jueves, 23 de febrero de 2017

La educación para la salud (EpS): una propuesta fundamentada desde el campo de la docencia

La EpS contempla al individuo no como un elemento pasivo de su intervención, sino que éste participa activamente en el incremento y mejora de su propia salud. Admite que la conducta humana no sólo está determinada por decisiones propias y factores internos individuales, sino también, por elementos externos ambientales, de manera que ante determinados condicionantes exógenos, difícilmente habrá modificaciones de la conducta individual.
De esta manera, toda la comunidad debe intervenir en la educación para la salud. Como consecuencia de la sensibilización creada por la misma, se produce una auto-responsabilidad en el cuidado y promoción de la salud, que puede llegar a una modificación de actitudes, y en algunos casos de comportamientos, hacia estilos de vida más saludables.
La educación para la salud informa, motiva y ayuda a la población a adoptar y mantener prácticas y estilos de vida saludables, propugna los cambios ambientales necesarios para facilitar estos objetivos y dirige la formación profesional y la investigación hacia estas metas. En opinión de la OMS, la EpS es «cualquier combinación de actividades de información y educación que lleve a una situación en la que la gente desee estar sana, sepa como alcanzar la salud, haga lo que pueda individual y colectivamente para mantener la salud y busque ayuda cuando la necesite»
La EpS ya no es responsabilidad única de la Sanidad, sino que son muchos los sectores de la sociedad que están implicados. Entre todos ellos destaca de manera obvia el mundo de la educación, lo que ha sido entendido desde siempre por el profesorado, que ha incorporado a su docencia diaria prácticas y contenidos de salud.

Condiciones para una acción en Educación para la Salud (EpS)
La educación para la salud es un método de trabajo en la actividad de los educadores y de los profesionales sanitarios. Según Modolo «es un instrumento que ayuda al individuo a adquirir un conocimiento científico sobre problemas y comportamientos útiles par alcanzar el objetivo «salud». La OMS resume en tres los objetivos de la EpS:
1. Obtener que el concepto de salud se inserte en los «valores» reconocidos por la comunidad.
2. Ofrecer a la población conocimientos suficientes y capacidad práctica para resolver los problemas de salud.
3. Favorecer el desarrollo de los servicios sanitarios.
Para conseguir estos objetivos, Modolo señala que toda acción de educación para la salud debe reunir los requisitos y consideraciones siguientes:
1. La educación para la salud no debe centrarse sólo en el individuo, debe comprender al grupo, ya que los comportamientos individuales tienen en gran medida una influencia grupal, social.
2. Se deben abordar problemas concretos, relevantes y percibidos. No se deben tratar problemas no sentidos, pues carecen de significación, ni tampoco generales, que por ser excesivamente amplios, difuminan una posible actuación. Es importante recoger las vivencias de los individuos.
3. La acción debe ser continua y no puede quedarse en actuaciones puntuales, esporádicas o de «campañas». La formación de actitudes y comportamientos requiere un tiempo superior al necesario para la mera información.
4. Se debe tener en cuenta la competencia de los individuos. Cada persona tiene unos comportamientos y actitudes debido a una historia y a una serie de condicionantes que ella misma conoce y valora, por lo que decidirá cambiarlos o no en función de su escala de valores.
5. El profesional de la educación para la salud no debe establecer una relación de autoritarismo, presentando un mensaje de forma dogmática como «la verdad», sino que debe presentarse como colaborador en la búsqueda de soluciones a problemas de interés para todos.
6. La información suministrada debe ser veraz e íntegra, es decir, no debe ser parcial, falsa o deformada. Reconociendo la dificultad de la neutralidad, se debe buscar anular las tendencias por confrontación de los datos provenientes de diversas fuentes.
7. Se debe procurar la motivación necesaria para que los individuos acepten los mensajes, superando los obstáculos y resistencias culturales y psicológicas hacia determinados problemas, ayudándolos aponer en práctica las soluciones encontradas.
El enfoque pedagógico en educación para la salud
El estilo de vida de las personas, aspecto básico en la promoción de la salud, depende en gran manera de su capacidad de elegir, de tomar decisiones. Esto sólo puede desarrollarse si el currículo escolar se plantea de una forma holística, destinada a la formación integral de los alumnos y alumnas, y no simplemente a la transmisión del conocimiento.
Establecer la relación entre los factores de riesgo y el daño para la salud requiere un adiestramiento que permita desarrollar la capacidad crítica de los alumnos sobre sus propios conocimientos. Estas ideas, diferentes en cada individuo, configuran el modo propio de vivir, de relacionar experiencias y comportamientos, de manera que es necesario iniciar las actividades de enseñanza y de aprendizaje averiguando el punto de partida de cada alumno, sus ideas previas, en las cuales intervienen muchas veces tradiciones y prejuicios.
De esta forma, para fomentar el aprendizaje, no sólo de conocimientos sino también de actitudes y de habilidades, no es indiferente la metodología didáctica que se utilice. El método tradicional de transmisión de información, de normas y pautas de comportamiento, no parece el apropiado.
Para hacer educación para la salud en la escuela, no hace falta introducirla como una nueva disciplina. Si analizamos las propuestas educativas de la perspectiva constructivista y las implicaciones metodológicas que conllevan, y las comparamos con las condiciones de una acción de EpS, podemos llegar a la conclusión de que no existen diferencias entre ambas.
Podríamos concluir que el profesorado, tanto por contenidos como por metodología, realiza una acción intrínsecamente de EpS, no siendo necesario hablar de higiene bucodental, sexualidad o alimentación, para llevarla a cabo.
Elementos que configuran un Currículum de EpS
El objetivo último de la educación es el desarrollo intelectual, afectivo y psicomotor de los alumnos, es decir, su desarrollo integral como persona, de forma que todos los contenidos que se tratan, están en función de ese último fin, y la metodología utilizada es aquella que no sólo permite el aprendizaje de conceptos y habilidades, sino también la adquisición de los valores, normas y actitudes relacionadas con ellos.
La escuela tiene la obligación de responder a las necesidades que la sociedad tiene planteadas, y la sociedad actual tiene una serie de problemas de salud que no pueden ser tratados única y sintomáticamente desde el campo de la medicina. Nos referimos a los problemas de cronificación de enfermedades, envejecimiento de la población, uso y abuso de drogas y fármacos, sedentarismo, malnutrición, problemas cardiovasculares, etc.
Todos estos problemas tienen en común una causa que los origina: el estilo de vida. El desarrollo de las diferentes pautas de conducta debe ser tratado en la escuela, ya que la edad escolar es el momento idóneo para ello.
Si la escuela es un lugar de socialización donde se transmite el patrimonio cultural y por donde pasan todos los ciudadanos en el momento de su vida en que es más fácil el aprendizaje e interiorización de ciertos conceptos, valores y normas de comportamiento, es en la escuela, donde se debe capacitar a los alumnos a analizar críticamente los valores culturales, preparándolos para una sociedad plural y diversa. Necesitamos, por ello, conocer los problemas que tiene la sociedad, para abordarlos en consecuencia.
Entre las cuestiones prioritarias actuales en relación a la salud, podemos indicar, los estilos de vida, la alimentación poco saludable, la falta de ejercicio físico, la dificultad en las relaciones humanas, los movimientos migratorio la ciudades deshumanizadas, el consumismo, el envejecimiento de la población, los problemas de higiene, etc. que conllevan unas enfermedades que difícilmente se curan con el tipo de medicina tradicional.
En la EpS es de gran importancia el análisis de la evolución histórica de los diferentes conceptos de salud. No es ésta una cuestión anecdótica, puesto que cada concepto ha ido aportando un rasgo diferente y ha marcado el nivel de conocimiento que existe en la sociedad en cada momento, indicando un camino a recorrer para llegar a alcanzar el concepto de salud que poseemos en la actualidad. Esto significa que debemos tener en cuenta el nivel de partida, los preconceptos de salud de nuestros alumnos para, a partir de ahí, iniciar el proceso de enseñanza y de aprendizaje.
Pero al igual que no existe un único estilo de vida saludable, ya que éste depende del entorno social y cultural en el que nos movemos, tampoco podemos basar la promoción de la salud únicamente en comportamientos individuales, sino que debemos tener un enfoque ecológico, ya que las raíces de los problemas de salud tienen factores políticos, económicos y sociales.
Las actividades planteadas y la metodología empleada deben estar en función de lo que queremos conseguir. Si pretendemos proporcionar destrezas para la vida, aumentar la autoestima, desarrollar la capacidad de elección, de adaptación, de comunicación, de saber gestionar el tiempo con efectividad, y de ser críticos y constructivos con el ambiente que nos rodea, debemos utilizar recursos, estrategias y metodologías adecuadas para ello. Las simulaciones, presentación de problemas, investigaciones, juegos, caracterizaciones, debates, etc. son estrategias que, usadas adecuadamente y en el momento oportuno, dan resultados óptimos.
En este sentido y como propuesta metodológica, debemos contar con la participación de padres, maestros, médicos y demás agentes sociales. Está demostrada la dificultad de obtener algún cambio individual si no hay colaboración en instancias comunitarias que faciliten y refuercen la puesta en práctica de una nueva opción del alumno a la cual ha podido llegar por decisión personal en el trayecto de su aprendizaje escolar.
Lo que se espera del profesorado es que sepa actualizar el tratamiento de estos temas, evitando presentarlos únicamente desde una perspectiva médica e individualista, agregándoles la carga medioambiental que poseen.
Esto requiere hacer intervenir a la familia, analizar con los alumnos las influencias que en sus propios comportamientos posee el entorno donde viven, desde las amistades a la estructura sanitaria, pasando por el tipo de ciudad en la que habitan o la sociedad de consumo en la que están inmersos.
Lo importante es la promoción de la salud y debemos comenzar a conseguir, desde la escuela, que las opciones de vida más fáciles de elegir sean también las más saludables.

Fuente:

Gavidia Catalán, Rodes Sala, Carratalá Beguer, (1993). La educación para la salud: una propuesta fundamentada desde el campo de la docencia. Enseñanza de las Ciencias, 1993, 11 (3), 289-296

jueves, 16 de febrero de 2017

Influencia de los Padres/Encargados en el proceso de alimentación

Junto al valor nutricional ideal o deseable de los alimentos, también deben considerarse los aspectos concernientes a la forma de entregar esos alimentos a un sujeto completamente dependiente como es un niño en esta edad.
Es importante entonces reconocer que muchas de las acciones a implementar dependen de la actitud (disposición y disponibilidad) de la persona encargada, con frecuencia la madre del niño. Las conductas de alimentación del encargado deben ser apropiadas para asegurar que los alimentos sean ofrecidos y aceptados por el niño.
Para llevar a cabo estas actividades de alimentación, los padres, encargados o maestros de Educación Inicial, precisan de recursos adecuados o por lo menos no tener limitaciones para atender al niño y así, en base a sus conocimientos, llevar adelante el proceso de alimentarlo. El tiempo necesario para realizar esas actividades es considerable y debe ser contemplado en la planificación de las actividades que realiza la madre o la maestra.
UNICEF ha reconocido la importancia de las conductas de los encargados de los niños, considerando que tanto la supervivencia del niño como su crecimiento y desarrollo están afectados directamente por la ingesta de nutrientes y la salud, y estos a su vez por factores subyacentes como seguridad alimentaria doméstica, disponibilidad de servicios de salud y salubridad del ambiente.
Cuidado del niño” se refiere a todas las acciones y conductas realizadas por el encargado que resultan en la ingesta apropiada de alimentos, favoreciendo la salud y el desarrollo cognitivo y psicosocial del niño.
Si bien existen grupos sociales con la capacidad socio-económica para afrontar sin limitaciones cualquier recomendación, aun constituyen mayoría en el área los grupos menos favorecidos, para quienes puede ser dificultosa no solo la disponibilidad de los alimentos más adecuados para la Alimentación Complementaria de sus hijos, sino también la disponibilidad de tiempo de la madre del niño, quien con frecuencia debido a las necesidades familiares tiene que salir del hogar y contribuir al presupuesto familiar a través de actividades laborales que pueden interrumpir la Lactancia Materna y el cuidado directo del lactante.
Hoy día cada vez es más constante la participación de la mujer en actividades laborales, con frecuencia en el sector informal o con empleos de baja renta y dudoso beneficio económico global. Eso se traduce en hogares en los que cada vez es menor el tiempo de las madres para la atención de los hijos y la necesidad de involucrar a terceras personas en la atención de los niños. Además, debemos contemplar la problemática social de separación familiar, madres solteras, madres adolescentes, bajo nivel de escolaridad e instrucción, pobre nivel socio-económico, etc., que hacen de la Alimentación Complementaria una actividad de difícil planificación.
Factores que afectan la capacidad de la madre o encargado para proporcio­nar la Alimentación Complementaria
A nivel del hogar y la comunidad, los principales fac­tores que pueden limitar la capacidad de la o las per­sona(s) para realizar la Alimentación Complementaria son:
·Educación, conocimiento y creencias de la persona responsable de la alimentación complementaria
·Carga de trabajo y tiempo disponible para la alimentación complementaria
·Salud y estado nutricional de la persona
·Salud mental, nivel de estrés y seguridad en sí mismo
·Autonomía, control de recursos y asignación intrafamiliar
·Soporte social de parte de la familia y la co­munidad

Se habla del “encargado” de administrar la alimentación complementaria porque si bien es la madre en la mayoría de las culturas la que inicia la alimentación del niño, con frecuencia una vez el niño comienza a caminar, suele quedar bajo la “tutela” de sus hermanos o familiares mayores. Por otra parte, la mujer cada vez está más involucrada en actividades laborales que implican su salida del hogar por períodos variables, que hacen que se interrumpa no solo la Lactancia Materna sino su participación en la alimentación complementaria, pudiendo de igual forma quedar el niño a cargo de familiares o “amigos” no siempre con la capacidad, la dedicación y el tiempo necesarios para realizar esta actividad
Dentro de los factores enumerados, es obvio que si la persona a cargo no tiene los conocimientos adecuados para cumplir a cabalidad el lineamiento de alimentación complementaria o si sus creencias o antecedentes culturales riñen con la misma, no la va a llevar a cabo en forma satisfactoria. De igual manera, si esa persona no dispone del tiempo, la voluntad, el estado de salud o un nivel mínimo de confianza y seguridad en sí mismo, no va a poder llevar a cabo el cuidado del niño. Es evidente entonces que más allá de la presencia de una persona “encargada”, ésta debe tener ciertos requisitos básicos para efectuar adecuadamente las funciones requeridas (edad, educación, madurez, disposición de tiempo, de ánimo y de recursos).
Conducta de la persona encargada ante la alimentación complementaria
Es muy importante no solo ofrecer los alimentos sino interactuar con el lactante para asegurar la adecuada introducción y efectividad de la alimentación complementaria. En ese entendido debe facilitarse:
• La adaptación del método de alimentación a las habilidades motoras del niño: por ejemplo a su ca­pacidad para sujetar una cuchara, la habilidad para morder y masticar, para agarrar alimentos con los dedos, etc., ofertando los alimentos en la consis­tencia, textura y presentación idónea a la capacidad actual del niño.
• Actitud y empatía de la persona que alimenta: es­tímulo para que el niño coma, oferta adicional de comida si el niño muestra deseo, etc.
• Compenetración del alimentador en el proceso: es­tablecimiento de una relación afectiva entre el niño y su encargado; disponibilidad de tiempo para interac­tuar y ofrecer la comida de una forma estimulante y agradable para el niño; promover una interacción positiva, evitando forzar al niño, contrariarlo o establ­ecer conductas de aversión a la comida.
• Asegurar la seguridad y el entorno de la alimentación: organizar las comidas en un local adecuado, establecer una frecuencia y regularidad apropiada a la edad y necesidades del niño, supervisar y proteger al niño mientras se alimenta; evitar distractores durante las comidas.
Muchos casos de niños con retardo en el crecimiento no orgánico, han comprobado la importancia de la interrelación apropiada entre el niño y el encargado de alimentarlo, tanto en lo referente a la organización del tiempo de comida como en los factores asociados a la misma. En caso que estos factores influyan en forma negativa, se puede establecer un pobre crecimiento del lactante aun cuando exista una adecuada disponibilidad de comida.
Con frecuencia los niños con problema para crecer presentan el antecedente de tiempos de comida basados en un enfoque autoritario y coer­citivo por parte de la persona que lo alimenta, en­foque que puede anular el sistema regulatorio interno de hambre y saciedad del niño.
De igual forma, una baja sensibilidad y percepción materna de las señales de apetito – saciedad del niño; familias con pobre interacción afectiva, aislamiento social, pobres lazos de familiaridad, no percepción de problemas sutiles orales/motores o retraso en el desarrollo del niño para la alimentación, en resumen, condiciones capaces de generar una ruptura en la relación afectiva entre el niño y la persona que lo alimenta.
El desarrollo de conductas de alimentación más “ac­tivas” para el niño por parte de los encargados, se asocia a incremento en la ingesta dietética e incre­mento en los índices antropométricos. Esas conduc­tas alimenticias “positivas” pueden tener un poderoso impacto en la cantidad de comida ingerida.
La optimización de la alimentación complementaria implica además de asegurar la calidad nutricional de los alimentos ofrecidos y su seguridad higiénica, pre­star atención a las conductas específicas en torno al proceso de alimentación y a eventuales problemas que puedan interferir con el cuidado del niño.
En resumen, la evidencia actual sugiere que las intervenciones prag­máticas para mejorar la alimentación complementaria probablemente no son tan exitosas si no toman en consideración factores conductuales y los problemas y dificultades que pueden surgir en torno al cuidado del niño. Por ello, los factores económicos y dificultades domésti­cas en el hogar pueden influenciar el tipo y la canti­dad de alimentos ofrecidos y recibidos por el niño.

Fuente:
Asociaciones de Pediatría de Centro América (2013). Primer consenso Centroamericano alimentación en el primer año de vida. Sociedad Centroamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.


jueves, 9 de febrero de 2017

La Educación Alimentaria y Nutricional desde una dimensión sociocultural

La situación de salud y la seguridad alimentaria son precarias en los países de América Latina, donde reina la extrema pobreza, las malas condiciones de salubridad, la insuficiente producción de alimentos, la baja disponibilidad y el elevado precio de los productos alimentarios que impide el acceso a los mismos por parte de la población de forma segura y estable.
Agudizándose esta situación, aún más con el aumento de la población y los bajos ingresos de los sectores pobres. La desnutrición está presente en estos lugares donde no hay una seguridad alimentaria y nutricional, lo que trae consigo enfermedades como las infecciones respiratorias, diarreicas, que están estrechamente vinculadas a las condiciones ambientales de las viviendas, la carencia de agua potable y los inadecuados hábitos higiénicos.
Todo esto repercute en el aprovechamiento biológico de los nutrientes. El mal uso de los alimentos disponibles y la toma de decisiones incorrectas sobre el consumo de los mismos está propiciado por factores socioculturales como: las tradiciones, los hábitos de vida, costumbres, por las condiciones económicas, políticas sociales y culturales que repercuten en el problema de la alimentación y junto a ello tenemos la carencia de una educación alimentaria que promueva estilos de vida saludables.
Todos nos alimentamos es por ello que se hace imprescindible conocer, comprender y entender las relaciones que se establecen entre el hombre y los alimentos en el que predominan la socialización, las formas de economía, las tradiciones conservadas a lo largo de los años, resaltando la importancia de los alimentos en el contexto sociocultural en el que se desenvuelven los sujetos.
La alimentación desde el punto de vista sociocultural:
Nivel social: Posiciones y relaciones entre individuos, en cierto contexto espaciotemporal. Implica también ciertos roles o papeles y normas asociados a ellos, así como la composición de una sociedad en distintos grupos (conjuntos con conciencia y reconocidos como tal), categorías (de etnia, raza, edad o género).
Dicha composición según categorías y grupos nos lleva a hablar de estructura social (diferenciación de posiciones de los sujetos)… En el nivel social nos fijaremos en las relaciones sociales, y con ello en las formas de comensalidad.
Nivel cultural: Este nivel incluye los conocimientos y concepciones del mundo social y natural así como de la tecnología. También incorpora la relación y vínculos entre sociedades distintas. Las culturas son puestas en práctica por grupos humanos específicos (de clase o de etnia entre otros) en un determinado contexto sociohistórico. Todo lo social tiene algo de cultural. Lo de específico que tiene es que se trata como de su vertiente simbólica. De lo que da significado, a todo lo que se dice, se hace y se piensa en una determinada sociedad.
Nivel económico: El de la esfera de la producción, distribución y consumo de bienes y servicios. En nuestro caso, lo aplicamos a la alimentación.
Nivel político: En un sentido restringido atañe a la lucha por el poder, y al ejercicio de éste con una autoridad más o menos legítima. Tiene que ver con la administración y dirección de los bienes y servicios públicos, particularmente a través de leyes. En un sentido amplio, todo intento de tener poder en el espacio público, por parte de individuos, así como las formas de resistencia o consentimiento individual de la aplicación de dispositivos de poder (legal, militar, político, educativo, de género) es político. En el caso de la alimentación, ciertas decisiones
El proceso de alimentación es una cadena de hechos que incluye el cultivo, producción, distribución y consumo de los mismos, así como una serie de leyes y políticas que pueden favorecer o afectar las esferas antes mencionadas. Tiene asociado toda una serie de elementos culturales y sociales como tradiciones, costumbres, religión, raza, etnias, formas de comensalidad. Tiene una carga de significados, valores y permite la socialización entre los diferentes grupos.
Teniendo en cuenta lo planteado por Guerrero (2003), la alimentación es determinante para la supervivencia del hombre y asociado a ello existen toda una serie de elementos objetivos y subjetivos que forman parte de la identidad de cada pueblo y tienen sus raíces en la historia de cada uno de ellos.

Por su parte, Moreno (2003), en su estudio sobre Cultura Alimentaria plantea que el alimento es “un elemento de funcionalidad o disfunción dado que establece la sociabilidad, contribuye a la armonía entre algunos grupos e individuos, además de que representa valores, costumbres y tradiciones, y en algunos grupos o sociedades se distingue como un símbolo que en sus diversidades y características representa unidad, tradición, estatus, distinción, en ciertos casos conlleva una carga de significados espirituales o de éxito al ser considerado un elemento de transferencia de actitudes, sentimientos negativos o positivos para con los demás”.
Es por ello, que en el marco de la Educación Alimentaria y Nutricional, la alimentación –o situación nutricional- constituye una de las múltiples actividades de la vida cotidiana, que por su especificidad y evolución, adquiere un lugar protagónico en la caracterización e interpretación de las dimensiones biológicas, social, psicológica, simbólica, económica, religiosa y cultural de las poblaciones humanas.

Fuente:
Barrial Martínez,  A. y Barrial Martínez, A. M., (2011). La educación alimentaria y nutricional desde una dimensión sociocultural como contribución a la seguridad alimentaria y nutricional. Contribuciones a las Ciencias Sociales. Dic de 2011. Eumed.net. Universidad de Málaga.  http://www.eumed.net/rev/cccss/16/bmbm.html
Guerrero Rivera, T., (2003). El estudio antropológico de cultura y alimentación (primera parte). Revista Virtual Gastronómica. http://www.uaemex.mx

Moreno García, D.,, (2003). Cultura Alimentaria. Revista Salud Pública y Nutrición. Vol.4, No.3, julio-septiembre. http://www.respyn.uanl.mx

jueves, 2 de febrero de 2017

Riesgos potenciales de la Alimentación Complementaria anticipada

Los alimentos sólidos complementarios deben ser introducidos alrededor de los 6 meses de edad. A pesar de las recomendaciones de la OMS y de la mayoría de organismos internacionales especialistas en el tema, un porcentaje importante de madres introducen alimentos sólidos antes de los 4 meses de edad, especialmente si ellas perciben que el niño está hambriento o no se satisface con la lactancia (en base a síntomas como succión persistente, irritabilidad, llanto, etc., síntomas que no siempre se relacionan con hambre).
La introducción muy temprana de alimentos complementarios (previo a los 6 meses de edad) no beneficia al infante y por el contrario puede ser riesgosa debido a:
• Reducción en el consumo de Leche Materna, el niño se satisface con otros alimentos y ya no le interesa succionar el seno, lo cual puede inducir a la disminución de la producción de leche y que el niño consuma otros alimentos de menor calidad nutricional.
• La posibilidad que el niño se atragante o ahogue (en el primer semestre, el niño aun no ha desarrollado plenamente los mecanismos neuromusculares necesarios para la deglución faríngea) por lo que es peligroso el consumo de alimentos que no sean líquidos.
• Desarrollo de alergias alimentarias: en esta edad, el intestino es muy permeable a macromoléculas potencialmente antigénicas y los mecanismos de tolerancia inmunológica aun no se han establecido por completo.
• La maduración funcional y enzimática del tracto digestivo es incompleta en el 1er. semestre, lo que supone problemas de malabsorción y molestias gastrointestinales derivadas al consumir alimentos diferentes a la leche.
• Riesgo de obesidad y alteraciones metabólicas debido al consumo de proteínas y aminoácidos en concentraciones habitualmente no presentes en la leche materna, lo que puede estimular liberación de insulina, factores de crecimiento y estímulo de adiposidad (colesterol, glicemia, ácidos grasos, etc.) en edades posteriores.
• El riesgo siempre latente de enfermedades infecciosas por mala preparación, manipulación o inadecuado almacenamiento de los alimentos ya preparados.
En forma práctica, los requerimientos glo­bales de los niños menores de 1 año son:
AGUA: 135 – 150 ml/kg/día (primeros 6 meses) 90 – 130 ml/kg /día ( 6 – 12 meses ).
ENERGÍA: 105 Kcal/kg/día (0 – 2 meses) 80 Kcal/kg/día (6 – 12 meses).
PROTEINAS: 2 – 2.5 g/kg/día (0 – 6 meses) 1 – 1,5 g/kg/día (6 – 12 meses).
LIPIDOS: 4 – 6 g/100 kcal.

Como regla, la cantidad de alimentos ofrecidos debe basarse en los principios de alimentación perceptiva, asegurando una densidad energética adecuada y una frecuencia de comidas acorde a la edad del niño que no interfiera con la Lactancia Materna.
Optimizar el proceso de Alimentación Complementaria supone considerar no solamente lo que el niño come, sino también el cómo, cuándo, dónde y quién alimenta al niño.
Hay estudios que evidencian que estimular al niño a comer (sin forzarlo), acompañarlo y ayudarlo, mejora la ingesta de nutrientes: un ambiente de tranquilidad y familiaridad ayudará al niño aprender a comer y a disfrutar de ese acto. Es útil recordar que no es solo un momento de aprendizaje de texturas, sabores y olores, también es un momento de amor.

Fuente:

Asociaciones de Pediatría de Centro América (2013). Primer consenso Centroamericano alimentación en el primer año de vida. Sociedad Centroamericana de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica.

jueves, 26 de enero de 2017

Los orígenes del desarrollo de la salud y de la enfermedad en Venezuela


Las enfermedades no transmisibles asociadas a la nutrición se han convertido en una preocupación mayor a nivel mundial. La realización de un consenso en el área de nutrición representa un desafío en un país como Venezuela, cuyas situaciones de crisis sociales y económicas, así como sus características de nación en desarrollo, constituyen circunstancias que implican la presencia de factores de riesgo particulares.
Las características demográficas de Venezuela las cuales involucran una proporción importante de población infantojuvenil obligan a centrar los esfuerzos en los menores de 10 años de edad, a fin de prevenir la aparición de Enfermedades Crónicas Relacionadas con la Nutrición (ECRN) en la edad adulta.
Los esfuerzos para prevenir enfermedades no transmisibles asociadas a la nutrición deben incluir la puesta en marcha de políticas públicas acordes a las necesidades de cada población en particular.
Un factor a considerar es la diferencia que existe entre los países desarrollados y aquellos en desarrollo. La Transición Alimentaria y Nutricional (TAN) reportada en el mundo se presenta en forma acelerada en los países en desarrollo, en contraste con la forma gradual de los países desarrollados; esto origina lo que se consideraba superposición nutricional y ahora se denomina “doble carga nutricional”, en la cual coexisten el sobrepeso y la obesidad con la desnutrición.
La TAN es evidente en los países que se urbanizan rápidamente como Venezuela, ya que la migración hacia las ciudades produce cambios en el estilo de vida: sedentarismo, hábitos y preferencias alimentarios distintos al consumo tradicional, cambios en el consumo de alimentos, incorporación de la mujer al trabajo con menos tiempo para cocinar, exposición al estrés, entre otras. A esto se agregan datos demográficos que perfilan a Venezuela como una población de alto riesgo:
• 23% de embarazo en adolescentes (15 a 19 años): uno de los más altos de la región.
• 8,6% de peso bajo al nacer: cifras que todavía se mantienen elevadas, resultado del embarazo de adolescentes y una mala alimentación de la embarazada.
• Aumento de mortalidad materna a 69,71/100.000 nacidos vivos: tasa todavía alta para la región, debido en gran parte a un mal control prenatal.
• Aumento de mortalidad infantil a 15,2/1000 nacidos vivos.
• Disminución de hasta un 12% de la lactancia materna exclusiva a los 5 meses.
• Aumento de la morbilidad y mortalidad por enfermedades crónicas: la hipertensión arterial ocupa el puesto 14 entre las causas de morbilidad.
Aunque la diabetes, la obesidad y las neoplasias no se encuentran entre las primeras 25 causas de morbilidad general cuando se examinan las tasas de mortalidad en los últimos años, los datos reflejan que el aumento en la tasa de mortalidad en 2010 por diabetes fue de 20,8 a un 33,1x100.000 habitantes, la desnutrición en menores de 1 año fue de 14,9 a 17,9x100.000 habitantes, y las primeras cuatro causas de muerte en el último anuario de mortalidad disponible (año 2011) son: enfermedades del corazón, cáncer, enfermedades cerebrovasculares y diabetes.
La doble carga nutricional ha sido descrita en varios países de América Latina, sin embargo, se ha observado aumento en la prevalencia de sobrepeso y obesidad en escolares en países como México: de 25% en 2006 a 35% en 2012.
Las cifras oficiales para toda Venezuela (INN 2008-2010) entre los 7 y los 17 años son de 15-17% de déficit nutricional, 12-18% de sobrepeso y 9-10% de obesidad. Esta doble carga poblacional no es uniforme, y varía de acuerdo al estrato social y a la procedencia urbana o rural, ya que el exceso es más prevalente en las áreas urbanas y el déficit más alto en las rurales. Esto constituye un reto en salud pública para la formulación de políticas y la implementación de estrategias y programas.
Para este consenso se ha adoptado el enfoque “Curso de Vida Saludable: Familia y Comunidad” de la OMS: etapa prenatal, recién nacido, niño menor de dos años y niño entre los 2 y 9 años.
Tradicionalmente, la obesidad fue considerada como el producto de la interacción entre el genotipo y el estilo de vida. En la actualidad, se reconoce que el factor genético de heredabilidad de la grasa corporal ha sido sobreestimado y que los estilos de vida son coadyuvantes y agravantes, aunque menos relacionados con la mortalidad por ECRN que los orígenes tempranos de estas enfermedades.
Los nichos obesogénicos se han definido como la suma de las influencias, oportunidades o condiciones de la vida que promueven la obesidad en individuos y en poblaciones. La obesidad de los padres parece ser el factor de riesgo más importante para la obesidad en los niños.
El componente intergeneracional de la obesidad se refiere a efectos fenotípicos transmitidos a través de generaciones; sin embargo, el enfoque intergeneracional y familiar incluye el análisis epigenético, evaluaciones epidemiológicas y cualitativas, puesto que existen nichos obesogénicos bien identificados con una transmisión intergeneracional materna biológica, como la Programación Metabólica y parental-familiar, que incluye hábitos alimentarios y estilos de vida, en especial sedentarismo versus actividad física.
Hasta hace poco la masa magra se consideró el tejido primario funcional y el tejido adiposo un almacén de combustible inerte utilizado como apoyo para las funciones fisiológicas. Este concepto ha cambiado tras el descubrimiento de que el tejido adiposo secreta una variedad de hormonas y una amplia gama de citoquinas pro-inflamatorias y anti-inflamatorias. En la prevención de Enfermedades Crónicas Relacionadas  con la Nutrición, se deben considerar: variables propias del niño que interactúan con el ambiente (dieta, patrones de actividad) generando variabilidad en el riesgo de obesidad y variables de la historia de la vida materna que aportan una proporción de esa variabilidad, lo cual indica un efecto trans-generacional.
Los componentes hereditarios de la obesidad son complejos y aún mal comprendidos; cada día se identifican moléculas emergentes que tienen un rol en el control de la masa corporal y, aunque el riesgo genético todavía no puede ser intervenido, esto sí es posible y se deben modificar el medioambiente, la nutrición y los factores de estilo de vida para reducir el impacto de la obesidad y sus secuelas.
La conducta alimentaria se define como un conjunto de acciones que establecen la relación del ser humano con los alimentos. Se acepta que ésta se adquiere a través de la experiencia en el entorno familiar y social, por la imitación de modelos, la disponibilidad de alimentos, los simbolismos afectivos y las tradiciones culturales y está influenciada por factores socioeconómicos.
El contexto familiar en el que funciona la familia moderna, debido en gran parte por los compromisos laborales de los padres, resulta en que las decisiones son discutidas y negociadas con los hijos quienes responden con adaptación o manipulación. A pesar de este patrón democrático, un porcentaje alto de padres inducen a comer más allá de la autorregulación, predisponiendo de esta forma a la obesidad.
Tradicionalmente se ha pensado que los padres tienen una responsabilidad jerárquica y unidireccional en lo concerniente al consumo y hábitos alimentarios de sus hijos. Se ha demostrado que existen patrones de dependencia, interdependencia e independencia en las relaciones familiares, y en las familias de niños obesos hay que analizar y confrontar estos tres patrones. Además, el estilo protector familiar se ha relacionado con exceso de peso, el democrático con estado nutricional normal y el autoritario con malnutrición por exceso o por déficit.
La información disponible acerca de la influencia ambiental, en particular un ambiente obesogénico que contribuya a que la disponibilidad en comidas calóricamente densas sean las preferidas por la población, es extensa; sin embargo, estudios realizados desde esta misma aproximación pero, en contraste, el aumentar la disponibilidad de los alimentos saludables, en particular frutas y vegetales como “oferta” en la mesa familiar, ha sido exitosa para mejorar la ingesta de estos alimentos, los cuales son particularmente difíciles en niños y adolescentes.
Además, la influencia que la familia como estructura de apoyo a la alimentación adecuada ha sido demostrada ampliamente, pues el realizar de manera frecuente al menos los desayunos y las cenas, se promueve un patrón de alimentación más saludable, y se encuentra un IMC dentro de la normalidad en niños y adolescentes que comparten estas comidas al menos tres veces por semana con sus familias; esto, sumado al beneficio del compartir ideas y conversaciones en familia.
También deben considerarse los factores de estrés emocional que afectan a los niños tales como depresión e incluso el hábito de fumar desde la niñez, pues existen estudios que reportan un mayor riesgo de ser obesos ante estas situaciones.
El proceso de familiarización y los procesos condicionantes en la infancia pueden aumentar la preferencia por los diferentes sabores; lo que se considera familiar y preferido puede afectar el peso corporal, ya que las experiencias tempranas siembran las bases para separar lo que es familiar de lo que no lo es. Si esta experiencia incluye la exposición a una variedad de sabores, el niño aprende a preferir la diversidad, mientras que si es limitada estará expuesto a un nicho obesogénico.


Fuente: Mercedes López-Blanco, Livia Machado, Ana López, Marianella Herrera Cuenca (2014). Los orígenes del desarrollo de la salud y de la enfermedad en Venezuela. Archivos Venezolanos de Puericultura y Pediatría. 2014; Vol 77 (3): 137-143.