jueves, 23 de mayo de 2019

Nuestra salud emocional depende de la flora intestinal


El buen equilibrio de la microbiota del intestino es indispensable para mantener la salud. Tanto la poca diversidad de bacterias, así como un intestino estéril o libre de microflora induce cambios negativos en la salud.
Las bacterias que son beneficiosas o comensales naturales del organismo compiten con las que son dañinas o patógenos oportunistas, por lo que la ausencia de bacterias comensales destruye la mucosa intestinal; al mismo tiempo, la variedad de la flora bacteriana en un factor beneficiosos que promueve este equilibrio.
Las bacterias del ecosistema intestinal humano son en su mayoría anaeróbicas; en el adulto, la flora intestinal, está primordialmente compuesta por 51% de Firmicutes y 48% de Bacteroidetes, existiendo en cada grupo tanto bacterias beneficiosas como patógenas.
La relación Firmicutes/Bacteroidetes, la composición y diversidad de cada grupo cambia con el tiempo y por factores como la dieta, exposición a infecciones y antibióticos, entre otros.
Las bacterias que comprenden la rama de Firmicutes son en su mayoría grampositivas; entre ellas se encuentran enterobacterias comensales como las que tienen capacidad de producir fermentación, ya sea láctea o alcohólica, y patógenas como Clostridium y Streptococcus, entre muchas.
Otras bacterias comensales (Faecalibacterium y Coprococcus) e indicadoras de mejor calidad de vida en el grupo de las Firmicutes son las que producen butirato, ácido graso de cadena corta, mediante la fermentación de fibra alimentaria. Este ácido graso previene la inflamación del intestino grueso, ejerce un efecto protector contra el cáncer de colon y cumple funciones nutricionales en la mucosa intestinal. La rama Bacteroidetes son bacterias gramnegativas y anaeróbicas y se encuentran en todo el organismo.
Los cambios ocasionados por los factores antes mencionados alteran el equilibrio del ecosistema y producen enfermedades como cáncer, obesidad, diabetes tipo II, desórdenes mentales y neurodegenerativos.
Un ejemplo sería la condición de obesidad que está asociada a menor porcentaje de Bacteroidetes y mayor de Firmicutes. Conjuntamente, el desequilibrio causa inflamación de distintos tejidos, entre ellos el nervioso, con sus consecuencias en la salud. El auge de la investigación en esta área ha permitido la concurrencia de distintos campos del conocimiento como la neurociencia, psiquiatría, gastroenterología y microbiología.
El equilibrio entre el sistema nervioso central y el metabolismo de la flora intestinal es crítico para mantener la salud mental y general. Por un lado, la prevalencia mundial de depresión ha crecido y, por otro, existe un número importante de personas que no responden a los psicofármacos. Dada esta situación se ha intensificado este tipo de investigación con la idea de encontrar una manera distinta que pueda disminuir los síntomas de esta enfermedad mental.
La asociación microbiota-depresión se origina en la comunicación bidireccional entre intestino y cerebro. Un ejemplo en este sentido sería la modulación del metabolismo del triptófano producido por las bacterias intestinales y la alteración de sus metabolitos (kynurenine, serotonina y melatonina) o viceversa; igualmente, esta comunicación se manifiesta en los efectos negativos de la función cerebral observados cuando disminuye la diversidad bacteriana.
Otro factor que influye en este intercambio es la diferencia encontrada en la microflora intestinal entre personas deprimidas personas sanas. Es decir que las personas deprimidas tienen una microflora intestinal distinta a más de tener menor variedad de bacterias, factores que cumplen un papel en la depresión.
Por otro lado, se ha demostrado que el trasplante de heces provenientes de personas con depresión a ratas normales induce un comportamiento depresivo en las mismas, lo que sugiere que las bacterias intestinales desempeñan una función en la causa de la depresión.
Como consecuencia del intercambio bidireccional entre depresión e intestino, la enfermedad se transforma en un evento crónico. Los cambios de la composición del intestino observados al administrar antidepresivos también constituyen un indicador de esta comunicación. A la par, la restauración de la microbiota potencia el efecto de los antidepresivos en personas deprimidas.
Todos estos resultados corroboran la existencia de esta relación bidireccional entre intestino y depresión, donde cada uno influye en la función del otro. Sin embargo, no se conocen los mecanismos moleculares que subyacen a esta comunicación.
En este orden de ideas, una investigación, recién publicada, evaluó los procesos que ocurren en la depresión. Los investigadores observaron que el comportamiento depresivo en animales estaba vinculado a cambios en la microbiota y los metabolitos fecales (metaboloma) aunado a alteraciones en los neurotransmisores en el cerebro (hipocampo).
Estos cambios en el microbioma fueron consistentes con los niveles de metabolitos (aminoácidos) fecales y plasmáticos en los animales deprimidos. Aquí se demostró que la depresión, causada en ratas sometidas a un estrés prolongado, alteró la composición de los aminoácidos en sus heces, así como los plasmáticos. Estos hallazgos sugieren que la alteración del metabolismo de los aminoácidos en el intestino y en los niveles de aminoácidos circulantes contribuye con cambios en el comportamiento depresivo en los animales estudiados.
A la par, investigadores del Flanders Institute for Biotechnology, en Bélgica, encontraron la ausencia de ciertas especies bacterianas en el intestino de personas con depresión. Este es el primer estudio poblacional que vincula a bacterias intestinales con la depresión, pero, además, los investigadores identificaron la existencia de bacterias capaces de producir compuestos neuroactivos.
Los mismos investigadores, estudiaron el genoma de 500 bacterias intestinales y evaluaron su capacidad de producir compuestos neuroactivos, cuyos resultados sirvieron de base para construir el primer catálogo de neuroactividad en especies bacterianas. La capacidad de ciertas bacterias de producir DOPAC, un metabolito de la dopamina, está asociada con una mejor calidad de vida mental, lo que sería un caso del catálogo.
“La relación entre el metabolismo microbiano intestinal y la salud mental es un tema controvertido en la investigación de microbiomas. La idea de que los metabolitos microbianos pueden interactuar con nuestro cerebro, y por lo tanto con el comportamiento y los sentimientos, es intrigante; sin embargo, la comunicación entre microbioma y cerebro intestinal se ha explorado principalmente en modelos animales, con la investigación humana a la zaga. En nuestro estudio a nivel de población, identificamos varios grupos de bacterias que variaban con la depresión humana y la calidad de vida en todas las poblaciones “, comenta el investigador y autor del trabajo, Jeroen Raes.
Agrega Raes: “Si empiezas a pensar en eso, entonces tu cabeza explota. Las bacterias viven dentro de nosotros y han encontrado todas estas formas para comunicarse con nosotros y potencialmente influir en nuestro comportamiento.”

 

Fuente:

Irene Pérez Schael (2019). ¿Nuestra salud depende de nuestra flora intestinal? ¿Es la depresión un ejemplo? Publicado por: Mirador Salud Fecha: febrero 26, 2019. Disponible: https://miradorsalud.com.


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