jueves, 3 de agosto de 2017

Temas de interés en la Educación Alimentaria y Nutricional

Los 25 artículos más visitados de los 130 publicados
entre marzo 2015 y julio 2017

En estos dos años, y un poco más, de existencia, hemos orientado nuestros esfuerzos a contribuir, aportar, difundir, sensibilizar y participar del proceso de educar y formar a nuestra población y en especial a nuestros docentes, en el tema de la alimentación y nutrición, desde el nivel de Educación Inicial hasta la Educación Superior, en ambientes convencionales y no convencionales, con énfasis en la formación, actualización y capacitación permanente del docente de los diferentes niveles y modalidades para el Sistema Educativo Venezolano, permitiendo revalorar a la Educación Alimentaria y Nutricional como factor determinante de la salud y la calidad de vida, presente y futura de nuestros ciudadanos.
Una muestra de lo anterior se puede hallar en estos trabajos que han sido considerados por nuestra audiencia, los de mayor relevancia e interés en este tiempo.
Gracias por su apoyo
Siempre a su orden
Ernesto De La Cruz y Albino José Rojas Piñango


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jueves, 27 de julio de 2017

Problemas alimentarios menores en la infancia

Cuando se habla de problemas alimentarios menores se refiere a: “un conjunto de comportamientos problemáticos, relacionados con la alimentación y que, a diferencia de otras alteraciones mayores como la anorexia, bulimia y obesidad, no suponen un riesgo, en la mayoría de los casos, para la salud del infante”.
Un comentario habitual en las consultas de pediatras, psicólogos y terapeutas conductuales infantiles es “lo hemos probado todo” o “ya no sabemos que hacer”, y por regla general es así.
Efectivamente los padres intentan solucionar estos problemas de muchas formas. Unas veces hacen lo que se les ocurre, otras veces lo que les aconseja algún familiar, amigo o vecino que dice conocer el remedio, sin embargo en la mayoría de los casos falla y la conducta que se quería eliminar o modificar se refuerza aún más. Finalmente los padres agotados se ven forzados a utilizar como último recurso “el castigo”.

Los principales problemas alimentarios menores en la infancia son:
(a)Comportamientos disruptivos durante la comida (que incluye comer de pie, levantarse continuamente, comer solamente si está jugando, si un adulto lo mira, le cuenta una historia y otros).
(b) Hábitos alimentarios inadecuados (se refiere a negarse a utilizar los cubiertos de forma adecuada para comer o echar la comida fuera del plato).
(c) Negativa a tomar determinados alimentos (por ejemplo los sólidos, los de un color determinado, los redondos).
(d) Demora o dificultad para tragar, masticar, o succionar.
(e) Tiempo de comida excesivo.
(g) Falta de apetito.
(h) Los vómitos frecuentes.

¿Cuáles serán las principales variables implicadas en estas conductas?
En la generación y el mantenimiento de estas conductas, se pueden mencionar:
(a)Variables Extrínsecas: las variables más frecuentes implicadas son el refuerzo social (es la atención que recibe el niño al emitir una conducta); el refuerzo material (es la obtención de un privilegio o la eliminación de un deber o tarea); el modelamiento (es la observación de otra persona emitiendo esa conducta).
(b) Variables Intrínsecas: se refieren a aquellas que tienen una relación directa con la comida, como son el olor, el sabor, la consistencia y la inapetencia.
¿Qué hacer? Primero conservar la calma y solicitar ayuda especializada. Una vez dado este primer paso, el profesional consultado tomará las siguientes medidas: 
1-Comprobar que existe un problema.
2-Informar a los padres acerca de este problema.
3-Descartar cualquier causa orgánica.
4-Detectar las conductas problema.
5-Señalar las variables controladoras de la conducta.
6-Iniciar la terapia adecuada al caso (aquí se incluye terapia médica y conductual, así como una reeducación alimentaria tanto del niño como de la familia).
Fuente:
Dr. Eduardo Hernández G.
Pediatra - Terapeuta de la Conducta Infantil
Comisión de Pediatría Social.
http://www.svpediatria.org/secciones/comunidad/articulos-para-la-familia/articulo/?id=3


jueves, 20 de julio de 2017

La educación como estrategia para fomentar estilos de vida saludables

La carta de Ottawa propone: “La salud se crea y se vive en el marco de la vida cotidiana; en los centros de enseñanza, de trabajo y de recreo; la salud es el resultado de los cuidados que uno se dispensa a sí mismo y a los demás, de la capacidad de tomar decisiones y controlar la vida propia, y de asegurar que la sociedad en que uno vive ofrezca a todos sus miembros la posibilidad de gozar de un buen estado de salud”.
Dentro de este contexto, se ha propuesto la promoción de la salud desde la escuela, como requisito previo de la salud como un compromiso frente a las metas del milenio y la OMS. La OPS propone la estrategia de Promoción de la Salud Mediante la Escuela, que “facilita que autoridades, escuela, comunidad y los servicios locales de salud potencialicen la capacidad de desarrollar conocimientos, actitudes y prácticas de promoción de la salud y de prevenir los factores y condiciones de riesgo en las nuevas generaciones.
La promoción de la salud escolar también contribuye a disminuir el abandono y la repitencia escolar, ambos factores de riesgo para la salud y el desarrollo humano”. Esta idea se basa en la participación social en torno a los programas de mejoramiento de la promoción de la salud que se deben consolidar en la escuela.
Dichas propuestas constituyen un espacio en términos de impulsar, desde los primeros años, la conciencia de configurar la propia vida y ser motores para contribuir a hacerlo con los que rodean a quien aprende en primera instancia.
Esto posibilitaría la construcción de una cultura de la salud, a través de la formación de estilos de vida saludables, en el fomento de actitudes y comportamientos para una vida sana; la construcción de políticas, prácticas y valores para vivir, que fomenten la autoestima del individuo, provean oportunidades de éxito, de logros personales, de convivencia pacífica, como base para un mundo feliz.
La construcción de espacios físicos que protejan la salud da una mayor conciencia respecto a las relaciones que se establecen con el medio ambiente físico y psicosocial. Dentro de las alternativas para lograr mejorar los estilos de vida que involucran aspectos de tipo socioeducativo se incluyen, por ejemplo, las campañas de prevención del tabaquismo, del consumo de alcohol, las de promoción de una alimentación saludable y del ejercicio físico o las de promoción de la salud, y se dirigen a grupos sociales o sociedades enteras.
Los anteriores son factores de riesgo dentro de un estilo de vida, pero hay que considerar que: “La educación para la salud es toda actividad libremente elegida, que participa en un aprendizaje de la salud o de la enfermedad, es decir, es un cambio relativamente permanente de las disposiciones o de las capacidades del sujeto.
Una educación para la salud, eficaz, puede así producir cambios a nivel de los conocimientos, de la comprensión o de las maneras de pensar; puede influenciar o clarificar los valores; puede determinar cambios de actitudes y de creencias; puede facilitar la adquisición de competencias; incluso, puede producir cambios de comportamientos o de modos de vida”.
La función de “facilitar” ya implica las características que ha de tener el papel del educador, considerando a este como un facilitador de los cambios voluntarios de comportamiento, es decir, entendiendo la naturaleza de la tarea educativa para la salud como una relación de ayuda y apoyo, no impositiva, y en la que el elemento fundamental de la relación educativa es el que aprende.
Considerar que los cambios de comportamiento que pretende lograr la educación para la salud han de ser “voluntarios”, implica una percepción antropológica de que todo individuo posee un modo de vida propio, que viene condicionado por su herencia, su desarrollo, su cultura y su entorno, y que, por tanto, cada persona tiene su propia forma de comportarse, sus actitudes, sus valores, sus experiencias y sus conocimientos específicos.
Pero, al mismo tiempo, supone una concepción de la educación para la salud como proceso facilitador de cambios en los estilos de vida de los sujetos, que estos podrán asumir o no, sin ejercer ningún tipo de manipulación conductual sobre ellos.
Los “comportamientos saludables” que se pretende conseguir con los proyectos educativos para la salud son aquellos que nos permiten mejorar nuestro estado de salud. Con ello se alude no solo al resultado de las actividades educativas, sino también a la influencia de las acciones emanantes de diversas instancias sobre la salud, esto es, sobre las condiciones de vida, ambientales o de servicios prestados a la población.
Resulta evidente la importancia que se ha dado a la acción de educar para la salud por diversos autores. Sin embargo, se encuentra que se ha contemplado en forma desligada de la calidad de vida, y que al involucrarla, la educación para la salud se convierte en un instrumento de cambio social e individual, como también lo es la educación en general.
Desde una perspectiva intervencionista, la educación para la salud se ha considerado como un proceso propositivo de aprehensión de patrones relativos al mantenimiento y promoción de la salud. Este proceso tenderá a crear hábitos que lleven a unas conductas referidas a estilos de vida sanos.
La OMS, ya en los años 50, afirmaba que la finalidad de la educación sanitaria es “ayudar a los sujetos a conseguir la salud mediante su propio comportamiento”. Esta finalidad no debe ser absoluta, en el sentido de que esta acción educativa resulta ser uno de los instrumentos de la promoción de la salud y de la acción preventiva, que ayuda al individuo a adquirir un conocimiento científico sobre problemas y comportamientos útiles, para alcanzar el objetivo salud.
Para que se generen reales acciones de defensa de la salud, se debe implicar responsablemente al individuo y al grupo en las acciones de defensa de la salud, es decir, debe aparecer un compromiso de cambio. Las acciones preventivas evitan la aparición de un problema, pero las acciones previsivas promulgan acciones positivas hacia la previsión que tiene el fin de reforzar o fomentar los factores protectores de la salud y mejorar el ambiente de la persona, para que sea cada día más útil, saludable y feliz.
Se pone de manifiesto la interrelación de los problemas individuales y colectivos, respecto tanto al ambiente físico-social, como con los aspectos de salud, vida y política. Por lo tanto, el concepto de educación para la salud debe ser integrador y positivo.
“Cuando nos referimos a la educación, creemos que debemos hacer hincapié en su aspecto globalizador, el hombre que es un todo, es una realidad, bio/físico/social, donde las relaciones son parte fundamental. Sería falaz, por nuestra parte, proponer un modelo de educación para la salud que no tuviera como base el principio de globalidad, tratando de separar los aspectos de la salud de todas las demás dimensiones humanas.
Creemos que los conocimientos referidos a la salud, en todos sus aspectos, deben ser incluidos en el currículum, tratándose en los niveles y materias que corresponda. Así, se podrá lograr la coordinación de los profesores para obtener la tan necesaria visión global y completa de los problemas de salud. Para los alumnos, la educación para la salud debe ser percibida como un elemento más en el quehacer cotidiano de la escuela.
Si la educación para la salud se lleva a la escuela de manera global e integrada en el currículum, afectará a toda la población escolar a lo largo del período de escolaridad obligatoria, período suficientemente largo para que la acción educativa haya generado conductas óptimas referidas al patrón salud.
Desde una perspectiva psicológica, debemos subrayar la importancia configurativa de las intervenciones educativas que se producen en la escuela; los niños en edad escolar disfrutan de la mayor plasticidad de su período vital, por lo que su capacidad de cambio es mucho mayor de la que pueden tener luego como seres adultos.
Debemos subrayar, por último, que nunca una experiencia de este tipo pueden ser impuesta, sino que debe ser aceptada no solo por la escuela, sino por la comunidad escolar, teniendo en cuenta las necesidades e intereses de los distintos grupos sociales que la integran; solo así las intervenciones serán congruentes, produciendo la consiguiente amplificación de sus efectos”.
Este planteamiento requiere cambios en la forma de educar, respecto de la iniciación de esta formación en etapas tempranas de la vida. En segunda instancia, es evidente la necesidad de políticas claras de las instituciones gubernamentales y de los formadores de formadores, para crecer en la habilidad de comunicar la importancia del desarrollo de una conciencia personal respecto de la responsabilidad que tiene cada individuo frente a su salud, y que esta genera un compromiso social acerca  de la veracidad de la información transmitida, de la verificación de la efectividad en el cambio de patrones de conducta y, finalmente, respecto de la salud de los miembros de dicha comunidad.
En tercera instancia aparece la industria y la ingeniería, que además de resolver los temas propiamente tecnológicos, requiere comprender al consumidor como una persona que en su totalidad debe alcanzar su bienestar, cualquiera que sea su condición, aun cuando aparezcan en primera instancia como responsables de este proceso la medicina y el Estado.
Para ello, se deben mantener campañas de capacitación responsable a nivel de los medios de información tradicional y de la misma Internet, que muevan al consumo de alimentos saludables, funcionales o no, que realmente proporcionen sustancias que tengan alto valor nutritivo, pero que a su vez se unan a estilos de vida saludables, que impliquen una combinación apropiada de ellos y la manera adecuada de prepararlos, consumirlos y mantenerlos en almacenamiento.
La carta de Bangkok, para la promoción de la salud en un mundo globalizado, del 2005, establece las medidas, los compromisos y las promesas necesarias para abordar los problemas de salud en un mundo globalizado, todo esto fomentando lo propuesto en la carta de Ottawa. Considera dentro de sus destinatarios al sector privado e involucra como factores críticos el desarrollo de nuevas formas de consumo y comunicación, así como las medidas de comercialización.
Involucra como compromisos clave lograr que la promoción de la salud sea un componente primordial de la agenda de desarrollo mundial, una responsabilidad de todo gobierno, un objetivo fundamental de las comunidades y de la sociedad civil, y un requisito para las buenas prácticas empresariales. Aun cuando el papel de la industria y la ingeniería no aparece mencionado en forma directa, resulta una oportunidad de enfrentar la responsabilidad compartida, el velar por la salud de los consumidores a través de la investigación y el desarrollo de productos asequibles a toda la población, que promuevan estilos de vida saludable, más allá de garantizar la inocuidad de los mismos y la salud de sus trabajadores.
Pero la acción preventiva debe trascender, al hacer frente a los efectos nocivos del comercio, productos, servicios y estrategias de comercialización, que en últimas promueven patrones culturales contrarios a lo esperado. La promoción de la salud debe ser parte de la estrategia de formación del nuevo consumidor, que será consciente de la relación salud-alimentación, y para ello aparece como componente fundamental la educación.
Todo esto debe ser desarrollado dentro del marco sociocultural particular y empleando, además, las estrategias educativas que involucren el crecimiento personal. Se requiere involucrar a ambos actores en el proceso de adquirir una cultura de salud, donde la prevención sea la prioridad; adquirir una actitud positiva hacia la salud, tanto individual como colectiva, teniendo en cuenta el cuerpo y las emociones; adoptar estilos de vida saludables, conociendo los principales problemas de salud actuales y el modo de prevenirlos. La industria y la ingeniería deben ser parte del proceso formativo como facilitadores, fomentando, desde su cultura institucional y profesional, que cada individuo se haga responsable por su salud, por su estilo de vida y por el efecto positivo que genera en la sociedad y en el medio ambiente.

Fuente: Gabriela Rabe Cáez Ramírez y Nidia Casas Forero (2007). Formar en un estilo de vida saludable educ.educ. Volumen 10, Número 2, pp. 103-117.

jueves, 13 de julio de 2017

Aprovechamiento biológico de los alimentos

El aprovechamiento biológico de los alimentos va a depender de factores como la calidad de los nutrientes, las condiciones higiénicas de los alimentos, saneamiento ambiental, condiciones de salud del individuo, entre otros.
De esta dimensión se puede destacar que la población venezolana presenta mejoras en las condiciones sanitarias desde el punto de vista cuantitativo (INE, 2011), pero no cualitativo. Es decir, que a pesar de que la infraestructura para el suministro del agua, electricidad y servicios sanitarios ha mejorado, el servicio de calidad y frecuencia sigue teniendo grandes retos.
Pero los indicadores de salud en la población se han deteriorado drásticamente en los últimos cinco años. En materia de inocuidad de alimentos se cuenta con un marco legal que no se traduce en acciones públicas concretas.
Todo lo anterior ha generado lo que denomina Dunn (2008) un «problema tipo fin», de gran magnitud y de alto riesgo para la población, como es el problema de la doble carga de la malnutrición, reflejado en un estado nutricional con déficit (desnutrición) y exceso (sobrepeso y obesidad).
La prevalencia de desnutrición global en menores de 5 años fue de 3,4 por ciento para el año 2013 (INN, 2014). Este valor, a pesar de ser más bajo que los años anteriores, es clasificado como una prevalencia intermedia (y no baja), según los parámetros establecidos por la Organización Mundial de Salud (OMS).
Retomando la idea anterior, es importante destacar que por encima de este valor se encontraban 15 entidades federales, con la prevalencia de desnutrición más alta en Amazonas (8.63 por ciento) (FAO, 2013). También, para este año, el 13 por ciento de los niños menores de 5 años presentó desnutrición crónica (baja talla para la edad) (FAO, 2013). No existen datos disponibles sobre la deficiencia de hierro y otros micronutrientes esenciales para la población venezolana.
Para el 2010, la malnutrición por exceso (sobrepeso y obesidad) se presentó en 23 por ciento de niños de 7 a 17 años, y en 55 por ciento de los adultos (INN, 2010), lo que ha traído como resultado el incremento de la morbimortalidad por enfermedades cardiometabólicas como diabetes e hipertensión, que representan las primeras causas de muerte en Venezuela (MPPS, 2015).
Políticas públicas en alimentación y nutrición
Estas deben ser diseñadas para garantizar la seguridad alimentaria y nutricional en todas sus dimensiones. Para esto el Estado debe planificar estrategias que garanticen la producción,
distribución, consumo y aprovechamiento biológico de los alimentos, estableciendo controles en cada una de las fases de la cadena agroalimentaria y su entorno, de tal forma que el ciudadano cuente con suficiencia cuantitativa, cualitativa y permanente.
Cuando el deber ser de las políticas generales falla o estas no llegan a grupos específicos de alta vulnerabilidad, el Estado se ve en la necesidad de implementar políticas compensatorias o de emergencia para atenuar las consecuencias de la inseguridad alimentaria y nutricional. En Venezuela estas políticas se han caracterizado por un alto gasto social, improvisación, fallas en la calidad de la gestión y problemas para la sostenibilidad de los resultados.
Estas políticas también se han caracterizado por ser predominantemente asistencialistas, limitadas, susceptibles a corrupción, descontextualizadas, con un fuerte componente de importación de alimentos e incapaces de garantizar el derecho a la alimentación de los ciudadanos.
Dentro de las principales políticas sociales compensatorias que han existido en Venezuela se pueden mencionar:
• Las que están dirigidas al grupo materno-infantil, escolar, grupos especiales y son de índole económica, como becas o asignaciones de cupones para la compra de alimentos;
• Las alimentarias, por ejemplo, que ofrecen un alimento para complementar las calorías o algún nutriente de la dieta;
• Las nutricionales, como los suplementos de vitaminas y minerales para prevenir deficiencias específicas y educación nutricional para prevenir y controlar la malnutrición y las enfermedades asociadas a esta.
Desde 2003, estas políticas compensatorias se han concentrado bajo la denominación de misión alimentación, la cual ha contemplado subsidios generales y focalizados, según grupos poblacionales vulnerables, y estrategias para la producción, comercialización, control y aprovechamiento biológico de los alimentos.
La formulación y gestión de estos programas compensatorios en Venezuela se ha hecho desde el Estado, sin contar con el debido seguimiento y evaluación, con la participación de todos los actores involucrados, en especial del beneficiario, quien puede aportar información valiosa para optimizar estos programas sociales. Dicho esto, las políticas deberían ser construidas por todos los actores involucrados, desde las necesidades del beneficiario, con la capacidad técnica del Estado y la asesoría de expertos.
Como resultado de lo anteriormente expuesto, entre los años 2005 y 2008, el 64 por ciento de los alimentos distribuidos por la misión alimentación eran importados y para el año 2011, el gasto alimentario de los hogares en la misión alimentación, a nivel nacional, era de 4,4 por ciento en Mercal y de 1,2 por ciento en PDVAL.
Los datos de ENCOVI, (2016), plantean que hemos llegado al techo en pobreza de ingreso o coyuntural
– La pobreza reciente o temporal comienza a volverse estructural después de 3 años continuos de crisis
– Para el 2017 se van a mantener los niveles de pobreza de ingreso y seguirá aumentando la pobreza estructural.
Sobre las Misiones Sociales:
– Por los datos de la pobreza que muestra la ENCOVI no tenemos una política social que contenga el paso de pobreza coyuntural a estructural. No tenemos programas sociales para impedir la adecuación negativa de los hogares a la crisis de ingreso.
– Además del problema de diseño, persisten los problemas de focalización.
– El programa social con mayor número de beneficiarios sigue siendo el subsidio indirecto a los alimentos básicos
– El deterioro de la atención de barrio adentro supone que la población debe estar más expuesta.
– El aumento de las transferencias directas no es lo suficientemente grande como para suponer que hay un cambio de orientación en la política social.

Fuente: Yngrid Candela (2016). Seguridad alimentaria en Venezuela: una mirada desde el ciudadano vulnerable. Cuadernos del CENDES-UCV. Año 33. N° 91. p.125-139. Tercera época. Enero-Abril 2016. Disponible: http://www.redalyc.org/html/403/40347542008/
Doctora en Nutrición. Profesora-Investigadora del Área de Desarrollo y Salud del Centro de Estudios del Desarrollo, Cendes, Universidad Central de Venezuela