etiología es multifactorial y compleja, parece existir una relación entre obesidad adulta/sobrepeso y obesidad durante la infancia: se ha demostrado correlación entre obesidad a los 12 meses de edad y obesidad en etapas posteriores en la vida, incluso en la edad adulta. También existe correlación entre una ganancia de peso muy rápida durante la infancia y sobrepeso posterior. Cuando se inicia la Alimentación Complementaria antes de los 6 meses, se incrementa el riesgo de obesidad.
Los niños alimentados con fórmula crecen igual que los alimentados con Leche Materna durante los primeros 3 meses de vida, a partir de allí, los niños que toman fórmula crecen más que los niños que toman Leche Materna: en promedio 410 g./año los varones y 750 g./año las niñas. Por ello se considera que sobre-alimentación es uno de los principales riesgos de lactancia artificial y Alimentación Complementaria muy temprana. El consumo de leche humana parece regular la ingesta alimentaria, acorde a las necesidades reales del lactante
Hipertensión arterial: La alta ingesta de sodio es uno de los principales factores de hipertensión arterial. La Leche Materna tiene un bajo contenido en sodio (aprox. 15 mg/100 ml: 6.5 mmol./l), pero la ingesta de sodio puede elevarse drásticamente durante la Alimentación Complementaria, según las preferencias culinarias familiares y de la madre. El potasio tiene un rol protector contra la elevada ingesta de sodio en hipertensión arterial. Las frutas y verduras frescas son ricas en potasio, pero la cocción reduce significativamente el contenido de potasio y de las vitaminas A y C.
Arteriosclerosis: El rol de la dieta en arterioesclero­sis y enfermedad cardíaca isquémica es indudable. ¿Cómo actúa? Las dietas ricas en energía y ricas en colesterol y grasas saturadas pero bajas en gra­sas poli-insaturadas, son predisponentes. Una alta ingesta proteica también está relacionada aunque sólo en individuos predispuestos. El sentido común insta a evitar en la Alimentación Complementaria los mismos excesos que han probado ser indeseables en edades posteriores.
Alergia alimentaria: Existe evidencia que la Lactancia Materna prolongada y la introducción oportuna de ali­mentos complementarios contribuyen a la prevención de alergia alimentaria en niños predispuestos, tanto para la proteína de la leche de vaca como las proteí­nas contenidas en otros alimentos.
La Lactancia Materna por 6 meses, especialmente en los niños que tienen riesgo de alergia reduce la incidencia de enfermedades atópicas comparado con los niños que se alimentaron con fórmulas infantiles.
La introducción de alimentos diferentes a la Leche Materna antes de los 4 meses se ha asociado con in­cremento en el riesgo de dermatitis atópica y sensibili­zación atópica en general. El consumo de cereales en torno a los 3 meses de edad en pacientes en riesgo de Diabetes de tipo 1 y Enfermedad Celíaca aumenta la posibilidad de desarrollar estas enfermedades.
Atrasar el inicio de la Alimentación Complementaria, mucho tiempo después de los 6 meses de edad tam­bién resulta contraproducente: No se previenen las alergias y la demora se asocia a efectos adversos tales como una limitada ganancia de peso, deficiencia de hierro, zinc y otros micronutrientes, por ingesta inadecuada, así como retraso en el desarrollo de las habilidades motoras, especialmente lo concerniente a las habilidades relacionadas con la masticación y la deglución que pueden condicionar aversión a los alimentos y problemas futuros para el consumo de alimentos sólidos

Fuente:

Asociaciones de Pediatría de Centro América (2013). Primer consenso Centroamericano alimentación en el primer año de vida. Sociedad Centroamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.

jueves, 23 de febrero de 2017

La educación para la salud (EpS): una propuesta fundamentada desde el campo de la docencia

La EpS contempla al individuo no como un elemento pasivo de su intervención, sino que éste participa activamente en el incremento y mejora de su propia salud. Admite que la conducta humana no sólo está determinada por decisiones propias y factores internos individuales, sino también, por elementos externos ambientales, de manera que ante determinados condicionantes exógenos, difícilmente habrá modificaciones de la conducta individual.
De esta manera, toda la comunidad debe intervenir en la educación para la salud. Como consecuencia de la sensibilización creada por la misma, se produce una auto-responsabilidad en el cuidado y promoción de la salud, que puede llegar a una modificación de actitudes, y en algunos casos de comportamientos, hacia estilos de vida más saludables.
La educación para la salud informa, motiva y ayuda a la población a adoptar y mantener prácticas y estilos de vida saludables, propugna los cambios ambientales necesarios para facilitar estos objetivos y dirige la formación profesional y la investigación hacia estas metas. En opinión de la OMS, la EpS es «cualquier combinación de actividades de información y educación que lleve a una situación en la que la gente desee estar sana, sepa como alcanzar la salud, haga lo que pueda individual y colectivamente para mantener la salud y busque ayuda cuando la necesite»
La EpS ya no es responsabilidad única de la Sanidad, sino que son muchos los sectores de la sociedad que están implicados. Entre todos ellos destaca de manera obvia el mundo de la educación, lo que ha sido entendido desde siempre por el profesorado, que ha incorporado a su docencia diaria prácticas y contenidos de salud.

Condiciones para una acción en Educación para la Salud (EpS)
La educación para la salud es un método de trabajo en la actividad de los educadores y de los profesionales sanitarios. Según Modolo «es un instrumento que ayuda al individuo a adquirir un conocimiento científico sobre problemas y comportamientos útiles par alcanzar el objetivo «salud». La OMS resume en tres los objetivos de la EpS:
1. Obtener que el concepto de salud se inserte en los «valores» reconocidos por la comunidad.
2. Ofrecer a la población conocimientos suficientes y capacidad práctica para resolver los problemas de salud.
3. Favorecer el desarrollo de los servicios sanitarios.
Para conseguir estos objetivos, Modolo señala que toda acción de educación para la salud debe reunir los requisitos y consideraciones siguientes:
1. La educación para la salud no debe centrarse sólo en el individuo, debe comprender al grupo, ya que los comportamientos individuales tienen en gran medida una influencia grupal, social.
2. Se deben abordar problemas concretos, relevantes y percibidos. No se deben tratar problemas no sentidos, pues carecen de significación, ni tampoco generales, que por ser excesivamente amplios, difuminan una posible actuación. Es importante recoger las vivencias de los individuos.
3. La acción debe ser continua y no puede quedarse en actuaciones puntuales, esporádicas o de «campañas». La formación de actitudes y comportamientos requiere un tiempo superior al necesario para la mera información.
4. Se debe tener en cuenta la competencia de los individuos. Cada persona tiene unos comportamientos y actitudes debido a una historia y a una serie de condicionantes que ella misma conoce y valora, por lo que decidirá cambiarlos o no en función de su escala de valores.
5. El profesional de la educación para la salud no debe establecer una relación de autoritarismo, presentando un mensaje de forma dogmática como «la verdad», sino que debe presentarse como colaborador en la búsqueda de soluciones a problemas de interés para todos.
6. La información suministrada debe ser veraz e íntegra, es decir, no debe ser parcial, falsa o deformada. Reconociendo la dificultad de la neutralidad, se debe buscar anular las tendencias por confrontación de los datos provenientes de diversas fuentes.
7. Se debe procurar la motivación necesaria para que los individuos acepten los mensajes, superando los obstáculos y resistencias culturales y psicológicas hacia determinados problemas, ayudándolos aponer en práctica las soluciones encontradas.
El enfoque pedagógico en educación para la salud
El estilo de vida de las personas, aspecto básico en la promoción de la salud, depende en gran manera de su capacidad de elegir, de tomar decisiones. Esto sólo puede desarrollarse si el currículo escolar se plantea de una forma holística, destinada a la formación integral de los alumnos y alumnas, y no simplemente a la transmisión del conocimiento.
Establecer la relación entre los factores de riesgo y el daño para la salud requiere un adiestramiento que permita desarrollar la capacidad crítica de los alumnos sobre sus propios conocimientos. Estas ideas, diferentes en cada individuo, configuran el modo propio de vivir, de relacionar experiencias y comportamientos, de manera que es necesario iniciar las actividades de enseñanza y de aprendizaje averiguando el punto de partida de cada alumno, sus ideas previas, en las cuales intervienen muchas veces tradiciones y prejuicios.
De esta forma, para fomentar el aprendizaje, no sólo de conocimientos sino también de actitudes y de habilidades, no es indiferente la metodología didáctica que se utilice. El método tradicional de transmisión de información, de normas y pautas de comportamiento, no parece el apropiado.
Para hacer educación para la salud en la escuela, no hace falta introducirla como una nueva disciplina. Si analizamos las propuestas educativas de la perspectiva constructivista y las implicaciones metodológicas que conllevan, y las comparamos con las condiciones de una acción de EpS, podemos llegar a la conclusión de que no existen diferencias entre ambas.
Podríamos concluir que el profesorado, tanto por contenidos como por metodología, realiza una acción intrínsecamente de EpS, no siendo necesario hablar de higiene bucodental, sexualidad o alimentación, para llevarla a cabo.
Elementos que configuran un Currículum de EpS
El objetivo último de la educación es el desarrollo intelectual, afectivo y psicomotor de los alumnos, es decir, su desarrollo integral como persona, de forma que todos los contenidos que se tratan, están en función de ese último fin, y la metodología utilizada es aquella que no sólo permite el aprendizaje de conceptos y habilidades, sino también la adquisición de los valores, normas y actitudes relacionadas con ellos.
La escuela tiene la obligación de responder a las necesidades que la sociedad tiene planteadas, y la sociedad actual tiene una serie de problemas de salud que no pueden ser tratados única y sintomáticamente desde el campo de la medicina. Nos referimos a los problemas de cronificación de enfermedades, envejecimiento de la población, uso y abuso de drogas y fármacos, sedentarismo, malnutrición, problemas cardiovasculares, etc.
Todos estos problemas tienen en común una causa que los origina: el estilo de vida. El desarrollo de las diferentes pautas de conducta debe ser tratado en la escuela, ya que la edad escolar es el momento idóneo para ello.
Si la escuela es un lugar de socialización donde se transmite el patrimonio cultural y por donde pasan todos los ciudadanos en el momento de su vida en que es más fácil el aprendizaje e interiorización de ciertos conceptos, valores y normas de comportamiento, es en la escuela, donde se debe capacitar a los alumnos a analizar críticamente los valores culturales, preparándolos para una sociedad plural y diversa. Necesitamos, por ello, conocer los problemas que tiene la sociedad, para abordarlos en consecuencia.
Entre las cuestiones prioritarias actuales en relación a la salud, podemos indicar, los estilos de vida, la alimentación poco saludable, la falta de ejercicio físico, la dificultad en las relaciones humanas, los movimientos migratorio la ciudades deshumanizadas, el consumismo, el envejecimiento de la población, los problemas de higiene, etc. que conllevan unas enfermedades que difícilmente se curan con el tipo de medicina tradicional.
En la EpS es de gran importancia el análisis de la evolución histórica de los diferentes conceptos de salud. No es ésta una cuestión anecdótica, puesto que cada concepto ha ido aportando un rasgo diferente y ha marcado el nivel de conocimiento que existe en la sociedad en cada momento, indicando un camino a recorrer para llegar a alcanzar el concepto de salud que poseemos en la actualidad. Esto significa que debemos tener en cuenta el nivel de partida, los preconceptos de salud de nuestros alumnos para, a partir de ahí, iniciar el proceso de enseñanza y de aprendizaje.
Pero al igual que no existe un único estilo de vida saludable, ya que éste depende del entorno social y cultural en el que nos movemos, tampoco podemos basar la promoción de la salud únicamente en comportamientos individuales, sino que debemos tener un enfoque ecológico, ya que las raíces de los problemas de salud tienen factores políticos, económicos y sociales.
Las actividades planteadas y la metodología empleada deben estar en función de lo que queremos conseguir. Si pretendemos proporcionar destrezas para la vida, aumentar la autoestima, desarrollar la capacidad de elección, de adaptación, de comunicación, de saber gestionar el tiempo con efectividad, y de ser críticos y constructivos con el ambiente que nos rodea, debemos utilizar recursos, estrategias y metodologías adecuadas para ello. Las simulaciones, presentación de problemas, investigaciones, juegos, caracterizaciones, debates, etc. son estrategias que, usadas adecuadamente y en el momento oportuno, dan resultados óptimos.
En este sentido y como propuesta metodológica, debemos contar con la participación de padres, maestros, médicos y demás agentes sociales. Está demostrada la dificultad de obtener algún cambio individual si no hay colaboración en instancias comunitarias que faciliten y refuercen la puesta en práctica de una nueva opción del alumno a la cual ha podido llegar por decisión personal en el trayecto de su aprendizaje escolar.
Lo que se espera del profesorado es que sepa actualizar el tratamiento de estos temas, evitando presentarlos únicamente desde una perspectiva médica e individualista, agregándoles la carga medioambiental que poseen.
Esto requiere hacer intervenir a la familia, analizar con los alumnos las influencias que en sus propios comportamientos posee el entorno donde viven, desde las amistades a la estructura sanitaria, pasando por el tipo de ciudad en la que habitan o la sociedad de consumo en la que están inmersos.
Lo importante es la promoción de la salud y debemos comenzar a conseguir, desde la escuela, que las opciones de vida más fáciles de elegir sean también las más saludables.

Fuente:

Gavidia Catalán, Rodes Sala, Carratalá Beguer, (1993). La educación para la salud: una propuesta fundamentada desde el campo de la docencia. Enseñanza de las Ciencias, 1993, 11 (3), 289-296

jueves, 16 de febrero de 2017

Influencia de los Padres/Encargados en el proceso de alimentación

Junto al valor nutricional ideal o deseable de los alimentos, también deben considerarse los aspectos concernientes a la forma de entregar esos alimentos a un sujeto completamente dependiente como es un niño en esta edad.
Es importante entonces reconocer que muchas de las acciones a implementar dependen de la actitud (disposición y disponibilidad) de la persona encargada, con frecuencia la madre del niño. Las conductas de alimentación del encargado deben ser apropiadas para asegurar que los alimentos sean ofrecidos y aceptados por el niño.
Para llevar a cabo estas actividades de alimentación, los padres, encargados o maestros de Educación Inicial, precisan de recursos adecuados o por lo menos no tener limitaciones para atender al niño y así, en base a sus conocimientos, llevar adelante el proceso de alimentarlo. El tiempo necesario para realizar esas actividades es considerable y debe ser contemplado en la planificación de las actividades que realiza la madre o la maestra.
UNICEF ha reconocido la importancia de las conductas de los encargados de los niños, considerando que tanto la supervivencia del niño como su crecimiento y desarrollo están afectados directamente por la ingesta de nutrientes y la salud, y estos a su vez por factores subyacentes como seguridad alimentaria doméstica, disponibilidad de servicios de salud y salubridad del ambiente.
Cuidado del niño” se refiere a todas las acciones y conductas realizadas por el encargado que resultan en la ingesta apropiada de alimentos, favoreciendo la salud y el desarrollo cognitivo y psicosocial del niño.
Si bien existen grupos sociales con la capacidad socio-económica para afrontar sin limitaciones cualquier recomendación, aun constituyen mayoría en el área los grupos menos favorecidos, para quienes puede ser dificultosa no solo la disponibilidad de los alimentos más adecuados para la Alimentación Complementaria de sus hijos, sino también la disponibilidad de tiempo de la madre del niño, quien con frecuencia debido a las necesidades familiares tiene que salir del hogar y contribuir al presupuesto familiar a través de actividades laborales que pueden interrumpir la Lactancia Materna y el cuidado directo del lactante.
Hoy día cada vez es más constante la participación de la mujer en actividades laborales, con frecuencia en el sector informal o con empleos de baja renta y dudoso beneficio económico global. Eso se traduce en hogares en los que cada vez es menor el tiempo de las madres para la atención de los hijos y la necesidad de involucrar a terceras personas en la atención de los niños. Además, debemos contemplar la problemática social de separación familiar, madres solteras, madres adolescentes, bajo nivel de escolaridad e instrucción, pobre nivel socio-económico, etc., que hacen de la Alimentación Complementaria una actividad de difícil planificación.
Factores que afectan la capacidad de la madre o encargado para proporcio­nar la Alimentación Complementaria
A nivel del hogar y la comunidad, los principales fac­tores que pueden limitar la capacidad de la o las per­sona(s) para realizar la Alimentación Complementaria son:
·Educación, conocimiento y creencias de la persona responsable de la alimentación complementaria
·Carga de trabajo y tiempo disponible para la alimentación complementaria
·Salud y estado nutricional de la persona
·Salud mental, nivel de estrés y seguridad en sí mismo
·Autonomía, control de recursos y asignación intrafamiliar
·Soporte social de parte de la familia y la co­munidad

Se habla del “encargado” de administrar la alimentación complementaria porque si bien es la madre en la mayoría de las culturas la que inicia la alimentación del niño, con frecuencia una vez el niño comienza a caminar, suele quedar bajo la “tutela” de sus hermanos o familiares mayores. Por otra parte, la mujer cada vez está más involucrada en actividades laborales que implican su salida del hogar por períodos variables, que hacen que se interrumpa no solo la Lactancia Materna sino su participación en la alimentación complementaria, pudiendo de igual forma quedar el niño a cargo de familiares o “amigos” no siempre con la capacidad, la dedicación y el tiempo necesarios para realizar esta actividad
Dentro de los factores enumerados, es obvio que si la persona a cargo no tiene los conocimientos adecuados para cumplir a cabalidad el lineamiento de alimentación complementaria o si sus creencias o antecedentes culturales riñen con la misma, no la va a llevar a cabo en forma satisfactoria. De igual manera, si esa persona no dispone del tiempo, la voluntad, el estado de salud o un nivel mínimo de confianza y seguridad en sí mismo, no va a poder llevar a cabo el cuidado del niño. Es evidente entonces que más allá de la presencia de una persona “encargada”, ésta debe tener ciertos requisitos básicos para efectuar adecuadamente las funciones requeridas (edad, educación, madurez, disposición de tiempo, de ánimo y de recursos).
Conducta de la persona encargada ante la alimentación complementaria
Es muy importante no solo ofrecer los alimentos sino interactuar con el lactante para asegurar la adecuada introducción y efectividad de la alimentación complementaria. En ese entendido debe facilitarse:
• La adaptación del método de alimentación a las habilidades motoras del niño: por ejemplo a su ca­pacidad para sujetar una cuchara, la habilidad para morder y masticar, para agarrar alimentos con los dedos, etc., ofertando los alimentos en la consis­tencia, textura y presentación idónea a la capacidad actual del niño.
• Actitud y empatía de la persona que alimenta: es­tímulo para que el niño coma, oferta adicional de comida si el niño muestra deseo, etc.
• Compenetración del alimentador en el proceso: es­tablecimiento de una relación afectiva entre el niño y su encargado; disponibilidad de tiempo para interac­tuar y ofrecer la comida de una forma estimulante y agradable para el niño; promover una interacción positiva, evitando forzar al niño, contrariarlo o establ­ecer conductas de aversión a la comida.
• Asegurar la seguridad y el entorno de la alimentación: organizar las comidas en un local adecuado, establecer una frecuencia y regularidad apropiada a la edad y necesidades del niño, supervisar y proteger al niño mientras se alimenta; evitar distractores durante las comidas.
Muchos casos de niños con retardo en el crecimiento no orgánico, han comprobado la importancia de la interrelación apropiada entre el niño y el encargado de alimentarlo, tanto en lo referente a la organización del tiempo de comida como en los factores asociados a la misma. En caso que estos factores influyan en forma negativa, se puede establecer un pobre crecimiento del lactante aun cuando exista una adecuada disponibilidad de comida.
Con frecuencia los niños con problema para crecer presentan el antecedente de tiempos de comida basados en un enfoque autoritario y coer­citivo por parte de la persona que lo alimenta, en­foque que puede anular el sistema regulatorio interno de hambre y saciedad del niño.
De igual forma, una baja sensibilidad y percepción materna de las señales de apetito – saciedad del niño; familias con pobre interacción afectiva, aislamiento social, pobres lazos de familiaridad, no percepción de problemas sutiles orales/motores o retraso en el desarrollo del niño para la alimentación, en resumen, condiciones capaces de generar una ruptura en la relación afectiva entre el niño y la persona que lo alimenta.
El desarrollo de conductas de alimentación más “ac­tivas” para el niño por parte de los encargados, se asocia a incremento en la ingesta dietética e incre­mento en los índices antropométricos. Esas conduc­tas alimenticias “positivas” pueden tener un poderoso impacto en la cantidad de comida ingerida.
La optimización de la alimentación complementaria implica además de asegurar la calidad nutricional de los alimentos ofrecidos y su seguridad higiénica, pre­star atención a las conductas específicas en torno al proceso de alimentación y a eventuales problemas que puedan interferir con el cuidado del niño.
En resumen, la evidencia actual sugiere que las intervenciones prag­máticas para mejorar la alimentación complementaria probablemente no son tan exitosas si no toman en consideración factores conductuales y los problemas y dificultades que pueden surgir en torno al cuidado del niño. Por ello, los factores económicos y dificultades domésti­cas en el hogar pueden influenciar el tipo y la canti­dad de alimentos ofrecidos y recibidos por el niño.

Fuente:
Asociaciones de Pediatría de Centro América (2013). Primer consenso Centroamericano alimentación en el primer año de vida. Sociedad Centroamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.


jueves, 9 de febrero de 2017

La Educación Alimentaria y Nutricional desde una dimensión sociocultural

La situación de salud y la seguridad alimentaria son precarias en los países de América Latina, donde reina la extrema pobreza, las malas condiciones de salubridad, la insuficiente producción de alimentos, la baja disponibilidad y el elevado precio de los productos alimentarios que impide el acceso a los mismos por parte de la población de forma segura y estable.
Agudizándose esta situación, aún más con el aumento de la población y los bajos ingresos de los sectores pobres. La desnutrición está presente en estos lugares donde no hay una seguridad alimentaria y nutricional, lo que trae consigo enfermedades como las infecciones respiratorias, diarreicas, que están estrechamente vinculadas a las condiciones ambientales de las viviendas, la carencia de agua potable y los inadecuados hábitos higiénicos.
Todo esto repercute en el aprovechamiento biológico de los nutrientes. El mal uso de los alimentos disponibles y la toma de decisiones incorrectas sobre el consumo de los mismos está propiciado por factores socioculturales como: las tradiciones, los hábitos de vida, costumbres, por las condiciones económicas, políticas sociales y culturales que repercuten en el problema de la alimentación y junto a ello tenemos la carencia de una educación alimentaria que promueva estilos de vida saludables.
Todos nos alimentamos es por ello que se hace imprescindible conocer, comprender y entender las relaciones que se establecen entre el hombre y los alimentos en el que predominan la socialización, las formas de economía, las tradiciones conservadas a lo largo de los años, resaltando la importancia de los alimentos en el contexto sociocultural en el que se desenvuelven los sujetos.
La alimentación desde el punto de vista sociocultural:
Nivel social: Posiciones y relaciones entre individuos, en cierto contexto espaciotemporal. Implica también ciertos roles o papeles y normas asociados a ellos, así como la composición de una sociedad en distintos grupos (conjuntos con conciencia y reconocidos como tal), categorías (de etnia, raza, edad o género).
Dicha composición según categorías y grupos nos lleva a hablar de estructura social (diferenciación de posiciones de los sujetos)… En el nivel social nos fijaremos en las relaciones sociales, y con ello en las formas de comensalidad.
Nivel cultural: Este nivel incluye los conocimientos y concepciones del mundo social y natural así como de la tecnología. También incorpora la relación y vínculos entre sociedades distintas. Las culturas son puestas en práctica por grupos humanos específicos (de clase o de etnia entre otros) en un determinado contexto sociohistórico. Todo lo social tiene algo de cultural. Lo de específico que tiene es que se trata como de su vertiente simbólica. De lo que da significado, a todo lo que se dice, se hace y se piensa en una determinada sociedad.
Nivel económico: El de la esfera de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. En nuestro caso, lo aplicamos a la alimentación.
Nivel político: En un sentido restringido atañe a la lucha por el poder, y al ejercicio de éste con una autoridad más o menos legítima. Tiene que ver con la administración y dirección de los bienes y servicios públicos, particularmente a través de leyes. En un sentido amplio, todo intento de tener poder en el espacio público, por parte de individuos, así como las formas de resistencia o consentimiento individual de la aplicación de dispositivos de poder (legal, militar, político, educativo, de género) es político. En el caso de la alimentación, ciertas decisiones
El proceso de alimentación es una cadena de hechos que incluye el cultivo, producción, distribución y consumo de los mismos, así como una serie de leyes y políticas que pueden favorecer o afectar las esferas antes mencionadas. Tiene asociado toda una serie de elementos culturales y sociales como tradiciones, costumbres, religión, raza, etnias, formas de comensalidad. Tiene una carga de significados, valores y permite la socialización entre los diferentes grupos.
Teniendo en cuenta lo planteado por Guerrero (2003), la alimentación es determinante para la supervivencia del hombre y asociado a ello existen toda una serie de elementos objetivos y subjetivos que forman parte de la identidad de cada pueblo y tienen sus raíces en la historia de cada uno de ellos.

Por su parte, Moreno (2003), en su estudio sobre Cultura Alimentaria plantea que el alimento es “un elemento de funcionalidad o disfunción dado que establece la sociabilidad, contribuye a la armonía entre algunos grupos e individuos, además de que representa valores, costumbres y tradiciones, y en algunos grupos o sociedades se distingue como un símbolo que en sus diversidades y características representa unidad, tradición, estatus, distinción, en ciertos casos conlleva una carga de significados espirituales o de éxito al ser considerado un elemento de transferencia de actitudes, sentimientos negativos o positivos para con los demás”.
Es por ello, que en el marco de la Educación Alimentaria y Nutricional, la alimentación –o situación nutricional- constituye una de las múltiples actividades de la vida cotidiana, que por su especificidad y evolución, adquiere un lugar protagónico en la caracterización e interpretación de las dimensiones biológicas, social, psicológica, simbólica, económica, religiosa y cultural de las poblaciones humanas.

Fuente:
Barrial Martínez,  A. y Barrial Martínez, A. M., (2011). La educación alimentaria y nutricional desde una dimensión sociocultural como contribución a la seguridad alimentaria y nutricional. Contribuciones a las Ciencias Sociales. Dic de 2011. Eumed.net. Universidad de Málaga.  http://www.eumed.net/rev/cccss/16/bmbm.html
Guerrero Rivera, T., (2003). El estudio antropológico de cultura y alimentación (primera parte). Revista Virtual Gastronómica. http://www.uaemex.mx

Moreno García, D.,, (2003). Cultura Alimentaria. Revista Salud Pública y Nutrición. Vol.4, No.3, julio-septiembre. http://www.respyn.uanl.mx