jueves, 9 de julio de 2015

¿Existe relación entre el sobrepeso, las emociones, el patrón de ingesta y las preferencias gustativas?

Las emociones tienen un poderoso efecto sobre la ingesta. Especialmente en personas con sobrepeso y obesidad, la ingesta puede iniciarse incluso en ausencia de hambre. Es decir, las emociones pueden actuar como disparadores de ingesta hedónica o emocional, lo que contribuye a un balance positivo de energía, ganancia de peso y obesidad. Las personas con obesidad  tienden a consumir mayor volumen de alimentos que las personas de peso normal cuando experimentan emociones negativas. Y esto se debe a que esta conducta se convierte en un estilo de afrontamiento para esa persona.
Estas son las principales conclusiones a las que arribó un estudio dirigido por la Dra. Mónica Katz y la Dra. Vanesa Anger, ambas médicas especialistas en Nutrición, que se realizó en pacientes adultos (N=481) que consultaron por primera vez en un centro privado de nutrición. Los objetivos del estudio fueron estudiar la relación entre las emociones, las preferencias gustativas dulce y salada y los estilos de ingesta (picoteo, porciones grandes, atracones, comida nocturna, salteo de comidas) con el aumento de peso.
Las investigadoras hallaron un aumento de peso en los pacientes que presentaban un mayor porcentaje de patrón de ingesta no saludables (picoteo, atracones, desorganización, porciones excesivas y salteo de comidas) y en aquellos con mayor frecuencia de “hambre emocional”.
Los hombres presentaron más hiperfagia (porciones excesivas) particularmente de noche y las mujeres más atracones.
En relación con la preferencia gustativa, aunque siempre las diferencias individuales superan a las de género, los hombres prefieren lo salado y las mujeres lo dulce.
Se observó una asociación de hambre emocional (ingesta asociada a emociones) con aumento de peso.  Según los resultados del estudio, las mujeres suelen tener más “hambre emocional” que los hombres. Y, particularmente, lo dispara la ansiedad, la tristeza, el cansancio y el enojo.
¿Cuál es la relevancia de este trabajo? La Dra. Katz lo explica así: “Los comedores emocionales carecen de la habilidad de distinguir entre el registro propioceptivo de hambre y los estados emocionales que los conducen a comer de más. Por eso es que, frente a las emociones, en particular a aquellas del polo negativo, utilizan la comida. Pero utilizar alimentos para afrontar emociones puede convertirse en un hábito poco saludable y llevar, en última instancia, a un incremento de peso”.
Para Katz, “en una sociedad con pleno acceso a alimentos altos en densidad calórica y niveles inéditos de estrés, el acceso continuo a estas "comidas de confort" es un intento de disminuir el estrés, pero con un alto costo a pagar. Por lo tanto, esto sería una de las variables que contribuiría al desarrollo de la epidemia de obesidad”.
Las investigadoras señalan que el problema es que mientras la epidemia continúa desarrollándose, gran parte de las investigaciones o de las estrategias de prevención y tratamiento de la obesidad se focalizan en las consecuencias metabólicas o en las enfermedades  ya instaladas, pero no en las causas de la obesidad y cómo evitarla. Por eso, opinan que es necesario que haya más investigación en el área del comportamiento alimentario para definir los diferentes tipos de pacientes a los que los profesionales dedican su tiempo. Esto permitiría diseñar tratamientos más personalizados, estrategias específicas para el manejo de las emociones  y su inclusión en todos los programas de tratamiento de la obesidad.
Conclusiones:
-Las emociones pueden actuar como disparadores de ingesta hedónica o emocional, lo que contribuye a un balance positivo de energía, ganancia de peso y obesidad.
-Las personas con obesidad  tienden a consumir mayor volumen de alimentos que las personas de peso normal cuando experimentan emociones negativas.
-Las investigadoras hallaron un aumento de peso en los pacientes que presentaban un mayor porcentaje de patrón de ingesta no saludables (picoteo, atracones, desorganización, porciones excesivas y salteo de comidas) y en aquellos con mayor frecuencia de “hambre emocional”.
-Los hombres presentaron más hiperfagia (porciones excesivas) particularmente de noche y las mujeres más atracones.
-Respecto de las preferencias gustativas, los hombres eligen “lo salado” y las mujeres “lo dulce”.
-Las mujeres suelen tener más “hambre emocional” que los hombres. Las emociones que más lo disparan son la ansiedad, la tristeza, el cansancio y el enojo.

Fuente: 
Lic. Valeria Sol Groisman. Nutrinfo.com. boletín junio 2015


martes, 7 de julio de 2015

¿Cómo educar la alimentación en la escuela?

La acción coordinada e intersectorial entre las áreas de salud y educación es uno de los más importantes desafíos en el mundo actual. Lo es tanto para las escuelas como para las comunidades en las cuales éstas se hallan insertas debido al crecimiento de trastornos y dificultades de aprendizaje relacionados con la malnutrición por carencia o exceso que aquejan a gran parte de la población infantil. Por esta razón, es fundamental enseñar a los alumnos desde edades tempranas la importancia que tiene la alimentación en el mantenimiento de la salud, así como en el desarrollo emocional y psicosocial. El profesorado desempeña, en este sentido, un papel fundamental.
Para  Martí y Muñoz  los hábitos alimentarios adquiridos en este periodo son decisivos en el comportamiento alimentario en la edad adulta, y éste, a su vez, puede incidir en los comportamientos de las siguientes generaciones”. La educación debe considerarse, por tanto, como una herramienta indispensable en la prevención de los trastornos alimentarios. Pero, no es solamente en la escuela donde se educa nutricionalmente al alumnado, ya que en esta labor son decisivos la familia, el entorno y los medios de comunicación social (televisión, cine, etc.). Así es necesario coordinar los mensajes para evitar posibles contradicciones, o al menos analizar dichos mensajes para enseñar a los alumnos estrategias que les permitan en el futuro tomar sus propias decisiones.
La escuela es el medio idóneo para poder llevar a cabo un programa de educación alimentaria y nutricional. Por una parte porque es el medio que acoge la totalidad de la población durante la etapa de la enseñanza obligatoria. En la escuela se puede ayudar a adquirir unos conocimientos, unos hábitos y unas actitudes favorables de una manera gradual y sistemática. Por otra parte, porque la escuela acoge a los niños y a los adolescentes en una etapa muy importante de su vida en la que están formando su personalidad y todavía están a tiempo para cambiar e incorporar nuevos hábitos de salud. Al mismo tiempo el equipo docente además de impartir los conocimientos adecuados para cada etapa también puede contribuir en la modificación de las conductas y ser pieza clave en la educación nutricional del niño.
Aplicación didáctica y/o educativa
Las acciones de educación en alimentación y nutrición a ser desarrolladas en la escuela son muy importantes: contribuyen a la formación de hábitos, constituyendo un patrimonio de cultura alimentaria de partida. Además, debe constituir un elemento de continuidad de las acciones ejercidas desde las familias y la propia comunidad.
Una educación eficaz en una alimentación equilibrada puede motivar a los alumnos y permitirles adoptar pautas saludables de alimentación y de vida. Las escuelas tienen particular importancia en campo ya que:
.- Poder elegir una dieta sana y un estilo de vida saludable es una de las aptitudes más importantes en la vida, y un considerable elemento de la madurez.
.- Están en contacto con los niños y niñas durante su infancia.
.- Pueden ejecutar programas de intervención para mejorar la nutrición de los niños. Una buena nutrición fortalece la capacidad de aprendizaje de los niños.
La educación por una alimentación equilibrada en las escuelas es más eficaz si cuenta con un medio de apoyo y se asocia a actividades prácticas relacionadas con los alimentos y la nutrición. El almuerzo, la creación y atención de huertos escolares y los programas de salud en las escuelas ofrecen oportunidades especiales de aprendizaje práctico en materia de nutrición. La participación de los estudiantes en actividades de horticultura, planificación de la alimentación, selección de alimentos y cocina ofrece a los estudiantes experiencias directas para aprender sobre alimentos y pautas de nutrición saludables, así como adquirir prácticas de higiene.
Según  Hernández Rodríguez  la educación en nutrición en las escuelas produce más repercusiones y puede mantenerse durante más tiempo si forma parte de un programa en el que participe toda la escuela y está vinculado a actividades en las que participen los padres de familia y la comunidad. La organización de servicios eficaces de sanidad escolar o un programa de alimentación bien organizado, así como la elaboración de una política escolar de nutrición, son actividades que contribuyen a crear un ambiente propicio a la buena nutrición. Crear en las escuelas este estímulo a una nutrición saludable y complementar la educación en nutrición impartida en las aulas con otras intervenciones pertinentes fortalece la información transmitida y potencia el efecto de las distintas actividades.
Aspectos que puede trabajar el maestro en su aula
Para ayudar a sus alumnos a reforzar hábitos adecuados y eliminar los inadecuados y evitar de este modo, las consecuencias que conlleva una mala alimentación se destacan los siguientes:
● La valoración del hecho alimentario como un componente esencial de la calidad de vida.
● Insistiendo sobre el concepto de dieta equilibrada, hay que conseguir el cambio del concepto que se tiene sobre “una buena comida”.
● La educación del consumidor sobre nutrición/alimentación, puede reforzar hábitos adecuados debido a la numerosa información que incorpora el etiquetado de los productos.
● La desmitificación de “lo natural” como garantía de seguridad alimentaria.
● La oposición a aceptar una estética que vaya contra la buena salud, eliminando como cánones de belleza y modernidad la delgadez extrema y patológica.
● El conocimiento sobre la relación que existe entre exceso o defecto de consumo de nutrientes y sus patologías resultantes.
● La valoración de la importancia de la seguridad alimentaria, así como la lucha contra el fraude para conseguir una alimentación sana.
● El análisis crítico de los medios de comunicación y de la publicidad para contrarrestar su influencia en la compra de los alimentos.
Actividades que el maestro puede desarrollar en el aula 
• Identificación de los diferentes tipos de establecimientos donde se venden alimentos.
• Evaluación en los anuncios la información del contenido publicitario.
Leer e interpretar la información de las etiquetas en función de la normativa establecida.
Planificación de una compra atendiendo a criterios nutricionales y presupuestarios.
Rechazar aquellos productos que no se ajusten a la normativa como medida de seguridad.
•Recibir una visita en el aula de un especialista en Nutrición y Dietética para dar una charla sobre la alimentación equilibrada.
• Potenciar el ejercicio físico en sus alumnos, animándoles a practicar ejercicio; hay que evitar el sedentarismo, que se potencia viendo en exceso la televisión o jugando en la computadora.
• Concienciar a las familias de que el problema de los trastornos alimenticios es un tema muy serio, ya que, si bien antes se decía que un niño gordo era un niño sano, ahora se sabe que existen problemas inmediatos y futuros asociados.
• Realizar un taller de educación alimentaria y nutricional para niños y jóvenes que, conducido por un profesional de Nutrición y Dietética, y acompañado del educador, expliquen a los niños qué son los alimentos, de qué nutrientes están compuestos, dónde se encuentran los alimentos, cómo se cocinan e incluso hacerles partícipes de la propia experiencia de cocinarlos.
• Si el centro educativo tiene comedor escolar explicarles en qué consiste el menú que tienen en la mesa, cómo comerlo y corregir los defectos alimentarios que tienen los niños.
• Informar a las familias deben estar informadas de los menús escolares, para que luego el resto de las tomas del día sean equilibradas.

Conclusión
Así pues, se debe entender que educar la alimentación en el marco de la escuela y desayunar y/o comer en ésta significa no sólo comer de manera saludable sino también conversar, compartir y repartir, disfrutar y expresarse, ser ayudado y resolver autónomamente, intercambiar y establecer acuerdos… Sumado a ello, la selección cuidadosa de los alimentos hacen de la comida un momento cotidiano plácido, que organizado y planificado cuidadosamente favorece el crecimiento y el aprendizaje de los niños y niñas.
Por lo tanto, las prioridades que debe tener la escuela para conseguir que los alumnos y alumnas de su centro tengan una dieta equilibrada, debe ser la de estimularles para que consuman platos autóctonos –tradicionales-; elaborar comidas pensadas para niños pequeños, apetitosas y variadas, respetando las peculiaridades de todos los alumnos; cuidar las exigencias de menús especiales por problemas de salud, como alergias, etc.
Por otra parte, educar a los padres para que proporcionen a sus hijos una alimentación equilibrada, ya que constituyen el principal eslabón en los buenos hábitos de los niños, que naturalmente imitan las conductas de sus padres, a quienes los consideran como el ejemplo a imitar, puesto que los hábitos alimentarios son incorporados en cada persona en su niñez y perduran en la edad adulta.

Fuente:

Mª del Carmen Calle Moreno. Educar la alimentación en la escuela. Revista digital ENFOQUES EDUCATIVOS Nº 13 1/05/2008. P.10-20 www.enfoqueseducativos.es

jueves, 2 de julio de 2015

Hacia una pedagogía de la educación alimentaria y nutricional

Es bastante amplio el campo de los referentes pedagógicos que han direccionado el quehacer educativo en el área de la salud y nutrición humana en el tiempo. Pessoa, presenta un recorrido histórico en el que prima el tipo de abordaje según la causalidad de los problemas de salud; primero fueron modelos unicausales y luego modelos de multicausalidad con un enfoque funcionalista.

El modelo clásico, en boga en la década de los años 70 fue enarbolado por teóricos de la salud como Behar Icaza, Jellife y Ramazzini. El difusionista innovador, fue, según Fonseca, producto de adaptaciones de los programas de extensión rural en Norteamérica hacia países en vías de desarrollo en la década siguiente, y una taxonomía algo posterior de la educación para la salud incluyó la denominada pedagogía tradicional, de la escuela nueva y tecnicista.
Con el paso del tiempo el abanico de abordajes de la salud y la nutrición desde lo educativo se ha ido ampliando aunque en muchos casos, las nuevas clasificaciones incluyen a las anteriores a partir de enfoques y paradigmas diversos; el hecho de agrupar las teorías pedagógicas en críticas y no críticas es un buen ejemplo, siendo la educación popular la más representativa entre las primeras, y la positivista entre las segundas.
El modelo de creencias en salud sigue siendo vigente a pesar de haber sido concebido en un momento histórico muy distinto al actual; ha servido de base para otros más complejos y explicativos, así como para teorías como la cognitivo conductual, social cognitiva de acción razonada y comportamiento planeado, y otras más recientes como el modelo transteórico de etapas de cambio y el de control en salud, modelo de acción razonada de Fizbein y Ajzein, e incluso el modelo ecológico de Bronfenbrenner. Este modelo, en el abordaje de la comunidad, coincide en gran parte con las teorías de Freire, en razón de que la praxis debe estar antecedida por la reflexión, es decir, el pensar crítico (Cabrera y Lucumí).
El último tipo de abordaje, el de los enfoques pedagógicos en educación nutricional, propuesto por López; quien recoge tres enfoques relacionados con las mismas teorías de los distintos aprendizajes, que fundamentan la educación formal en la perspectiva del desarrollo integral del sujeto, ellos son el cognitivo, el conductista y el psicosocial.
Para la investigación (Altaze, 2006), se eligieron fuentes de información secundaria, 45 artículos sobre intervenciones, programas o proyectos educativos en salud y alimentación, de revistas científicas, tanto impresas como electrónicas, pertenecientes a organismos de la salud y educación, desde una pluralidad de perspectivas: clínico-asistencial, comunitaria, educativa, en los campos de medicina, nutrición y dietética, enfermería, y farmacia. Dentro de las experiencias revisadas se encontraron estudios tanto de enfoque cualitativo como cuantitativo así como una amplia variedad de metodologías o estrategias educativas y tipos de estudio, prevaleciendo los cuasi-experimentales doble ciegos y los descriptivos. Se incluyeron estudios publicados sobre intervenciones educativas de países como México, Uruguay, Estados Unidos, Cuba, Guatemala, Colombia, Brasil, Venezuela, Suiza, Dinamarca, Chile y España. El 90% de los artículos son de Iberoamérica y cerca de 50% de ellos, corresponde a España.
Conclusiones
La mayoría de las intervenciones educativas en salud y nutrición no cuenta con referentes pedagógicos explícitos que orienten las acciones para el logro de los objetivos propuestos y los referentes implícitos son tanto de educación formal, no formal e informal, aunque no siempre corresponden a la modalidad de la experiencia, configurando un eclecticismo no intencionado.


Todas las intervenciones educativas en salud y nutrición que contaron con un marco de referencia pedagógico explícito, no sólo orientaron sino que dieron el debido respaldo a las acciones ejecutadas para el logro de los objetivos propuestos. Por el contrario, como muy instrumentalista y activista podría calificarse la tendencia en la que se enmarcan la mayor parte de las experiencias educativas que no tuvieron referente pedagógico explícito puesto que la abducción de modelos implícitos, que subyacen en los discursos, así lo deja entender. 
La teoría de la educación en el campo de la salud está escasamente explorada y validada, se requieren voces de autoridad en educación para la salud y educación nutricional, que orienten el modo de pensar con profundidad acerca de este aspecto tan importante del quehacer profesional. Hace falta que la comunidad científica realice propuestas orientadoras, líneas de reflexión pedagógicas que logren trascender la enseñanza temática y alcancen a tocar las intenciones, valores, principios vitales y sociales, que trasciendan la mirada biologicista y unicausal que aún prevalece en la práctica, aunque en la teoría haya sido trascendida, en otras palabras, se hace inaplazable, en el campo de educación para la salud, pasar del ser al deber ser, responder a los retos para la formación de profesionales que asuman la multicausalidad-multirespuesta-multisectorialidadmultidisciplinariedad y la participación social, sin olvidar el principio de autonomía del individuo y la responsabilidad colectiva en salud.
Con los argumentos anteriores es posible afirmar que todos los referentes pedagógicos son de utilidad selectiva y como tal deben utilizarse, dependiendo del tipo de audiencias y sus características en salud, pero su idoneidad y pertinencia han sido más relacionadas con la naturaleza de los objetivos o propósitos educativos y sobre todo, el alcance o trascendencia de los mismos.
Por último, vale la pena subrayar la necesidad de que el profesional de la educación y de la salud analicen constantemente la realidad con una visión crítica, que le permita replantear con la lógica subyacente en la organización social, los trabajos de salud en los que participa y en los que muchas veces privilegia la función asistencial en menoscabo de la labor social, como agente educador, cuya acción pedagógica puede posibilitar el desarrollo comunitario.
A modo de colofón, es desde la educación para la salud debidamente orientada, reflexivamente concebida y pedagógicamente estructurada, que podemos orientar a los individuos y a las comunidades en nutrición y salud, sin atropellarlos y sin que sientan frustradas sus aspiraciones de ser y estar mejor.

Fuente:

Teresita Alzate Yepes. Desde la educación para la salud: Hacia la pedagogía de la educación alimentaria y nutricional. Perspectivas en Nutrición Humana. Número 16, (Julio-Diciembre de 2006). Disponible: http://revinut.udea.edu.co/anter/num16/html/a3/

martes, 30 de junio de 2015

La Familia, la Escuela y la Comunidad. ¿Son corresponsables de la educación nutricional?

La edad escolar es un momento privilegiado para conseguir la introducción de hábitos alimentarios saludables. Pero cuando el niño y la niña acceden al medio escolar, incluso los que empiezan su escolarización en los primeros años de su vida (Educación Inicial -maternal/preescolar-), llegan al Centro con unos hábitos alimentarios adquiridos en su entorno familiar que pueden entrar en conflicto con nuevas propuestas que no estén en la misma línea. Curiosamente, la fuerza de las recomendaciones del maestro en el aula o en el comedor del centro, así como las actitudes y hábitos de otros compañeros de clase, tienen una gran influencia en los niños. Esta situación puede modificar el consumo de alimentos, de tal forma que algunos platos que los niños y las niñas rechazan en sus casas, después de la convivencia en el medio escolar con otros compañeros o, por las propias sugerencias y estímulos de los maestros, se incorporan a su dieta y los piden en su casa.
Estas acciones educativas tienen un gran valor en la configuración de los hábitos alimentarios en el periodo de la infancia en la que pueden incorporarse con menor dificultad conductas positivas que ayuden a promover la salud de los niños pero, además, refuerzan los consejos de los padres. Uno de los problemas que puede surgir es la falta de comunicación entre padres y maestros, con mensajes distintos ante un niño sorprendido que enfrenta el cariño hacia sus padres con el afecto y la buena relación que siente por su maestra en la escuela.
No hay que olvidar que en una persona que se está formando, si se quieren obtener buenos resultados, hay que intentar que exista una total coherencia en los mensajes que recibe con el fin de que no entren en conflicto ni les planteen dudas, pues ante una situación confusa se tiene la tendencia a decantarse por lo más cómodo, por aquello que mejor responde a nuestros gustos y tendencias personales. En el niño hay que crear un sentido de disciplina y ofrecerle una figura de respeto, autoridad y cariño cuyas decisiones no son arbitrarias sino que responden a unos objetivos educativos y de desarrollo personal. Desde su edad los escolares lo aprecian, aunque no lo reconocen, porque son miles las dudas que se les plantean en cada edad por su propia situación de evolución constante, sus inseguridades y sus miedos.
Si todo esto no se hace, el niño buscará sus aliados y ante las discrepancias se apoyará en lo que responda a sus preferencias personales, independientemente de la bondad de los hábitos que se conformen. El niño imita a quienes quiere y constituyen para él un referente muy valioso que le permiten crecer en todos los aspectos físico y psicosocial. Cuando se mueve entre decisiones ambiguas y contradictorias se siente perdido. Es función de los padres y educadores crear un ambiente propicio para su normal desarrollo dentro de sus circunstancias personales y características individuales.
Por esta razón nunca se insistirá bastante en la necesidad de que la Escuela y la Familia colaboren, se apoyen mutuamente e informen en la misma dirección; si es necesario debatiendo, desde su perspectiva de adultos responsables y educadores que conocen las mejores técnicas para orientar y conducir el proceso de formación de niños y adolescentes. Esta actitud les permitirá obtener la máxima eficacia del proyecto educativo. Hay que reconocer, no obstante, que la Escuela está en las mejores condiciones para reforzar los aspectos positivos que empezaron a aprenderse junto a la familia y contrarrestar, mediante sus actividades y consejos, aquellos que no contribuyen a la salud y que deben ser modificados.
La comunidad y su relación con la educación nutricional
En el mundo actual la información es un valor pero con frecuencia se confunden los conceptos información y educación utilizándolos indistintamente. Se han hecho muchos esfuerzos informativos para hacer llegar mensajes de salud y nutrición a la población. La comunicación en salud ha alcanzado un gran desarrollo técnico y su presencia en la vida de hoy es reconocida, lo cual no significa que, necesariamente, se haya conseguido pasar de la información a la educación, aunque ésta sea una etapa previa.
La educación aspira a cumplir expectativas más profundas: reflexión, movilización de actitudes, desarrollo de habilidades y destrezas y, lo que es más importante, logro de conductas permanentes que nos ayuden a prevenir la enfermedad y proteger y promover la salud. La educación alimentaria y nutricional (EAN) ha sido el instrumento utilizado por los educadores para intentar modificar los hábitos alimentarios incorrectos de las poblaciones, conociendo y describiendo la situación de los diferentes grupos a quienes se quiere educar, utilizando los recursos mejor adaptados al medio y estimulando su participación directa para que el hecho educativo alcance la mayor eficacia.
Al analizar los programas de educación nutricional hay que partir del propio concepto de educación y de la gestión pedagógica que lleva implícito. El cambio de hábitos alimentarios no puede producirse exclusivamente por el conocimiento de los valores nutritivos de los alimentos, puesto que la comida de cada día es una vivencia muy diversa, matizada de tradiciones, creencias, símbolos, convicciones y modas. En definitiva se produce en un entorno histórico, geográfico y tiene sus raíces en la familia y en la comunidad de origen.

¿Quiénes deben ejercer las acciones en educación nutricional?
La educación alimentaria y nutricional de una población alcanza los mayores niveles de éxito desde la acción conjunta y coherente de las diferentes instituciones. El ser humano recibe, desde su nacimiento y durante toda su vida, una serie de normas de conducta y refuerzos, positivos o negativos, que le decantan en la toma de decisiones, en la elección y consumo de alimentos. El nivel de intensidad y las posibilidades de transmisión e implantación de los diferentes mensajes que recibe el individuo adquieren mayor credibilidad y, en consecuencia, mayor eficacia, dependiendo de la fuente de donde proceden y de la forma en que se emiten.
La familia constituye la primera fuente de información que tiene el niño y por sus características es, además, una fuente privilegiada porque su contexto afectivo matiza cada propuesta con sentimientos de protección, respeto y amor. La familia es la primera institución responsable de la instauración de los hábitos alimentarios en sus miembros. Durante los primeros años de la vida el niño recibe un cúmulo de nociones, creencias y habilidades en relación con el consumo de alimentos y los recibe en el marco psicoafectivo y socializador de su familia. Aprende los primeros conceptos de valor, la idea de salud y el patrón alimentario adecuado o inadecuado. El ambiente familiar puede transmitirle aversiones y preferencias en relación con los alimentos, su preparación y la forma de consumo, vivencias positivas o traumáticas.
La imitación en los niños es decisiva y su familia constituye un referente que les permite incorporar gestos, gustos, actitudes y conductas que le ayudan a asimilarse a su grupo, sintiéndose parte de él. Cuando el niño accede a un medio externo al familiar lleva ya un importante bagaje de conocimientos, normas y creencias de manera inconsciente que configura sus opiniones y actitudes y que contrasta, refuerza y modifica a partir de las presiones del entorno. Las acciones de educación nutricional desarrolladas en el medio familiar son muy importantes, contribuyen a la formación de hábitos, constituyen un patrimonio de cultura alimentaria de partida y cualquier intervención sobre la familia va a permitir configurar la forma de comer de los niños y adolescentes.
La escuela es la primera institución social a la que accede el niño y tiene la enorme ventaja de que nos permite establecer programas que responden a su evolución personal, con la calidad pedagógica de quienes ejercen la acción educativa. La información que en ella se imparte está avalada por el buen hacer de los profesionales de la educación y la propia estructura del sistema. Por otra parte, el grupo que recibe el programa educativo, por su edad y condiciones, es muy permeable a las influencias que en ella se originan. La escuela actual tiene entre sus objetivos alcanzar un determinado nivel de conocimientos en cada ciclo formativo contemplando, simultáneamente, las exigencias educativas relativas a procedimientos, actitudes y conductas.
Siempre esta triple dimensión de la educación es esencial para el desarrollo del individuo, pero en el caso de la nutrición y la salud es especialmente significativa. El centro escolar no puede entrar en contradicciones, tan perjudiciales para la evolución de los hábitos alimentarios de los escolares, como la de comentar una información rigurosa en el aula sobre alimentación y nutrición al amparo de los contenidos del propio programa académico y después ofertar en el comedor escolar un plan de dietas monótono y desequilibrado en nutrientes.
Las nuevas perspectivas de la educación nutricional
No podemos delegar en la familia toda la responsabilidad en la formación de hábitos alimentarios de sus hijos, entre otras cosas porque cada vez se sale del medio familiar al medio escolar a edades más tempranas, y en él se consume una de las comidas más importantes del día y durante un tiempo más dilatado (hasta los 16 años al menos), lo que ha permitido al sujeto desarrollar hábitos alimentarios correctos o incorrectos. Por esta razón y, (contemplando el problema en su conjunto), se deberían:
.- Estimular políticas alimentarias y educativas sobre alimentación y nutrición que facilitaran las decisiones de los consumidores hacia la elección de una dieta saludable.
.- Crear una opinión pública sensible ante la importancia de la buena alimentación como elemento esencial de la prevención de la enfermedad y la promoción de la salud, puesto que son muchas las enfermedades en que la dieta puede contribuir como factor de riesgo (enfermedades cardiovasculares, diabetes, osteoporosis, cáncer de origen alimentario, etc.)
.- Integrar en la vida diaria conocimientos, actitudes y conductas que expresen los conocimientos de nutrición para que se transformen realmente en conductas permanentes.
.- Dotar a la población de un patrimonio cultural alimentario mediante planes de enseñanza que incluyan contenidos oportunos en la materia.
.- Conseguir que las empresas agroalimentarias sean rigurosas en la información que transmiten como publicidad de sus productos.
.- Sensibilizar a los medios de comunicación para que colaboren en la difusión responsable de la información sobre la salud.
Fuente:

María Sáinz, Consuelo López Nomdedeu, Anneke van den Boom (2001). Educación para la salud: la alimentación y la nutrición en edad escolar. Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA).

viernes, 26 de junio de 2015

MITOLOGÍA Y ALIMENTACIÓN



Los orígenes de la llegada de los alimentos a las manos de los seres humanos, su procesamiento y las relaciones tanto de dependencia, gusto y satisfacción de necesidades como de contacto espiritual están rodeados de historias sagradas, mitología y cuentos legendarios. ¿De dónde provienen los alimentos primordiales del ser humano? ¿Cómo llegaron a cultivarse los campos de trigo para la alimentación? ¿De qué forma pudieron los seres humanos preparar un producto tan sofisticado como el pan? ¿De qué manera los hombres obtuvieron de la tierra el aceite de oliva? ¿Cómo llegaron a preparar el queso y a distribuirlo entre los grupos humanos? y ¿De qué modo llegó la vid y con ella la maravilla del vino a la mesa y los banquetes? Hay que buscar los orígenes en el Asia Menor, Grecia, India, Babilonia y en los dioses civilizadores que la mitología clásica griega ofrece. ¿Cómo se involucran en esta gesta cultural Zeus, Deméter, Atenea, Apolo, Dyonisos y Aristeo, entre otros dioses? De estos temas, entre otros, se conversará en el foro: Alimentación, cultura y salud: miradas,  pensamiento y compromiso en torno a la calidad de vida.

Palabras claves: mitología, olivo, queso, pan, vino

Fuente
Marlene Arteaga Quintero
Profesora en Literatura y Lengua Castellana del IPC, Especialidad en Literatura. Competencias específicas en Producción de materiales escritos, Magíster en Literatura Latinoamericana de la USB, Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación de la UNED. Ha publicado artículos en Revistas especializadas; libros para Educación Básica y Educación Superior, así como libros de cuentos y poemas. Ha dictado talleres y seminarios de educación en universidades nacionales e internacionales. Ha coordinado  revistas y proyectos de investigación, así como el Concurso Literario Bienal de la Institución. Es personal académico del Pedagógico de Miranda Siso Martínez de la UPEL en la especialidad de Literatura y es la Jefa de Relaciones Públicas de la Institución.

Una mirada a las políticas de alimentación y nutrición a través del Primero al Noveno Plan de la Nación.

El propósito de la presente reflexión,  es realizar una mirada de las políticas de alimentación y nutrición a través de los Planes de la Nación. Esto significa, un vistazo, a las políticas diseñadas entre el primer (I) y  noveno (IX)  plan de la nación,  direccionada al Sector Salud, e implica  la consideración de los instrumentos de gestión denominados Planes de la Nación.  
Qué es un Plan de la Nación?, para Molins (1988) son un  proceso de “planificación e instrumento de gestión, cada vez más necesario para la toma de decisiones y ejecución de programas gubernamentales en las diferentes instancias” (p.98).   Es decir, los planes de la nación,  son un sistema de integración por definición, mediante el cual se determinan los mecanismos de participación de los niveles estratégicos, tácticos y operativos.
De acuerdo a lo expresado por la Comisión para América Latina y el Caribe (1998) se entiende por políticas de Alimentación y Nutrición, “al conjunto coherente de principios, objetivos, prioridades y decisiones adoptadas por el Estado y aplicado por sus instituciones como parte integrante del Política Nacional.” (p. 143)  O sea, es llevar las acciones que  procuren a toda la población, en un tiempo definido, los alimentos y demás condiciones sociales, culturales y económicas  indispensables para la adecuada nutrición y bienestar alimentario.
Por lo tanto, el objetivo  de la política alimentación y de nutrición, es mejorar el estado de salud nutricional de la población. Se enmarca dentro de la política de desarrollo económico social global, concretando medidas para la atención integral de la población vulnerable, entendiéndose por vulnerable, aquellos grupos específicos de la población, con alto riesgo a desarrollar desequilibrios nutricionales por sus características fisiológicas y condiciones de vida.
Ahora bien, expresa Lima (1995)  que los planes de la nación deberían plasmar las decisiones de la institucionalidad pública,
debidamente sustentada en información idónea y dentro de los parámetros de desarrollo establecidos, en los cuales la alimentación y nutrición ocupen el lugar que les corresponde. La acción racional pública se supone que resguarda la coherencia interna y externa de sus acciones estratégicas, imprime fuerza a las variables en juego, procura la convergencia, la sinergia y complementación de sus programas, junto a la definición de los prerrequisitos políticos e institucionales (p. 30).
En otras palabras, los planes de la nación son la herramienta de planificación, formulación de  políticas, grandes orientaciones,  con establecimiento de prioridades y  diseño de  estrategias que plantea viabilidad a los grandes propósitos y al conjunto de programas y proyectos inherentes al tema tratado.
Según Giordani (1999) la vida política y económica del país,  ha orientado la política social y nutricional.  Afirma, que  “desde el I plan hasta el VII plan de la nación, se amplió la cobertura de los servicios sanitarios, vivienda y seguridad social de toda la población” (p.242). Es decir, hubo interés en desarrollar programas de salud preventiva y en la desconcentración de los servicios prestadores de salud.
En consideración, a Padrón (1999) para el período 1984 a 1993, las fluctuaciones del ingreso petrolero continuaron teniendo una influencia decisiva en  Venezuela. “Sin embargo, al final del período se percibió una distribución más equitativa de la riqueza, el ingreso per cápita real descendió, los niveles de pobreza se ubicaron en 40% con evidente deterioro de la salud y la educación” (p. 17). Con referencia a lo citado, el autor se apoya en el Boletín Informativo Anual INN del Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional (SISVAN), donde   reitera que para el año 1990,  
el déficit nutricional en niños menores de 15 años se ubicó  entre 16,2% y en niños menores a los 2 años en  15,4%. Considerándose una serie de mecanismos para intervenir en el ámbito nutricional como el Programa de Alimentos Estratégicos (PROAL), el subsidio familiar hacia los hogares con niños escolarizados (Beca Alimentaria, Desayuno y Merienda, Comedores Escolares), fortificación de alimentos, Programa de alimentación materno infantil (PAMI), Promoción de la lactancia materna, programa de Hogares y Multihogares de cuidado diario (p.19). 

En otras palabras, estos programas fueron, especialmente dirigidos a los grupos poblacionales más vulnerables, embarazadas, lactantes, preescolares, niños en edad escolar y familias campesinas.
En referencia, al VIII plan de la nación  1989-1993,  cita Lima (1995) se diseñó una estrategia agroalimentaria que comienza denunciado “la falsa creencia de la importancia estratégica del total autoabastecimiento porque la seguridad alimentaria requiere de una sana y económica importación de ciertos rubros agrícolas” (pp.32-33). Igualmente, traza dos objetivos: el primero, satisfacer los requerimientos alimentarios de forma económica y segura, y el segundo, lograr el crecimiento acelerado y sostenido de una agricultura eficiente y competitiva. Con 4 grandes estrategias:
a) reconversión agrícola y agroindustrial, en la cual son básicos los rubros potencialmente competitivos; b) para incentivar la productividad y la reconversión agrícola se auspiciará una reforma comercial, que implica apertura al comercio exterior, el cual promoverá la organización eficiente de los agentes del circuito agroalimentario y reducirá el déficit alimentario y nutricional; c) inversión en infraestructura de apoyo y financiamiento a la producción; y  d) mejoramiento del nivel y calidad de vida en el medio rural (p. 37).
      
En efecto, lo planteado en el VIII plan de la nación,  concebía  mejorar los niveles de eficiencia, productividad y competitividad, lo que se traduciría en una mejora del consumo, con efecto sobre alimentación y nutrición para la población venezolana.
En afirmación, realizada por Hernández (1999) entre 1984 y 1995, las necesidades alimentarias superan la capacidad de suministro a consecuencia de dos factores determinantes: el estancamiento en la producción de alimentos y la disminución de las importaciones. Entre los años “1990-1992, el porcentaje de población sub-nutrida era de 11%, para 1999-01 alcanzó un 24%. Se calcula que el grado de calorías consumidas  bajó de 2.460 a 2.196 durante estos años, a pesar que el consumo de alimentos mejoró levemente” (p.6). En resumen, es significativo el incremento de población vulnerable ante la reducción de ingesta calóricas.
En lo que respecta, a las  políticas contenidas en el IX Plan de la Nación, 1994-1999,  en materia alimentaría y nutricional, se aproxima a través de un conjunto de estrategias y operaciones en aumentar la producción y disponibilidad de alimentos para el consumo masivo, la compensación alimentaria a los grupos más débiles y la adición de nutrientes en los alimentos de la ingesta básica. A todo esto, de acuerdo a lo reseñado por la Oficina Central de Coordinación y Planificación de la Presidencia de la República CORDIPLAN (1995) agrega cómo quedan agrupadas en áreas programáticas de atención:

acciones dirigidas a la población en general, acciones de compensación alimentaria a grupos vulnerables, beca de alimentación y comedores industriales, acciones de compensación alimentaria a los trabajadores, estrategias de apoyo para la educación nutricional, así como  la información y comunicación (p. 147). 

De hecho, la instrumentación de la política alimentaria y nutricional se desarrolló a través del fomento de la integración, la coordinación intersectorial, descentralización y participación de la sociedad civil en la ejecución de los programas. Con el objetivo de mejorar la eficacia de los mismos, por lo que los programas de abastecimiento popular, de alimentación estratégica y el programa especial de merienda (PEM), fueron ejecutados por el Instituto Nacional de Nutrición para niños no escolarizados, y activados con intermediación de la sociedad organizada.
En ese mismo orden, los referidos  programas tuvieron  un impacto directo sobre la disponibilidad y consumo alimentario. El programa alimentario estratégico y el subsidio familiar hacia los hogares con niños escolarizados, contemplaron acciones dirigidas hacia la población general, y percibió garantizar la seguridad alimentaria de éstas. Cabe agregar, que la atención también se  focalizó hacia los grupos más débiles, a través de complementos alimentarios hacia el niño no institucionalizado, el escolar, la embarazada y el anciano.
Finalmente, la mirada a las políticas alimentarias y nutricionales, entre el  Primero  al Noveno Plan de la Nación,  se planteó  consideraciones sobre características del problema de  nutrición, su prevalencia y gravedad,  duración breve o larga, posible relación con una carencia determinada o con la malnutrición en general, distribución (es decir, ¿si afecta a un grupo específico de la población? ó ¿esta más extendida?) y la importancia relativa de los diversos factores que la determinan. Tal información, es necesaria para orientar a los formuladores de las políticas, para alcanzar el fin último de una política social, que es el ejercicio y goce de una vida significativa.

Referencias
CEPAL-ONU (1998). Panorama social de América Latina. Santiago: ONU
Giordani, J. (1999). La planificación como proceso social. Maracaibo:Vadell hermanos editores.
Hernández de Valera, Y. (1999) Perfil nutricional de Venezuela. Fundación CAVENDES. INN. Caracas: Venezuela.
INN-SISVAN. Boletín Informativo. Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional 2005.
Lima. B. (1995). La política alimentaria nutricional del período 1989-1993. Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura,  Nº 1 (julio- diciembre) pp. 28-55.
Molins, M.(1988). Teoría de la Planificación. Caracas: Editorial Comisión de estudios de postgrado facultad de humanidades y educación. UCV.
Padrón, M. (1999). Plan de Acción en Nutrición. Trabajo elaborado por la FAO y el INN. Caracas:Venezuela.
República de Venezuela, Presidencia de la República, Oficina Central de Coordinación y Planificación (CORDIPLAN), El Gran Viraje. Lineamientos Generales del VIII Plan de la Nación, (Caracas, 1990).
República de Venezuela. (1995). CORDIPLAN, Un Proyecto de País. Venezuela en Consenso. Documentos del IX Plan de la Nación, (Caracas: Talleres de la Imprenta Nacional).
  
Es difícil medir el significado de la vida, pero más difícil, es medir una vida significativa
Anónimo

Yliana Ruiz de Jerez.

Profesora en Historia y Ciencias Sociales (UPEL). Especialista: Gerencia Pública. Mención Descentralización de los Servicios Educativos (UFT). Maestría Ciencias de la Educación (USM). Maestría: Diseño de Política  y Planificación Educativa (UCV). 20 años de servicio en el Ministerio de Educación. Dirección de Planificación, Presupuesto y Control de Gestión, Zona Educativa Miranda y actualmente se desempeña como Profesora en la UPEL-Pedagógico de  Miranda “José Manuel Siso Martínez”. Dpto. Geografía e Historia.