jueves, 23 de marzo de 2017

¿Qué son las enfermedades transmitidas por alimentos?

Las Enfermedades Transmitidas por Alimentos (ETA), son aquellas que se originan por la ingestión de alimentos infectados con agentes contaminantes en cantidades suficientes para afectar la salud del consumidor. Sean sólidos naturales, preparados, o bebidas simples como el agua, los alimentos pueden originar dolencias provocadas por patógenos, tales como bacterias, virus, hongos, parásitos o componentes químicos, que se encuentran en su interior.

Los síntomas varían de acuerdo al tipo de contaminación, así como también según la cantidad del alimento contaminado consumido. Los signos más comunes son diarreas y vómitos, pero también se pueden presentar: dolores abdominales, dolor de cabeza, fiebre, síntomas neurológicos, visión doble, ojos hinchados, dificultades renales, etc. 

Sin embargo, existen malestares provocados por los alimentos que no se consideran ETA, como alergias a los mariscos y pescados, o la leche. Para algunas personas, la mayoría de las ETA pueden representar enfermedades pasajeras, que sólo duran un par de días y sin ningún tipo de complicación. Pero, en ciertos casos, las ETA pueden llegar a ser muy severas, dejar graves secuelas e incluso hasta provocar la muerte en personas susceptibles como son los niños, los ancianos, las mujeres embarazadas y las personas con defensas bajas.


Las enfermedades transmitidas por alimentos pueden manifestarse a través de:
Infecciones: Son enfermedades que resultan de la ingestión de alimentos que contienen microorganismos vivos perjudiciales. Por ejemplo salmonelosis y hepatitis viral.

Intoxicaciones: Son ETA producidas por la ingestión de toxinas formadas en tejidos de plantas o animales, o de productos metabólicos de microorganismos en los alimentos, o por sustancias químicas que se incorporan a ellos de modo accidental, incidental o intencional desde su producción hasta su consumo. Ocurren cuando las toxinas o venenos de bacterias y mohos están presentes en el alimento ingerido. 

Estas toxinas generalmente no poseen olor o sabor y son capaces de causar enfermedades después que el microorganismo es eliminado. Ejemplo: botulismo, intoxicación estafilococia.

Toxi-infecciones causadas por alimentos: son enfermedades  que resultan de la ingestión de alimentos con una cierta cantidad de microorganismos causantes de enfermedades, los cuales son capaces de producir o liberar toxinas una vez ingeridos. Ejemplo: el cólera.

La Organización Mundial de la Salud ha desarrollado las cinco claves de la inocuidad de los alimentos, cuya implementación constituyen una accesible manera de evitar las ETA:
    
1) Conservar la higiene
2) Separar alimentos crudos y cocinados
3) Cocinar completamente los alimentos
4) Mantener los alimentos a temperatura segura
5) Usar agua potable y materias primas seguras.


Fuente: Instituto Panamericano de Protección de Alimentos y Zoonois.

jueves, 16 de marzo de 2017

Hábitos alimentarios saludables desde la niñez: una forma de crecer queriéndonos

La niñez es la etapa de la vida que va desde el nacimiento hasta los diez u once años de edad. Durante estos años nuestro organismo experimenta diversos cambios en cuerpo y mente, los cuales son signos del proceso natural de crecimiento y desarrollo.
Acompañando y para favorecer esos cambios, en la niñez se tienen tareas acordes a la edad. A la vista, algunas tareas se aprecian como concretas y otras como abstractas. Podemos señalar entre las primeras, el sentarse, gatear y caminar, aprender a hablar, a leer, a escribir, alcanzar el control esfinteriano, entre otras, y entre las segundas, lograr control emocional, aprender a establecer relaciones sociales y de convivencia, discriminar entre el bien y el mal, desarrollar la conciencia, cuidar de sí mismo y muchas otras más.
Las conductas cristalizadas resultantes de estas tareas no se logran de la noche a la mañana; por una parte dependen del nivel madurativo alcanzado por el organismo y por la otra, de la estimulación y entusiasmo recibidos de los cuidadores principales para que el niño haga ensayos de conducta.
Los aprendizajes se logran a través de la práctica repetida, lo que a la larga forman los hábitos.
Los hábitos son conductas aprendidas que se repiten una y otra vez, convirtiéndose en comportamientos automáticos que definen un estilo o manera de hacer las cosas. Pueden ser sanos o insanos. Los hábitos sanos son todas aquellas conductas que favorecen el crecimiento, el desarrollo y el modo correcto de hacer las cosas, siendo insanos todos aquellos hábitos que contradicen lo anterior, deterioran o frenan nuestra adaptación y desenvolvimiento.
La adquisición de hábitos sanos o insanos dependen, en un primer momento, de la influencia de las personas que nos rodean, primeramente en la familia, luego en la escuela y posteriormente en el resto de los ambientes donde nos desenvolvemos. Un hábito se mantiene en el tiempo gracias a sus consecuencias, a las recompensas que se reciben del entorno; es por esto que las personas encargadas de la crianza deben actuar de forma consciente, es decir, con intención y trascendencia.
Criar con intención quiere decir con objetivos claros. Saber qué y para qué el niño debe adquirir determinadas conductas, teniendo presente las consecuencias de las mismas. Y criar con trascendencia se refiere a que las conductas a enseñar sean útiles para que sean aplicadas en otras situaciones o ambientes, en el futuro.
Si los hábitos adquiridos son sanos estos nos ayudarán a organizarnos, a cuidarnos y a asumir responsabilidades sobre nosotros mismos y los demás. Si los hábitos adquiridos son insanos permaneceremos en un círculo vicioso que profundizará cada vez más el deterioro de nuestro organismo y perjudicará nuestra relación con el medio.
Una de las tareas que tenemos que aprender para mantenernos vivos y saludables es alimentarnos para nutrirnos y hacer ejercicios regularmente, siendo una verdad irrefutable que para ello se requieren de ciertos hábitos.
Alimentarnos para vivir sanos implica la ingesta de alimentos que nos proporcionen la energía y los nutrientes necesarios para que nuestro organismo cumpla a cabalidad con sus diferentes funciones. Esto se logra a través del hábito de comer de forma balanceada y variada todos los días.
Se entiende por alimentación balanceada la ingesta de alimentos representativos de los tres grupos alimenticios (energéticos, reguladores y reparadores). Para garantizar que nuestro cuerpo cuente con las cantidades necesarias de nutrientes que reparan, regulan y dan energía, de forma regular esos alimentos deben estar presentes en nuestros platos de comida.
Para no aburrirnos, la Naturaleza sabia y divertida agregó a cada grupo de alimentos diferentes representantes, lo cual es especialmente útil cuando se experimenta algún tipo de intolerancia hacia determinados alimentos. Se remplaza un alimento por otro con el mismo valor nutritivo.
Cuando consumimos los nutrientes necesarios ingiriendo cada día alimentos diferentes logramos que nuestra alimentación sea variada.
Ahora, ¿cuándo podemos comenzar a incorporar hábitos alimentarios saludables? Aunque cualquier momento es bueno para cuidarnos, lo ideal es comenzar desde la niñez porque mientras más temprano aprendamos a tratarnos adecuadamente más años con salud añadiremos a nuestra existencia.
Creando hábitos alimentarios saludables desde...
En los primeros años de vida la forma de alimentación varía dependiendo de nuestra natural evolución. Es por ello que se puede hablar de una etapa en la que lo adecuado es ingerir alimentos líquidos, en una segunda alimentos semisólidos y, en la última, alimentos sólidos.
Etapa del alimento líquido: la lactancia.
Comprende desde el nacimiento hasta los seis meses de edad, periodo en el cual la alimentación debe ser exclusivamente con leche materna.
A la leche materna se le conoce como el alimento más completo, perfecto, ideal, para los más pequeños de la especie humana, hasta los seis meses de edad. Esta se caracteriza por ser una compleja combinación de agua con variados nutrientes, en cantidades que se ajustan a los requerimientos nutricionales del bebé para que crezca y se desarrolle adecuadamente durante esos primeros meses de vida.
Debido a su composición, la leche materna favorece la evacuación y protege al bebé de infecciones intestinales que provocan vómitos y diarreas, lo defiende de infecciones respiratorias y, permite que experimente menos gases, cólicos y buches.
Los hábitos alimentarios a desarrollar en esta etapa dependen de la madre y tienen por finalidad garantizar la vida, el crecimiento y el desarrollo de su hijo, aunque también, y desde el punto de vista psicológico, lograr un acoplamiento armonioso entre mamá y bebé. No se trata de solo darle el pecho sino también de acompañarle con calidez.
Como la higiene es protección y una forma de expresar amor...
· Antes de amamantar lávese las manos con agua y jabón.
·Cuide sus pezones, límpielos con agua hervida antes y después de amamantar. Dele baños de sol.
·Siga técnicas adecuadas de amamantamiento que comprenden cómo dar el pecho, en qué orden, durante cuanto tiempo, cómo sacar los gases.
Para armonizar con alguien se necesita tiempo y dedicación, por lo que...
·En el momento de amamantar, nada de interrupciones. Estar en cuerpo y mente centrada en su bebé será lo más amoroso y placentero para ambos.
Para armonizar también se requiere conocer y comprender al otro...
·Al principio los ritmos de alimentación del bebé no son regulares, lo que hace que las tomas sean cercanas entre sí, pero progresivamente deben volverse estables, cada 3 ò 4 horas, cada 6 horas y luego cada 12 horas, lo que trae como consecuencia ciclos de sueño-vigilia cada vez más regulares. Lo que procura descanso tanto a la madre como el hijo.
·En estos primeros momentos del bebé por la vida hay que tener en cuenta que su llanto significa muchas cosas pues no tiene otra forma de comunicarse. No todas las veces que llora es por hambre, por lo que la madre tiene que afinar su oído para aprender a discriminar mensajes y asociarlos con eventos.
Si obliga a su hijo a alimentarse en momentos en los que no tiene hambre puede, por un lado, desarmonizar la relación entre ambos y, por otro, romper con el equilibrio interno de su cuerpecito, creando innecesariamente complicaciones emocionales y físicas.
El acto de amamantar define los lazos emocionales entre la madre y su hijo (a). Tenga siempre presente que los bebés son muy sensibles a la forma en que se les sostienen, si carga a su hijo con calidez seguro lo sentirá y se alimentará con placidez porque confía en su amor. Le estará enseñando que él o ella es una personita merecedora de amor.
Etapa de los alimentos semisólidos.
La ingesta de estos alimentos comienza por lo general una o dos semanas antes de los seis meses, coincide con el logro de la posición sentada sin apoyo y con la aparición de los primeros dientes.
Si bien lo recomendable es que el bebé continúe consumiendo leche materna, esta debe ser complementada, pues ya requiere de otros nutrientes y en mayor cantidad. Por esto, y con la asesoría del pediatra, comienzan a desfilar por su mesa compotas, purés, jugos espesos y cremitas, hechos con alimentos que puede consumir porque su sistema digestivo y renal ya están lo suficientemente maduros para procesarlos.
En esta etapa, como en la anterior, la adquisición de hábitos alimentarios depende de un adulto, aunque ya no exclusivamente de la madre, pues para el momento de comer entran a escena otros cuidadores.
Estará de acuerdo en que siempre es mejor aprender a comportarse en ambientes protegidos, con personas de confianza y desde pequeños. Esto aplica también a los hábitos alimentarios. Veamos los efectos emocionales y sociales de algunos hábitos sobre los cuales los nutricionistas insisten en esta etapa de alimentos semisólidos.
·Incorporar al bebé a la mesa familiar. Este hábito promueve su integración a rituales familiares y sociales.
·Comer en un clima emocional placentero. Evita la interferencia de estados emocionales desagradables en la ingesta y digestión de los alimentos.
·Incorporar el uso de vasos o tazas para bebés. Con esto el bebé se inicia en su autocuidado e independencia.
·No use condimentos para preparar sus comidas, así el bebé podrá conocer y apreciar el sabor natural de los alimentos. Aprenderá a conocer y aceptar la realidad tal cual es. También aprenderá a reconocer lo que le gusta y lo que no le gusta apoyándose en criterios reales.
·Incorpore a su menú un alimento nuevo por vez, así podrá notar si le agrada o no, y si le produce alguna reacción de intolerancia. Esto promueve la actitud exploradora, lo que a su vez fortalece la autoconfianza.
·Siempre prefiera alimentos naturales y los que tengan mejor apariencia porque tienen mayor cantidad y calidad de nutrientes. La conducta humana tiene bases biológicas lo que la hace susceptible a ciertos cambios en función a la presencia o ausencia de determinados nutrientes. Un ejemplo claro de esto lo tenemos en el efecto de las denominadas plantas nervinas (avena, valeriana, hierba de San Juan, entre otras) que ayudan a calmar al sistema nervioso sobrecargado. Mientras el efecto contrario se obtiene consumiendo café o cola negra.
·Enseñe desde muy chiquito a limpiarse las manos antes y después de comer. Esto favorece el autocuidado.
·Introduzca el hábito del cuidado de los dientes. Como el hábito anterior, esto también favorece el autocuidado.
·Establezca un horario regular para comer y cúmplalo. Las rutinas diarias dan seguridad y estabilidad emocional.
Al transcurrir el tiempo y al acercarnos al primer año de edad, progresivamente se inicia la incorporación de alimentos sólidos, los cuales requieren de menos procesamiento en su preparación en comparación con los semisólidos.
Etapa de alimentos sólidos.
Esta última etapa se inicia al acercarnos al primer año de vida y se mantiene por el resto de nuestros días. Las tareas a asumir en esta etapa aumentan en cantidad, complejidad y, algunas de ellas, en exigencia física también. Como el requerimiento energético se incrementa y hay más exposición al medio, la variedad de alimentos a ingerir tiene que aumentar, así como el tamaño de las raciones.
Si se ha tenido un buen comienzo, las conductas de autocuidado, independencia, normas y costumbres que rodean al acto de comer, ya deben haberse instalado como hábitos.
Si lo anterior se cumple, en esta nueva etapa entra un componente más de tipo informativo-formativo en la creación de hábitos, especialmente cuando de escolares y de adultos mayores se trata.
Con hábitos tales como:
· Nunca saltarse el desayuno.
· Tomar un desayuno completo.
· Comer cinco veces al día: desayuno, almuerzo, cena y dos meriendas.
· Ingerir diaria y frecuentemente agua.
·Consumir tres raciones de frutas y dos raciones de vegetales diariamente.
·Comer de forma variada y balanceada, todos los días.
·Consumir poca sal, grasa y azúcar refinada.
Se evitan:
·Ciertas dificultades de aprendizaje, repitencia y deserción escolar por falta de nutrientes en el cerebro.
·Momentos de distrés y angustias crónicos por problemas de salud que pueden alterar la rutina diaria y el presupuesto familiar, por: visitas al médico, compra de medicamentos y alteraciones de la capacidad funcional, física y/o mental, de quien presenta el problema de salud.
·Consecuencias psicológicas como baja autoestima, depresión y soledad producto de ciertas enfermedades ocasionadas por una mala alimentación. Ej. Obesidad y Diabetes
Con hábitos tales como:
·En lo posible, mantener la costumbre de comer en familia. Todos juntos en la mesa.
·Animar a los niños y niñas a realizar juegos de movimiento, 1 hora todos los días.
·Animar a jóvenes y adultos a involucrarse con actividades deportivas o rutinas de ejercicios semanalmente.
·Diariamente realizar ejercicios de flexibilidad, pues ésta guarda relación con la juventud biológica.
Se promueve:
·El autocontrol, lo que trae como consecuencia la reducción del distrés, la elevación de la autoconfianza, de la autoestima y de emociones positivas.
·El fortalecimiento de los lazos familiares.
·La creación de grupos de apoyo social.
Para concluir podríamos decir que la adopción y mantenimiento de hábitos alimentarios saludables son un reflejo de la crianza consciente (con intención y con trascendencia) recibida durante nuestra niñez. Primero modelados y reforzados por nuestros cuidadores naturales y posteriormente, mantenidos por nosotros mismos gracias al estado de bienestar experimentado internamente, en cuerpo y en mente.

Fuente:

Josnil Rojas (2012). Hábitos alimentarios saludables desde la niñez. Documento en línea. Disponible.  http://www.fundacionbengoa.org/informacion_nutricion/habitos-alimentarios-saludables.asp.  

jueves, 9 de marzo de 2017

Condicionantes del comportamiento alimentario

Múltiples factores marcan la dimensión social del comportamiento alimentario. Al margen de los condicionantes socioeconómicos (poder adquisitivo, accesibilidad a los productos, el propio sistema productivo, etc.) podemos destacar los condicionantes socioafectivos (la convivencia familiar, las amistades, los/as compañeros/as y las redes sociales), los condicionantes sociolaborales (horarios de trabajo, comidas de negocios, congresos y reuniones, etc.), y los condicionantes psicosociales (necesidades de seguridad, equilibrio y bienestar, necesidades de hospitalidad y de estima social, etc.).
Asimismo podríamos considerar los condicionantes publicitarios; la combinación publicitaria de formas, colores, olores y sabores de los alimentos con música y actitudes vitales de distinto tipo conforma y configura diferentes hábitos alimentarios y de consumo. Y es fácil constatar que el atractivo psicológico y social de los alimentos impulsado por las modas con frecuencia no guarda relación con su calidad nutritiva.
La conducta alimentaria de los humanos está conformada socialmente. Nuestros hábitos alimentarios se estructuran socialmente a través de la influencia familiar, del sistema educativo y cultural, de las relaciones sociales entre compañeros o amigos, y de la publicidad de las redes y los medios de comunicación social.
Con el paso de la sociedad industrial a la sociedad de servicios hemos transitado de una economía fundada en la producción a una basada en el consumo (sociedad de consumo). Y en general en las sociedades occidentales hemos podido contemplar importantes factores socioeconómicos que han modificado nuestros hábitos alimentarios:
1.- Los incrementos en el nivel de renta y en el nivel de vida de muchas personas han posibilitado un mayor acceso a los alimentos y así han favorecido la sobrealimentación en no pocos sectores de la población.
2.- La mejora en las redes internacionales y globales de transporte y de los sistemas de conservación de los alimentos han permitido una mayor disponibilidad de éstos fuera de lugar y fuera de tiempo.
3.- El aumento en la sofisticación de la comida ha incidido en la oferta de una mayor variedad de productos y en la fabricación de numerosos alimentos sintéticos.
4.- Se observa asimismo una menor influencia tradicional de la familia.
5.-Esta nueva sociedad de consumo se basa en una amplia gama de estrategias de marketing y publicidad.
6.- Los crecientes procesos de mecanización y automatización en muchos ámbitos han influido notablemente en el progresivo sedentarismo de gran parte de la población.
7.- En la compra de muchos alimentos predomina a menudo su comodidad de preparación, de conservación, de empaquetado y de transporte, sin la consideración equilibrada de su calidad nutritiva.
También podemos considerar otros factores de tipo sociocultural con una influencia importante en los hábitos alimentarios. Las tradiciones socioculturales muy a menudo se fundamentan en los recursos naturales disponibles, en las formas sociales y religiosas, en la gastronomía local, en las celebraciones, en la transmisión de procedimientos culinarios, en las modas marcadas por el marketing y la publicidad, etc. A su vez el cambio sociocultural viene propiciado por los progresos científicos, tecnológicos, educativos y sanitarios, por el progreso en las formas de organización social y en las nuevas redes sociales, etc.
Y podemos atender también a las crisis culturales y de identidad en muchas sociedades actuales, y a la fragmentación y la desestructuración producidas en diversos sistemas sociales que proporcionan valores, normas y controles sociales relacionados con la alimentación (cambios en la vida familiar, número de comidas, cantidades en ellas, picoteo, reservas, comidas desordenadas, en la calle, etc.).
Determinantes sociales de la malnutrición
Sin lugar a dudas hay que destacar, por encima de otros, tres determinantes sociales fundamentales para abordar la malnutrición: la educación, el empleo y el género. Cualquiera de estos tres determinantes, y más aún si le sumamos la diferenciación étnica, puede explicar casi todas las situaciones de marginación y exclusión que se dan en todas las sociedades, y que marcan enormemente muchas de las coyunturas de la desnutrición.
Educación
Un buen nivel de educación mejora los conocimientos sobre nutrición y el estado de salud en general. La educación mejora el nivel de salud en la medida que dota a las personas de conocimientos, capacidades y actitudes para guiar y controlar muchas de sus circunstancias vitales.
Al margen de los conocimientos también provee a los individuos de un conjunto de valores, costumbres, normas y referencias que van a ser muy importantes en la conformación de sus actitudes y hábitos alimentarios. Es evidente que las personas mejor educadas cuidan más de su estado de salud y de su nutrición. Hay que destacar que lógicamente un mayor nivel de educación en las madres incide en un mejor estado de salud y nutrición de los niños, y en consecuencia cuando de observan altas tasas de analfabetismo, principalmente en las madres, se comprueban asimismo altos índices de malnutrición en sus hijos pequeños.
Por ello, cualquier política social que pretenda la mejora del adecuado nivel de nutrición de la población casi siempre debe comenzar por procurar un mayor nivel educativo sobre todo en las mujeres y preferentemente en las madres.
Cultura
Casi al mismo tiempo que la educación, habría que considerar la cultura general de la población. Hay que tener en cuenta que los comportamientos alimentarios son interiorizados por las personas como elementos integrantes de un sistema sociocultural determinado. La cultura determina la gama de productos comestibles, la cantidad a ingerir, así como las formas de prepararlos y las prohibiciones alimentarias (tabúes, aspectos religiosos e ideológicos, componentes socioculturales, etc.).
Empleo
Por otro lado tanto el nivel educativo como el nivel cultural de un individuo o de un colectivo aumentan sus oportunidades en materia laboral. El empleo es otro determinante social para una buena nutrición, ya que asegura un regularizado nivel de ingresos y además puede supone un factor de equilibrio personal y de satisfacción muy importante. El empleo y la protección social se revelan como herramientas muy útiles para aumentar el estado general de la salud de las personas.
Por el contrario el desempleo puede acarrear a menudo exclusión y discriminación social. La asociación entre educación y empleo es muy estrecha; una escasa formación redunda en una escasa calificación laboral. La educación, el empleo, la igualdad de oportunidades y la protección social constituyen además la base fundamental para promover en una población, o en un país, la innovación y el desarrollo económico.
 Género
Si nos referimos ahora al género como otro determinante social de la salud y la nutrición podemos observar en muchísimos estudios e informes cómo las mujeres sufren el doble que los varones las consecuencias de todo tipo de crisis y no sólo las de las alimentarias. Las mujeres producen más de 50% de los alimentos cultivados de todo el planeta y, en casi todas las partes, asumen la responsabilidad de alimentar a sus familias.
Pero al cumplir estas funciones, las mujeres se enfrentan con restricciones y actitudes que conspiran para infravalorar su trabajo y responsabilidad, reducir su productividad, cargarles con un peso desproporcionado de trabajo, discriminarlas y menguar su participación en las políticas y toma de decisiones. Según el informe de la FAO para América Latina y El Caribe, los hogares encabezados por mujeres se concentran entre los estratos más pobres de la sociedad y suelen tener menores ingresos que los hogares encabezados por hombres. Los problemas que enfrentan los hogares varían en función de su grado de acceso a los recursos productivos, tierra, crédito y tecnologías incluidos.
Entre las causas subyacentes de la malnutrición que se deben abordar se destacan la carga de trabajo, la ingestión alimentaria y la diversidad de la alimentación, la salud y las enfermedades, y la asistencia a la madre y los niños. Las mejoras en la situación educativa de las mujeres y en sus condiciones laborales repercutirían seguramente en una mejor inversión del dinero destinado a la compra de alimentos y ello incidiría en la seguridad alimentaria y en un estado nutricional familiar más equilibrado.
Podemos pensar también en otros determinantes sociales más secundarios pero que también pueden tener mucha importancia en la vulnerabilidad alimentaria y nutricional de estos sectores de la población a los que estamos aludiendo. De esta manera se puede considerar la falta de apoyo en todos los tipos de redes sociales, tanto las de contacto físico y material con colectivos humanos como las de contacto más virtual o tecnológico con personas distantes en el espacio, lo que con seguridad lastra una información más completa y en el fondo limita o castra las posibilidades de una cultura más amplia y global.
Es fundamental el fomento del empoderamiento en su doble acepción con objeto de que las personas en las comunidades en desarrollo se hagan fuertes en su capacidad de controlar su propia vida, por un lado, y por el otro que se desarrolle un proceso sociopolítico en el que se garanticen los derechos humanos y la justicia social en los grupos más marginados de la sociedad.
En conclusión, si se favoreciera la participación ciudadana y se le permitiera a la sociedad civil una cierta implicación en las políticas públicas de nutrición y salud se evitarían bastantes riesgos potenciales en las malas prácticas de salud y nutrición. Es muy importante que se fomenten las redes de colectivos e instituciones (asociaciones de vecinos o de barrios, poblados o municipios) saludables, que se diseñen y materialicen proyectos y programas conjuntamente con las ONGs, que se participe en la elaboración de los presupuestos comunes, que se trabaje en la integración de los distintos programas de educación nutricional y en la búsqueda de ambientes más saludables, que se extienda la protección social, los programas de empleo y los programas contra la desnutrición, las asignaciones familiares, los comedores infantiles y las becas para el mantenimiento escolar de los adolescentes, que se enfoque la vida de una manera más colectiva y ,en definitiva, como ya hemos señalado antes, que se potencien la comunicación y la cohesión social.

Fuente:

D. Jiménez-Benítez, A. Rodríguez-Martín, R. Jiménez-Rodríguez (2010). Análisis de determinantes sociales de la desnutrición en Latinoamérica. Nutrición Hospitalaria. 2010;(Supl. 3)25:18-25.|

jueves, 2 de marzo de 2017

La alimentación del lactante saludable

La Lactancia Materna Exclusiva, se define cuando el niño es alimentado exclusivamente con la leche del pecho de su madre o de una nodriza, o recibe Leche Materna extraída del pecho sin ningún tipo de líquidos o sólidos complementarios, ni siquiera agua (excepto medicinas, vitaminas o minerales cuando ello es necesario). La Lactancia Materna Exclusiva llena totalmente las necesidades de energía y de nutrientes para la gran mayoría de niños.
La Leche Materna es el alimento ideal para el lactante humano, es adecuada a sus necesidades metabólicas, a su estado de madurez y a los requerimientos para el crecimiento. Contribuye a la adaptación del recién nacido a la vida extrauterina y permite establecer una estrecha relación entre madre e hijo. Además, es un derecho tanto del niño como de su madre.
Lactancia Materna Parcial, implica el consumo prioritario de Leche Materna con la adición de una fórmula láctea u otros líquidos en pequeñas cantidades. Con frecuencia en nuestra región erróneamente se utilizan líquidos edulcorados, té, miel, agua de arroz o cereales, etc. Cuando se usan líquidos adicionales como los mencionados, con frecuencia desplazan el consumo de Leche Materna sin incrementar la ingesta calórica total, con el perjuicio nutricional obvio. Esta práctica se asocia a duplicación del riesgo de diarrea infecciosa.
La Alimentación Complementaria, es la introducción de alimentos y líquidos adicionales a la lactancia, idealmente cuando el niño ya está apto para tal efecto. En condiciones ideales esto debe ocurrir alrededor de los 6 meses, edad en la cual la Leche Materna ya no es suficiente para cubrir a plenitud los requerimientos nutricionales del lactante, por lo que se hacen necesarios otros alimentos y líquidos además de la lactancia para llenar las brechas de energía y nutrientes que supone la Lactancia Materna Exclusiva. Si no se introducen alimentos complementarios a esta edad o se administran de manera inapropiada, el crecimiento del lactante se puede ver afectado.
Aun después de la introducción de los alimentos complementarios, la Lactancia Materna continúa siendo una fuente importante de nutrientes para el niño pequeño y debe mantenerse hasta el año, inclusive durante el segundo año si la madre y el niño así lo desean. Los alimentos complementarios deben ser nutricionalmente seguros y administrados de manera apropiada, para que cubran las necesidades de energía y nutrientes del niño pequeño.
Sustitutos adecuados de la Leche Materna
Se define así a los productos destinados a satisfacer por completo los requerimientos nutricionales de los lactantes durante los primeros 4 a 6 meses de edad y que contribuyen como parte principal de los requerimientos nutricionales a lo largo del primer año de vida cuando no es posible ofrecer Lactancia Materna.
Deben tener una composición similar o equivalente al valor nutricional de la misma y deben ofrecer la seguridad bacteriológica para que su consumo sea inocuo para el lactante.
El niño que por alguna razón no es amamantado y requiere un sucedáneo de la Leche Materna, debe consumir uno que posea la composición adecuada y cuyo suministro sea confiable e ininterrumpido.
Las madres deben ser advertidas previo al consumo de estos productos, sobre la superioridad de la Leche Materna como fuente de alimentación para todos los niños, así como las consecuencias y riesgos del empleo de estos productos si no se observan las condiciones mínimas requeridas para su uso (educacionales, económicas, higiénicas, etc.)
Sustitutos inadecuados de la Leche Materna
Son todos aquellos alimentos utilizados para reemplazar y/o complementar la Leche Materna pero que carecen de la composición nutricional idónea para el efecto. Una de las opciones más frecuentemente utilizadas es el uso de leche de animal modificada en el hogar (por lo general, leche de vaca).
No es recomendable como una opción de alimento de sustitución en niños menores de un año, al igual que la mayoría de bebidas derivadas de cereales, atoles y hierbas, dado que poseen un aporte nutricional muy variable: muy alto en el caso de las leches de animal y muy limitado en el caso de los atoles. No se recomienda el empleo de fórmulas a base de proteína aislada de soya en los primeros 6 meses de vida ni el uso de leche entera de vaca antes del primer año
Suficiencia de la Lactancia Materna
La LIV Asamblea de la OMS en el año 2001 enfa­tizó la suficiencia de la “Lactancia Materna Exclusiva durante los primeros 6 meses como una recomen­dación de salud pública”, junto a la introducción de la Alimentación Complementaria apropiada y segura a partir de esa edad, manteniendo la Lactancia Ma­terna hasta los 2 años si es posible.
La Leche Materna cubre la totalidad de necesidades calóricas y proteicas del lactante humano hasta los 6 meses de edad. A partir de esa edad, aporta aproxi­madamente el 50% de las necesidades de energía del lactante hasta el año de edad y hasta un tercio durante el segundo año de vida. La Leche Materna continúa suministrando nutrientes de mayor calidad que los ofrecidos por los alimentos complementarios y también aporta factores protectores, por lo que es recomendable continuarla a libre demanda hasta los 2 años de edad o más junto a la Alimentación Complementaria adecuada
Riesgos potenciales de la alimentación temprana
Los niños no deben recibir alimentos complementarios diferentes a la Leche Materna antes de los 6 meses. A pesar de ello, en la práctica diaria es común que se les suministre alimentos semisólidos o substitutos inadecuados de Leche Materna en edades tan tempranas como 2 y 3 meses.
Se sabe que existe inmadurez digestiva y funcional. Algunas enzimas digestivas como la amilasa, enzima encargada de digerir el almidón puede ser “estimulada” y aumentar su secreción, al igual que puede “inducirse” un incremento en la filtración glomerular y en la función renal compensatorias debido a la ingesta de grasas y proteínas.
Obviamente, el hecho de que puedan darse esas adaptaciones no justifica el forzar a que ocurran. Por el contrario, está bien descrita en la literatura mundial una gran cantidad de desventajas inmediatas y riesgos a corto y largo plazo asociados a Alimentación Complementaria muy temprana (Previo a los cuatro meses de vida) y que se describen a continuación
Malnutrición: Los alimentos diferentes a la Leche Materna reducen la frecuencia e intensidad de la suc­ción, reduciendo en consecuencia la producción de Leche Materna, con lo que la Alimentación Comple­mentaria pasa a ser “suplementaria”. La gran mayoría de alimentos utilizados para ese efecto poseen un valor nutricional inferior al de la Leche Materna, de manera que el niño no solo toma menos leche sino que consume alimentos nutricionalmente inferiores, la consecuencia lógica es malnutrición. A la inversa, cuando se consumen cantidades muy altas de nu­trientes, el inicio de alimentos sólidos previo a los 6 meses de edad se asocia con obesidad en edades posteriores.
Déficit de Hierro, Anemia: El consumo de cereales y vegetales no suplementados interfiere con la ab­sorción del Hierro contenido en la leche humana, ll­evando a estados deficitarios de dicho mineral y de algunos otros como Zinc y vitaminas. La gran mayoría de alimentos utilizados para ablactación en nuestros países (cereales, granos, tubérculos, vegetales, etc.) son carentes de micronutrientes como Hierro y Zinc.
Incremento del riesgo de enfermedades diarreicas: La alimentación complementaria en países con ba­jos índices de salud ambiental implica manipulación de alimentos en ambientes no sanitarios. La tem­peratura ambiental en climas tropicales y la duración del almacenamiento de comida después de la pre­paración se correlacionan con los recuentos bacte­rianos detectados en los alimentos.
La transmisión de microorganismos, tales como virus, por contami­nación de las manos de los padres o encargados de administrar la alimentación, junto a las limitacio­nes en calidad y disponibilidad del agua son factores adicionales de riesgo cuando se utiliza Alimentación Complementaria a tan temprana edad.
Obesidad: Si bien la etiología es multifactorial y compleja, parece existir una relación entre obesidad adulta/sobrepeso y obesidad durante la infancia: se ha demostrado correlación entre obesidad a los 12 meses de edad y obesidad en etapas posteriores en la vida, incluso en la edad adulta. También existe correlación entre una ganancia de peso muy rápida durante la infancia y sobrepeso posterior. Cuando se inicia la Alimentación Complementaria antes de los 6 meses, se incrementa el riesgo de obesidad.
Los niños alimentados con fórmula crecen igual que los alimentados con Leche Materna durante los primeros 3 meses de vida, a partir de allí, los niños que toman fórmula crecen más que los niños que toman Leche Materna: en promedio 410 g./año los varones y 750 g./año las niñas. Por ello se considera que sobre-alimentación es uno de los principales riesgos de lactancia artificial y Alimentación Complementaria muy temprana. El consumo de leche humana parece regular la ingesta alimentaria, acorde a las necesidades reales del lactante
Hipertensión arterial: La alta ingesta de sodio es uno de los principales factores de hipertensión arterial. La Leche Materna tiene un bajo contenido en sodio (aprox. 15 mg/100 ml: 6.5 mmol./l), pero la ingesta de sodio puede elevarse drásticamente durante la Alimentación Complementaria, según las preferencias culinarias familiares y de la madre. El potasio tiene un rol protector contra la elevada ingesta de sodio en hipertensión arterial. Las frutas y verduras frescas son ricas en potasio, pero la cocción reduce significativamente el contenido de potasio y de las vitaminas A y C.
Arteriosclerosis: El rol de la dieta en arterioesclero­sis y enfermedad cardíaca isquémica es indudable. ¿Cómo actúa? Las dietas ricas en energía y ricas en colesterol y grasas saturadas pero bajas en gra­sas poli-insaturadas, son predisponentes. Una alta ingesta proteica también está relacionada aunque sólo en individuos predispuestos. El sentido común insta a evitar en la Alimentación Complementaria los mismos excesos que han probado ser indeseables en edades posteriores.
Alergia alimentaria: Existe evidencia que la Lactancia Materna prolongada y la introducción oportuna de ali­mentos complementarios contribuyen a la prevención de alergia alimentaria en niños predispuestos, tanto para la proteína de la leche de vaca como las proteí­nas contenidas en otros alimentos.
La Lactancia Materna por 6 meses, especialmente en los niños que tienen riesgo de alergia reduce la incidencia de enfermedades atópicas comparado con los niños que se alimentaron con fórmulas infantiles.
La introducción de alimentos diferentes a la Leche Materna antes de los 4 meses se ha asociado con in­cremento en el riesgo de dermatitis atópica y sensibili­zación atópica en general. El consumo de cereales en torno a los 3 meses de edad en pacientes en riesgo de Diabetes de tipo 1 y Enfermedad Celíaca aumenta la posibilidad de desarrollar estas enfermedades.
Atrasar el inicio de la Alimentación Complementaria, mucho tiempo después de los 6 meses de edad tam­bién resulta contraproducente: No se previenen las alergias y la demora se asocia a efectos adversos tales como una limitada ganancia de peso, deficiencia de hierro, zinc y otros micronutrientes, por ingesta inadecuada, así como retraso en el desarrollo de las habilidades motoras, especialmente lo concerniente a las habilidades relacionadas con la masticación y la deglución que pueden condicionar aversión a los alimentos y problemas futuros para el consumo de alimentos sólidos

Fuente:

Asociaciones de Pediatría de Centro América (2013). Primer consenso Centroamericano alimentación en el primer año de vida. Sociedad Centroamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.