jueves, 28 de enero de 2016

El desayuno y su relación con el rendimiento físico e intelectual

Al disminuir las reservas de glucógeno, se utilizan los lípidos como combustible, aumentando el nivel sanguíneo de ácidos grasos. Los niveles de insulina y glucemia disminuyen junto con otros cambios metabólicos favoreciendo la movilización de la grasa adipositaria merced predominio  neuroendocrino de la actividad simpática. En la edad infantil se aprecia una caída más rápida en los niveles de glucemia en relación con una persona adulta.
El desayuno reorienta el perfil metabólico del organismo, aumenta la secreción de insulina, utilizándose otra vez como sustrato energético prioritario los glúcidos y favoreciendo la lipogénesis y el predominio parasimpático.
La ausencia del desayuno hace que estos cambios homeostáticos se prolonguen durante la mañana y pueden reflejarse en una disminución de algunas capacidades cognitivas. La función cerebral puede ser más vulnerable en los niños, ya que algunas facultades cognitivas están en proceso de maduración, y en las personas mayores están en declive.
El desayuno es la primera comida que se utiliza para interrumpir el ayuno nocturno. Generalmente se ingiere en las primeras horas del día y su contenido en alimentos varía de acuerdo a los diferentes hábitos alimentarios  individuales y poblacionales.
Si no desayunamos: (a) se utilizan los lípidos como combustible, (b) aumentan los ácidos grasos en sangre, (c) disminuyen los niveles de insulina y glucemia, (d) se favorece la movilización de la grasa de los adipositos, (e) se perjudica el rendimiento físico e intelectual.
Si desayunamos: (a) se utilizan los azúcares como combustible, (b) disminuyen los ácidos grasos en sangre, (c) aumentan los niveles de insulina y glucemia, (d) se  retrasa la movilización de la grasa de los adipocitos, (e) se favorece el rendimiento físico e intelectual.
Importancia del desayuno
La edad escolar constituye un proceso estable en cuanto al crecimiento y al desarrollo de los alumnos. En esta etapa, la alimentación debe proporcionar un balance positivo de nutrientes estructurales con el fin de satisfacer la acumulación de energía que precede al brote puberal.
También tiene que permitir realizar un importante nivel de actividad física y ser adecuada para que el niño desarrolle satisfactoriamente sus actividades escolares y sociales.
La desnutrición crónica de grado medio está asociado a varios trastornos cognitivos y de comportamiento a lo largo de las etapas de la vida. Así, varios autores describen cómo influye el ayuno y la desnutrición severa en el rendimiento físico e intelectual infantil y adolescente.
Múltiples estudios epidemiológicos demuestran que la omisión del desayuno afecta perjudicialmente a la función cognitiva de la población infantil y que los niños con desnutrición son, probablemente, los más afectados.
El ayuno durante la mañana produce efectos adversos como, por ejemplo, recordar una lista de palabras y leer un relato en voz alta. Se ha demostrado que el consumo del desayuno influye específicamente en aquellas tareas que requieren el uso de la memoria. Esta influencia se realiza a través de varios mecanismos, entre ellos, un incremento del nivel de glucosa en sangre.
Las repercusiones del ayuno nocturno y  la omisión del desayuno, especialmente entre los niños con riesgo de padecer problemas nutricionales, producen estímulos más lentos, aumentan los errores y ralentizan los recuerdos.
Por lo tanto, la ausencia del desayuno interfiere en los procesos cognitivos y de aprendizaje, efecto que es más pronunciado en los niños nutricionalmente en riesgo. Además, el desayuno beneficia ciertos factores positivos para el alumnado, tales como asistencia a clases, el expediente académico y el estado nutricional. Está demostrado que el desayuno escolar proporciona beneficios educativos a largo plazo.
Por todo ello, en situaciones de bajo nivel socioeconómico y en épocas de gran necesidad se han desarrollado diferentes programas a  través de los cuales se aportan a los niños que lo necesitan un desayuno en el comedor escolar. En muchos países se han obtenido importantes éxitos. Ciertos programas de desayuno escolar se relacionan con mejoras en la ingesta nutritiva y en una reducción de los retrasos y ausencias.

Fuente:

Carlos Iglesias Rosado (2012). La nutrición y el comedor: su importancia contrastada sobre el rendimiento escolar. En Nutrición y Alimentación en el ámbito escolar. Jesús Román Martínez Álvarez (Editor). Cap 3, p.37-44. España.

jueves, 21 de enero de 2016

El comedor escolar: Un espacio de normas y aprendizaje

En la actualidad la exigencia educativa de padres y maestros, así como del conjunto de la sociedad, no debe reducir el comedor escolar solo a la mera nutrición. Este espacio tiene por objeto cubrir las necesidades biológicas en el marco de las satisfacciones psicopedagógicas y sociales de los niños, niñas y adolescentes como parte de su proceso de socialización y educación. Esto se expresa en la concepción del comedor escolar como un espacio de normas y de aprendizaje, aunque sea de modo más explícito en unos centros educativos que en otros.
Las normas en el comedor escolar
Para su consecución, el marco normativo –o percibido como tal- se traduce en el establecimiento de un listado de reglas de comportamiento específicas cuyo cumplimiento queda bajo la vigilancia del personal directivo, las maestras y auxiliares de aula, sobre todo en el nivel de Educación Inicial: comerse todo (aunque no coma ese alimento en casa), no gritar, ser autónomo, no cambiar alimentos entre sí, lavarse las manos, no levantarse de la mesa, no jugar con la comida, usar adecuadamente el mantel, la servilleta y los cubiertos (no solo la cuchara), dar las gracias, pedir por favor si desea más alimentos, limpiar las mesas, recoger platos y manteles, etc. Sin embargo, el grado de asimilación de las reglas no es uniforme en el conjunto de los escolares.
El contenido mismo de las normas, así como los procedimientos para hacer observar su cumplimiento o el grado de tolerancia permitido, puede ser objeto de una mayor o menor aceptación. En este sentido, la trasgresión de estas normas no puede atribuirse, por lo general, a su desconocimiento por parte de los escolares, ya que, de entrada, el comedor escolar es percibido como un espacio menos rígido que el aula y en el que puede satisfacer la necesidad de esparcimiento, intercambio y socialización. Así por ejemplo, obligar a “comer todo” parece oponerse al objetivo, igualmente declarado, de fomentar la autonomía en el niño (ser autónomo no solo significa comer solo sino ser capaz de saber lo que se necesita, lo que se desea y lo que puede conseguir).
Limitar su capacidad de intervenir en la definición de su propia ingesta (mediante la selección y el establecimiento de las cantidades)  favorece la insatisfacción y fomenta, en contra de los objetivos pretendidos, el rechazo frente al plato y la aparición de las sobras.
La aplicación y la vigilancia de las normas que regulan el comedor escolar constituyen una función que es cada vez más asumida por parte de las auxiliares. Sin embargo, a pesar de su notable presencia así como de su responsabilidad en la alimentación de los niños y en la transición de pautas de comportamiento, la figura de la auxiliar tiene, generalmente, un carácter difuso. En efecto, la figura de la auxiliar como agente socializador es poco reconocida tanto dentro como fuera de la escuela.
En el desempeño de sus funciones tienen una incidencia negativa, las condiciones laborales y preparación profesional. A la vez, las auxiliares son consideradas por la comunidad educativa como figuras de acompañamiento, muchas veces al margen de los equipos docentes. Al mismo tiempo que asumen la transición y vigilancia de las normas que rigen el aula y el comedor, contribuyen a modelar los conceptos alimentarios que se adquieren en este marco, suelen desempeñar sus tareas desde una posición de mayor proximidad a los escolares. Razón por la cual se requiere mayor sensibilización, capacitación y formación de las auxiliares en el tema de la Salud y su relación con la Educación Alimentaria y Nutricional.
La ingesta en el comedor escolar
En relación con la edad, los escolares de Educación Inicial son los que registran más sobras en general. En buena medida, las sobras reflejan el tiempo que tarda el niño  en familiarizarse con el nuevo espacio donde se va a comer a partir de este momento, a sus nuevos contenidos, elaboraciones, sabores, colores, olores, compañías, etc.
Uno de los motivos que explican la generación de un mayor o menor número de sobras tiene relación con las formas de elaboración de los platos o preparaciones, es decir, con la manera de cocinar en cada centro escolar. Es frecuente, en este sentido, que los niños y niñas establezcan comparaciones entre la comida escolar y la familiar. A través del rechazo de parte de sus raciones, los escolares están señalando las tensiones existentes entre ambos contextos alimentarios. En ocasiones, no obstante, los niños manifiestan preferir determinados platos servidos en el menú escolar frente a su equivalente doméstico, lo que en ocasiones plantea exigencias y requerimientos que la casa no logra satisfacer.
La importancia social asignada al orden del servicio de los platos (primero, segundo y postre) se identifica también en los gustos alimentarios aunque los escolares no suelen reconocer esta relación de un modo consciente. La estructura de las comidas incide en las cantidades más que en sus preferencias. Frente a la creencia, la fruta suele sobrar bastante de un modo general.
En la infancia, la variedad es un factor que despierta el interés, promueve el placer y amplía el conocimiento. Por el contrario, el plato repetido conduce al aburrimiento, fomenta la desgana y provoca el rechazo, agregando más conflicto en el comedor escolar (como por ejemplo, ocurre a menudo con las ensaladas, que tienen una elevada presencia en las sobras).
El tiempo disponible para comer (que enmarca, además, la aplicación del “comérselo todo” como norma), suele manifestarse como otro condicionamiento  importante del comportamiento frente al consumo de alimentos. Las recomendaciones oscilan entre 25 y 35 minutos. En ocasiones en la  presencia de comedores institucionales, se presenta más de un turno, dando prioridad a los niños más pequeños primero, otorgando menos tiempo a los niños más grandes y condicionando hábitos inadecuados de alimentación. 
En otras instituciones donde los alimentos se consumen en el aula, requiere una reorganización del aula, aseo particular antes y después de la comida, y una organización institucional en la distribución de los alimentos, que dan preferencia a los niños más pequeños y que generan intranquilidad y ansiedad en los más grandes. En muchas ocasiones el tiempo previsto para la comida en las escuelas está inscrito en un horario social que es igualmente distinto al familiar y que requiere de un proceso adaptativo.
La jornada alimentaria (las ingestas realizadas a lo largo del día) tiene incidencia importante en la relación del niño con el alimento, sus hábitos y comportamientos alimentarios. La hora de llegada a la escuela, el tiempo para desayunar, ingestas previas a la llegada a la escuela, los desayunos provistos por la institución o traídos por el niño, son escenarios de revisión y corresponsabilidad por parte de la escuela y la familia. Con frecuencia los niños manifiestan que sus desayunos se caracterizan por disponer de un corto tiempo, marcado por la prisa, cantidades y contenidos poco diversificados, lo que acabará incidiendo en el apetito de los escolares y condicionará el consumo real al mediodía.
El comer en la misma mesa implica un intercambio verbal y también material de comida. Desde pequeños, los niños aprenden en casa qué temas de conversación acompañan a las comidas y cuáles no, así como mecanismos y las formas de intercambio. Al llegar al comedor escolar, el niño ya sabe que dando, recibiendo y devolviendo comida, establecerá vínculos con los demás. Ha adquirido, por ejemplo, experiencias en las que ofrecer una parte del propio plato genera complicidad entre los comensales, del mismo modo que es una manifestación de confianza y afecto.
Los más pequeños practican el intercambio como una forma previa al intercambio verbal mismo. Es un lazo comunicativo que puede extenderse como reconocimiento al otro o no hacerlo, manifestando la ausencia de relación. Junto con el uso los alimentos como medio de intercambio y de relación, el hecho de tocarlos, tirarlos, esconderlos, explorarlos antes de comerlos o revolverlos más tiempo, es indicativo de esta primera fase de reconocimiento  del comedor escolar como un medio nuevo.
En definitiva, los intercambios, las sobras y el consumo real del niño se encuentra mutuamente afectados y forman parte indisociable de un mismo proceso. En ocasiones las sobras pueden promover y estimular el intercambio de alimentos pero, en otras, las motivaciones que lo suscitan pueden  ser distintas. En consecuencia, la presencia de los intercambios hace que deben ser tomados necesariamente en consideración para valorar la ingesta real de cada niño o niña en el comedor escolar.
Estos escenarios son planos para el encuentro pedagógico, el reforzamiento y acompañamiento como parte de la rutina escolar, es una expresión de la identidad del niño como ser integra y que debe ser aprovechada por la escuela para la formación de hábitos saludables de alimentación que condicionaran su conducta futura ante los alimentos
Fuente:

J. Contreras Hernández, M. García Arnaiz, B. Atie Guidalli, S.L. Pareja Sierra, E. Zafra Aparci (2012). Comer en la escuela: Una aproximación etnográfica. En En Nutrición y Alimentación en el ámbito escolar. Jesús Román Martínez Álvarez (Editor). Cap 2, p.23-36. España.

jueves, 14 de enero de 2016

Propuesta metodológica para la Educación en Alimentación y Nutrición

La Educación Alimentaria y Nutricional (EAN), es una estrategia que complementa y potencia otros esfuerzos a nivel nacional y local, aumentando la sostenibilidad y eficacia de los programas para superar la inseguridad alimentaria y nutricional.
El consumo es cultural y, como tal, la educación y la comunicación son esenciales para cambiar paradigmas y hábitos.
La EAN, así como la promoción de los buenos hábitos, impactan en las comunidades, hogares e individuos en varios ámbitos: mejor salud y bienestar, crecimiento y desarrollo, y prevención de enfermedades como la obesidad o las cardiovasculares. En lo económico, optimiza el gasto familiar en alimentos y al Estado le reduce costos en atención de enfermedades.
Ahora, los cambios se dan de manera gradual, en la medida en que la persona incorpora sus nuevos saberes a prácticas que adquieran sentido para ella misma. Esto lleva a que cada intervención debe ser pertinente al contexto y partir del conocimiento del entorno.
Un nuevo paradigma en educación alimentaria y nutricional
En los ámbitos de la educación formal, al interior del currículo escolar, desde mediados del siglo XX se incluyó la enseñanza de conceptos de nutrición y procesamiento de nutrientes en el organismo. Por fuera del aula se fomentan mensajes de prevención desde la salud pública, que suelen estar en manos de nutricionistas.
Sin embargo, el aumento de enfermedades cardiovasculares y de los índices de malnutrición –sobrepeso, obesidad y desnutrición– se asocian al poco éxito de la educación alimentaria tradicional.
Desde finales del siglo XX, la FAO insiste en la necesidad de acercar la educación alimentaria a otras ciencias y herramientas que demuestran mayor efectividad a la hora de generar transformaciones en los comportamientos y hábitos de las personas, como la comunicación masiva o los métodos pedagógicos de carácter participativo.
La educación alimentaria se proyecta más allá del campo de acción de docentes y nutricionistas con expertos en comunicación, trabajo con comunidades y aprendizaje significativo. Este método marca una diferencia radical con la educación tradicional en nutrición. Si bien hay una estrecha relación con temas de salud pública –como la prevención de enfermedades–, el objetivo de la educación alimentaria supera la transferencia de conocimientos determinados y se centra en la motivación y creación de criterios en sujetos y comunidades.
Al entender que el sujeto es parte de un grupo social, la educación alimentaria se dirige de forma integral a los miembros de esa comunidad. Todos son sujetos de aprendizaje y crecimiento, desde los padres hasta abuelos, incluyendo cuidadores, estudiantes, directivas escolares, docentes, madres comunitarias y promotores de salud. La educación alimentaria y nutricional es de interés común y son muchos los grupos poblacionales que determinan hábitos alimenticios.
La articulación y confluencia de creencias, prácticas, percepciones y gustos resulta de sumar a todos los actores. Esto implica acercarse, conocer e invitar a participar también a líderes comunitarios, juntas de acción comunal, rectores, docentes, consejos estudiantiles, tiendas escolares (cantinas) y el comercio formal/informal de alimentos, así como a las diferentes instancias de las autoridades locales.
En las instituciones educativas es posible dejar capacidades y experiencias en objetivos y metodología, sujetas a que se transfieran y repliquen de una administración a otra. Es por esto que si bien el eje es la educación alimentaria, en el proceso se forma en otras competencias como liderazgo, autoestima, solidaridad y comunicación.
¿Qué se puede lograr?
• Desarrollar capacidades para adquirir hábitos adecuados de selección, manipulación, preparación y consumo de alimentos variados y pertinentes para cada ciclo vital, de acuerdo con las condiciones y con la disponibilidad de recursos materiales y económicos de cada familia y entorno.
• Apoyar el desarrollo de ambientes territoriales o institucionales saludables a través de la difusión masiva de mensajes y del apoyo a las entidades territoriales con metodologías e información replicable a toda la comunidad, relacionadas con alimentación saludable.
• Lograr que las personas generen sus propias reflexiones en torno a sus hábitos alimentarios y decidan por sí mismas asumir cambios favorables.
• Seguir los lineamientos de la FAO que define la educación en nutrición como “el conjunto de actividades de comunicación destinado a mejorar las prácticas alimentarias no deseables, a través de un cambio voluntario de las conductas relacionadas con la alimentación, teniendo como finalidad el mejoramiento del estado nutricional de la población”.
Como señala la FAO, Los países de América Latina, como el resto del mundo, observan con preocupación los efectos de la globalización sobre la información, las actitudes y los cambios en los estilos de vida de las personas, lo que se ha traducido en profundas transformaciones en sus conductas alimentarias, haciendo que a los problemas de seguridad alimentaria que originan la malnutrición por déficit, se sumen los originados por un consumo excesivo de alimentos procesados de alta densidad energética y pobres en nutrientes, que han llevado a un rápido aumento en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en niños y adultos.
En ambos casos, estos problemas afectan con mayor fuerza a los grupos de menor nivel socioeconómico, más vulnerables ante la elevada oferta, bajos precios y masiva publicidad de este tipo de alimentos.
Es en ese marco fundamental el acompañar las estrategias de alimentación y suplementación con un trabajo constante y consciente de educación alimentaria dirigido a las familias. La educación, que tenga en cuenta las condiciones, conocimientos, intereses y gustos de las personas y familias, tiene mayor garantía de obtener resultados positivos, que un esquema unificado y masivo que, si bien puede ser menos costoso en su implementación, no genera los beneficios del otro modelo en transformación cultural.
Así mismo, la permanente exposición a mensajes informativos y propositivos para la adopción de buenos hábitos, favorece su transformación y la incorporación de cambios.

Fuente:
Fundación Alpina 2012
Primera edición: Bogotá, noviembre de 2012

jueves, 10 de diciembre de 2015

Diez consideraciones para prevenir la malnutrición en Latinoamérica

Hay diez consideraciones o estrategias para prevenir la malnutrición en Latinoamérica. La primera consideración tiene que ver con las prioridades, ¿cómo podría alguien definir las prioridades para la acción en Nutrición y Salud Pública con recursos limitados? En América Latina en general, como grupo o como región, tenemos que establecer prioridades; probablemente sea muy difícil hacerlo, más aun cuando los recursos son limitados, no obstante, tenemos que disciplinarnos y seleccionar en qué nos vamos a enfocar.
La segunda consideración está relacionada con la igualdad o los derechos humanos, y busca responder a preguntas como: ¿cuándo establecemos prioridades, desarrollo de políticas y programas?, ¿lo hacemos respondiendo a las necesidades de la mayoría, de la minoría o de los marginados? Por ejemplo, un 80% de la población se ve afectado por cierto problema, pero no el 20% restante; en ese sentido, ¿se debe invertir para atender la problemática? En general, para tomar estas decisiones es necesario considerar el número y porcentaje de individuos afectados, el factor social y los recursos disponibles para los diferentes grupos perjudicados.
El impacto que se debe esperar de las intervenciones nutricionales en las poblaciones tendría que estar firmemente basado en la evidencia de la investigación real; evidencia de su eficacia y evidencia de su efecto benéfico e inocuo –que no hace daño–. De este punto parte la tercera consideración. A excepción de la condición extrema de los estados nutricionales (deficiencia y exceso graves), no existe relación previsible entre consumir más y cambiar el estado nutricional. Solo en déficit y sobrepeso hay una línea directa entre consumo y efecto nutricional. Si el organismo tiene disminución en las concentraciones de hierro, no necesariamente el individuo va a percibir un cambio en el estado del hierro con la suplementación, a menos que se ubique en estados de toxicidad o si se está empezando con una anemia grave; aquí no hay una asociación entre dar más y percibir el cambio.
Entonces, cuando se habla de intervenciones hay que considerar los efectos negativos y nocivos que son medidos por la cantidad, la edad, la relación de exposición y la resistencia genética del individuo. Algunas personas pueden resistir a un efecto negativo de la dieta, mientras que otros no y en cuanto a los efectos positivos o protectores de una dieta, estos también están medidos por la dosis, por la edad y tal vez por el sexo de la persona, además por la duración de exposición a la dieta buena, así como genéticamente a la susceptibilidad de cada individuo para recibir el beneficio de la dieta.
La cuarta consideración se vincula con el concepto de región latinoamericana que empieza en el río Bravo y en algunas islas del Caribe y se extiende a la Patagonia y Tierra del Fuego. ¿Es una bondad? o ¿es una desventaja? ¿Qué hay de común y constante en esta geografía tan larga y tan variada? Cuando se habla de este tema hay que analizarlo con cuidado y no solo decir “somos latinos, somos latinos” porque hay heterogeneidad enorme en el ecosistema, etnias, economías, dietas, interacciones y respuestas a sucesos. Por lo tanto, no hay generalizaciones importantes que se puedan hacer entre la región o entre naciones, excepto que no sabemos establecer prioridades.
Quinta consideración: no existe una supergeneralización que se pueda hacer acerca de la epidemiología nutricional de la región latinoamericana. Presentamos, a continuación, ejemplos de algunos datos que hemos recogido en cuanto a la variabilidad y varianza que se ve en nuestra región. Por ejemplo, tenemos que: • La tasa de desnutrición crónica en menores de 5 años varía de 43,5 % en Guatemala a 14,6 % en Venezuela a 0,6 % en Chile. Normalmente se espera por lo menos 2,5 por debajo de dos niveles de desviación estándar. • La tasa de sobrepeso y obesidad infantil varía de 7,3 % en Argentina a 2,2 % en El Salvador • La prevalencia estimada de obesidad en mujeres adultas varía de 40,2 % en Bolivia a 19,6 % en Paraguay • La prevalencia estimada de obesidad en hombres adultos varía de 37,4 % en Argentina a 6,2 % en Honduras.
El concepto transición nutricional constituye la sexta consideración, y dicho concepto está estrechamente asociado a la urbanización y a la movilidad social. Fue enunciado por primera vez en 1994, por el profesor Barry Popkin en las sociedades pobres. Describe cómo el problema de deficiencias de macro y micronutrientes persiste, y además coexiste con el inicio del problema de exceso de nutrientes y las consecuencias metabólicas asociadas. La transición nutricional se refiere a los cambios que ocurren en una sociedad, en un país o en una región cuando aumenta la capacidad adquisitiva, unida a cambios de vida como la urbanización y hábitos inadecuados, como el sedentarismo (principalmente) y gustos que cambian cuando la gente emigra a lugares con comidas de mayor sabor y mayor contenido en grasa. Así, en 1997, Popkin y el profesor Adam Drewnowski crearon un modelo del estereotipo de cambio de dieta, incluyendo más fuentes de proteína animal, más grasa saturada y parcialmente hidrogenada (vegetal), más azúcares refinados y menos carbohidratos complejos. La transición nutricional es relevante para la mayoría de la región debido a su elevada tasa de urbanización.
La séptima consideración tiene que ver con la doble carga; hay dos dobles cargas. La doble carga de las enfermedades y la doble carga de la mala nutrición, ambas relacionadas y basadas en la heterogeneidad de los factores genéticos y ambientales que determinan la transición epidemiológica; quiere decir que en la población coexisten y se sustituyen problemas agudos como la desnutrición aguda o infecciones agudas por enfermedades crónicas como las cardiovasculares, neoplasias, metabólicas, entre otras. La segunda, es la doble carga de la nutrición de enfermedades de deficiencia o exceso.
La octava consideración aborda el aspecto bioético, pues las intervenciones nutricionales o estudios que se realicen tienen que velar por aspectos éticos, tales como no dañar a las personas, que haya voluntad de participación y justicia para el que lo necesite. Un ejemplo es la distribución de complemento de calorías y micronutrientes. En Latinoamérica tenemos el ejemplo del programa Progresa/Oportunidades en México, que distribuía un complemento de calorías y micronutrientes, Nutrisano (alto en hierro), para los más pobres de la sociedad rural. Por un lado, mejoró el estado del micronutriente en los individuos pero también incrementó la tasa de sobrepeso en los niños que lo recibieron. Aun no se encuentra causalidad entre estos dos aspectos.
La penúltima consideración sostiene que la mejor acción en las intervenciones en Salud Pública, a veces, es la conservación de las buenas prácticas actuales más que promover cambios en la conducta y acciones. Es el caso de las poblaciones que aún no han entrado en la epidemia de la obesidad; la cuestión con ellas es no hacer nada nuevo sino ver lo que están haciendo bien y prevenir que no se generen cambios que pongan en riesgo la sociedad.
Entonces, yo hablo de la no transición nutricional si podemos prevenirlo ya que la transición nutricional trae consigo cambios negativos, de esta manera se mantiene el tradicional bajo riesgo de enfermedades crónicas. Por ejemplo, en Mesoamérica la dieta tradicional se ha basado en frijoles y tortilla; si lo que queremos es mantener la dieta de frijoles y tortilla, no cambiemos la dieta a harina refinada y azúcar, quedémonos con frijoles y tortillas que podrían tener beneficios para la carga glucémica y la nutrición de folatos. En Brasil observamos la misma situación: mandioca y frijoles. Podemos evitar el daño impidiendo el cambio, aplazando la transición a una dieta alta en productos refinados que tendría beneficios similares y solamente mejorando la deficiencia de micronutrientes presentes en el tipo de dieta según el patrón tradicional.
La décima consideración consiste en que la salud nutricional en esta región heterogénea tendría que basarse en una definición de problemas, situación por situación, país por país, clase social por clase social, ciudad contra campo, etc., porque no hay grandes soluciones ni soluciones mágicas que puedan resolver todo en uno solo. Pero si yo tuviera que apostar a una solución mágica, recurriría al concepto de dieta de calidad, o sea una dieta milagrosa que al mismo tiempo que no provoca excesos garantiza la ausencia de deficiencias.
Los elementos de la dieta de calidad (Quality Diet) deben ser ajustados a las preparaciones, tradiciones y disponibilidad de alimentos de cada lugar; además, la fortificación puede ser necesaria para alcanzar las metas. Ahora bien, dieta de calidad según un experto como Ricardo Uauy que fue la persona que para mí introdujo este concepto hace cuatro años (2006) para hacer un anuncio en el primer Congreso Mundial de Nutrición Comunitaria en Barcelona, también considera que los costos de su producción en diferentes ambientes ecológicos son importantes. Esta dieta debe tener habitualmente un tubérculo o cereal que aporte la energía y podría estar enriquecido con algunos micronutrientes; en cada cultura donde hay una dieta de calidad local, se incluye también una leguminosa y esa puede ser frijol, garbanzo, habas o arvejas; la papa se incluye dentro de los tubérculos y después habría que pensar en el aporte de los diferentes micronutrientes por categoría: aportes de caroteno por ejemplo con zanahoria y zapallo (calabaza o auyama); aporte de fólico con hortalizas especialmente de hojas verdes, y una pequeña cantidad de carne.
La sobre- y desnutrición son problemas simultáneos; por tanto es necesario concentrarse en el consumo de una dieta que mantenga el balance adecuado de energía para una composición corporal ideal, mientras se provee la cantidad de micronutrientes adecuada para la edad, con alimentos protectores que crean resistencia a las enfermedades crónicas y con componentes promotores de la reducción de enfermedades nocivas. Esta debería ser la estrategia conjunta en la región, definida localmente como eje estratégico central para vencer los diversos problemas nutricionales.

Fuente:
Noel Solomons (2013). Diez consideraciones para prevenir la malnutrición de Latinoamérica. CANIA. Año 16. Nº 26. P. 28-32

martes, 8 de diciembre de 2015

Impacto de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles (ECNT)

En la actualidad, las ECNT son las principales causas de muerte y discapacidad, lo que representa más de 3.9 millones de muertes anualmente, o el 74% del total de muertes en toda la región de América Latina y el Caribe. Al igual que en otras partes del mundo, la enfermedad cardiovascular, las enfermedades respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes son las ECNT más frecuentes. Para 2030, se ha proyectado un aumento del 42.4% de las ECNT para la región, en caso de continuar las actuales tendencias.
En consecuencia, la inadecuada atención aumenta enormemente los riesgos asociados con las ECNT, que incluyen la discapacidad a largo plazo y menores oportunidades de supervivencia, particularmente en los países y comunidades de bajos ingresos
Cambios demográficos y de estilo de vida
La epidemia de ECNT en las Américas ha sido provocada por un cambio demográfico, económico y social sin precedentes, que ha llevado a los factores de riesgo de las ECNT a alcanzar niveles no observados previamente. Gracias a mejoras significativas en la supervivencia infantil, al embarazo seguro y a los éxitos en la lucha contra las enfermedades infecciosas, los países en toda la región de las Américas están experimentando transiciones demográficas.
La actual transición demográfica en los países de más bajos ingresos de las Américas ha sido impulsada por mejoras en la salud pública, que han cambiado los patrones de las enfermedades y mejorado las tasas de supervivencia, pero en ausencia de cambios significativos en la riqueza. Como resultado, los países de menores ingresos están ahora luchando para enfrentarse a los retos impuestos por las sociedades envejecidas, pero careciendo de los recursos económicos adecuados para responder a las necesidades cambiantes de sus poblaciones.
Los cambios significativos en los estilos de vida son en la actualidad los principales determinantes de los factores de riesgo y de las enfermedades en todas las edades. Tanto la industrialización como la urbanización y la globalización de productos y patrones de consumo, se consideran impulsores primarios del riesgo
Esta nueva vida en la ciudad es dramáticamente diferente. Estilos de vida cada vez más sedentarios, acceso a alimentos industrializados baratos y presiones sociales para fumar y consumir excesivas cantidades de alcohol han causado niveles imprevistos de obesidad, hipertensión, hipercolesterolemia e hiperglucemia—todos ellos factores de riesgo de las ECNT que pueden prevenirse.

Factores de riesgo crecientes
Los principales factores de riesgo de las ECNT—fumar, consumo excesivo de alcohol, inactividad y obesidad—no van a disminuir. La obesidad, antes poco frecuente, continúa aumentando consistentemente en la región. Para 2015, se esperan  tasas de obesidad hasta del 39% del total de adultos— siendo las mujeres y los niños con menores ingresos especialmente vulnerables.
Las diferencias socioeconómicas y de género determinan la exposición a riesgos, el acceso al tratamiento temprano y a la atención, así como la falta de recursos financieros, que colocan a las poblaciones marginadas en una desventaja significativa.
Impacto económico de las ECNT
El coste financiero de las ECNT en las Américas representa una amenaza creciente para la estabilidad económica regional.  En la actualidad, pocos programas nacionales satisfacen adecuadamente las demandas para la prevención y atención de las ECNT; no obstante, el porcentaje de recursos de salud que se gasta tratando de responder a las actuales necesidades ya constituye un reto para la mayoría de los países.
Se espera que el coste total de la epidemia—incluidos la prevención, el diagnóstico, la atención y la pérdida de productividad— aumente significativamente en la próxima década debido a la propagación de las ECNT, ejerciendo una presión sin precedentes sobre los sistemas de salud y las economías.
En América Latina, el gasto en materia de salud ha sido de alrededor del 6.5% del PIB (Producto Interno Bruto), en la pasada década. Sin inversión de nuevos recursos, los sistemas de salud están luchando para proporcionar la atención mínima necesaria para las ECNT de la creciente población.
Existen ejemplos significativos sobre el impacto económico de la diabetes y la hipertensión. América Latina tiene una mortalidad debida a la diabetes más alta que cualquier otra región en el mundo. El costo actual del tratamiento de la diabetes se estima que es el doble del costo actual del tratamiento del VIH—llegando a $10.7 mil millones de dólares solamente en América Latina.
Morbilidad prematura y el mercado laboral
Una investigación realizada por USAID y la Facultad de Salud Pública Bloomberg de la Universidad Johns Hopkins, muestra que el 50% de las personas en las Américas en edades entre los 30 y 60 años, tienen al menos una ECNT.
Las personas que padecen enfermedades crónicas tienen menores ingresos, mayor absentismo laboral, menos horas trabajadas y una mayor inestabilidad laboral debido a sus discapacidades. Las consecuencias económicas de esta inestabilidad, asociada a la trágica muerte prematura de personas de sus familias y de sus comunidades y a la pérdida de fuerza laboral, hacen que las ECNT sean un importante problema para el desarrollo económico. El Foro Económico Mundial señaló que las ECNT son uno de los tres riesgos más probables y graves para la economía mundial, junto con la crisis financiera y la inflación.
Inversión en prevención
A pesar de la amenaza que suponen las ECNT para la estabilidad económica, existen soluciones costo-efectivas para su prevención y tratamiento que pueden ser implementadas. Varios países de medianos ingresos, entre los que destacan México, Brasil y Uruguay, han llevado a cabo investigaciones a nivel nacional para identificar cuáles ECNT están causando mayor presión económica, y cuáles son las intervenciones costo-efectivas que pueden disminuir la carga de la enfermedad y las pérdidas que conlleva.
Las intervenciones asequibles costo-efectivas existen a todos los niveles—desde las intervenciones a nivel poblacional, como reducir el consumo excesivo de sal y limitar el acceso a los productos del tabaco, hasta la atención clínica, la educación en salud y el acceso a medicamentos genéricos para el tratamiento de la hipertensión y la hipercolesterolemia.
Impacto social de las ECNT
Las causas y consecuencias de las ECNT también tienen que ser comprendidas desde una perspectiva social—no solamente desde la perspectiva económica y de salud pública. En una sociedad, existen grandes diferencias en riesgos y resultados entre los grupos socialmente desfavorecidos y los más prósperos. La población que vive en condiciones de pobreza y desventaja social tiene mayor probabilidad de padecer ECNT y de sufrir sus consecuencias económicas y sociales; y más posibilidades de sufrir una discapacidad y de mortalidad prematura.
Alta exposición, poca protección
Los grupos social y económicamente marginados tienen mayor probabilidad de vivir en ambientes en donde las políticas para hacer frente a las ECNT todavía no han sido establecidas, donde hay poca protección contra riesgos ambientales, pocos espacios abiertos para promover el ejercicio hecho con regularidad, poca restricción de las ventas de tabaco y alcohol, así como escasez de alimentos saludables disponibles como fundamento de una dieta nutritiva.
Por estas razones, las poblaciones vulnerables tienen mayor probabilidad de estar expuestos a los factores de riesgo ambientales y modificables asociados con las ECNT, como los cancerígenos ambientales, altas tasas de obesidad, bajos niveles de actividad física, consumo de alimentos con alto contenido de sal, azúcar y grasas trans, así como altas tasas de consumo de tabaco y alcohol.
Las personas vulnerables también tienen menos probabilidad de recibir la educación en salud necesaria y tener acceso al tamizaje, tratamiento y cuidados para prevenir las ECNT. La pobreza crea barreras adicionales para el acceso a la prevención y atención disponibles. Se sabe que en algunos grupos indígenas el coste de los servicios de salud y de las medicinas esenciales, junto con la dificultad para el transporte y las barreras de comunicación aumentan las disparidades de salud y debilitan los resultados del tratamiento.
Cuando los grupos desfavorecidos están en situaciones de mayor riesgo, se produce un círculo vicioso sufren desproporcionadamente una falta de atención crónica y son más vulnerables a eventos médicos catastróficos asociados con estas enfermedades. Tales eventos pueden empujar a las familias a una mayor pobreza. Las desproporcionadas tasas de morbilidad y mortalidad prematuras en padres de familia de bajos ingresos en edad laboral, tienen efectos significativos en el futuro de sus hijos, ya que las enfermedades de los padres o, en definitiva su muerte, pueden tener graves consecuencias en las posibilidades que tienen la niña o el niño para continuar en la escuela y en sus oportunidades de tener una vida próspera y saludable.
Las mujeres y las ECNT
Aunque las actuales tasas de mortalidad global de las ENT son similares en hombres y en mujeres, es posible que el futuro de esta epidemia se presente en forma bastante diferente. Nuevas investigaciones revelan una creciente “feminización” de la epidemia de las ECNT como resultado de una mayor esperanza de vida de las mujeres, de riesgos excepcionales asociados con los cánceres femeninos, mayores tasas de obesidad, actividades específicas de género y una persistente marginación social.
Estos mayores riesgos siguen sin disminuir dado que los sistemas para la prevención, atención y provisión de servicios para las mujeres fuera de sus años reproductivos, siguen siendo virtualmente inexistentes en países de bajos ingresos. A nivel global, las ECNT se han convertido en el asesino silencioso de las mujeres—representando el 65% del total de muertes de mujeres.
Las costumbres sociales y la presión del medio desempeñan un rol importante para expandir el riesgo y fomentar la enfermedad entre las mujeres. La cultura y la tradición que rodea a la actividad física hacen que el deporte sea patrimonio de los hombres y reduce el acceso de las mujeres y las niñas al ejercicio estructurado y practicado con regularidad. Con estilos de vida cada vez más sedentarios, las tasas de obesidad se han vuelto extraordinariamente altas en mujeres.
Las ECNT son cada vez más frecuentes en las mujeres en edad fértil y muchas veces no se detectan, poniendo en riesgo la vida de la madre y del hijo. Estudios recientes muestran que la salud de la madre durante el embarazo tiene una enorme influencia en la determinación del riesgo futuro de ENT para su hijo.
Es necesario recalcar la importancia de educar a las mujeres sobre las ECNT y de proporcionarles los servicios necesarios. Las mujeres con frecuencia son las cuidadoras de padres y familiares de mayor edad que sufren ECNT y además son fuente de buena salud y buenos hábitos para los otros miembros de su familia. Un niño desnutrido durante su niñez tiene mayor probabilidad de sufrir obesidad y diabetes a lo largo de su vida. Con la obesidad infantil, el consumo de tabaco en adolescentes y la creciente inactividad física, es necesario contar con madres informadas que promuevan hábitos de vida saludables que podrían reducir la epidemia de ENT en la próxima generación.
Jóvenes y ECNT
La gente joven es especialmente vulnerable a los mensajes del entorno y a la presión de sus semejantes, que acaban determinando su comportamiento y el consiguiente riesgo de ECNT a lo largo de la vida. En las Américas, la obesidad en la niñez es un problema creciente. Es necesario abordar los vínculos existentes entre la educación, es decir, lo que los niños aprenden, comen y hacen en la escuela, y los crecientes niveles de obesidad y diabetes en la infancia. Son necesarios espacios públicos seguros donde sea posible realizar actividad física y que las escuelas proporcionen alimentos nutritivos y educación en nutrición, especialmente en las comunidades más desfavorecidas.

Fuente:
Organización Panamericana de la Salud (2011).  Enfermedades no transmisibles en las américas: construyamos un futuro más saludable

http://www.fao.org/fileadmin/user_upload/red-icean/docs/OPS_politicas%20y%20estrategias_ENT%20en%20america_2011_REDICEAN.pdf.pdf