jueves, 28 de junio de 2018

La Pira y sus secretos nutricionales


La pira, bledo, amaranto o caracas (Amaranthus spp.) es una planta –hierba- anual de la familia de las Amarantáceas, crece espontáneamente o en forma silvestre durante todo el año, invadiendo densamente zonas urbanas abandonadas y tierras no cultivadas, especialmente en presencia de alto contenido de materia orgánica. Posee muchas hojas blandas y suaves, tallos carnosos de color verde o rojo oscuro. Es fácil de reconocer por sus inflorescencias en forma de espigas más o menos abundantes, las cuales contienen semillas muy pequeñas.  
En Venezuela desde la época de la colonia, los campesinos utilizaban el amaranto o bledo en forma natural y de manera directa para la alimentación de las aves de corral, obteniendo buenos resultados. En el valle de Caracas se empleaba mezclada con la caraota negra para el consumo humano. De esta mezcla deriva el nombre vulgar de pira.
Es por ello que instituciones de investigación la han incluido entre los vegetales de consumo tradicional en las poblaciones indígenas y recomiendan producirla a gran escala para contribuir a resolver el problema del hambre.
Los botánicos han identificado unas 100 especies del género
Amaranthus; en Venezuela se conocen 18. Las diversas especies pueden agruparse en “hortícolas” porque de ellas se comen los tallos y las hojas, las cuales tienen un sabor parecido a la espinaca, y en “graníferas” o “pseudo-cereales” porque tienen espigas de granos más grandes que pueden ser convertidos en harina, esto facilita la preparación industrial.
Las variedades que crecen en Venezuela en forma silvestre son hortícolas, de espigas poco frondosas y granos muy pequeños por lo que no son aptas para industrializarlas, es decir, hacer harinas.
Contenido Nutricional
En las especies  hortícolas/forrajeras que prosperan en el país (A. dubuis, A. hibridus), la planta constituye una importante fuente de proteínas de alta calidad, con excelente balance de aminoácidos esenciales, de carbohidratos, minerales, vitaminas (A y C) y alto contenido de fibra. Esta composición puede varias de acuerdo a la especie variedad y el cultivo.
Las hojas son ricas en ácido fólico, calcio y vitaminas A, B2 y C (de esta última contiene más que la naranja). El tallo es rico en hierro siendo superiores a las de la espinaca.
En cuanto a las especies graníferas, el grano contiene 16% de proteínas de alta calidad y es superior al del trigo, al maíz y al arroz. También es mayor a otros cereales en cuanto al contenido de lisina (aminoácido esencial para la correcta actividad del organismo), teniendo una cantidad similar a la de la leche de vaca. La Lisina está presente en las proteínas animales: pescado, carne, leche y huevos, pero no en la mayoría de los vegetales que consumimos.
El contenido y la calidad de grasas en el grano es buena y tiene mayor cantidad de fibra que el maíz, arroz y otros cereales. Es rico en fósforo, magnesio, potasio, hierro, zinc y cobre.
Usos de la planta
La pira se utiliza para consumo humano como vegetal fresco en ensaladas, sopas, tortillas, puré. Las hojas tiernas reemplazan con ventajas a la espinaca y la acelga.
Se le ha atribuido usos en beneficio de la salud, por ejemplo: antioxidante e infusiones para bajas la fiebre. Igualmente se usa como cosmético para embellecer el cutis, por su alto contenido de vitamina A.
La especie A. dubius (pira o caracas) se localiza desde el nivel del mar hasta una altura de 600 metros sobre el nivel del mar, en casi todo el país; mientras que la especie A. hybridus se ubica entre los 800 y 1.300 msnm, es abundante en Sanare, Edo Lara. Ambas especies pueden ser consumidas por los animales y las personas.
Debe tenerse especial cuidado en no cosechar semillas de plantas de pira espinosas, las cuales corresponden a la especie A. espinosus, ya que la presencia de espinas es un factor negativo, por que provoca heridas al manipularlo y consumirlo.
Algunas recetas  empleando las hojas y los tallos, incluyen cremas, arroz, croquetas, ensaladas, tortillas con papas, guiso.
Aun hoy en algunas regiones de los Andes y del estado Lara las preparan como hacían los indígenas hace siglos: ponen a secar las espigas, luego las desmenuzan y preparan atoles con los granos.
Fuente:
Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias (2000). Caracas, pira o bledo. Guía para el cultivo. Agricultura y cría N° 18. Ediciones Biblioteca Nacional. Impresos FONAIAP. Caracas.
Instituto Autónomo Biblioteca Nacional (2003). Caracas, Pira o Bledo. Recetas de cocina. Agricultura y cría N° 21.  Comisión de ediciones divulgativas. Impresión Servi-K. Caracas.

jueves, 21 de junio de 2018

La dieta mediterránea puede reducir el riego de desarrollar la enfermedad de Alzheimer


En las personas mayores de 60 años, la enfermedad de Alzheimer (EA), tiene una incidencia que supera a todas las demás enfermedades neurológicas juntas.
Alois Alzheimer la describió en 1906 en un congreso de Psiquiatría realizado en Alemania, detallando los aspectos clínicos y los hallazgos anatomopatológicos en la corteza cerebral. La descripción fue tan precisa y completa que, a nivel de la microscopia óptica, no se le agregaron hasta la fecha nuevos elementos.
De acuerdo con estudios poblacionales epidemiológicos, la dieta mediterránea (DiMe), rica en micronutrientes como las vitaminas y los ácidos grasos omega 3, está asociada con un menor riesgo de cáncer, obesidad, dislipidemias, hipertensión, trastornos del metabolismo de la glucosa y enfermedad coronaria.
Trabajos previos hablan señalado que la DiMe reduce el riesgo de EA. Los autores de este trabajo buscaron establecer si la asociación entre la DiMe y el menor riesgo de EA se debe a la protección vascular ejercida por dicha dieta o si se logra a través de un mecanismo independiente.
El estudio incluye dos grupos independientes de un centro médico de Manthattan (USA). Cada participante fue sometido a estudios de función cognoscitiva mediante una puntuación del grado de demencia clínica y una batería neuropsicológica para evaluar los siguientes parámetros:

.-Memoria de corto y largo plazo (verbal y no verbal).
.-Orientación.
.-Razonamiento abstracto (verbal y no verbal).
.-Lenguaje (fluidez, comprensión y repetición).
.-Construcción (copia y creación).
Los criterios para diagnóstico de demencia se basaron sobre el Diagnostic  and Statistical Manual of Mental Disorders, Revised Edition (DSM-III-R).
Se obtuvieron datos sobre la dieta y el consumo de alimentos durante el último año mediante un cuestionario de 61 preguntas.
Las otras variables que se determinaron fueron: edad, sexo, tabaquismo, consumo de alcohol, nivel de educación, enfermedades cardiovasculares, diabetes, perfil lipídico e índice de masa corporal (IMC)
Resultados
Sobre un total  inicial de 4.166 participantes, quedaron 1.984 pacientes. Las variables que dieron diferencias significativas fueron la edad, el sexo, el nivel de educación (expresados en años), el IMC y el antecedente de accidente cerebrovascular. Curiosamente, ni la hipertensión, ni la diabetes constituyeron variables de riesgo de EA.
Cuando se dividieron los grupos en tercios de consumo de DiME (1er tercio: dieta pobre; 2do tercio: dieta moderada; y 3er tercio dieta rica).
Se observó una relación inversa entre los tercios y el riesgo de desarrollar EA. Ajustando las variables relacionadas con patología cardiovascular (hipertensión, diabetes, dislipidemias, antecedentes de ACV), la DiMe siguió siendo la variable importante.
En este trabajo los autores demostraron que la DiMe redujo el riesgo de adquirir EA. Debido a que diversos estudios epidemiológicos señalaron que la DiMe también reduce el riesgo de enfermedad coronaria, en este estudio se trató de investigar si la reducción de la EA se debía a una acción indirecta de la DiMe al disminuir el riesgo de accidente cerebroascular y otros factores cardiovasculares como la hipertensión, o actuaba como factor independiente. Los autores encontraron que la DiMe era un factor independiente sobre la reducción de la EA.
¿Cuál sería, entonces, el mecanismo que determina que la DiMe reduzca la EA?
La hipótesis que se consideró fue que la DiMe rica en componentes antioxidante y antiinflamatorios, como las isoflavonas, las vitaminas “E” y “C”, los carotenoides y los ácidos grasos poliinsaturados omega 3, reduciría el estado inflamatorio de la sangre y del estrés oxidativo, que están aumentados en la corteza cerebral de los pacientes con EA. Éste sería el mecanismo protector por el cual la DiMe actúa en la EA.


Fuente: Scarmeas, N., Stern, Y., Mayeux (2006). Mediterranean diet, Alzheimer disrasr, and vascular mediation. Arch Neurol. 63: Institute for Research on Alzheimer´s disease and the aging brain Columbia University, New York, NY. doi:10.1001/archneur.63.12

jueves, 14 de junio de 2018

El consumo de frutas y verduras y el estado mineral óseo


El deterioro de la masa y de la microarquitectura ósea, que caracteriza la osteoporosis, aumenta considerablemente el riesgo de fracturas y la discapacidad, reduciendo la expectativa de vida.
La dieta inadecuada es uno de los factores de riesgo que pueden ser modificados, ya que se sabe que el debido consumo de calcio y de vitamina “D” contribuye a mantener la salud de los huesos.
Desde la década del 60 se considera que el consumo adecuado de frutas y verduras, junto con una cantidad moderada de leche contribuye a reducir el riesgo de osteoporosis.
El mecanismo mediante el cual actúan las frutas y verduras no está aún dilucidado, aunque se presume que podría ser de carácter multifactorial.
Estos alimentos son ricos en vitaminas y fitoquímicos con poder antioxidante como la vitamina “C” y el ß-caroteno. Estas sustancias combaten el estrés oxidativo, asociado negativamente con la densidad mineral ósea (DMO) en los adultos.
Además, la vitamina “C” tiene una función reguladora esencial en la diferenciación de los osteoblastos y en la formación de colágeno y, por lo tanto, puede incidir favorablemente en la salud del hueso.
Las verduras son también la principal fuente de vitamina “K1”, que actúa como un cofactor de la ß-carboxilación de la proteína ósea osteocalcina.
El principal objetivo de la investigación fue determinar la asociación entre el estado mineral óseo y el consumo de frutas y verduras; y, en segundo lugar, evidenciar si la ingesta de vitamina “C” en los alimentos ejerce alguna influencia sobre el estado mineral óseo.
En la investigación participaron 125 adolescentes se sexo masculino entre 16 y 18 años de edad; y 132 adolescentes de sexo femenino entre 16 y 18 años de edad; 12 mujeres de entre 23 y 37 años con actividad menstrual normal, nulíparas o sin embarazo en los últimos dos años; 70 hombres y 73 mujeres entre 60 y 83 años (para vitamina “D”).
A los sujetos se les determinó la altura, el peso, el contenido mineral óseo y área ósea de todo el cuerpo, de la columna lumbar y de la cadera izquierda. Estas determinaciones se hicieron mediante densitometría por absorción de rayos X de doble fotón.
Todos los participantes debieron completar un informe cotidiano prospectivo de 7 días, con una descripción detallada del tipo de frutas, verduras y otros alimentos consumidos. El tamaño de las porciones fue comparado con el de fotografías de comidas, y toda la información se codificó.
La actividad física cotidiana fue evaluada mediante un cuestionario prediseñado. También se registró toda la información relacionada con el estilo de vida, como tabaquismo, suplementos dietarios, anticonceptivos y tratamiento de reemplazo hormonal.
Resultados
En los adolescentes varones se encontraron asociaciones positivas entre el contenido mineral óseo, el área ósea y la densidad mineral ósea por un lado, y el consumo de frutas, por el otro, o el consumo de frutas y verduras en casi todas las partes del esqueleto.
Para las verduras solamente, se observó una asociación significativa limitada a la densidad  mineral ósea, el contenido mineral óseo y el área ósea de todo el cuerpo.
La densidad mineral ósea de todo el cuerpo esta significativamente asociada con la combinación de frutas y verduras.
En las mujeres jóvenes y en las de edad avanzada, la asociación de frutas y verduras produjo un aumento de la densidad mineral ósea y del contenido mineral óseo, sobre todo en la columna vertebral y no tanto en las otras estructuras óseas evaluadas. En los hombres de edad avanzada no se encontraron asociaciones.
En los adolescentes varones, se hallaron asociaciones significativamente positivas entre el contenido de vitamina “C” de los alimentos y el contenido mineral óseo y la densidad mineral ósea en todos los sitios del esqueleto. En las mujeres jóvenes y en las mujeres de edad avanzada, no se halló esta asociación.
Conclusiones
Los resultados del estudio muestra que un mayor consumo de frutas y verduras produjo efectos positivos sobre el estado mineral óseo, particularmente en los adolescentes varones y en las mujeres jóvenes y de edad avanzada.
Se desconocen los mecanismos precisos de estas acciones, pero es probable que la vitamina “C” y otros antioxidantes de las frutas y verduras (ß-caroteno, vitamina “E”, e isoflavonas), ejerzan un efecto favorable.
Se recomienda que los adolescentes consuman más frutas y verduras dado que son estos grupos los que más se benefician con estos alimentos para mantener y mejorar la masa ósea.
Esta recomendación adquiere especial relevancia considerando que, habitualmente, estos grupos etarios tienen un bajo consumo de frutas y verduras.



Fuente: Prynne, CP; Mishra, GD; O’ Conennell; (2006). Human nutrition Research, Cambrige. UK. Am J Nutr. 2006: 83:1420-14228.


jueves, 7 de junio de 2018

Los riesgos de comer y beber


La intoxicación alimentaria puede tumbar incluso a la persona más fuerte o al viajero más intrépido y puede atacar en cualquier parte, no solo en países en desarrollo o zonas marginales de la ciudad, sino también en países en Europa o en Estados Unidos.
El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta (Georgia-USA), reporta que la comida contaminada causa aproximadamente 76 millones de enfermedades y 5.000 muertes al año sólo en Estados Unidos.
Si usted se enferma y sospecha que la razón es algo que comió o bebió probablemente será suficiente que repose y tome líquidos.  Pero si el vómito o diarrea persisten durante 12 horas, acuda donde un profesional, porque la deshidratación puede ser un factor adicional debilitante. Para eso, se sugiere pequeños tragos de agua embotellada o hervida cada 10 minutos.
Quienes no estén dispuestos a esperar que pase la enfermedad o no quieren llamar al doctor, pueden recurrir a una variedad de remedios y preventivos. Pero recuerde “Hiérvalo, cocínelo, pélelo u olvídelo”.
Por lo demás la recomendación es tener cuidados con alimentos que no han sido refrigerados, así como con la carne mal cocinada y mariscos crudos.
Para evitar medicamentos, los chef de prestigiosos restaurantes,  aseguran tener éxito con la prevención natural: una de ellas son las especias.
Ya en un estudio de 1988 realizado por biólogos evolutivos de la Universidad de Cornell, demostró que los mismos compuestos que protegen las plantas de especias de sus enemigos naturales, cuando se usan para cocinar, también matan bacterias y hongos que se encuentran en los alimentos.
El agua es otro asunto. El agua debe ser embotellada o filtrada-hervida, para asegurar su consumo. Por ejemplo si a un refresco tibio “distraídamente” le añade hielo es probablemente que pase toda la noche con diarrea y pague el precio por el hielo.
Por otra parte el INN, nos plantea que el término “inocuidad” de los alimentos se define como la garantía de que un alimento no causará daño al consumidor, y a su vez asegura la producción, procesamiento y consumo de alimentos sanos, nutritivos y libres de peligro para la población de acuerdo al uso que se destinen. La inocuidad de los alimentos involucra, la manipulación higiénica de los mismos, desde la producción, distribución y almacenamiento, hasta la preparación y consumo.
Otro concepto que debemos tener presente es el de higiene, que se refiere al conjunto de procedimientos que debemos seguir de manera rutinaria para prevenir enfermedades. Por ello la manipulación higiénica de los alimentos, se define como la forma práctica de mantener las comidas que preparamos saludables, seguras y libres de enfermedades, por lo tanto es un pilar fundamental para mantener la inocuidad.
Para prevenir los riesgos de contaminación de los alimentos en el punto o eslabón de la cadena agroalimentaria donde se originan, es necesario implementar sistemas de aseguramiento de la inocuidad y de la calidad basados en los principios definidos en las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA), las Buenas Prácticas de Manufacturación (BPM), Los Procedimientos Operativos Estandarizados de Saneamiento (POE) y los Sistemas de Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control (APPCC).
En el caso de la economía informal, donde se procesan, elaboran o expenden alimentos, deben regirse por las políticas establecidas por el Poder Ejecutivo Municipal, y en total sintonía con todas aquellas actividades que permitan una convivencia digna y saludable. La Resolución Nº G-375 de fecha 05-03-90 publicada en Gaceta Oficial Nº 34.423 del Ministerio de Sanidad y Asistencia Social, la cual dispone de las normas a cumplir en materia de higiene de los alimentos.
En todo caso una buena higiene sólo se logra si las personas aprenden a tener hábitos que contribuyan a su salud y bienestar.
Los hábitos de higiene solo se logran si las personas aprenden a tener hábitos que contribuyan a la salud y el bienestar. Los hábitos son aquellos comportamientos que se hacen a diario y de manera permanente. La Escuela se constituye en un espacio fundamental para lograr inculcarlos.      
Fuente:
El Nacional, 06/agosto/2015. Tomado del New York Times.
INN (2006). Manipulación higiénica de los alimentos. Colección Nutriendo Conciencias en las escuelas para el Buen Vivir. Italgráfica. Caracas.      


jueves, 31 de mayo de 2018

La escuela, al rescate de nuestras tradiciones alimentarias e identidad


Se ha repetido numerosas veces que el acto alimentario no se reduce al mero plano biológico, sino que conlleva decisiones psicológicas y culturales.

No sólo satisfacemos el hambre, también, en condiciones normales, ingerimos los alimentos que nos complacen individualmente, buena parte de los cuales forman parte de aquellos que constituyen la cocina a que estamos habituados por tradición. Así puede hablarse de “mi gusto” para referirnos a los primeros y de “nuestro gusto” para indicar los segundos.
Esa dicotomía que presenta la realización del acto alimentario es producto de un complicado proceso que, según los especialistas, se inicia en el útero materno y tiene que ver con la precoz capacidad del ser humano para la percepción sensorial y la distinción mental, y continúa sin cesar hasta la muerte.
Sin embargo, es en el período de la infancia cuando las impresiones se fijan con mayor fuerza hasta el punto que en el adulto se encuentra ya con un patrón gustativo que determina si no definitiva, sí considerablemente su dieta.
Este desarrollo que conduce a la fijación de nuestro modo de comer tiene como factor limitante las particularidades biológicas de cada uno, pero se inscribe dentro del fenómeno más amplio y más influyente de la socialización.
De forma que nuestra personalidad gastronómica, si se puede decir así, no responde necesariamente a las leyes de la nutrición sino preferentemente a conductas adquiridas durante el complejo proceso de endoculturación culinaria.
Si se nos pidieran los rasgos de nuestra identidad cultural, en muchos casos, recurriríamos a la distinción alimentaria, es decir, a lo que comemos por contraposición con lo que otros comen, pues lo que constituye nuestra práctica alimentaria colectiva es una de las características más resaltantes del grupo al que pertenecemos.
Los mexicanos y nosotros, compartimos uno de los alimentos básicos, “el maíz”, pero ellos lo consumen generalmente en forma de tortillas y nosotros en forma de arepa.
Si en algún guiso interviene como ingrediente la salsa de soya, tendemos de inmediato a relacionarlo con la cultura china; si una ensalada tiene orégano, aceite de oliva y aceitunas juzgaremos que se trata de un plato de la cocina mediterránea.
En el caso de Venezuela, nos encontramos con una realidad gastronómica compuesta por al menos dos grupos: uno, que acostumbrado desde la infancia a consumir nuestras preparaciones típicas (arepas, hallacas, bienmesabe, etc.), no tiene dificultad en cuanto a su identidad cultural alimentaria, y otro, que por no haber recibido en su infancia el conocimiento de esos platos típicos, habiendo llegado a adulto, muestra serias dificultades respecto a esa identidad.
Lamentablemente, el número de estos últimos va en crecimiento  y el fenómeno de la llamada globalización –y la actual situación país- contribuye a diluir los pocos rasgos que pudieran contribuir a reforzar el patrón alimentario venezolano.
Influencias foráneas introducidas dentro de una intensa penetración económica auspiciada por el modelaje que se orienta a la imitación de patrones culturales extranjeros, la situación económica, la disponibilidad de alimentos y la importación de otros, pueden conducir, en el plano de que tratamos, a una pérdida de la identidad.
Si apreciamos en su justo valor nuestra cultura culinaria, debemos sentirnos, sin duda, impulsados a actuar en pro de su salvaguarda.
No basta para lograr la meta señalada el discurso teórico, es necesario plantearse un plan de acción –sobre todo desde la Escuela- que permita salvaguardar ese patrimonio cultural, a cuyo efecto presentaremos algunas ideas que pudieran resultar viables:
1. En primer término, consideramos necesario sensibilizar a los integrantes de nuestra sociedad en relación con la importancia que tienen nuestras tradiciones alimentarias. Ellas constituyen parte del Patrimonio Nacional Cultural, pese a que ninguna de las disposiciones legales relativas al asunto se establezca tal calificación.
Las edificaciones antiguas, las obras pictóricas y escultóricas producidas por nuestros compatriotas, los repositorios documentales, son sin duda parte del patrimonio a que nos referimos, pero también lo son, y con similar importancia, las antiguas recetas de cocina venezolana.
De allí que uno de los primeros pasos que ha de darse es el de definir nuestro patrimonio alimentario típico, recopilando recetas, nomenclatura, prácticas, hasta formar un inventario que cubra todas las regiones del país.
Un buen punto de partida para este quehacer sería la Geografía gastronómica venezolana de Ramón David León. Si bien se trata de un repertorio incompleto, puede utilizarse para comenzar el inventario por regiones que proponemos.
2. Siendo la infancia la etapa vital en la cual se configura con nitidez el patrón cultural, es necesario que en las escuelas de Educación Básica se incluya una instrucción elemental destinada a familiarizar a los educandos con nuestras  preparaciones típicas, para lo cual podría elaborarse una guía de lecturas estimulantes y llevarse a cabo sesiones básicas de degustación de esas preparaciones.
Esta transmisión de conocimientos alimentarios hecha desde una temprana edad, contribuiría a la formación de la memoria gustativa y fortalecería la identidad cultural de los venezolanos.
 3. Dado que en las últimas décadas se han venido manifestando numerosas vocaciones por el oficio de cocina, convendría recomendar, tanto a las instituciones públicas como a las privadas que cubren esa área educativa, incluir en sus programas de cursos de cocina venezolana, pues quienes adquieran conocimientos culinarios de manera profesional podrían constituirse, en el ejercicio de su carrera, en factores de divulgación de nuestros platos típicos.
Creemos que es imprescindible infundir a nuestros hábitos alimentarios una buena dosis de venezolanismo, sobre todo en nuestra época de crisis de valores colectivos. El problema no es nuevo, ya a mediados del siglo XX, se alzó la voz de denuncia de uno de nuestros ilustres historiadores: Mario Briceño Iragorry, quien en su hermosa obra: Alegría de la tierra, lanzaba campanadas de alerta sobre la minusvalía progresiva que comenzaban a sufrir nuestras tradiciones alimentarias. Hoy, a casi medio siglo de distancia todavía persiste ese patrimonio cultural: ¿habrá voluntad colectiva para salvaguardarlo?
Pensemos que sí, y en pro de esta causa cuyo éxito apuntalará nuestra identidad cultural, hemos hecho las propuestas anteriores.

Fuente:
José Rafael Lovera (1989). Gastronáuticas. Ensayos sobre temas gastronómicos. Fundación Bigott. Caracas.

jueves, 24 de mayo de 2018

Estilos de vida saludable como alternativa


Ya desde 1946 la Organización Mundial de la Salud (OMS), había definido la salud como un estado de bienestar físico, social y mental. En la I Conferencia Internacional sobre la Promoción de la Salud, realizada en Ottawa el 21 de noviembre de 1986, se emitió la Carta de Ottawa, donde se establece que la promoción de la salud consiste en proporcionar a los pueblos los medios necesarios para mejorar su salud y ejercer un mayor control sobre la misma.
En ese sentido, para alcanzar un estado adecuado de bienestar físico, mental y social, un individuo o grupo debe ser capaz de identificar y realizar sus aspiraciones, de satisfacer sus necesidades y de  cambiar o adaptarse al medio ambiente. La salud se percibe, pues, no como el objetivo, sino como la fuente de riqueza de la vida cotidiana. Se trata, por lo tanto, de un concepto positivo, que acentúa los recursos sociales y personales, así como las aptitudes físicas.
La promoción de la salud constituye un proceso político y social global, que abarca las acciones dirigidas directamente a fortalecer las habilidades y capacidades de los individuos, y las orientadas a modificar las condiciones sociales y ambientales, con el fin de mitigar su impacto en la salud pública e individual.
La Organización de las Naciones Unidas (ONU), en el 2000, promulgó la declaración del milenio, documento que involucra una política sin precedentes, cuyo objetivo general implica el reconocimiento de que “además de las responsabilidades que todos tenemos respecto de nuestras sociedades, nos incumbe la responsabilidad colectiva de respetar y defender los principios de la dignidad humana, la igualdad y la equidad en el plano mundial.
En nuestra calidad de dirigentes, tenemos, pues, un deber que  cumplir respecto de todos los habitantes del planeta, en especial los más vulnerables y, en particular, los niños del mundo, a los que pertenece el futuro”. Para ello evaluaron los valores fundamentales del ser humano y declararon ocho objetivos mundiales, llamados las metas del milenio, que abarcan desde la reducción a la mitad la pobreza extrema, hasta la detención de la propagación del VIH/SIDA y la consecución de la enseñanza primaria universal para el año 2015, que constituyen un plan convenido por  todas las naciones del mundo y todas las instituciones de desarrollo más importantes a nivel mundial.
Las metas del milenio, en una concepción sistémica, deben promover acciones que contribuyan a la seguridad alimentaria y al desarrollo de una vida saludable, entendiendo que: “Existe seguridad alimentaria cuando todas las personas tienen en todo momento acceso físico y económico a suficientes alimentos, inocuos y nutritivos, para satisfacer sus necesidades alimentarias y sus preferencias en cuanto a los alimentos, a fin de llevar una vida activa y sana”.
En relación con esta definición, aparece una nueva concepción de alimentos que vinculan la nutrición con la salud y con el tema de estilos de vida saludable, pues alimentarse bien y hacer ejercicio, según la FAO, son pasos importantes para mantener una buena salud.
El principal objetivo del Programa Especial para la Seguridad Alimentaria (PESA), de la FAO, es ayudar a los que viven en los países en desarrollo, especialmente en los de bajos ingresos, con déficit de alimentos (PBIDA: Países de Bajos Ingresos y con déficit de Alimentos), a mejorar su seguridad alimentaria mediante un incremento acelerado de la productividad y la producción de alimentos, reduciendo la variabilidad anual de la producción alimentaria en forma económica y ecológicamente sostenible, y mejorando el acceso de la población a los alimentos, de conformidad con el Plan de Acción de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, de 1996.
El examen de los objetivos y metas de desarrollo del milenio, relacionados con la salud, debe realizarse en el marco del derecho a la salud, teniendo en cuenta sus aspectos éticos, sociales, técnicos y políticos.
La buena salud es un factor decisivo para el bienestar de las personas, las familias y las comunidades y, a la vez, un requisito del desarrollo humano con equidad. Más aún, las personas tienen derecho a un cuidado equitativo, eficiente y atento de su salud, y la sociedad en su conjunto debe garantizar que nadie quede excluido del acceso a los servicios de salud, y que estos proporcionen una atención de calidad para todos los usuarios.
La identificación de los rezagos y las brechas sociales, en materia de condiciones y atención de la salud, y las medidas para superarlos, deben considerarse estratégicamente como un componente esencial de la acción pública integral destinada a romper el círculo vicioso de la pobreza y, en definitiva, alcanzar el desarrollo humano sostenible.
En la sociedad occidental actual, el término salud, definido como el estado en el que hay ausencia de enfermedad, ha sido cambiado por calidad de vida. Los objetivos de los sistemas de salud de tales sociedades no se deben limitar a que las personas no padezcan enfermedades.
De tal forma, la salud no es una cuestión individuada, y los índices de salud no se constituyen en la sumatoria de los efectos que se dan en los diferentes individuos.
En los países desarrollados existe la paradoja de que la mayoría de las enfermedades son producidas por los estilos de vida de su población, y, sin embargo, los recursos sanitarios se desvían hacia el propio sistema sanitario para intentar curar estas enfermedades, en lugar de destinar más recursos económicos en la promoción de la salud y prevención de las enfermedades.
Estos estilos de vida poco saludables son los que causan la mayoría de las enfermedades (afecciones crónicas, cáncer, enfermedades infecciosas, drogodependencias, trastornos de la conducta alimentaria, entre otras).
En epidemiología, el estilo de vida, el hábito de vida, la forma de vida, son un conjunto de comportamientos o actitudes que desarrollan las personas, que unas veces son saludables y otras son nocivas para la salud. El estilo de vida tiene un impacto directo en la calidad total de las vidas. La selección de un estilo de vida también afecta a otras personas y al entorno. Entonces, se considera que habrá salud en tanto que el cuerpo esté sano y tenga un efecto positivo en otros y en el ambiente en que habita.
Desde una perspectiva integral, es necesario considerar los estilos de vida como parte de una dimensión colectiva y social, que comprende tres aspectos interrelacionados: el material, el social y el ideológico.
En lo material, el estilo de vida se caracteriza por manifestaciones de la cultura material: vivienda, alimentación, vestido. En lo social, según las formas y estructuras organizativas: tipo de familia, grupos de parentesco, redes sociales de apoyo y sistemas de soporte, como las instituciones y asociaciones. En el plano ideológico, los estilos de vida se expresan a través de las ideas, valores y creencias, que determinan las respuestas o comportamientos a los distintos sucesos de la vida.
En este contexto, los estilos de vida se definen como los procesos sociales, las tradiciones, los hábitos, conductas y comportamientos de los individuos y grupos de población, que llevan a la satisfacción de las necesidades humanas para alcanzar el bienestar y la vida.
Los estilos de vida se determinan de la presencia de factores de riesgo y/o de factores protectores para el bienestar, por lo cual deben ser vistos como un proceso dinámico, que no solo se compone de acciones o comportamientos individuales, sino también de acciones de naturaleza social. Los estilos de vida saludables son formas de vida que comprenden aspectos materiales, la forma de organización y los comportamientos. Podemos mencionar como estilos de vida saludables el estar en un ambiente saludable, tener relaciones armoniosas, adecuada autoestima, buena comunicación,  conductas saludables, etc.
La clave para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades, en el siglo XXI, es crear un entorno que favorezca los comportamientos positivos y un estilo de vida saludable. Para la mayoría de las enfermedades, se pueden identificar factores de riesgo durante la edad infanto-juvenil, aunque todavía existen muchas lagunas en comprender la relación entre la evolución durante la adolescencia y el desarrollo de enfermedades no transmisibles.
La infancia y la adolescencia constituyen etapas de vida cruciales, que implican múltiples cambios fisiológicos y psicológicos los cuales afectan las necesidades nutricionales y los hábitos alimentarios.


Fuente: Cáez, G.,  y  Casas N.,  (2007). Formar en un estilo de vida saludable: otro reto para la ingeniería y la industria. educ.educ., 2007, Volumen 10, Número 2, pp. 103-117