jueves, 20 de abril de 2017

Efectividad de los programas de educación nutricional

La alimentación juega un rol preponderante en nuestra vida. En el tipo de alimentación y el estilo de vida entran en juego muchos factores tales como los alimentos disponibles, las costumbres, la familia, la sociedad y el entrono en general.
Todas estas variables empiezan a ser relevantes durante los primeros años de vida y son las que determinarán nuestro futuro estado de salud.
La alimentación diaria junto con el estilo de vida adquirido durante años, serán la causa de la aparición de muchas enfermedades crónicas como la obesidad, el sobrepeso, la hipertensión, las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo II o los trastornos de la conducta alimentaria. Las enfermedades crónicas tienen efectos en la calidad de la vida de las personas que las padecen, son causa de muerte y tienen efectos económicos negativos en la sociedad.
Estas enfermedades pueden aparecer en la edad infantil o en la edad adulta y las tasas de estas enfermedades son realmente altas en nuestro país. Estas enfermedades se pueden prevenir actuando sobre el estilo de vida antes de que aparezcan (prevención primaria).
La situación actual tanto de salud como económica, obliga a la búsqueda y a la certificación de soluciones efectivas contra estas enfermedades. Sabiendo que se debe realizar una prevención primaria y que el proceso de aprendizaje empieza en edades tempranas, es allí donde se deberían de poner en práctica técnicas efectivas para promocionar buenos hábitos alimentarios y con ello conseguir prevenir las enfermedades y mantener un correcto estado de salud.
El término “educación alimentaria y nutricional” se define como la combinación de distintas estrategias educativas que junto con el apoyo del ambiente ayudan a adoptar ciertas elecciones y conductas tanto nutricionales como alimentarias que conducen a mejorar el estado de salud.
La educación nutricional es un elemento clave en la seguridad alimentaria y en la nutrición comunitaria que ayuda a mejorar los hábitos alimentarios, el estado nutricional y el estado de salud a largo plazo.
Han sido numerosas las revisiones de la literatura que buscan describir las características que los programas de educación nutricional deben de tener para que sean efectivos.
Existen datos que avalan que las intervenciones que están enfocadas a producir cambios conductuales y se apoyan en teorías son más efectivas, en cuanto a que producen cambios conductuales en las personas, especialmente los realizados siguiendo las directrices de las teorías del cambio conductual y aplicándolas correctamente en la práctica.
Distintas revisiones de la literatura científica sugieren que las intervenciones de educación nutricional son efectivas realizando cambios en los antecedentes psicosociales del comportamiento dietético e incluso modificando comportamientos actuales, siempre y cuando estas intervenciones incluyan elementos como: 1) el enfoque específico en un comportamiento alimentario determinado, el uso de una teoría adecuada y de la investigación previa; 2) la suficiente duración e intensidad de las lecciones; 3) el uso de estrategias educativas que aborden los dominios cognitivos, afectivos y conductuales en su relación con el enfoque conductual; 4) la involucración de la familia y la intervención en el ambiente alimentario de la escuela.
Los autores realizaron una revisión de más de 300 programas de educación nutricional para conocer la efectividad de éstos y determinó que aquellos estudios que actuaban sobre el comportamiento eran más efectivos que los que actuaban sobre el conocimiento. Diferenció 3 fases claves en la educación nutricional: 1) la fase motivacional, en la cual se trata de animar a las personas a realizar el cambio (ya sea mostrando los beneficios de dicho cambio o mostrando los riesgos de no realizarlo); 2) la fase activa (se ofrecen las herramientas necesarias para hacer el cambio y pasar de la intención a la acción) y 3) la tercera fase, el factor medioambiental (los elementos del medioambiente cooperan para ayudar a crear un clima positivo para que se produzca el cambio).
Según otros autores, en los programas de educación nutricional se deben tener en cuenta los factores económicos, sociales y culturales que influyen en la población; la escuela y la familia son los lugares idóneos donde actuar.
La FAO señala que las características eficaces de la educación nutricional son elementos como la experiencia práctica, el aprendizaje basado en la experiencia, la duración prolongada de las actividades, la participación y el diálogo.
Una revisión bibliográfica que incluyó 55 artículos de programas de prevención de la obesidad infantil, concluyó que los elementos de efectividad de dichos programas son: a) centrarse en los niños de edades comprendidas de entre 6 a 12 años; b) la implementación de contenido curricular en la escuela relacionado con la alimentación saludable; c) la actividad física y la imagen corporal; d) el aumento de las sesiones de actividad física en las escuelas; e) el aumento y la mejora de la calidad de los alimentos ofrecidos en la escuela y f) el apoyo del ambiente en general e implementación en la escuela de actividades que promocionen la salud.
Otra revisión de la literatura de los programas de prevención de la obesidad puso de manifiesto varias recomendaciones: a) la edad idónea sobre la que actuar es la de 6 a 12 años; b) las escuelas son los lugares idóneos donde implementar políticas para prevenir la obesidad y c) los programas de educación nutricional deben de estar dirigidos a prevenir múltiples riesgos, por lo que deben de tener varios componentes (como el elemento conductual, medioambiental y educacional) y deben de tener una duración mínima de 3 meses.
Recogiendo todo lo anterior, los elementos que deberían estar incluidos en los programas de educación nutricional para asegurar la efectividad de los mismos son: intervenciones centradas en las conductas o las acciones, apoyadas sobre la teoría cognitiva social, la teoría de la conducta planeada y la teoría de la autodeterminación; debe haber autoevaluaciones periódicas realizadas por los niños, deben tener una duración de 30 a 50 horas por año, deben involucrar a la familia; los planes de estudios deben estar adoptados al ambiente cultural, si es posible se debe introducir la tecnología multimedia como herramienta de adherencia de los niños al programa; debe existir un desarrollo profesional de los docentes para cualificarles en el ámbito de la educación nutricional; debe crearse un ambiente alimentario saludable favorable para que los niños se familiaricen con los alimentos y las conductas alimentarias saludables; y por último, las intervenciones deben abarcar múltiples componentes.

Fuente: Nur Al-Ali y Andrés Arriaga Arrizabalaga (2016). Los elementos de efectividad de los programas de educación nutricional. Rev Esp Nutr Hum Diet. 2016; 20(1): 61 – 68. file:///C:/Users/user/Desktop/Entradas/EAN%20culinaria%20Escolares.pdf


jueves, 6 de abril de 2017

Coaching nutricional, un camino para conseguir cambios

El coaching se define según la ICF, International Coach Federation, la mayor organización mundial para esta práctica, como la “relación profesional continuada que ayuda a obtener resultados extraordinarios en la vida, profesión, empresas o negocios de las personas”.
A través del proceso de coaching, el paciente o cliente profundiza en su conocimiento, aumenta su rendimiento y mejora su calidad de vida, por lo que se le considera actualmente como el arte y la ciencia de facilitar el cambio autodirigido.
El coach se refiere al profesional que ayuda a encontrar el camino, eliminar obstáculos y sacar el mejor partido a las capacidades del cliente o paciente que se denomina como coachee.
Teniendo en cuenta que es una disciplina relativamente reciente, es habitual confundir el coaching con el “counselling” o “consejo” (bastante utilizado en la nutrición humana  y dietética) y también con el “mentoring” o “acompañamiento”.
En ambas modalidades el profesional transmite conocimientos y experiencia, mientras en el coaching hay un aprendizaje desde la acción del propio coachee.
El coach no es un asesor, no aconseja ni le dice a su coachee lo que tiene que hacer, no le da indicaciones o soluciones a sus problemas, como haría el consultor o el especialista en determinadas materias sino que es el que facilita el cambio autodirigido.
Si bien el inicio del coaching se centró en el rendimiento laboral individual y colectivo, actualmente se ha extendido, entre otros campos, al de la salud y también al de la nutrición. En relación con la nutrición, el coach debería ser el medio para que el cliente/paciente adopte una nueva actitud y consiga unos cambios globales de hábitos relacionados con la alimentación, el ejercicio y el manejo global de su vida que le permitan seguir un estilo de vida saludable.
Debido al incremento de la prevalencia de las enfermedades crónicas, cada vez hay más estudios centrados en la prevención a través de los factores que influyen en su desarrollo o en su inhibición. A pesar de la existencia de recomendaciones sobre hábitos de vida saludables para prevenirlas, la población general continúa sin seguir estas indicaciones.
Asimismo, la adopción de hábitos saludables es un aspecto difícil de conseguir y aún más la adherencia a los mismos en el tiempo.
La falta de adherencia al tratamiento dietético, es un problema importante por su magnitud y complejidad, siendo responsable del aumento de la morbimortalidad, complicaciones, ingresos hospitalarios, costes sanitarios e insatisfacción del usuario y de los profesionales.
Por ello, parece que más que nunca el coaching nutricional se presenta como una metodología de trabajo que puede contribuir significativamente al cambio de hábitos para la prevención y tratamiento de las enfermedades crónicas.
Los profesionales sanitarios y en especial aquellos vinculados a la educación alimentaria y nutricional, como son los dietitas-nutricionistas, han venido poniendo en práctica algunas de las  técnicas de coaching nutricional –muchas veces sin ponerle el nombre de coaching– para conseguir cambios en los hábitos dietéticos de sus pacientes. Sin embargo, ahora el coaching se encuentra definido y estructurado en una metodología de trabajo.
De hecho, actualmente empiezan a desarrollarse programas y cursos de coaching nutricional donde el profesional tiene la oportunidad de formarse en los diferentes aspectos del coaching para aplicarlos a la nutrición humana y dietética. Esta formación contribuirá sin duda a estructurar su acción sobre el paciente ayudándolo de forma global a mejorar su bienestar, bajo la premisa de que el paciente o cliente posee en su interior las respuestas y los medios para desarrollar las capacidades que le permitirán alcanzar los objetivos nutricionales y/o dietéticos propuestos en ese momento.

Fuente: Iva Marques-Lopes (2014). Coaching nutricional, un camino para conseguir cambios. Rev Esp Nutr Hum Diet. 2014; 18(1): 1 – 2. file:///C:/Users/user/Desktop/Entradas/coachin%20en%20nutricion.pdf

jueves, 30 de marzo de 2017

Factores de riesgo en la infancia para la aparición de Enfermedad Cardiovascular en el adulto

En 2012, dos de cada tres muertes en el mundo se debieron a enfermedades no transmisibles (ENT); se estima que la mortalidad por ENT para 2020 sea de 44 millones y para 2030 representen el 69% de la mortalidad total global. La Organización Mundial de la Salud (OMS), clasifica como ECV a: enfermedad arterial coronaria (EAC), enfermedad o accidente cerebrovascular (ACV), enfermedad vascular periférica (EVP), trombosis venosa profunda (TVP), Embolismo pulmonar (EP), Enfermedad cardíaca reumática (ECR) y cardiopatías congénitas (CC).
Los principales factores de riesgo metabólicos para Enfermedad Cardiovascular (ECV) en el adulto son la Hipertensión Arterial (HTA), hiperglicemia, resistencia a insulina, Diabetes Mellitus tipo 2 (DM2), dislipidemias, sobrepeso, obesidad y síndrome Metabólico (SM).
En niños, acorde a la edad, sexo y estatura se han establecidos los valores límite para el perfil lipídico sérico en ayunas, índice de Masa Corporal (IMC), circunferencia abdominal, presión arterial y síndrome Metabólico (SM). La evidencia epidemiológica sobre la evaluación de factores de riesgo conductuales y metabólicos para ECV en la infancia ha mostrado que:
• Las experiencias de vida condicionantes de estrés psicosocial desfavorable (violencia familiar, maltrato infantil, divorcio de los padres, hogar no estructurado) incrementan la prevalencia de enfermedad arterial coronaria, HTA y DM2 en la adultez.
•Existe una relación directa entre la presencia de factores de riesgo para ECV y el sedentarismo en la niñez: poca actividad física, mucho tiempo frente al televisor.
•Una dieta hipercalórica, baja en vegetales, alta en grasas polinsaturadas y carbohidratos refinados guarda relación con los patrones familiares de ingesta alimentaria y predispone al niño a sufrir ECV en la edad adulta.
•En niños, las alteraciones del metabolismo de ácido fólico, vitaminas B12 y B6 asociadas con hiperhomocisteinemia moderada y severa, se relacionan con ACV y EVP. Sin embargo, aún no existe evidencia publicada en el contexto del impacto sobre ECV en la adultez por la reducción en los niveles de hiperhomocisteinemia debido a fortificación o suplementación dietética con ácido fólico en niños.
•La deficiencia de vitamina D se asocia con elevación de la presión arterial sistólica y riesgo de HTA. El incremento en los niveles de vitamina D, disminuye la presión sistólica y el riesgo de HTA, pero no modifica la diastólica.
•Aun cuando los niveles de deficiencia de hierro y su asociación con la prevalencia de anemia en niños no han sido evaluados en el contexto de riesgo para ECV en el adulto, es importante señalar que la suplementación de hierro disminuye el nivel de estrés oxidativo total asociado a anemia ferropénica.
•Valores por encima del percentil 80 de Colesterol Total (CT), LDL-colesterol, triglicéridos, presión arterial diastólica y sistólica e IMC (índice de riesgo cardiovascular) son predictores positivos para el aumento del grosor de la íntima media carotidea como marcador subclínico de aterosclerosis desde los 3 años de edad.
•Los valores elevados de presión arterial en niños se asocian positivamente con aterosclerosis subclínica e HTA en el adulto.
•Niveles séricos altos de lípidos durante la infancia tienen valor predictivo positivo de dislipidemia y riesgo elevado de ECV en la adultez.
•El sobrepeso se asocia con un incremento en los valores de presión arterial sistólica y diastólica, hipertrofia ventricular izquierda, índice de resistencia a insulina, niveles séricos de ácido úrico, colesterol total y LDL, insulina y triglicéridos. El efecto es mayor en los niños obesos y sus implicaciones en el riesgo para ECV en la adultez podría ser mayor.
•La presencia de Síndrome Metabólico y obesidad en la infancia se asocia con elevado riesgo de aterosclerosis subclínica, elevación de PAS y dislipidemia.
La evidencia mostrada soporta la hipótesis de que las alteraciones del crecimiento como resultado de déficit nutricional durante períodos importantes de crecimiento y desarrollo (vida fetal, lactancia y niñez), resultan en adaptaciones tempranas en estructura y función del cuerpo, que pueden conllevar a un incremento del riesgo de enfermedades crónicas a largo plazo, como la ECV. De allí la importancia de establecer patrones dietéticos para una adecuada programación nutricional desde la infancia que garantice el mejor beneficio de salud a corto y largo plazo para la prevención y control de ECV en la edad adulta.
Por ello, el desarrollo de los cambios vasculares tiene su origen en las etapas pre y posnatal. Las alteraciones durante las fases de la gestación pueden conducir a cambios en el crecimiento fetal, los cuales se han relacionados con un elevado riesgo para ECV en la adultez. De igual manera, el balance nutricional en el periodo posnatal y la tasa de crecimiento y desarrollo durante la infancia y la niñez juegan un papel fundamental en la programación de los cambios cardiometabólicos del adulto.

FUENTE: Alberto José García González, Nedina Coromoto Méndez, María Isabel Ramos, María Elena Villalobos, Iván Soltero y Ramón José Aguilar Vásquez (2014). Crecimiento y nutrición en la infancia y riesgo para enfermedad cardiovascular en la Adultez. Archivos venezolanos de puericultura y pediatría 2014; Vol 77 (4): 190-201.

jueves, 23 de marzo de 2017

¿Qué son las enfermedades transmitidas por alimentos?

Las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA), son aquellas que se originan por la ingestión de alimentos infectados con agentes contaminantes en cantidades suficientes para afectar la salud del consumidor. Sean sólidos naturales, preparados, o bebidas simples como el agua, los alimentos pueden originar dolencias provocadas por patógenos, tales como bacterias, virus, hongos, parásitos o componentes químicos, que se encuentran en su interior.

Los síntomas varían de acuerdo al tipo de contaminación, así como también según la cantidad del alimento contaminado consumido. Los signos más comunes son diarreas y vómitos, pero también se pueden presentar: dolores abdominales, dolor de cabeza, fiebre, síntomas neurológicos, visión doble, ojos hinchados, dificultades renales, etc. 

Sin embargo, existen malestares provocados por los alimentos que no se consideran ETA, como alergias a los mariscos y pescados, o la leche. Para algunas personas, la mayoría de las ETA pueden representar enfermedades pasajeras, que sólo duran un par de días y sin ningún tipo de complicación. Pero, en ciertos casos, las ETA pueden llegar a ser muy severas, dejar graves secuelas e incluso hasta provocar la muerte en personas susceptibles como son los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas y las personas con defensas bajas.


Las enfermedades transmitidas por alimentos pueden manifestarse a través de:
Infecciones: Son enfermedades que resultan de la ingestión de alimentos que contienen microorganismos vivos perjudiciales. Por ejemplo salmonelosis y hepatitis viral.

Intoxicaciones: Son ETA producidas por la ingestión de toxinas formadas en tejidos de plantas o animales, o de productos metabólicos de microorganismos en los alimentos, o por sustancias químicas que se incorporan a ellos de modo accidental, incidental o intencional desde su producción hasta su consumo. Ocurren cuando las toxinas o venenos de bacterias y mohos están presentes en el alimento ingerido. 

Estas toxinas generalmente no poseen olor o sabor y son capaces de causar enfermedades después que el microorganismo es eliminado. Ejemplo: botulismo, intoxicación estafilococia.

Toxi-infecciones causadas por alimentos: son enfermedades  que resultan de la ingestión de alimentos con una cierta cantidad de microorganismos causantes de enfermedades, los cuales son capaces de producir o liberar toxinas una vez ingeridos. Ejemplo: el cólera.

La Organización Mundial de la Salud ha desarrollado las cinco claves de la inocuidad de los alimentos, cuya implementación constituyen una accesible manera de evitar las ETA:
    
1) Conservar la higiene
2) Separar alimentos crudos y cocinados
3) Cocinar completamente los alimentos
4) Mantener los alimentos a temperatura segura
5) Usar agua potable y materias primas seguras.


Fuente: Instituto Panamericano de Protección de Alimentos y Zoonois.

jueves, 16 de marzo de 2017

Hábitos alimentarios saludables desde la niñez: una forma de crecer queriéndonos

La niñez es la etapa de la vida que va desde el nacimiento hasta los diez u once años de edad. Durante estos años nuestro organismo experimenta diversos cambios en cuerpo y mente, los cuales son signos del proceso natural de crecimiento y desarrollo.
Acompañando y para favorecer esos cambios, en la niñez se tienen tareas acordes a la edad. A la vista, algunas tareas se aprecian como concretas y otras como abstractas. Podemos señalar entre las primeras, el sentarse, gatear y caminar, aprender a hablar, a leer, a escribir, alcanzar el control esfinteriano, entre otras, y entre las segundas, lograr control emocional, aprender a establecer relaciones sociales y de convivencia, discriminar entre el bien y el mal, desarrollar la conciencia, cuidar de sí mismo y muchas otras más.
Las conductas cristalizadas resultantes de estas tareas no se logran de la noche a la mañana; por una parte dependen del nivel madurativo alcanzado por el organismo y por la otra, de la estimulación y entusiasmo recibidos de los cuidadores principales para que el niño haga ensayos de conducta.
Los aprendizajes se logran a través de la práctica repetida, lo que a la larga forman los hábitos.
Los hábitos son conductas aprendidas que se repiten una y otra vez, convirtiéndose en comportamientos automáticos que definen un estilo o manera de hacer las cosas. Pueden ser sanos o insanos. Los hábitos sanos son todas aquellas conductas que favorecen el crecimiento, el desarrollo y el modo correcto de hacer las cosas, siendo insanos todos aquellos hábitos que contradicen lo anterior, deterioran o frenan nuestra adaptación y desenvolvimiento.
La adquisición de hábitos sanos o insanos dependen, en un primer momento, de la influencia de las personas que nos rodean, primeramente en la familia, luego en la escuela y posteriormente en el resto de los ambientes donde nos desenvolvemos. Un hábito se mantiene en el tiempo gracias a sus consecuencias, a las recompensas que se reciben del entorno; es por esto que las personas encargadas de la crianza deben actuar de forma consciente, es decir, con intención y trascendencia.
Criar con intención quiere decir con objetivos claros. Saber qué y para qué el niño debe adquirir determinadas conductas, teniendo presente las consecuencias de las mismas. Y criar con trascendencia se refiere a que las conductas a enseñar sean útiles para que sean aplicadas en otras situaciones o ambientes, en el futuro.
Si los hábitos adquiridos son sanos estos nos ayudarán a organizarnos, a cuidarnos y a asumir responsabilidades sobre nosotros mismos y los demás. Si los hábitos adquiridos son insanos permaneceremos en un círculo vicioso que profundizará cada vez más el deterioro de nuestro organismo y perjudicará nuestra relación con el medio.
Una de las tareas que tenemos que aprender para mantenernos vivos y saludables es alimentarnos para nutrirnos y hacer ejercicios regularmente, siendo una verdad irrefutable que para ello se requieren de ciertos hábitos.
Alimentarnos para vivir sanos implica la ingesta de alimentos que nos proporcionen la energía y los nutrientes necesarios para que nuestro organismo cumpla a cabalidad con sus diferentes funciones. Esto se logra a través del hábito de comer de forma balanceada y variada todos los días.
Se entiende por alimentación balanceada la ingesta de alimentos representativos de los tres grupos alimenticios (energéticos, reguladores y reparadores). Para garantizar que nuestro cuerpo cuente con las cantidades necesarias de nutrientes que reparan, regulan y dan energía, de forma regular esos alimentos deben estar presentes en nuestros platos de comida.
Para no aburrirnos, la Naturaleza sabia y divertida agregó a cada grupo de alimentos diferentes representantes, lo cual es especialmente útil cuando se experimenta algún tipo de intolerancia hacia determinados alimentos. Se remplaza un alimento por otro con el mismo valor nutritivo.
Cuando consumimos los nutrientes necesarios ingiriendo cada día alimentos diferentes logramos que nuestra alimentación sea variada.
Ahora, ¿cuándo podemos comenzar a incorporar hábitos alimentarios saludables? Aunque cualquier momento es bueno para cuidarnos, lo ideal es comenzar desde la niñez porque mientras más temprano aprendamos a tratarnos adecuadamente más años con salud añadiremos a nuestra existencia.
Creando hábitos alimentarios saludables desde...
En los primeros años de vida la forma de alimentación varía dependiendo de nuestra natural evolución. Es por ello que se puede hablar de una etapa en la que lo adecuado es ingerir alimentos líquidos, en una segunda alimentos semisólidos y, en la última, alimentos sólidos.
Etapa del alimento líquido: la lactancia.
Comprende desde el nacimiento hasta los seis meses de edad, periodo en el cual la alimentación debe ser exclusivamente con leche materna.
A la leche materna se le conoce como el alimento más completo, perfecto, ideal, para los más pequeños de la especie humana, hasta los seis meses de edad. Esta se caracteriza por ser una compleja combinación de agua con variados nutrientes, en cantidades que se ajustan a los requerimientos nutricionales del bebé para que crezca y se desarrolle adecuadamente durante esos primeros meses de vida.
Debido a su composición, la leche materna favorece la evacuación y protege al bebé de infecciones intestinales que provocan vómitos y diarreas, lo defiende de infecciones respiratorias y, permite que experimente menos gases, cólicos y buches.
Los hábitos alimentarios a desarrollar en esta etapa dependen de la madre y tienen por finalidad garantizar la vida, el crecimiento y el desarrollo de su hijo, aunque también, y desde el punto de vista psicológico, lograr un acoplamiento armonioso entre mamá y bebé. No se trata de solo darle el pecho sino también de acompañarle con calidez.
Como la higiene es protección y una forma de expresar amor...
· Antes de amamantar lávese las manos con agua y jabón.
·Cuide sus pezones, límpielos con agua hervida antes y después de amamantar. Dele baños de sol.
·Siga técnicas adecuadas de amamantamiento que comprenden cómo dar el pecho, en qué orden, durante cuanto tiempo, cómo sacar los gases.
Para armonizar con alguien se necesita tiempo y dedicación, por lo que...
·En el momento de amamantar, nada de interrupciones. Estar en cuerpo y mente centrada en su bebé será lo más amoroso y placentero para ambos.
Para armonizar también se requiere conocer y comprender al otro...
·Al principio los ritmos de alimentación del bebé no son regulares, lo que hace que las tomas sean cercanas entre sí, pero progresivamente deben volverse estables, cada 3 ò 4 horas, cada 6 horas y luego cada 12 horas, lo que trae como consecuencia ciclos de sueño-vigilia cada vez más regulares. Lo que procura descanso tanto a la madre como el hijo.
·En estos primeros momentos del bebé por la vida hay que tener en cuenta que su llanto significa muchas cosas pues no tiene otra forma de comunicarse. No todas las veces que llora es por hambre, por lo que la madre tiene que afinar su oído para aprender a discriminar mensajes y asociarlos con eventos.
Si obliga a su hijo a alimentarse en momentos en los que no tiene hambre puede, por un lado, desarmonizar la relación entre ambos y, por otro, romper con el equilibrio interno de su cuerpecito, creando innecesariamente complicaciones emocionales y físicas.
El acto de amamantar define los lazos emocionales entre la madre y su hijo (a). Tenga siempre presente que los bebés son muy sensibles a la forma en que se les sostienen, si carga a su hijo con calidez seguro lo sentirá y se alimentará con placidez porque confía en su amor. Le estará enseñando que él o ella es una personita merecedora de amor.
Etapa de los alimentos semisólidos.
La ingesta de estos alimentos comienza por lo general una o dos semanas antes de los seis meses, coincide con el logro de la posición sentada sin apoyo y con la aparición de los primeros dientes.
Si bien lo recomendable es que el bebé continúe consumiendo leche materna, esta debe ser complementada, pues ya requiere de otros nutrientes y en mayor cantidad. Por esto, y con la asesoría del pediatra, comienzan a desfilar por su mesa compotas, purés, jugos espesos y cremitas, hechos con alimentos que puede consumir porque su sistema digestivo y renal ya están lo suficientemente maduros para procesarlos.
En esta etapa, como en la anterior, la adquisición de hábitos alimentarios depende de un adulto, aunque ya no exclusivamente de la madre, pues para el momento de comer entran a escena otros cuidadores.
Estará de acuerdo en que siempre es mejor aprender a comportarse en ambientes protegidos, con personas de confianza y desde pequeños. Esto aplica también a los hábitos alimentarios. Veamos los efectos emocionales y sociales de algunos hábitos sobre los cuales los nutricionistas insisten en esta etapa de alimentos semisólidos.
·Incorporar al bebé a la mesa familiar. Este hábito promueve su integración a rituales familiares y sociales.
·Comer en un clima emocional placentero. Evita la interferencia de estados emocionales desagradables en la ingesta y digestión de los alimentos.
·Incorporar el uso de vasos o tazas para bebés. Con esto el bebé se inicia en su autocuidado e independencia.
·No use condimentos para preparar sus comidas, así el bebé podrá conocer y apreciar el sabor natural de los alimentos. Aprenderá a conocer y aceptar la realidad tal cual es. También aprenderá a reconocer lo que le gusta y lo que no le gusta apoyándose en criterios reales.
·Incorpore a su menú un alimento nuevo por vez, así podrá notar si le agrada o no, y si le produce alguna reacción de intolerancia. Esto promueve la actitud exploradora, lo que a su vez fortalece la autoconfianza.
·Siempre prefiera alimentos naturales y los que tengan mejor apariencia porque tienen mayor cantidad y calidad de nutrientes. La conducta humana tiene bases biológicas lo que la hace susceptible a ciertos cambios en función a la presencia o ausencia de determinados nutrientes. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en el efecto de las denominadas plantas nervinas (avena, valeriana, hierba de San Juan, entre otras) que ayudan a calmar al sistema nervioso sobrecargado. Mientras el efecto contrario se obtiene consumiendo café o cola negra.
·Enseñe desde muy chiquito a limpiarse las manos antes y después de comer. Esto favorece el autocuidado.
·Introduzca el hábito del cuidado de los dientes. Como el hábito anterior, esto también favorece el autocuidado.
·Establezca un horario regular para comer y cúmplalo. Las rutinas diarias dan seguridad y estabilidad emocional.
Al transcurrir el tiempo y al acercarnos al primer año de edad, progresivamente se inicia la incorporación de alimentos sólidos, los cuales requieren de menos procesamiento en su preparación en comparación con los semisólidos.
Etapa de alimentos sólidos.
Esta última etapa se inicia al acercarnos al primer año de vida y se mantiene por el resto de nuestros días. Las tareas a asumir en esta etapa aumentan en cantidad, complejidad y, algunas de ellas, en exigencia física también. Como el requerimiento energético se incrementa y hay más exposición al medio, la variedad de alimentos a ingerir tiene que aumentar, así como el tamaño de las raciones.
Si se ha tenido un buen comienzo, las conductas de autocuidado, independencia, normas y costumbres que rodean al acto de comer, ya deben haberse instalado como hábitos.
Si lo anterior se cumple, en esta nueva etapa entra un componente más de tipo informativo-formativo en la creación de hábitos, especialmente cuando de escolares y de adultos mayores se trata.
Con hábitos tales como:
· Nunca saltarse el desayuno.
· Tomar un desayuno completo.
· Comer cinco veces al día: desayuno, almuerzo, cena y dos meriendas.
· Ingerir diaria y frecuentemente agua.
·Consumir tres raciones de frutas y dos raciones de vegetales diariamente.
·Comer de forma variada y balanceada, todos los días.
·Consumir poca sal, grasa y azúcar refinada.
Se evitan:
·Ciertas dificultades de aprendizaje, repitencia y deserción escolar por falta de nutrientes en el cerebro.
·Momentos de distrés y angustias crónicos por problemas de salud que pueden alterar la rutina diaria y el presupuesto familiar, por: visitas al médico, compra de medicamentos y alteraciones de la capacidad funcional, física y/o mental, de quien presenta el problema de salud.
·Consecuencias psicológicas como baja autoestima, depresión y soledad producto de ciertas enfermedades ocasionadas por una mala alimentación. Ej. Obesidad y Diabetes
Con hábitos tales como:
·En lo posible, mantener la costumbre de comer en familia. Todos juntos en la mesa.
·Animar a los niños y niñas a realizar juegos de movimiento, 1 hora todos los días.
·Animar a jóvenes y adultos a involucrarse con actividades deportivas o rutinas de ejercicios semanalmente.
·Diariamente realizar ejercicios de flexibilidad, pues ésta guarda relación con la juventud biológica.
Se promueve:
·El autocontrol, lo que trae como consecuencia la reducción del distrés, la elevación de la autoconfianza, de la autoestima y de emociones positivas.
·El fortalecimiento de los lazos familiares.
·La creación de grupos de apoyo social.
Para concluir podríamos decir que la adopción y mantenimiento de hábitos alimentarios saludables son un reflejo de la crianza consciente (con intención y con trascendencia) recibida durante nuestra niñez. Primero modelados y reforzados por nuestros cuidadores naturales y posteriormente, mantenidos por nosotros mismos gracias al estado de bienestar experimentado internamente, en cuerpo y en mente.

Fuente:

Josnil Rojas (2012). Hábitos alimentarios saludables desde la niñez. Documento en línea. Disponible.  http://www.fundacionbengoa.org/informacion_nutricion/habitos-alimentarios-saludables.asp.