jueves, 5 de marzo de 2020

Madres: ¡Ustedes determinan las preferencias alimentarias de sus hijos!


Existe mucha evidencia científica que sustenta que las preferencias alimentarias de los niños predicen sus patrones alimentarios como adultos. Por lo tanto, el entender y manejar los factores que afectan el desarrollo de estas preferencias, y cómo cambian en el tiempo, es crítico para su nutrición, su estilo de alimentación y la propensión que tendrán como adultos, a enfermedades crónicas que comparten el factor de riesgo común de una alimentación no saludable.
Es muy importante la variedad de alimentos que se debe enseñar a consumir a los niños. Hay una especie de círculo virtuoso ya que el repetir “experiencias de sabores” promueve en los niños la habilidad para consumir una variedad de alimentos: consumirán más de aquellos alimentos cuyos sabores les resulten familiares, y también aceptarán más sabores “nuevos”, si a su vez, tienen experiencia en una variedad de sabores.
La influencia de los alimentos que consume la madre es determinante durante el embarazo. Incluso, es muy importante el tipo de alimentación de la mujer a nivel pre-concepcional. Los sabores derivados de los alimentos que consume la madre durante el embarazo son transmitidos al líquido amniótico y tragados por el feto. Consecuentemente, los tipos de comida que consume la madre y los sabores de su cultura alimentaria pueden ser experimentados por los bebés antes de su primera exposición a alimentos sólidos.
Después del nacimiento, algunos de estos sabores serán experimentados por el bebé a través de la leche materna, un líquido, que lo mismo que el amniótico, contendrá sabores que reflejan directamente los alimentos, las especias, y las bebidas consumidas por la madre.
En un clásico trabajo de la Dra Jean Skinner y su equipo del Departamento de Nutrición de la Universidad de Tennessee (USA), se confirma la importancia de la determinación temprana de las preferencias alimentarias en los niños, y la influencia de la madre en su alimentación a través de sus propias preferencias, lo que limita la variedad de alimentos que ofrecen a sus hijos.
La neofobia o miedo a la incorporación de nuevos alimentos en la dieta es un trastorno muy frecuente entre los niños, y según Skinner, forma parte integral de los estudios de preferencias alimentarias ya que limita la disposición a probar nuevos alimentos. La neofobia de los niños parece estar determinada por las neofobias de los padres, también, se hacen menos neofóbicos con la edad y desaparece si el nuevo alimento se introduce con uno que resulte familiar y bien aceptado.
La Dra. Julie Menella -especialista en biopsicología- publicó en Pediatrics en 2001, un trabajo que se ha convertido en un clásico, pues constituye la primera evidencia experimental en humanos que demuestra -mediante la observación de las reacciones de los bebés a sabores específicos- que la exposición al sabor por vía del líquido amniótico en el útero, o por vía de la leche materna, afecta la respuesta postnatal a sabores determinados,
En este experimento, 46 futuras madres consumieron 300 mL de jugo de zanahoria o de agua por 3 semanas consecutivas durante el último trimestre de embarazo, y nuevamente, durante los primeros 2 meses de lactancia. Después, cuando las madres comenzaron a complementar la dieta de sus bebés con cereales y antes de que a los bebés se les administrara alimentos, o jugos con sabor a zanahoria, los niños fueron grabados mientras eran alimentados con cereal preparado con agua y cereal preparado con jugo de zanahoria.
Las madres calificaron el disfrute de sus hijos, empleando una escala de 9 puntos, y se pesaban los platos para determinar cuánto habían comido los bebés.
Los resultados demostraron que los bebés que habían tenido exposición al sabor de la zanahoria -a través del líquido amniótico o de la leche materna- hicieron menos expresiones faciales “muecas”, mientras eran alimentados con el cereal con jugo de zanahoria en comparación con el cereal simple.
La gran conclusión fue que la exposición prenatal y la exposición postnatal temprana a un sabor, aumenta el gusto y aceptación de ese sabor en los alimentos sólidos en el destete. Estas experiencias sensoriales tempranas pueden constituir la base de las diferencias culturales y étnicas en la cocina. Los pediatras recomiendan el inicio de alimentos sólidos a los 6 meses de edad.
De la misma manera, de acuerdo a otro estudio, la exposición repetida a una variedad de vegetales sin incluir zanahoria también aumenta la ingesta y la velocidad de los niños para comer zanahorias, y aquellos niños expuestos a una variedad de vegetales, también consumen más de un alimento “nuevo” como el pollo, en su primera introducción.
El grupo de la División de Desarrollo Humano y Estudios Familiares (Division of Nutritional Sciences) de la Universidad de Illinois en Urbana-Champaign, en una serie de estudios con bebés y niños de hasta 5 años de edad, demostraron consistentemente que las preferencias alimentarias aumentaban con exposiciones repetidas a los alimentos.
Se necesitaba exponer a los niños de 2 años de edad, 10 veces o más a un alimento, de manera aumentar su preferencia por el mismo, mientras que se requieren entre 8 y 15 exposiciones en los niños de 4 y 5 años.
Aceptación de frutas y hortalizas
Las futuras madres deben consumir una amplia variedad de alimentos y muchas Frutas y Hortalizas (F&H), durante el embarazo y la lactancia materna.
Mientras más temprano se logre en la vida de los niños que empiecen a probar y a consumir F&H, con mayor facilidad las incluirán en sus dietas diarias cuando se conviertan en jóvenes y adultos, con lo cual contarán con una gran herramienta a lo largo de sus vidas para combatir no sólo el sobrepeso y la obesidad sino también otros problemas de salud y enfermedades crónicas.
Es común escuchar a muchas madres decir que sus bebés no aceptan las F&H. Sin embargo, está comprobado que los niños discriminan perfectamente los sabores de las distintas F&H, sólo que hay que insistir en presentárselas, en ofrecérselas.
Está comprobado que los niños comen más puré de frutas o de hortalizas después de una exposición repetida, diaria, entre 8 y 9 días. Ya que el rechazo al gusto amargo es innato, los niños necesitarán más exposición a estos sabores.
Así, cuando se exponen los niños repetidas veces a los sabores de algunas hortalizas amargas, las madres no deben fijarse solamente sus muecas, y deben continuar repitiendo las ocasiones para que el niño pruebe el vegetal, a pesar de que “arruguen” la carita.
Se ha investigado sobre las expresiones faciales de los bebés al ofrecérseles F&H, su aceptación y su relación con la lactancia materna, encontrándose que “dar pecho” confiere una ventaja en la aceptación inicial de las F&H, sólo si las madres las consumen regularmente.
Una vez destetados, los bebés que reciben una exposición dietaria repetida (8-16 veces), comen más o empiezan a gustarle su sabor. Sin embargo, debido a que los niños tienen expresiones faciales innatas, estás no deben ser la causa para dejar de dárselas a probar.
De acuerdo a otro estudio, el ofrecer a los niños hortalizas amargas como el brócoli, puede ayudarse con una salsa o “dip”, que sea idealmente bajo en grasa y sal. Esta estrategia funciona.
El introducir a los niños repetidamente tanto a F&H individuales, como a una variedad de las mismas, (cuidando el tema de las alergias con el pediatra) durante y entre las comidas, los puede ayudar a empezar a aceptarlas desde esa temprana edad, lo cual es difícil de lograr cuando ya son más grandes.
El consumo de F&H es generalmente bajo en la población pediátrica, por lo tanto, es muy importante desarrollar estrategias para promover el gusto por estos alimentos saludables. Existe una muy bien documentada obesidad pediátrica con efectos dramáticos en la salud, así como con una marcada asociación con las enfermedades crónicas que constituyen la mayor carga mundial para los sistemas de salud.
El impacto que ejerce la alimentación y nutrición en las edades tempranas sobre la salud (obesidad, síndrome metabólico, diabetes y mortalidad por enfermedad coronaria), obliga a hacer un gran énfasis en las etapas iniciales de la vida. Y en estas etapas, el papel de las madres y de las familias es fundamental.

Fuente:
María Soledad Tapia
Mirador Salud. Fecha: abril 16, 2013. En: NutriciónSalud y Vida.

jueves, 27 de febrero de 2020

Las bebidas en la Venezuela colonial


Es amplio el catálogo de bebidas que eran consumidas en la Venezuela colonial, las cuales cubría un abanico que va desde las elaboradas por las sociedades indígenas hasta las traídas como importación de tierras europeas. Algunas eran dulces y refrescantes; mientras que otras, eran fermentadas y embriagantes. Todo un panorama interesante y revelador que bien vale la pena reconstruir y conocer.
A la llegada de los europeos al Nuevo Mundo, las sociedades indígenas americanas tenían una larga tradición en la elaboración y consumo de bebidas fermentadas, cuya ingesta a menudo, estaba asociada al ámbito religioso, o empleadas en el ámbito terapéutico.
En Mesoamérica encontramos el tepialt (bebidas de maíz), el pulque (resultante de la fermentación de plantas) el tesgüino (bebida fermentada de maíz, agua y piloncillo), el pozolli (maíz fermentado con agua).
En Sudamérica, se consumía la chicha (bebida a base de maíz) que, dependiendo del grado de fermentación, podía ser una bebida refrescante o embriagante) el coccuy (obtenida de la penca del agave) y otras bebidas extraídas de la yuca masticada y luego fermentada.
Ya asentado el régimen colonial en las regiones de Tierra Firme, el panorama de las bebidas de consumo cotidiano incluían refrescos que se elaboraban a base de frutas como la parcha y el tamarindo, los caratos (de arroz y maíz) y las chichas, a las que se les agregaba ralladura de nuez moscada o extracto de almendras. Otras bebidas no alcohólicas fueron el café, a finales del siglo XVIII, y naturalmente el cacao, muy versátil a la hora de preparar bebidas como el chocolate con papelón, el chocolate con canela, azúcar y vainilla, y también sin ningún tipo de endulzante: el conocido como “cerrero”.
Los europeos trajeron sus bebidas, pero el aporte más importante está representado por la introducción de la caña de azúcar, comenzando así la historia de los guarapos y aguardientes de ella derivados.
Las bebidas alcohólicas gozaron de una gran aceptación en la sociedad colonial venezolana, particularmente el aguardiente. Además de ser tomado en fiestas y reuniones, el aguardiente tenía una serie de aplicaciones en el ámbito culinario, en el cual se empleaba como aderezo sobre todo en la elaboración de postres, como las frutas en aguardiente, pero también de acompañantes en las comidas.
Debido a la amplia demanda, el aguardiente y el guarapo fermentado era producido por doquier en el amplio territorio venezolano, la mayoría de las veces clandestinamente, siendo uno de los productos más fácilmente contrabandeado dada la presencia de amplios territorios costeros poco vigilados.
En verdad, al abordar el tema de las bebidas alcohólicas y no alcohólicas en la sociedad colonial es necesario tener en cuenta las relaciones de poder y el control de la población con fines moralizantes impulsados por la iglesia, que evocaba la ruina espiritual que la bebida ocasionaba.
Fuente:
Yelitza Rivas (2007). Guarapos, vinos y aguardientes en la Venezuela colonial. El Desafío de la Historia. Año 3. Nº 23. P.49-51. Grupo Editorial Macpecri. Caracas.
  

jueves, 20 de febrero de 2020

Nutrientes críticos en los primeros 1000 días de vida


Los 1000 primeros días de vida son días de oportunidades para el niño, donde tenemos en cuenta desde el momento de la gestación hasta los 2 años. En este periodo de tiempo se encuentran afectados el crecimiento y desarrollo del niño.
Por ello es importante establecer estrategias de prevención para promover el crecimiento apropiado, que aseguren el completo potencial de desarrollo físico y neurocognitivo y disminuyan el riesgo de desarrollo de enfermedad metabólica.
Todos los órganos son particularmente susceptibles durante este período a factores externos, como el entorno fisiológico materno en el útero, la leche materna y la incorporación de alimentos.
El aumento acelerado, en el presente siglo, de las enfermedades crónicas, como las cardiovasculares, la diabetes y la obesidad, no sólo resultan de inadecuados estilos de vida en escolares y adultos, sino también un reflejo de la influencia de factores que operan en el ambiente intrauterino y las primeras etapas de la vida, que de alguna manera “programan” la respuesta fisiológica y el comportamiento humano ante los retos del mundo moderno a lo largo de la vida.
Hay algunos estudios que demuestran que los adultos que sufrieron bajo peso o desnutrición en los primeros mil días, tienen menos estatura, como así también otras mediciones antropométricas. En muchos estudios se ha hallado que el hecho de haber sufrido desnutrición, en las primeras etapas de la vida, se asocia con menor capital humano.
Es por lo anteriormente dicho que es tan importante la nutrición durante la gestación, teniendo en cuenta la necesidad de cada nutriente en la etapa adecuada de crecimiento intrauteruino.
Existen distintas deficiencias de micronutrientes que tienen un impacto en el desarrollo neurológico: la deficiencia de folato en el período periconcepcional puede causar defectos de nacimiento graves conocidos como defectos del tubo neural, con retraso mental y alta mortalidad.
Alrededor del 35% de las personas de todo el mundo están en riesgo de deficiencia de yodo. La deficiencia grave de yodo durante el embarazo puede causar bocio, abortos involuntarios, aumento del riesgo de mortalidad infantil y anomalías congénitas como el cretinismo, afectando la función y el desarrollo cognitivo, por lo que es la principal causa de daño cerebral prevenible en el mundo.
La deficiencia de hierro es la carencia nutricional más común en el mundo. El rápido crecimiento del feto neonatal humano tiene una elevada exigencia de hierro y es más vulnerable que el crecimiento del cerebro en la infancia tardía. Los datos últimos, y no muy recientes de Argentina, muestran un alto porcentaje de mujeres embarazadas con anemia. Situación que se repite en varios países de Latinoamérica.
Muchos estudios en seres humanos han encontrado que la deficiencia de hierro tiene un efecto perjudicial sobre el aprendizaje, la memoria y el comportamiento afectivo y social. La OMS recomienda que los bebés sean alimentados exclusivamente con leche materna los primeros 6 meses de vida para lograr un crecimiento, desarrollo y salud óptimos. De acuerdo a la OMS, en el mundo, los niños/as de seis meses alimentados exclusivamente con leche materna no llegan al 40%.
Hay beneficios de la lactancia sobre el capital humano ya que algunos estudios la asocian de manera consistente con un mayor rendimiento en las pruebas de inteligencia en niños y adolescentes. Se sabe que la Lactancia materna y el líquido amniótico comparten patrones de sabor con los alimentos ingeridos por la madre, lo que sugiere que la leche humana podría ser un “puente” entre las experiencias con los sabores in utero y los alimentos sólidos.
Estudios realizados durante el embarazo (líquido amniótico) y lactancia (LH) mostraron que la exposición temprana a estos alimentos determinarían su preferencia a futuro. La variedad de sabores habla de mayor variabilidad en la dieta y su contenido nutritivo, lo que lleva a lograr una alimentación más balanceada. La alimentación complementaria oportuna tendrá sus consecuencias si se inicia prematuramente o tardíamente.
Fuente:
María Cecilia Llaver Mucarcel (2019). Nutrición en los primeros 1000 días de vida.

jueves, 13 de febrero de 2020

La comida emocional


Comer no sólo responde a una necesidad fisiológica. Además de proporcionar los nutrientes necesarios para nuestra supervivencia, los alimentos también actúan como “anestésicos emocionales”. Recurrir a la comida para encontrar alivio, paliar las carencias afectivas o combatir la tristeza puede convertirse en la forma más rápida de desarrollar trastornos de la alimentación.
La función emocional de los alimentos depende en gran medida del aprendizaje que se ha realizado dentro del seno familiar y de los mensajes positivos o negativos a los que están asociados. Así, en ocasiones la comida es utilizada “para tranquilizar y reconfortar, como premio o castigo, para chantajear o inducir culpa, e incluso como prueba de amor en el caso de las madres que se preocupan en exceso por la alimentación”, explica la nutricionista Yolanda Vélez de León, que ha abordado el problema de la influencia de los alimentos en las emociones.
La comida también es utilizada para curar el dolor emocional producido por la tristeza y la soledad o permite esconder ciertos rasgos de la personalidad. No obstante, el papel reconfortante de los alimentos en los casos de ansiedad o depresión parece estar directamente relacionado con el correcto funcionamiento de los neurotransmisores cerebrales.
En la década de los años 70 (siglo XX), Richard Wurtman, director del Centro de Investigaciones Clínicas del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), desarrolló la teoría de la “adicción a los carbohidratos”. Wurtman demostró que la ingesta de carbohidratos aumentaba los niveles de serotonina, un neurotransmisor esencial para la comunicación entre las neuronas y que interviene también en la regulación del estado de ánimo, la agresividad, el sueño, o la conducta alimentaria.
Más tarde, Wurtman, también investigadora del MIT, especuló con la posibilidad de que la sobre ingesta de carbohidratos durante el periodo premenstrual tuviera el objetivo de elevar los niveles de serotonina así  el estado de ánimo, los sentimientos depresivos y la irritabilidad en las mujeres. Estos fueron los primeros indicios de que los trastornos del estado de ánimo podrían estar relacionados con una regulación inadecuada de la serotonina.
Para comprobar esta teoría los investigadores administraron a mujeres fármacos específicos para favorecer la producción de serotonina o preparados dietéticos especiales con carbohidratos. “En ambos casos mejoraron los síntomas, lo que nos hace pensar que, aparentemente, las mujeres emplean el consumo de alimentos ricos en carbohidratos a modo de tratamiento.
Sin embargo, recurrir a los carbohidratos para regular la producción de serotonina y mejorar así nuestro estado de ánimo no parece una buena idea. La mayor parte de los alimentos ricos en carbohidratos simples suelen tener un alto contenido de grasa, por los que la ingesta excesiva de estos productos puede favorecer el desarrollo de obesidad, hipertensión, trastornos cardiovasculares, diabetes, hiperglucemia o enfermedades de la vejiga.
Además, cuando desaparece el efecto de los carbohidratos, reaparece la sensación de tristeza, la irritabilidad o los sentimientos depresivos que se intentaban evitar con la comida, lo que favorece los atracones para volver a sentir bienestar.
Este mecanismo de la serotonina también explicaría por qué algunas dietas pobres en carbohidratos, son difíciles de mantener.
Por lo tanto, el bienestar pasajero que proporciona la comida puede llevar a cierta adicción y en el caso de los dulces, al hiperinsulinismo, que consiste en una secreción excesiva de insulina. Eso hace que las células no sean capaces de asimilar la glucosa, por lo que la demanda continuamente y cuando más consumen más piden.
Cuando no se pueden controlar los impulsos a resulta imposible evitar el atracón, una buena alternativa podría ser la elección de carbohidratos mucho más sanos que los dulces y los azúcares, como los productos ricos en féculas, almidón y bajos en grasas saturadas. Es el caso del arroz, el pan o las papas -patatas-. De hecho, se estima que 30 gramos de arroz bastan para alcanzar un pico máximo de serotonina.
Fuente:

jueves, 6 de febrero de 2020

Beneficios de comer en familia


La cena familiar siempre ha sido considerada un momento ideal para la unión de padres e hijos. Pero ahora estudios sostienen que hay beneficios comprobables –entre ellos, un menor índice de consumo de cigarrillos, alcohol y drogas- de la reunión de la familia alrededor de la mesa.
Por eso genera preocupación que el número de grupos que no cenan juntos vaya en aumento. De acuerdo con varias encuestas, 30 ó 40% de las familias no comen juntas entre 5 y 7 noches a la semana, aunque la mayoría manifiesta que lo hace por lo menos una vez.
Las parejas con adolescentes mayores cenan menos veces unidas que las que tienen hijos pequeños. Los padres dicen que los obstáculos más comunes son que ellos trabajan hasta tarde y que ellos o sus hijos realizan actividades que se extienden hasta tarde.
Muchas familias que si se reúnen a comer frecuentemente, hacen un esfuerzo por hacerlo. Algunas preparan el domingo las comidas de toda la semana, otras se dedican a ello una noche antes, algunas la compran en ventas ambulantes un par de noches y muchos padres de hijos pequeños, con algo de culpa, admiten que no podrían preparar la cena si no fuera porque los niños miran la televisión mientras ellos cocinan.
Los progenitores concuerdan en que estas actividades familiares son vitales. De acuerdo con una encuesta, el 87% de los padres dicen que es muy importante cenar juntos.
El esfuerzo por lograr esto en un mundo cada vez más acelerado ha engendrado cientos de libros de cocina, recetas en internet y el resurgimiento de las ollas de cocción lenta.
Los recuerdos de la infancia con frecuencia influyen en la opinión de la gente con respecto a la importancia de las cenas familiares. Isabel Wurgaft, que pertenece a un grupo de apoyo en USA dijo: Mi padre llegaba tarde a casa, pero mi madre siempre nos hacía esperarlo para cenar. Mi padre falleció hace 10 años y las conversaciones de esas cenas son los mejores recuerdos que tenemos mis hermanos y yo.
Para otros, sin embargo, la lucha es evidente. “Me siento culpable porque se supone que es muy importante para las familias comer juntas, pero simplemente no funciona con nuestras actividades” comentó J.Pazer, del mismo grupo. “Tendría que salir del trabajo dos horas antes, tratar de llegar para cocinar, mientras mis hijos están colgados de mi para que los escuche y les ayude con la tarea, en vez de prestarles toda mi atención cuando llego a casa”.
Una encuesta realizada a jóvenes con edades entre 12 y 17 años por el Centro Nacional de Adicciones y Abuso de Sustancias en la Universidad de Columbia, USA, descubrió que los adolescentes que cenaban con sus familias dos veces a la semana o menos fumaban, tomaban alcohol  o usaban sustancias ilegales mucho más frecuentemente que los adolescentes que cenaban con sus familias al menos 5 veces a la semana.
También nos dimos cuenta de que entre más comían los adolescentes con sus padres, era menos probable que tuviera amigos sexualmente activos, menos probable que las chicas tuvieran novios de años mayores que ellas y los adolescentes pasaban menos tiempo con sus amigos o amigas, dijo Joseph Califano presidente del centro de investigaciones.
Un estudio de la Universidad de Minnesota publicado el año pasado encontró que era menos probable que las adolescentes que compartían más frecuentemente con su familia, y disfrutaban una atmósfera positiva durante esas cenas, presentaran desórdenes alimenticios como anorexia o bulimia.
Según los expertos, estos encuentros también ofrecen una rutina predecible y una oportunidad para los padres de monitorear el acompañamiento de sus hijos.
Ese monitoreo ha sido relacionado con una enorme cantidad de resultados positivos, físicos y mentales, en niños y adolescentes, agregó Bárbara Fiese, quien estudia rutinas y rituales familiares en la Universidad de Syracuse.
Fuente:
Laurie Tarkan (2005). Estudios ven beneficios de cenar en familia. Tomado del The New York Times. Publicado por el Nacional el 14 de mayo. Pág. 4.


jueves, 30 de enero de 2020

El Aguacate. La mantequilla vegetal


El aguacate o avocado, Persea americana, es originario de México, y luego se difundió hasta las Antillas. Hoy día México, Estados Unidos, Chile y Sudáfrica son los principales productores a nivel mundial.
Los historiadores y cronistas de las Indias Occidentales afirman que el aguacate se cultivaba ya en épocas precolombinas desde México a Perú. Los aztecas lo conocieron con el nombre de “ahuacatl”, de donde, posiblemente, se deriva el nombre vernáculo de aguacate. Los indios chibchas lo denominaban “Cura”, nombre vigente en ciertas regiones de Colombia. Los incas, por su parte, lo denominaron “Palta”, en uso al sur de Popayán, Ecuador y Perú.
El árbol de aguacate es muy vigoroso pudiendo alcanzar hasta 30 m de altura. El fruto es de color verde oscuro y en ocasiones morado oscuro casi negro dependiendo de la variedad y el grado de madurez.
Su tamaño, aunque depende de la variedad es de unos 10 centímetros de largo y su diámetro máximo de 6 centímetros. La temperatura y la precipitación son los dos factores de mayor incidencia en el desarrollo del cultivo. En lo que respecta a la temperatura, las variedades tienen un comportamiento diferente de acuerdo a la variedad.
La variedad antillana es poco resistente al frío, mientras que las variedades guatemalteca con más resistentes y las mejicana las que presentan mayor tolerancia al frío.
En cuento a precipitación, se considera que los 1.200 mm anuales bien distribuidos son suficientes. Sequías prolongadas provocan la caída de las hojas, lo que reduce el rendimiento; el exceso de precipitación durante la floración y la fructificación, reduce la producción y provoca la caída del fruto. Cada árbol puede llegar a producir hasta un millón de flores y sólo el 0,1% se transforma en fruto, por la abscisión de numerosas flores y frutitos en desarrollo.
La propagación del aguacate debe hacerse por injertación, tanto en las variedades importadas como en los tipos criollos. La propagación por injerto es el método más apropiado para producir las variedades seleccionadas para cultivo comercial, ya los árboles injertados son uniformes en cuanto a la calidad, forma y tamaño de la fruta.
El aguacate posee un alto poder nutritivo ya que contiene proteínas y aceites vegetales del 10 al 20%, por lo que se le considera un excelente alimento en cuanto a nutrición, además se ha descubierto que el aceite de aguacate posee propiedades antioxidantes.
Valores nutritivos del aguacate (173 gramos aprox.)
Agua: 73%
Calorías: 305
Carbohidratos: 12 gramos
Proteínas: 4 gramos
Grasas: 30 gramos
Ácidos grasos Saturados: 4,5 gramos
Ácidos grasos Monoinsaturados: 19,4 gramos
Ácidos grasos Poliinsaturados: 3,5 gramos
Colesterol: 0 miligramos
Calcio: 19 miligramos
Fósforo: 73 miligramos
Hierro: 2,0 miligramos
Potasio: 1.097 miligramos
Sodio: 21 miligramos
Vitamina A: 1.06 UI
Tiamina: 0,19 miligramos
Riboflavina: 0,21 miligramos
Niacina: 3,3 miligramos
Ácido Ascórbico: 14 miligramos

Su grasa es saludable, vegetal, insaturada y sin colesterol. Es muy energético y se desaconseja su uso al final de las comidas. Se puede consumir, tanto crudo como cocido, empleándose más como una hortaliza que como fruta. Carece de un sabor dulce o ácido característico, lo que permite su combinación con muchos platos. De su rica materia grasa puede extraerse un aceite utilizado en la industria cosmética y farmacéutica. En Brasil fabrican helados con este fruto.
En la medicina popular al aguacate se le atribuyen gran cantidad de propiedades medicinales. Así por ejemplo; la pulpa del fruto tiene reputación de ser buena para acelerar la supuración de las heridas, para regular la menstruación y como afrodisíaco. La corteza del fruto se ha utilizado en algunos países para eliminar parásitos intestinales. Las semillas pulverizadas se utilizan como veneno contra pequeños roedores. Trozos de semilla colocados en el hueco de las muelas se usan contra dolores de muelas.
La semilla, rica en tanino, contiene un jugo lechozo que se torna rojizo en contacto con el aire y se ha utilizado como tinta indeleble para marcar ropa. En la isla de Margarita machacan las hojas hacen un cataplasma que usan para aliviar los morados provenientes de golpes. Las flores de este árbol son fragantes y muy visitadas por abejas, de manera que figura como planta melífera.

Fuente:
El Nacional (2006). El Aguacate, la mantequilla vegetal. Sábado 25 de noviembre. A-9.
Jesús Hoyos (1994). Frutales en Venezuela. Nativos y exóticos. Sociedad de Ciencias Naturales La Salle. Monografía N° 36. Segunda Edición. Caracas-Venezuela.
Kathleen Mahan y Sylvia Escott-Strump (1998). Nutrición y Dietoterapia de Krause. 9° Edición. McGraw Hill Interamericana. México.