jueves, 12 de abril de 2018

Cuestiones esenciales sobre educación nutricional


El Manual de Nutrición Kellogs. Plantea un conjunto de cuestiones y comentarios breves que, son un referente de interés para quienes trabajan en el campo de la educación alimentaria y nutricional.

.-La población en general tiene, según diferentes encuestas e investigadores, unos aceptables conocimientos sobre alimentación y nutrición básica pero, ¿son suficientes los conocimientos para producir cambios positivos en sus hábitos alimentarios?
Conocer las características nutritivas de los alimentos y las bases de la buena nutrición son requisitos indispensables de las acciones de educación nutricional. De hecho, constituyen el punto de partida de los programas de este tipo, pero no son suficientes para garantizar un cambio permanente de los hábitos alimentarios.
Para lograr hábitos alimentarios saludables es necesario que se instauren desde los primeros años de vida y respondan al contexto sociocultural del grupo, con un estímulo constante de las actitudes positivas y el apoyo de todos los sectores sociales que de alguna forma intervienen en el hecho alimentario.
.-¿Puede el consejo dietético ejercido por los profesionales de Atención Primaria producir los cambios necesarios en la dieta para combatir las enfermedades crónicas que tienen en la dieta un factor de riesgo?
Los profesionales sanitarios gozan de una alta credibilidad entre la población, por lo que las posibilidades de ser escuchados y atendidos es notable.
No obstante, una vez más, la recomendación dietética, aunque proceda de fuentes solventes y de reconocido prestigio, choca con las barreras culturales, la existencia de recursos de todo tipo, no sólo los económicos, y las tradiciones, símbolos, actitudes y creencias de las personas. Siendo eficaz la utilización de este método, si está bien orientado, no es suficiente para modificar los hábitos del paciente.
.- ¿Puede la legislación sanitaria en materia de alimentación y nutrición inducir cambios en los hábitos alimentarios de la población y favorecer la educación nutricional?
Las Reglamentaciones Técnicas Sanitarias establecen las normas que deben seguirse a lo largo de la cadena alimentaria para garantizar la seguridad alimentaria. La educación nutricional orienta y puede condicionar la elección de los alimentos para que la dieta sea equilibrada y adaptada a las necesidades del individuo.
Las Reglamentaciones Sanitarias relativas al etiquetado nutricional y a la publicidad de los alimentos constituyen un medio informativo para el consumidor que puede mejorar su decisión partiendo de un mejor conocimiento del producto.
.-¿Cuáles son las motivaciones que actúan con mayor impacto en los programas de educación nutricional?
Las motivaciones que estimulan la formación de buenos hábitos alimentarios en una sociedad y que, en definitiva, son la expresión de una buena educación nutricional, están muy ligadas a la jerarquía de valores que esa sociedad tiene. Conseguir y mantener un buen estado de salud suele ser una de las motivaciones más utilizadas por los educadores sanitarios.
La población recibe bien la información, pero como muchas veces entra en conflicto con lo que desea, aunque verbaliza el valor salud como lo que más le importa, su conducta manifiesta lo contrario. Hay una incoherencia entre lo que se dice y lo que se hace.
En relación con la alimentación, las motivaciones referidas a la estética, el prestigio, la aceptación social, la moda, la modernidad, la comodidad en el consumo, el agradable sabor que ofrecen determinados alimentos y, por supuesto, el coste de los mismos en relación con el poder adquisitivo del consumidor son muy importantes y, en la mayoría de las ocasiones, decisivas. La motivación ligada al valor nutritivo del alimento y la salud es muy importante.
 ¿Es la alimentación tradicional una garantía de una dieta saludable y, por lo tanto, es necesario potenciarla en los programas de educación nutricional?
La alimentación tradicional se apoya en la sabiduría popular, basada en experiencias ancestrales, y en el uso de los recursos propios del área geográfica donde se vive. Los conocimientos actuales sobre nutrición y salud han corroborado la bondad de algunas prácticas y la sabia mezcla de alimentos expresada en la gastronomía regional.
No obstante, existen creencias, símbolos y normas que carecen de fundamentos científicos y que constituyen verdaderos errores aunque estén valorados por la magia de los mitos. Lo más sensato es mantener aquellas costumbres alimentarias que se han demostrado saludables y tratar de reconducir aquéllas que no benefician la salud de las poblaciones (raciones excesivas, demasiada grasa, sal, azúcar, condimentos fuertes, monotonía en el consumo). Alimentación tradicional no es sinónimo de dieta equilibrada.
¿Puede la familia transmitir los hábitos alimentarios saludables con más éxito que los programas escolares de educación nutricional?
La institución familiar tiene unas características muy favorables para la transmisión de hábitos alimentarios, pues educa en los primeros años de la vida del sujeto, las relaciones afectivas crean un sustrato psicológico muy eficaz para que se acepten valores como la salud y, además, establece modelos de conducta que constituyen un referente en la edad adulta.
Si las prácticas alimentarias que el niño tiene la oportunidad de ver en su familia son correctas, accederá a la vida de la comunidad con un patrimonio alimentario protector frente a otras alternativas del medio, no siempre adecuadas.
Las actuaciones de la escuela refuerzan o modifican, en su caso, conductas aprendidas en otros ámbitos y pueden contribuir al éxito de los programas de educación nutricional que son tanto más eficaces cuanto más coherentes son las normas establecidas en los diferentes ámbitos de actuación: familia, escuela, comunidad.
¿Pueden los padres delegar su responsabilidad en la formación de buenos hábitos alimentarios y estilos de vida saludables en sus hijos, en instituciones y profesionales especializados en el área de la educación nutricional?
Con cierta frecuencia las familias delegan funciones educativas, como la formación de correctos hábitos alimentarios, en instituciones como la escuela. A esta situación han contribuido las nuevas estructuras familiares, el trabajo extradoméstico de la mujer y, en definitiva, los valores de la sociedad actual, que ha profesionalizado servicios que en épocas anteriores se desarrollaban en el hogar. La alimentación es una de las áreas que ha experimentado más cambios.
Los niños acuden desde edades muy tempranas a guarderías, escuelas infantiles y centros educativos de todo tipo que ofrecen la alimentación del mediodía. Son los comedores y/o cantinas escolares quienes proponen los planes de dietas o posibilidades de consumos, alimentos y preparaciones en el centro escolar. Por esta razón es muy importante que los programas de educación nutricional incluyan entre sus objetivos el control-supervisar-acompañar estos planes de alimentación. Al mismo tiempo, la familia debe colaborar muy directamente con la escuela para reforzar con su autoridad las propuestas saludables y estimular en sus hijos la aceptación de las mismas.
¿Constituyen los controles externos –políticas legislativas, sociales, sanitarias– respecto al consumo de alimentos una injerencia en las conductas individuales que, en principio, deberían ser respetadas?
Las conductas y hábitos promovidos por los programas de educación nutricional tienen mayor viabilidad de aplicación cuando el sujeto ejerce la elección más fácil (selecciona alimentos propios de su cultura, de su gusto, que puede permitirle su poder adquisitivo, etc.). Esta afirmación es válida para el fomento de hábitos alimentarios positivos.
En los primeros años de la vida del niño, los padres y los docentes se ven obligados a ejercer, desde su autoridad, determinados controles para favorecer el aprendizaje de las normas que integran al niño en la sociedad. Esto no supone una injerencia sino una metodología educativa que está basada en el esfuerzo, la disciplina y el razonamiento, evitando que el niño “viva como quiera”. Los estímulos positivos y el clima de afecto deben propiciarse para conseguir el máximo resultado de la acción educativa y establece modelos de conducta que constituyen un referente en la edad adulta.
Si las prácticas alimentarias que el niño tiene la oportunidad de ver en su familia son correctas, accederá a la vida de la comunidad con un patrimonio alimentario protector frente a otras alternativas del medio, no siempre adecuadas.
¿Deben incluirse en los programas de educación nutricional el aprendizaje del análisis de la publicidad que acompaña a los alimentos?
Siendo el conocimiento sobre un tema, en este caso: (a) los alimentos y su valor nutritivo, y (b) las necesidades en nutrientes y la alimentación saludable. Es necesario abordar estas ideas como punto de partida para conseguir una buena educación nutricional, todos los aspectos que rodean a la información sobre alimentos, incluyendo las promociones en salud que tanto se prodigan en la publicidad, constituyen la base y primera etapa de la educación nutricional.
La publicidad de los alimentos es una fuente de información para el consumidor. Por esta razón, es necesario que las autoridades sanitarias establezcan normas que regulen la forma en que se expresa evitando que se produzcan exageraciones o informaciones incompletas y ambiguas que creen en el consumidor expectativas imposibles.
La sutileza subliminal de la publicidad actual en la presentación de las propiedades y valores de los productos que anuncia es lo que lleva a potenciar la necesidad por conocer los términos, valorarlos e interpretarlos. Así que en los programas escolares debe incluirse este aspecto para desarrollar el juicio crítico de los niños que les convertirá en consumidores responsables y con habilidades en la toma de decisiones.
¿Es posible cambiar los hábitos de la población adulta?
Las estadísticas sanitarias reflejan una presencia de patologías relacionadas en parte con los hábitos alimentarios del orden del 35%: Enfermedad Cardiovascular, cáncer de origen alimentario,  obesidad, osteoporosis, etc.
Para combatir estas patologías se establecen regulaciones  expresadas de la forma más sencilla: reducción del colesterol, de las grasas saturadas, de la sal, consumo de verduras, frutas, cereales integrales, aporte calórico en función de las necesidades del sujeto, etc. La población adulta tiene unos hábitos de vida muy arraigados y cuando son saludables constituyen un elemento de protección contra las ECNT, pero si son negativos agudiza sus problemas y se presentan, entre otras, las patologías citadas.
La modificación de los hábitos es tanto más fácil cuanto menor es la edad del sujeto, pero ello no es razón para no intentar, con programas de educación nutricional adaptados a las características de la población adulta, los necesarios cambios en sus conductas. Por supuesto que las dificultades son mayores, pero los consejos dietéticos basados en motivaciones bien seleccionadas pueden conseguir muy buenos resultados.
En un mundo multicultural, ¿hay que flexibilizar los programas de educación nutricional?
Existen muchas formas de alimentarse y una sola de nutrirse. Esta afirmación nos recuerda que las combinaciones de alimentos que permiten obtener una dieta equilibrada y saludable son múltiples y que en los diferentes continentes, en función de la producción y la cultura alimentaria de los pueblos se pueden diseñar dietas adecuadas a las recomendaciones nutricionales.
En realidad, es la adaptación a las necesidades del sujeto sobre la base de la oferta variada la que nos da la pauta de una alimentación saludable. Actualmente, la globalización del mundo está permitiendo que nuestros mercados tengan una enorme oferta alimentaria y que alimentos que en otros tiempos se consideraban exóticos aparezcan como habituales en los mercados. Esta peculiaridad fruto de la intercomunicación constituye una gran ventaja gastronómica y nutricional, ya que no hay que aferrarse a una dieta tipo para garantizar una buena alimentación de la población.
Los programas de educación nutricional basados en la variedad y el equilibrio tienen las mayores posibilidades de éxito.


Fuente
Keloggs (2012). Manuela de Nutrición. Capitulo 6. La educación nutricional en la prevención y promoción de la salud. Disponible: https://www.kelloggsnutrition.com/es_ES/Manual_de_Nutricion.html


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