jueves, 12 de noviembre de 2015

Venezuela y su contexto nutricional

Venezuela es un país en desarrollo en medio de una crisis muy prolongada, y está inmerso en la transi­ción alimentaria y nutricional desde hace muchos años. Esta transición nutricional, no es un simple cambio alimentario, es un proceso multifactorial de cambios socioculturales, económicos y de comportamiento. Ha estado acompañada-precedida por la transición demográfica, que es el cambio desde un patrón de alta fertilidad y mortalidad a uno de baja fertilidad y mortalidad, lo cual es bueno. No toda transición es mala, y la transición epidemio­lógica resultante es el cambio desde un patrón de alta prevalencia de desnutrición y enfermedades infecciosas, hacia uno de enfermedades crónicas no transmisibles.
¿Cuándo se produce la transición alimentaria nu­tricional en una comunidad, en un país o en una re­gión? Cuando aumentan los ingresos de una familia o de una comunidad ocurre una sustitución de la llamada dieta rural por una dieta moderna, opulenta, occidental, rica en grasas particularmente saturadas, proteínas de origen animal, rica en azúcares y donde prevalecen los alimentos procesados.
Hay dos modelos de transición y ambos, según Barry Popkin, difieren en los países en vías de desa­rrollo. En los países desarrollados ha habido un cambio gradual. En los países de ingresos bajos o moderados, países en vías de desarrollo, como los de Asia y Amé­rica Latina, ha habido un cambio acelerado, lo cual preocupa ya que dificulta la toma de decisiones. Al mismo tiempo, existen sobrepeso y bajo peso, que es lo que se ve en Venezuela. Más que una transición, es una superposición alimentaria y nutricional.
¿Qué es lo que pasa? En la transición nutricional que observamos en países desarrollados o en vías de desarrollo, el factor que más contribuye, es la urba­nización. Cuando la gente migra hacia las ciudades en espera de un progreso económico y de una mejor fuente de ingreso, lo que generalmente encuentra es una pobreza urbana. Las personas empiezan a preferir las dietas gustosas. Hay una gran ignorancia nutricional generalizada, la cual es alimentada por los medios de comunicación que ofrecen mensajes dirigidos al consu­mismo masivo, y también, indudablemente hay mayor acceso a los aceites vegetales, a la comida rápida y comida de alta densidad; a los cuales se recurre con frecuencia por las limitaciones de tiempo que tiene la mujer para cocinar, entre otras cosas, por su doble rol.
Lo peor de todo es el sedentarismo, y en este caso se necesitan “políticas de Estado” para influenciar a los hijos y generaciones futuras para que no sean “couch potatoes”, una persona que está todo el día tirada en un sofá, pasando los canales de televisión y comiendo cotufas. La disminución de la actividad física ha sido sig­nificativa en Venezuela, como en todos los países del mundo. Indudablemente, las mejoras del trasporte hacia el colegio y el trabajo, la recreación cada vez más se­dentaria, el exceso de tiempo viendo TV, computadoras, video-juegos, contribuyen a las alarmantes estadísticas de sedentarismo.
En los países en vías de desarrollo, se han susti­tuido las dietas rurales tradicionales por las dietas mo­dernas y occidentales, que aunque son adecuadas, son imprudentes y junto con el sedentarismo y una influencia genética innegable, conducen hacia la obesidad y hacia las enfermedades crónicas no transmisibles, como la hipertensión arterial, Accidentes Cerebro-Vasculares (ACV), cáncer, diabetes y enferme­dades cardiovasculares.
La transición nutricional en América Latina ha sido muy rápida. Uauy, Albalá y Kain en 2001, señalan que en Guatemala y otros países de Centro América, estaban iniciando dicha transición. México, Argentina, Brasil, Colombia, Venezuela y República Dominicana estaban en el medio de la transición, y todavía estamos. Chile, Costa Rica, Cuba y Panamá estaban al final de la transición. Uruguay y los países de habla inglesa del Caribe, estaban en la post-transición. Es más, los países del área del Caribe, también por factor genético indu­dable, son países en los cuales la obesidad ha sido una verdadera epidemia.
Conocemos las recomendaciones de la OMS de utilizar el índice de masa corporal por debajo de 18,5 kg/m2 como bajo peso; encima de 25 kg/m2 como so­brepeso y por encima de 30 kg/m2 como obesidad.

Es importante considerar que en América Latina, por lo pronto, mientras no se tengan los propios valores de referencia en Venezuela, no se debe seguir utilizando la circunferencia de cintura de los anglosajones ni tam­poco la de los asiáticos. En una investigación del Grupo Latinoamericano para el Estudio del Síndrome Meta­bólico (GLESMO), presentada por la Doctora Imperia Brajkovich recientemente en Caracas, se señala que el límite de la circunferencia de cintura en los hombres debe ser igual o mayor de 94 cm, y en la mujer igual o mayor de 88 cm para riesgo de síndrome metabólico. O sea que en Venezuela se debe procurar estar por de­bajo de 88 cm las mujeres y por debajo de 94 cm los hombres. Se recomienda usar estos datos hasta que se tengan datos nacionales.
En el año 2000 ésta era la prevalencia global de obesidad y se había dicho que se había duplicado en los últimos 10 años. Para América Latina había datos entre 28% y 42%.
En el año 2002, Fundacredesa, comparó mu­jeres venezolanas entre los 15 y 50 años, de Vargas y el área Metropolitana de Caracas y de estratos bajos, con mujeres de Bolivia, Brasil, Colombia, Guatemala, Mé­xico, Perú y República Dominicana, y observó que más o menos era la misma proporción: más de 25% - 30% de sobrepeso y más de 10% - 15% de obesidad.
Venezuela está apenas por debajo de Brasil y de Pa­namá con un sobrepeso de 36%; y el síndrome meta­bólico tiene dos cifras en cuanto a su prevalencia, de acuerdo a si se toma el ATP III o si se toma la definición de la Fundación Interamericana de Diabetes. Si se toma el ATP III tenemos 32% y si se toma el síndrome meta­bólico 41%.
Ya el mito de que en los estratos altos se encon­traban los obesos y en los estratos bajos los desnutridos, se acabó. Es más, las mujeres de los estratos altos, por lo menos en Venezuela, se cuidan mucho; cuidan su salud y cuidan su estética, no solamente las jóvenes sino tam­bién personas mayores. Más bien en los estratos bajos, no sólo en Venezuela, sino en gran parte de América Latina, hay más y más sobrepeso y obesidad, especial­mente en mujeres por encima de los 15 años.
En cuanto a la transición demográfica en Vene­zuela, la mortalidad infantil en el año 1941 estaba por encima de los 120 por 1.000 nacidos vivos. En 1961 disminuyó a la mitad; en 2001 a una tercera parte, y ahora mucho más lentamente, en 2008 a 15,8. Todavía es demasiado para un país como Venezuela que ha tenido tantos recursos. La mortalidad materna en Venezuela ha disminuido muy poco; es más, a partir del 2006 ha aumentado, levemente pero ha aumentado.
La esperanza al nacer sí es un indicador que se ha comportado bien en Venezuela y que nos llena de or­gullo. En el año 1935 era de 38 años aumentó 31 años, en un lapso de 45 años (entre el 1935 y 1980), donde la esperanza de vida al nacer era de 69 años. Sin em­bargo, un estudio hecho por Fundacredesa, demostró que en los estratos más altos era de 74 años, mientras que en el estrato 5 era de 64 años. Una diferencia de 10 años al comparar los estratos sociales extremos. Para el año 2008 los datos muestran una cifra prácticamente de 74 años de esperanza de vida al nacer; siempre más alta en las mujeres que en los hombres.
Cuando se analizan las primeras 5 causas de muerte, es evidente que en 1941 esta sociedad era completamente rural. La enteritis y la diarrea eran las primeras causas de muerte, la tuberculosis la segunda, y ya las enfermedades cerebrovasculares y cardiovascu­lares empezaban a subir. Pero a partir del año 2001, las enfermedades del corazón tienen el primer lugar, como en el resto de los países del mundo, cáncer en segundo lugar y luego los accidentes.
En Venezuela se presenta una superposición de problemas de salud pública, los cuales constituyen un reto a causa de la doble carga: altas prevalencias de enfermedades infecciosas, desnutrición, y las enfer­medades crónicas no transmisibles, que cada día au­mentan.
En uno de los estudios de campo de Fundacre­desa, se encontró a una familia en la que había un padre obeso e hipertenso, una madre que estaba em­barazada y anémica, un lactante desnutrido y posible­mente un adolescente obeso; o sea, una “doble carga” familiar.
En nuestro país, aspectos de conveniencia y de información o desinformación, han llevado a grandes cambios en el consumo; además del incremento en el mercadeo de productos manufacturados de consumo directo y/o de fácil preparación. Es importante ver que en el patrón de disponi­bilidad de energía alimentaria, entre 70% y 75% lo aportan azúcar, cereales, miel, grasas visibles; y en un grupo mucho menor, carne, raíces, tubérculos y frutas; las frutas y los vegetales ocupan el último lugar. Peor aún, entre los años 2002 y 2007 los cereales están muy por encima de las grasas y los azúcares, ya que lo triplican; y las raíces, tubérculos y las frutas bajaron del 15% al 3% de la oferta. Lo contradictorio es el programa de cinco vegetales al día, uno de cada color, cuando la oferta está al 3%. Eso es una verdadera tragedia para el pueblo venezolano.
Si comparamos el salario mínimo con los costos de la canasta alimentaria venezolana, que es un instru­mento que se utiliza mucho para planificación, se ob­serva que el salario mínimo apenas cubre el costo de una canasta alimentaria. Eso quiere decir que con el salario mínimo sólo se puede comer, y no alcanza para nada más. La distribución del gasto también es preocupante, 32% en alimentos, apenas 5% en salud y 3% en educa­ción.
Entonces, en Venezuela coexisten tanto el déficit como el exceso. Estos son datos oficiales de Sistema de Vigilancia Alimentaria y Nutricional, donde se uti­liza la combinación de los tres indicadores (peso-edad, talla-edad, peso-talla) para diagnóstico nutricional. En los lactantes el déficit se mantiene y el exceso aumentó, en los preescolares predominó la reducción crónica compensada, la talla baja. En escolares y adolescentes predominó la des­nutrición crónica compensada y el sobrepeso superó la desnutrición aguda con creces. En adultos, especial­mente en mujeres mayores de 30 años, predominaron el sobrepeso y la obesidad.
Los venezolanos tienen muchos factores de riesgo, esto los hace proclives a las enfermedades cró­nicas no transmisibles. Las mujeres venezolanas son de maduración temprana, lo que se ha visto en las curvas de distancia y velocidad de talla y peso, y también en los patrones de maduración sexual y esquelética, a dife­rencia de los anglosajones.
¿Cómo detener las consecuencias de la doble carga de la salud? Actuando para revertir factores tales como la desnutrición y la obesidad materna, el peso bajo al nacer pero también la macrosomía; problemas en el acceso y consumo de los alimentos; la alta den­sidad en la dieta; la baja actividad física y las pocas consistencias en las políticas públicas.


Fuente:
Mercedes López de Blanco, Maritza Landaeta de Jiménez, Yaritza Sifontes (2011).
Venezuela y su contexto nutricional
CANIA. Año 14. Nº 23. P.4-10

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